Tomar la calle

El sábado puede hacerlo. Éramos un grupo numeroso. Tomamos la calle durante un rato, durante casi dos horas. No era una procesión, tampoco era del todo una romería. Era un tomar la calle con alegría. Faltaron cosas para hacerla nuestra y hacerlo de verdad: megafonía, canciones, alegría, fiesta, pancarta. Había cosas nuevas y originales: globos, pañuelos, informalidad, conversación… Había cosas del pasado: peana, ‘costaleros’, imagen de la Virgen… Esto último, que era lo que nos había convocado, parecía que no era del todo importante ya que iba al final, casi sin nadie, alguno de los sacerdotes y frailes. El grupo numeroso de personas iba ‘a su bola’. Me pareció bien, sabían donde iban, todos habían sido convocados para lo mismo y por EL mismo. Pero íbamos contentos, paseando, rezando, cantando, disfrutando de tomar las calles, hablando de nuestras cosas. ¿La liturgia? La justa: capas pluviales, hábitos, albas, peana y algo de incienso. Ni en las oraciones de las distintas paradas la hu...