domingo, 22 de julio de 2012

Raíces


Las raíces es lo que te ata a la tierra y te asegura a ella, pequeños o grandes conductos que te ayudan a alimentarte y que llenan de nutrientes la vida. Las raíces se hacen grandes conforme pasa el tiempo. Ayudan a asentar lo que la planta o el árbol es. Se puede transplantar una planta, un árbol, pero con especial cuidado con las raíces que comenzaron a crecer en un sitio, en un primer huerto, en una pequeña ladera de la montaña… Si algo viene y pasa por la raíz es capaz de impregnar el tronco, las ramas, las hojas, las flores, los frutos… Las raíces de la vida es dónde uno nace, dónde nacieron sus padres, su familia… Raíces para siempre. He estado en el Molino (foto inferior), donde nació mi abuelo materno, mi madre…

‘El origen de una parte de mi familia fue aquí, por lo menos he oído hablar de ello. Una casa abierta, donde siempre había un plato de comida para el que venía a moler su trigo o traer su caballería para cubrirla. He oído de sus fiestas, de sus inviernos de frío, de buscar leña y de cartas y guitarras, de jugar al  burro, al guiñote, de las primeras letras y cartillas para todo aquél que quería aprender... Casa grande con familia numerosa de jóvenes que trabajaban, ayudaban y se sentaban a la mesa de los amos. Tiempos difíciles que se hacían llevaderos a la hora de comer. Me siento y veo un huerto sin cultivar, una casa descorchada, zarzas y malas hierbas por todos lados… recuerdos de días viendo como jugaban en la fuente mis hermanos, caminatas con el abuelo y la burra, silencios de mi padre fumándose un cigarro con su camiseta de tirantes sudada y sus gafas, de pasta marrón, sucias por la tierra removida para hacer una pequeña acequia y así regar el huerto, que ahora está abandonado y lleno de maleza. Me siento en el banco de la puerta y dejo sitio para los que no están para explicarme de nuevo, una vez más, como leer la horas según donde dé la sombra a la casa, no hacen falta relojes, simplemente vivir integrado en la naturaleza, en la vida… Llamadas de mamá para ir a comer… recuerdos de domingos diferentes al lado del río que no lleva agua, secado por las insaciables bocas de la civilización…No se oye nada, se ha callado el agua, se paró el viento… los recuerdos no hacen ruido sobre la maleza seca y agostada que llena la entrada de la casa… No entro en casa, para qué, no hay nadie…Quizá si y no me he dado cuenta, están las penumbras de mis raíces, las primeras sabias que me alimentaron en los primeros brazos que me abrigaron…’

Seguir a Jesucristo es algo que hay que situar en la raíz de la vida. No se puede colocar la fe, el proyecto de vida cristiano sin situarlo en la base, en lo que alimenta nuestra vida. De ahí que ser amigo de Jesús, como me gusta llamar a ser cristiano (así me lo han enseñado los jóvenes que me acompañan), supone ser radical en la vida. Esto produce susto en muchos que te escuchan decirlo. Radical parece que es aquello que va contra todo, que no acepta propuestas de los otros, que lleva los argumentos de la vida hasta el extremo… Radical viene de raíz y seguir a Jesús, responder a su llamada, dejar las redes de lo cotidiano para vivir en libertad también en lo cotidiano, supone colocar esa experiencia en la raíz de la vida. No podemos hacer que seguir a Jesucristo dé color a nuestras hojas, o sabor a nuestros frutos, sino no lo hemos colocado en la raíz de lo que somos y hacemos. La sabia de la Buena Noticia (Jesucristo) tiene que recorrer desde la raíz cada rincón de mi ser, de lo que hago y vivo. Colorear las hojas, endulzar los frutos servirá para un momento, para un ratito… Dejarse impregnar por Él desde el fundamento, desde la raíz supondrá tronco robusto donde crecerán ramas sólidas, hojas que no moverá el viento y frutos que den sabor a la vida… lo que somos y hacemos.

Un pequeño versículo:
Yahveh desde el seno
materno me llamó;
desde las entrañas de mi madre
recordó mi nombre.
(Isaías 49, 1)


sábado, 21 de julio de 2012

Refugio



Ayer (20 julio) madrugué. Así se anda mejor por la montaña. Es más sencillo subir y caminar con el fresco de la mañana. Quería subir al pico más alto de mi pueblo, por lo menos eso dicen algunos. La verdad es que está empinado, bastante empinado. Desde el pueblo es todo cuesta arriba, sin parar. No está muy lejos pero hay un trecho.

‘Una vez aquí  arriba es todo distinto, pequeño, asequible, menos importante. He subido a lo más alto de mi pueblo. He subido más veces pero hoy es especial, hoy lo he hecho por otro camino para llegar cerca del cielo. Lo he hecho desde abajo, sin ayuda, en soledad.  Veo todo allí abajo, pequeño, inmóvil, quieto… si no hubiera distancia podría cambiar las casas de lado, me caben en mi mano. Si fuera Navidad lo compararía con las figuras de un pequeño belén. Desde aquí arriba se ve la pequeña civilización como cuando nos acercamos a un nacimiento en Navidad, todo está quieto, frío, distante, cuidado, Todo parece a nuestro alcance pero al mismo tiempo no sé puede tocar… el artista, el autor del belén lo dejó así. No hay movimiento, todo está quieto. No se oyen los ruidos de la mañana, del despertar en las casas y en las calles. El sol está tapado por la nubes, le cuesta despertar. Aquí arriba hace frío, por lo menos no tanto calor como en el pueblo, como con la gente…¿Por qué colocamos a Dios siempre aquí arriba?’

Tenemos la manía de colocar a Dios siempre arriba, lejano, en lo que llamamos ‘el cielo’, y nos guste o no, cuando decimos cielo miramos hacia arriba, no vemos el final, no sé puede tocar, está lejos…. Para todos el cielo es la parte de arriba, algo lejano, inasequible. Dista miles de kilómetros de aquí. Imaginamos que Él está allí mirando este mundo como si fuera ‘su belén’. No me lo creo. Desde lo alto de la montaña he descubierto que no puede ser así. Esa imagen la tenemos que cambiar en nuestros corazones y en nuestra mente. No es así. Me niego a seguir proponiendo esa imagen de Dios lejano, distante, inasequible, frió, tapado por las nubes… Esta es la razón de la Encarnación. Dios quiso que su ‘Palabra acampará entre nosotros’, que formará parte del ruido de la gente, del despertar de la mañana y del calor de la amistad, del beso de los enamorados, de la sonrisa de un niño… del saludo de los vecinos, de la ayuda de los otros, del caminar de los cansados, de la desesperanza de los enfermos, de la conversión de los pecadores, de la espera de las madres, de los elegidos y de los no elegidos…. Nuestro Dios no es el del cielo, es el de la tierra, el de lavar el polvo de los píes del caminante, el samaritano que se agacha a recoger el herido por los golpes de esta vida… es el de aquí, el que baja del Tabor para decirnos: no soy frío, no soy distante, no estoy lejos, no me escondo… Este es el Dios de Jesús de Nazaret, nacido de María, engendrado, encarnado, hecho hombre, comprometido con los leprosos de su mundo, que camina por los márgenes de los caminos, crucificado por ser así, radical y cercano… Allí arriba hay mucho frío, demasiada distancia, una buena visión pero poco compromiso con la historia de aquí abajo…Nuestro Dios bajo del cielo, se hizo hombre… para decirnos: no miréis allá arriba, mirad la tierra, buscadme en ella… tengo sed de y con vosotros, estoy a tu lado, camino contigo…’No estáis solos yo estaré con vosotros todos los días…’ Desde arriba no se puede hacer realidad esta promesa, hay demasiada distancia…

El segundo gran encuentro de este caminar del verano es un refugio (la foto de este comentario) cerca de lo alto del monte. Un refugio de piedra seca, sencillo, sin grandes estancias… una sombra para el sol, un ‘raser’ para el viento y un techo para la lluvia… en la soledad del camino una puerta abierta a cobijarse, a dejarse abrazar por Él o escucharle en el silencio. Un verso de un salmo para este momento: ‘Tú eres mi refugio de generación en generación’.

jueves, 19 de julio de 2012

La Cruz


He comenzado unos días de descanso. Una caminata larga entre pinos y piedras. El sol en lo alto. Madrugué poco… me equivoqué. Era todo llano, la parte de subida la hice con el coche.
Llegue a una cruz en lo alto de una montaña entre Iglesuela del Cid, Villafranca y Cantavieja, a la derecha está el camino de Mosqueruela. Dos largas horas de caminar, de soledad, de silencio, de calor, pocas sombras… los demonios se defendían con la propuesta de mil tentaciones: fracasos o de egoísmo, de hacer o de pensar, volver, pararse… Pero hay que seguir, la cruz esta esperando… Ha sido el primer encuentro de estos días de descanso. No podía empezar mejor. Allí en lo alto, allí a lo lejos pero con posibilidades de ser querida y abrazada. Una abrazo, una oración, una foto… el silencio. No dejaba de miarla para ser curado de las picaduras de este mundo. A lo lejos el sonido de unos cencerros de vacas pastando, me giró y veo los cuernos de un macho de cabra hispánica… Un sol radiante y agobiante…  

Tú, Señor, has llegado ahí, yo también quiero y puedo. Quiero seguirte. Sé que la tuya es suficiente para mi curación, para la salvación del mundo. Nadie necesita mi cruz pero puedo y quiero llegar a extender los brazos para abrazar al mundo, dar la vida, dejar descubierto mi pecho para que alguien me lo parta… Quiero ser coronado por las espinas del  hoy y del mañana de lo cotidiano... Respondiendo a tu voluntad. Ayúdame a aceptar mi cruz (tu voluntad) y mirar más adentro, más arriba, más profundo cada día… ahí está el horizonte donde mirar, donde encontrarte, donde sentirte...
Tu cruz, Señor, nos hace ver la luz.


martes, 17 de julio de 2012

Callarse



Estoy un poco molesto conmigo mismo ya que sólo me salen apuntes relacionados con los políticos. Por eso no publico nada desde hace tiempo.  No consigo empezar un apunte sin que tenga auténticas ganas de escribir sobre ellos. No sé quien es el responsable de la situación en la que estamos, sólo sé que cuando las cosas iban bien (aparentemente) los que se apuntaban al éxito eran ellos. ¿Ahora?... os lo dije, no puedo escribir sin repartir estopa a estos que se autodenominan ‘servidores públicos’… ¡¡vaya manera de desprestigiar las dos palabras!! Lo veis, no puedo escribir de otra cosa. Hasta aquí, punto y final. Me voy a morder la lengua sobre este tema, sólo pido no envenenarme al hacerlo.
A veces en la vida recibes un consejo que parece muy útil: mejor callarse. La vida se complica un poco cuando dices lo que piensas, cuando escribes lo que sientes, cuando te manifiestas partidario de unos o de otros, cuando sugieres cualquier cambio. Una y otra vez el duendecillo que llevamos dentro te susurra al oído de la intimidad que te calles para que tu vida no se complique más de lo que ya está. Algún amigo dice que es mejor callarse por tu bien. ¿Mi bien? Quedarse con el parecer, la opinión, la crítica, la sugerencia, la propuesta, el matiz, la corrección… dentro de uno, genera un poso que pronto se convierte en peso.  Este consejo de callarse en ocasiones viene matizado por una máxima que no termino de entender: eres dueño de tus silencios. Siempre me he preguntado para qué quiero ser dueño de ellos. Mis silencios me hacen ser tibio ante lo que pasa a mí alrededor, los tibios son los peor valorados en el Evangelio. Los silencios no comprometen a nada, no es verdad aquello de ‘quien calla otorga’. En alguna ocasión he oído decir que vale más un silencio que mil palabras. No estoy de acuerdo, los silencios ayudan a otros a hablar pero en ocasiones son referencia para una de las excusas más utilizadas: ‘yo no dije nada’. Parece que esto es el nuevo lavatorio de manos de Pilato. Callarse, por más que se empeñen las madres o los que nos quieren, no tiene nada que ver con la belleza. Aquello de ‘calladito estás más guapo’ no es verdad. Hay auténticos maestros y maestras de la palabra que son muy guapos. La belleza en muchas ocasiones está en los discursos, en la verdad dicha y proclamada. Vuelvo por un instante a la política, sin que sirva de precedente, lo políticamente correcto es una manera de callarse, de no decir nada. También a esto quiero renunciar, también de esto quiero renegar.
Quiero decir, quiero contar, quiero expresar lo que siento, lo que soy y pienso. No puedo callarme. Deseo manifestar mi opinión, expresar mi criterio… estoy cansado de templar gaitas, de moderar mis palabras, de guardar silencios que me producen ulceras del alma. Quiero salir a la calle y decir que estoy harto de mil doscientas cosas, que me gustan los que no deben gustarme, que me siento engañado y estoy indignado por los que abusan de mi confianza, del poder o de su estatus… Quiero escribir y decir que vivir mi proyecto de vida no es decir ‘si wuana’ a todo, que por encima de quedar bien está la verdad, que decir la verdad no es ser duro, que opinar de las cosas es muy digno y loable… No pienso callarme ante los que intentar maquillarse cada mañana para esconder su cara, sus intenciones no manifestadas, hacer lo que les da la gana sin pensar en los otros… Pienso gritar fuerte que hay personas maravillosas que dan su vida sin esperar nada a cambio, que vale la pena luchar por ellas, estar con ellas, acompañarlas, abrir tu casa… Quiero decir en cada esquina que soy un privilegiado y que quiero renunciar a esos privilegios, que no me importa vivir sin una mis dos túnicas… Estoy cansado de callar, de guardar silencio, de los miedos a manifestar la verdad…
Quiero terminar con un poco de esperanza. Tengo una amiga que dice que todos mis apuntes son tristes, que rezuman demasiada tristeza, enfado o infelicidad. Hoy quiero terminar mejor. Callarse no sirve de nada cuando quieres decirle a alguien que lo quieres. No voy a callar mis sentimientos ya que es lo que cambia la vida. Deseo decirte a ti, que me lees, que eres maravilloso, que eres hijo de Dios, que el Dios de Jesucristo te quiere aunque tú no le correspondas o no le conozcas. Quiero gritar en todos los rincones de la tierra que ‘otro mundo es posible’ y que lo vamos a conseguir transformando nuestro entorno, haciéndolo más fraterno. Mi corazón está latiendo con fuerza para decir que sigo enamorado, muy enamorado… Además me voy de vacaciones, unos días de descanso… (no te quejaras, amiga, de este final cargado de optimismo)

lunes, 16 de julio de 2012

Fiesta del Carmen

video

Feliz día del Carmen a todos los que os asomáis a esta humilde ventana que da vueltas y vueltas como una rueda de molino.
Con este vídeo quiero unir actualidad y tradición de nuestra Orden, de nuestra familia. Jóvenes y niños en un campamento de JuCar (Juventud Carmelita) y la tradición de la canción que se canta por un niño el día del Carmen en muchos lugares  y que hace referencia a elementos de nuestra espiritualidad . Historia de la Familia Carmelita. Pasado, presente y futuro. Esta historia de seguimiento de Jesucristo, de vivir en su obsequio no puede detenerse.
Que nuestra Madre del Carmen nos guíe siempre para poder encontrarnos con su Hijo Jesucristo, el Señor de nuestra vida, para que seamos verdaderamente 'Carmelo' en medio del mundo: jardín, lugar de sosiego y contemplación, espacio privilegiado de encuentro con Dios... al que buscamos y nuestro mundo anhela encontrar para saciar su sed, para reposar del cansancio en alguna sombra, para beber de la fuente de agua Viva...
Un abrazo a todos.
¡¡Feliz día del Carmen!!