domingo, 25 de mayo de 2014

Un gesto para siempre


En ocasiones no sabemos expresar lo que significa dar testimonio y ser testigos en el ámbito de lo religioso. La mayoría pensamos que debe ser dar un gran discurso, un razonamiento de nuestras creencias, de lo que pensamos o, en el mejor de los casos, de nuestra experiencia de encuentro con Dios
Hoy, con esta imagen del Papa Francisco, todos los hombres y mujeres de buena voluntad hemos descubierto lo que significa dar testimonio, ser testigos de la Verdad. ‘Id y anunciad por el mundo… ha adquirido todo el sentido y profundidad…
El gesto del Papa Francisco es un Testimonio, un gesto revelador de Buena Noticia, una manera de recordarnos a todos los creyentes que podemos y debemos hacer gestos que denuncien muros, que construyan encuentros, que resuelvan conflictos… que se pude hacer, que debemos jugarnos la vida, que vale la pena, que podemos parar nuestro ‘coche’ con el que vamos corriendo y bajarnos, tocar la tierra, acercarnos a la realidad que divide, enfrenta y genera violencia… poner en ello la mano, inclinar la cabeza ante las victimas, abrazarlas, implicarnos en el cambio de esa situación, empujar y empujar hasta convertir los muros en puentes…
Lampedusa, la humildad a la hora de buscar residencia, actuar como un cura sencillo, predicar la Palabra en la residencia cada día, hablar con sencillez, reír en las audiencias, abrazar a los enfermos, besar los píes, levantar los ojos del papel y decir lo que siente…

…empujar para derribar los muros…. La mejor de las encíclicas, el mejor de los documentos magisteriales… ¿Será esto la infalibilidad del Papa? ‘El primero entre vosotros…’ 

sábado, 24 de mayo de 2014

Símbolos JuCar en Vila-real




Los símbolos nos indican siempre algo más allá de la realidad misma del objeto. El significado del objeto es mucho más que el objeto en si mismo. Puede ser una pequeña cosa materialmente hablando, pero significar algo muy importante, muy grande, de mucho sentido.
En los grandes acontecimientos de la vida hay símbolos. Los hombres y mujeres necesitamos de símbolos porque sabemos mirar más allá de las cosas. Por ejemplo en las bodas los anillos significan el amor de los esposos, la fidelidad que uno y otro se prometen. Otro ejemplo, ver el escudo de tu equipo de fútbol representa una sentimiento y te recuerda una victoria, un gran partido, una ciudad… En sí mismo solo es un dibujo o un trozo de tela, pero tiene un significado mayor porque es un símbolo.
Los símbolos también nos ayudan a identificarnos. Por ejemplo en el colegio el uniforme se ha convertido en un símbolo importante. Todos los que lo llevan se identifican con el Colegio de Carmelitas. Nos conocemos también unos a otros cuando lo llevamos. Es un símbolo de nuestra pertenencia al colegio. Nos da identidad, queremos ser del cole, nos gusta que nos vean y nos identifiquen como miembros del colegio de carmelitas.
En JuCar también hay símbolos. ¿Conocéis alguno? Seguro que si, nuestro escudo y nuestro nombre que aparece tantas veces en los trípticos, en las camisetas de los campamentos, en los papeles de oración o de cantos que hacemos. Verlo nos de identidad: es nuestro grupo. También nos da un significado especial: cuando lo vemos nos recuerda algún momento importante de nuestro paso por el grupo, unos amigos, unos juegos, una convivencia….

¿Cómo es nuestro símbolo de JuCar Vila-real?

Muy sencillo. Es el escudo carmelita y nuestro nombre (Juventud Carmelita). Los carmelitas no sólo son los frailes, somos también todos nosotros, niños, jóvenes, amigos que vienen cada sábado aquí. El escucho tiene tres estrellas (oración, fraternidad, servicio). Estas nos las que nos guían para ser mejores personas, para seguir a Jesús, para poder encontrarnos con Dios, para hacer un mundo mejor. También hay un monte y una luna. Tenemos que buscar a Dios, seguir a Jesús, amar a los hermanos día y noche (luna). No es fácil, lo sabemos, como subir el monte tampoco lo es. En ocasiones nos cansamos (se nos hace de noche-luna-) pero seguimos disfrutando del grupo de jóvenes, seguimos buscándole. El monte para los carmelitas, a ejemplo de Jesús, significa el lugar de búsqueda y encuentro con Dios.

Vamos a daros unos símbolos que contienen este símbolo de nuestro grupo según el momento en que estéis en el grupo. Lo haremos en una Eucaristía, es importante, es el momento al final de curso de renovar nuestras ganas de pertenecer al grupo, de querer seguir, de querer renovar nuestra amistad alrededor del grupo. Dios y nuestro amigo Jesús están aquí, en todo esto y los símbolos nos lo recuerdan.

  1. Llavero con el escudo. Es el comienzo. He pasado un año en el grupo, lo he conocido y sé cuales son ‘las llaves’ del grupo, sé que tengo que poner para que mi grupo funcione. No es un llavero cualquiera, es el llavero que me recuerda que tengo un grupo en el que me lo paso muy bien, en el que me ayuda a sentirme carmelita, en el que puedo pasar una tarde de sábado diferente, en el que puedo ir de convivencias…. He abierto una puerta maravillosa en mi vida, en lo que soy, en lo que quiero ser. En el llavero de manera simbólica (pensando) tengo que colgar todas las llaves que me abren a una amistad con mis compañeros (juegos, risas, temas, oraciones, danzas….). Es el grupo JuCar el que me ayuda a todo esto.

  1. Chapa. Normalmente la ponemos cerca del corazón. La chapa es algo que se ve claramente. Te pones una chapa y todo el mundo la ve. Unos te dicen algo sobre ella y otros no. Nuestra chapa la tenemos que poner en el corazón, cerca de lo que mueve nuestra vida, de lo que soy. El grupo, ya soy mayor, me ayuda a pensar quién soy, qué quiero ser. Es algo muy importante para mi, he crecido y ya no vengo solo a jugar y divertirme, que también. Estoy aquí para crecer, para ser mejor persona, para crecer en mi amistad con los que siguen en el grupo. La chapa también me ayuda a decir y mostrar que soy de JuCar, de la Juventud Carmelita. Vengo a JuCar no porque estoy en el cole y todos se apuntan, vengo a JuCar porque es mi grupo, mis amigos, mi familia. Poniéndome la chapa lo digo a todo el mundo con el que me encuentro.

  1. Pañoleta. Es de mayores. Es un vestido, quiero vestirme de todo lo  que significa pertenece a JuCar. No es algo más de mi vida, ser de JuCar es mi vida, es una parte muy muy importante de lo que soy. Es blanca. Ser de JuCar es algo que no ensucia, que no molesta, que me ayuda a crecer. A los niños en el bautismo les ponen una vestidura blanca como símbolo de pureza, de todo una vida por escribir una historia maravillosa. También nuestra pañoleta no es el final de un camino en JuCar, al contrario es le comienzo de algo maravilloso: conocer a otros jóvenes carmelitas, campamentos lejos de casa, sudar para ayudar a los demás, acercarse a los más pobres. Ya no tiene el escucho de JuCar Vila-rel, tiene el escudo de la Orden. Hemos descubierto que ser carmelita implica ser universal, ser enviados a otros lugares, conocer a otros jóvenes como yo. La pañoleta recoge el sudor y hace que nos vean de lejos. El sudor de la vida de cada día, de los compromisos que tenemos. En los campamentos se descubre más fácilmente. También nos da identidad, nos ayuda a no perdernos, a saber quien camina conmigo, quien  tiene la misma pañoleta que yo, los mismos valores carmelitas que yo.


martes, 20 de mayo de 2014

Que seas mi universo


Durante todo el curso hemos estado cantando en nuestra eucaristías la canción que os dejo abajo, era nuestro canto de comunión. Me gustaría dejarla aquí como recuerdo a todo lo vivido y celebrado.

Es un deseo de encuentro con Dios respetando su grandeza, su iniciativa, su manera de llenarnos en totalidad. Es deseo de pertenencia a su totalidad, grandeza y majestad. Nada sin Él… respirar con Él, amanecer con Él. No hay proyecto sin Él, no hay propuesta sin que Él se haga o deba hacerse presente. Mi  pensamiento eres Tú, mi deseo eres Tú…  
Es el intento de dejar tu voluntad, para que sea la suya la que te dirija, organice y proponga. Es la confianza plena en Él. Es más que un recurso para ir tirando, Él tira de nuestra vida, el horizonte donde mirar, la fuerza que nos conduce a Él, y el Camino por donde pasar para conseguirlo. A dónde iré si no estás tú…
ReconocerLe dueño de lo que soy, vivo y hago. AgradarLe con la respuesta de nuestra vida,  al regalo que Él me da cada día… el sol de la mañana, la luz de la ventana. Es el verdadero alimento y aliento de lo que siento, hago, pienso y soy. Tu eres mi luz, mi salvación, mi verdad…

Sin ti no soy nada



domingo, 18 de mayo de 2014

Tres destellos

Alfombra floral frente a la Basílica
Ayer participé en la tradicional procesión de San Pascual. Es uno de los pocos actos de las fiestas en los que puedo participar aunque viva aquí. Trabajando en otro pueblo hace que sea incompatible integrarse en la dinámica festera. Quiero dejar constancia de tres detalles de la procesión de ayer que me movieron el corazón y el pensamiento. Mejor lo primero pero también lo segundo es importante a la hora de comprender para amar la realidad y los otros.
En primer lugar un gesto que varias mamás les hacían hacer a los niños pequeños mirando la imagen del santo aragonés y patrón de este pueblo. Hacían que con sus manos le tiraran besos. Era un gesto demandado por las mamás o abuelas y rápidamente contestado por los niños. Me pareció una propuesta maravillosa de dos cosas. La primera una manera de estar en los actos religiosos, en las procesiones, en las manifestaciones públicas de lo religioso. Todo esto debe llenarse de gestos que ayuden a participar, de amor, de cariño, de naturalidad. En ocasiones nos empeñamos en que sea un acto frío, hierático, donde la lejanía, el silencio forzado o ‘el no molestar’ sean las pautas de comportamiento pedido o exigido. Creo que no debe ser así. Lo segundo es lo afectivo como referencia relacional con lo religioso… ¿por qué lo enseñamos en ese gesto de ayer y luego lo vamos perdiendo haciendo que lo racional, memorístico, repetitivo y ritualmente vacío lo llene todo? No lo entiendo.
El segundo de los detalles o destellos fue el encontrar en el recorrido muchos últimos de nuestra sociedad. Vi muchas personas mayores, con dificultades motoras, necesitadas de ayuda, con muchos años y procesiones vividas. Descubrí también varios rostros de adultos con el síndrome Down. No es frecuente encontrarse
con personas mayores de estas características. Los dos grupos de personas son destellos de la capacidad de acogida, compañía, significado que debe, puede y tiene lo religioso para los últimos, los que sufren, los necesitados de compañía, los que situamos al margen… En nuestra fe deben ocupar los primeros puestos, tienen un sitio reservado y son los preferidos de nuestro Dios. Ellos son los primeros en escuchar el ‘bienaventurados’ de Dios. Me gustó ver sus lágrimas y compartirlas con ellos en mi oración, ver sus ojos y sus miradas fijas en la figura del santo, sentados al lado de alguien que les quiere y acompaña y poniendo en el Señor su esperanza. Agarrados aquí, deseando el encuentro con Dios.

El tercero de los destellos fue una pregunta, una llamada de atención. En un momento dado de la procesión un grupo de adolescentes, a alguno de ellos los conocía, se cruzaron con la procesión tomando la dirección contraria. Caminaban contracorriente. No gritaban, no corrían, no miraban con desprecio… nada de falta de respeto. Ellos simplemente iban en otra dirección. Pensé que lejos estaban nuestros signos y tradiciones de ellos, pensaba que se podían haber parado, esperado o buscado otra dirección. Luego pensé que vivimos en una sociedad plural donde todos tienen cabida, donde todos tienen sitio… Hoy ya la pregunta es otra, más pausada, más fría. ¿Quién caminaba contracorriente? 

domingo, 4 de mayo de 2014

Momentos

En la vida uno tiene mucha suerte, y en ocasiones no nos damos cuenta, de todo lo que nos toca vivir. En pocos días, quince en concreto, he vivido varios acontecimientos que son pura gracia, auténtico privilegio. Los que me conocéis sabéis lo mucho que significa para mi la palabra encuentro y lo que alrededor de ella se pude generar de vida, de significado, de sentido para lo que soy y busco. Han sido cuatro grandes encuentros.

La Pascua Joven Carmelita. Auténtico privilegio. Más de setenta jóvenes alrededor del Misterio. Miles de momentos de risas, de silencio, de compartir, de sudar, de mirar a Cristo cara a cara. ¡¡¡Mamma Mía!!! ¿Qué sentimientos pasan por mi corazón? Profundo agradecimiento a la Orden, a los grupos JuCar, a la vida de poder formar parte de estos encuentros. Presidir las celebraciones con profunda libertad, escuchar a los jóvenes comprometerse en un mundo con Cristo y abrir su corazón para que la Palabra mueva todo lo que llevan dentro son luces del paso del Señor por mi vida. Es un privilegio construir la mesa con ellos, sentarme a la misma, escuchar su juventud que quiere buscar, encontrar y sentir con Él… no tiene precio. Poder dibujar la oración de petición universal o tocar una campanilla a la palabra libertad en el Pregón Pascual hacen que me sienta tocado por la gracia de Dios. Pocos tesoros hay en el mundo como estos que sin buscarlos uno encuentra. Una confesión llena de lágrimas que desnudan la profundidad del ser y proyectan compromisos de auténticos discípulos, una cena compartida, gozada, y deseada, el rito de Effetá que abre cada poro de la piel para que nada de lo que Él trae deje de afectarnos, romper un jarrón y volver a reconstruirlo para que por sus grietas se pueda regar este mundo de la Vida que necesita para convertirse en un auténtico jardín… privilegiado de vivir en tribuna este acontecimiento.

El Capítulo Provincial de una nueva Provincia. Tres días intensos de deseos, de compartir sincero, de escucha, de replica, de querer lo mejor, de dibujar caminos para algo nuevo, de querer olvidar lo vivido para llenar de disponibilidad un nuevo horizonte. Para un religioso, un fraile, un carmelita como yo formar parte de un Capítulo Provincial es algo muy significativo. Es el momento de programar, de repensar la vida, de diseñar los sueños de una vida con Cristo, en Cristo, por Cristo. No todo sirve para ello. No todo sirve para ser discípulo y por lo tanto con libertad hay que manifestarse, aceptar las críticas, aceptar los procesos de votación y decisión. Poder rezar, participar en un discernimiento que nos lleve a vivir de una manera nueva, de recuperar la ilusión, de intentar llenar de esperanza lo que somos y hacemos… es un auténtico privilegio de responsabilidad. Sentirse elegido para pensar en el bien común, en el bien de los hermanos, en la manera de vivir el Evangelio en el futuro… es algo que llena el corazón de presencia de Dios, de sentimiento de Familia, de Iglesia. La respuesta no puede ser otra que servicio, entrega, generosidad, gratuidad y disponibilidad. No hay otra manera de construir novedad y Reino de Dios en nuestro mundo. Ha sido una auténtica suerte, una gracia de Dios, poder vivir este acontecimiento de la Orden. Carmelitas más mayores, más jóvenes, más ilusionados o menos, pero todos con esperanza, con gozo diseñando un futuro que es nuestro si queremos dominar las circunstancias y llenarlas de Palabra de Dios y no dejarse arrastrar por ellas. Doy gracias a Dios por ello, no soy merecedor de tanto don.

Convivencia con el grupo de Encuentros. Somos un grupo de jóvenes, me incluyo como grupo y también como joven, JuCar de la comunidad de Vila-real. Muchos años de servicio, de entrega, de darse, de generosidad… La convivencia estaba programada para mucho antes pero llega cuando llega. Revisamos nuestra preparación de la Pascua Juvenil. Lo hicimos con generosidad, con sinceridad, con verdad, con deseos de mejorar, sin guardarnos nada en la cartera, sin miedos, con mucha profundidad… Noté que el grupo crecía, se hacía mayor, era más valiente… Di gracias a Dios por ello. Pudimos comer juntos, rezar juntos, revisar juntos. Se unió a esta gracia de Dios la generosidad de la comunidad de El Carmen. Nos dejaron su sala capitular para el trabajo, la capilla para rezar, su horario para ser compartido. Me sentí feliz, muy feliz de vivir y ser en esta Familia Carmelita. Los jóvenes nos íbamos contentos, felices de haber compartido el día. Nos sentimos en casa. Ya estamos pensando en la próxima Pascua Joven: abrir las puertas de nuestra casa, ofrecer sentarse y participar a los que vengan, preparar una Pascua con esmero para poder vivirla con los jóvenes que se acerquen, sentirse responsables de una experiencia posible y maravillosa: el paso del Señor. Un auténtico privilegio poder vivir todo esto, ni os lo imagináis.


Dejar de ser Consejero Provincial. Esto si que es un doble privilegio. Uno dejarlo, momento de descanso y de ofrecimiento para ayudar, para servir desde ‘la infantería’, de vivir la tarea con dedicación y entrega generosa pero dejando las decisiones, la responsabilidad, la guía al hermano. Un gozo grande poder dejar paso a otro en la tarea de gobierno después de dieciocho años en la misma. El segundo privilegio es haber formado parte durante tanto tiempo del gobierno de la Provincia. He formado parte de equipos de trabajo maravillosos, entregados, amantes de los hermanos, de la Orden, de la Iglesia. Cada Consejo era un aprendizaje de servicio, de entrega, de pensar, conocer y amar más a los hermanos. Han sido muchos momentos de vivir y hacer real el Evangelio con humildad, a veces con errores y muchas con falta de entrega pero con la buena voluntad de servir y hacer lo mejor para la construcción del Reino y facilitar la vida a los hermanos. Doy gracias a Dios por ello.