martes, 9 de febrero de 2010

La cita



He leído algo de Borges que me ha pasado una amiga hace un par de días, la rueda de molino le ha pasado alguna vuelta al asunto, no muchas pero creo que es el momento de traerlo aquí. Dice el escritor argentino que hay tres momentos en la Vida que uno no puede remediar: la oportunidad que dejaste pasar, la cita a la que no acudiste, la ofensa que ya pronunciaste. Menuda sentencia. Estoy de acuerdo, me siento reflejado en ello. Como siempre el maldito tiempo que sigue sin tener lo más necesario. pararse. Quiero pedir perdón por todas las ofensas que he causado, quiero mirar atrás y arrodillarme ante el ofendido… pero es imposible, no hay marcha atrás. Lo siento. Las oportunidades también están perdidas, me obsesionan menos. Como dicen por ahí he hecho muchas cosas, no me puedo quejar. ¿He perdido alguna? Es verdad pero no sé (ni me interesa) que más me hubiera aportado en mi vida de lo que ya tengo y, sobre todo, soy.
Lo que me obsesiona es la cita. ¿Cómo y cuándo pude dejar plantado a alguien? He repasado mi vida y eso si que he descubierto que me podría haber cambiado la vida. Busco y encuentro momentos en que recibí una posibilidad de encuentro con otra persona que rechace, propuestas de viajes, de reuniones, de actividades que por falta de interés no hice mías de manera consciente. Citas desperdiciadas y minusvaloradas en aquel momento que hoy vivo como posibilidades de ser alguien diferente. Pero hay algunas a las que no asistí de manera inconsciente. Invitaciones implícitas a citas, seguramente maravillosas, que no acepte por no ser consciente de las mismas. Sugestivas propuestas que no entendí o no supe ver. ¿Quién guiaba mi vida en esas ocasiones? ¿Qué hubiera cambiado de lo que soy y vivo? Citas de sentimientos sinceros, de encuentros que hubieran supuesto un compromiso de vida o un conocimiento mayor de otros a los que dejé plantados con la miel en los labios, con la propuesta sincera y con la necesidad de mirar para otro lado.
Es el tiempo, como dice Borges al final del poema que me pasó mi amiga, el que da la posibilidad de aprender que la vida es el aquí y el ahora. Voy a abrir bien mis sentidos para no rechazar las citas, las oportunidades y, sobre todo, para tratar a los otros con la mayor delicadeza posible. ¿Las citas a las que no acudí? Un recuerdo maravilloso y una excusa estupenda para escribir en esta ‘maldita’ rueda de molino que rueda y rueda y rueda