sábado, 28 de febrero de 2015

A los que acaricia





'...y envía la lluvia sobre justos e injustos'

Nuestro Dios no hace distinciones por la dignidad, que regala, sino por la necesidad que uno tiene convirtiendo en privilegiados a los últimos

viernes, 27 de febrero de 2015

Amado

Subir para encontrarse con Él, bajar para vivir con Él... amados

PALABRA DE DIOS

Marcos 9,2-10
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: "Éste es mi Hijo amado; escuchadlo." De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos." Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de "resucitar de entre los muertos".


Según el evangelista, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, los lleva aparte a una montaña, y allí «se transfigura delante de ellos». Son los tres discípulos que, al parecer, ofrecen mayor resistencia a Jesús cuando les habla de su destino doloroso de crucifixión.

Pedro ha intentado incluso quitarle de la cabeza esas ideas absurdas. Los hermanos Santiago y Juan le andan pidiendo los primeros puestos en el reino del Mesías. Ante ellos precisamente se transfigurará Jesús. Lo necesitan más que nadie.

La escena, recreada con diversos recursos simbólicos, es grandiosa. Jesús se les presenta «revestido» de la gloria del mismo Dios. Al mismo tiempo, Elías y Moisés, que según la tradición, han sido arrebatados a la muerte y viven junto a Dios, aparecen conversando con él. Todo invita a intuir la condición divina de Jesús, crucificado por sus adversarios, pero resucitado por Dios.

Pedro reacciona con toda espontaneidad: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No ha entendido nada. Por una parte, pone a Jesús en el mismo plano y al mismo nivel que a Elías y Moisés: a cada uno su tienda. Por otra parte, se sigue resistiendo a la dureza del camino de Jesús; lo quiere retener en la gloria del Tabor, lejos de la pasión y la cruz del Calvario.

Dios mismo le va a corregir de manera solemne: «Este es mi Hijo amado». No hay que confundirlo con nadie. «Escuchadle a él», incluso cuando os habla de un camino de cruz, que termina en resurrección.

Solo Jesús irradia luz. Todos los demás, profetas y maestros, teólogos y jerarcas, doctores y predicadores, tenemos el rostro apagado. No hemos de confundir a nadie con Jesús. Solo él es el Hijo amado. Su Palabra es la única que hemos de escuchar. Las demás nos han de llevar a él.

Y hemos de escucharla también hoy, cuando nos habla de «cargar la cruz» de estos tiempos. El éxito nos hace daño a los cristianos. Nos ha llevado incluso a pensar que era posible una Iglesia fiel a Jesús y a su proyecto del reino, sin conflictos, sin rechazo y sin cruz. Hoy se nos ofrecen más posibilidades de vivir como cristianos «crucificados». Nos hará bien. Nos ayudará a recuperar nuestra identidad cristiana.

José Antonio Pagola

¡QUIERO VERTE, SEÑOR!

Quiero cerrar los ojos
y mirar hacia dentro
para verte, Señor.

Quiero también abrirlos
y contemplar lo creado
para verte, Señor.

Quiero subir al monte
siguiendo tus huellas y camino
para verte, Señor

Quiero permanecer acá
y salir de mí mismo
para verte, Señor.

Quiero silencio y paz
y entrar en el misterio
para verte; Señor.

Quiero oír esa voz
que hoy rasga el cielo
y me habla de ti, Señor.

Quiero vivir este momento
con los ojos fijos en ti
para verte, Señor.

Quiero bajar del monte
y hacer tu querer
para verte, Señor.

Quiero recorrer los caminos
y detenerme junto al que sufre
para verte, Señor.

Quiero escuchar y ver,
gozar de este instante,
y decirte quién eres para mí, Señor.


F. Ulibarri

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Editorial Verbo Divino - EVD




‘Escuchadle’. No puede ser de otra manera, hay que estar abiertos y atentos a su Palabra. Nada de estar parados, nada de conformarse, nada de buscar otras propuestas, nada de nuestra voluntad… Lo que importa es su Palabra, Él. Bajar del monte y no buscar lo que nos gustaría sino lo que Él propone. Camino de cruz, camino de entrega, camino de austeridad y desprendimiento de vida… pero también camino de Bienaventuranza, de Encuentro, de Esperanza, de Perdón y Misericordia… la que Él nos da y muestra. No escuchamos a uno más de los hombres maravillosos que han existido y existen… ‘Este es mi Hijo…’, es especial, único, increíble, lleno de una luz que no deslumbra y ciega sino que cambia el corazón: el Amor entregado y gratuito. ¿Dónde escucharle? Baja de tus ‘montañas y comodidades’ y pisa la calle, camina con los hombres y mujeres de este mundo. Buen domingo. 



viernes, 20 de febrero de 2015

Pararse

Mucho más claro en nuestra lengua... mira a los lados, decide y sigue. 

PALABRA DE DIOS

Marcos 1,12-15
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio."

 

EMPUJADOS AL DESIERTO

Marcos presenta la escena de Jesús en el desierto como un resumen de su vida. Señalo algunas claves. Según el evangelista, «el Espíritu empuja a Jesús al desierto». No es una iniciativa suya. Es el Espíritu de Dios el que lo desplaza hasta colocarlo en el desierto: la vida de Jesús no va a ser un camino de éxito fácil; más bien le esperan pruebas, inseguridad y amenazas.
Pero el «desierto» es, al mismo tiempo, el mejor lugar para escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios. El lugar al que hay que volver en tiempos de crisis para abrirle caminos al Señor en el corazón del pueblo. Así se pensaba en la época de Jesús.
En el desierto, Jesús «es tentado por Satanás». Nada se dice del contenido de las tentaciones. Solo que provienen de «Satanás», el Adversario que busca la ruina del ser humano destruyendo el plan de Dios. Ya no volverá a aparecer en todo el evangelio de Marcos. Jesús lo ve actuando en todos aquellos que lo quieren desviar de su misión, incluido Pedro.
El breve relato termina con dos imágenes en fuerte contraste: Jesús «vive entre fieras», pero «los ángeles le sirven». Las«fieras», los seres más violentos de la creación, evocan los peligros que amenazarán siempre a Jesús y su proyecto. Los«ángeles», los seres más buenos de la creación, evocan la cercanía de Dios que bendice, cuida y defiende a Jesús y su misión.
El cristianismo está viviendo momentos difíciles. Siguiendo los estudios sociológicos, nosotros hablamos de crisis, secularización, rechazo por parte del mundo moderno… Pero tal vez, desde una lectura de fe, hemos de decir algo más: ¿No será Dios quien nos está empujando a este «desierto»? ¿No necesitábamos algo de esto para liberarnos de tanta vanagloria, poder mundano, vanidad y falsos éxitos acumulados inconscientemente durante tantos siglos? Nunca habríamos elegido nosotros estos caminos.
Esta experiencia de desierto, que irá creciendo en los próximos años, es un tiempo inesperado de gracia y purificación que hemos de agradecer a Dios. Él seguirá cuidando su proyecto. Solo se nos pide rechazar con lucidez las tentaciones que nos pueden desviar una vez más de la conversión a Jesucristo.
José Antonio Pagola


Empezar la Cuaresma bien lavado y aseado;
despierto, como la creación que gime y canta;
limpio, como el firmamento allá arriba;
luminoso y fresco, como son las alboradas;
y perfumado, como el aire de mi tierra.

Empezar la Cuaresma sin barreras ni murallas;
con las puertas y ventanas abiertas;
con las antenas altas y bien orientadas;
sin miedos, con esperanza y muchas ganas,
y con la casa barrida y bien oreada.

Empezar la Cuaresma sin hacer trampas;
caminando, sin fijar la vista en las renuncias,
ni retener el carnaval que susurra otras cosas;
dejándonos llevar por el Espíritu
y exponiéndonos, desnudos, a su brisa y fuego.

Empezar la Cuaresma desmarcándose con firmeza
de políticas partidarias y corruptas,
de compromisos con prebendas,
de privilegios huecos y egoístas
y de dobles contabilidades con cajas oscuras.

Empezar la Cuaresma ayunando sin complejos,
orando en lo secreto al Padre que nos ama
pidiendo por su proyecto y lo que necesitamos,
y haciendo de la limosna, tan denostada,
causa alegre, generosa y muy humana.

Empezar la Cuaresma con un saludo de bienvenida;
dejando las tinieblas en sus cuevas;
dando gracias por la vida; recibida
con ganas infinitas de recorrer sus sendas
y con la mochila preparada y ligera.

Empezar la Cuaresma en tu compañía, Señor,
...¡y a la aventura, cada día

F. Ulibarri


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Editorial Verbo Divino - EVD


El desierto lugar de pararse y escuchar. Frío y calor, miedo y lucha, soledad y confianza en el Otro… Paso obligado en momentos de decisión y crisis, de discernimiento y escucha. Lugar de tentación y confianza en Dios. Momento de ser uno mismo y descubrir la debilidad sobre la que Él puede construir algo nuevo. Días de futuro y revisión del pasado que pesa y debe dejarse para seguir caminando. Tiempo de encontrar lo importante en la vida y aquello sobre lo que construir el futuro que nos espera. Espacio donde la esperanza se convierte en pilar de cada paso nuevo de un proyecto de futuro inesperado. Espejo donde conocerse a uno mismo hasta la misma raíz de lo que es. Tiempo que nos devuelve transformados a la vida. Jesús es ‘empujado al desierto…’ de donde vuelve anunciando la cercanía del Reino de Dios. No te asustes al pasarlo. Buen domingo.  






domingo, 15 de febrero de 2015




.... En un mundo tan irreal
No sé qué creer
Y amor sé que tú eres mi verdad, 
eres mi verdad
Tú eres la luz que me guía
Tú eres la voz que me calma
Tú eres la lluvia de mi alma
Y eres toda mi verdad
Tú eres la luz de mi vida
Tú eres la voz que me calma
Tú eres la lluvia de mi alma
Y eres toda mi verdad
Eres toda mi verdad. 


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sábado, 14 de febrero de 2015

Habría que inventarla

El foco está ahí y lo señalan personas como el P. Lauro
A veces se piensa de ‘las cosas’ no sirven para nada ya que están ahí desde hace mucho tiempo y que cualquier otra cosa, parecida o semejante la puede sustituir o hacer mejor. ‘¿Para qué quiero este trasto si sólo ocupa sitio?’. ‘Yo soy capaz de hacerlo mejor, más barato y sin tanta parafernalia’. En ese momento en que uno dice esto asume la responsabilidad de realizar todo aquello que ‘la cosa’ hace o ayuda a realizar. Quizá busque ‘otra cosa’ para hacer esa función o  termine por decidir que no se haga dando razones ‘de peso’ para justificar su decisión. También puede intentar haciéndolo él consiguiendo que por lo menos se haga a medias y por supuesto sin ‘cosa’. Creo que lo que suele pasar es que cuando el susodicho ‘pensante’ que decide acabar con ‘la cosa’ también desaparece, cambia o se muda… vuelve a necesitarse la cosa y viene otro que la restaura, si se ha guardado en el desván, o la tiene que comprar o hacer de nuevo si la decisión fue tan drástica que sin más se deshizo de la ‘cosa o trasto’. La consecuencia es clara: vamos, por lo tanto, de gusto personal en gusto personal… ‘un pasito p’alante, María…. Un pasito p’atrás’. Un yo sustituye a otro yo y nunca llegamos a un nosotros. No se avanza. Yo quito y tu pones… yo discrepo pero no me mojo, rompo… yo pienso pero no comparto, trabajo por detrás… yo empujo,  pero siempre para mi lado… yo, yo, yo…
¿Y si la cosa suponía un nosotros consolidado, con ganas de crecer, con años de compartir…? Si ‘la cosa’ no la tuviéramos habría que inventarla y estaríamos todos buscando la manera de hacerla realidad. Aquí una realidad para estudiar, allí una propuesta interesante, allí un ejemplo de cómo lo han hecho, aquí dos voluntarios que se dejan el tiempo, mañana unos estatutos para consolidar el proyecto, pasado mañana criticar al que no se apunta, habría que buscar un experto, habría que captar colaboradores… Esto ya lo teníamos hecho cuando ‘el pensante’ en vez de implicarse, proponer, criticar constructivamente… decidió arrinconarla en el desván o eliminarla.

La tenemos, tiene más de dieciocho años, es de todos, ha ido creciendo, quieren hacer las cosas bien, el protagonismo lo tienen los pobres, los proyectos intentan hacerlos bien,  ha pasado del voluntarismo al voluntariado,  ofrece propuestas de educación,  es referencia para otros dentro de la familia, está con otras organizaciones parecidas, se siente parte de la identidad que la inició, la justicia y la paz son referencias diarias en la toma de decisiones, todo el mundo puede opinar y pertenecer a ella y son siempre bienvenidos, no se conforma con el desarrollo sino con la transformación, ha descubierto que el dinero no lo es todo para trabajar en el desarrollo, la honestidad y el trabajo son referencia de vida diaria y sufre cuando se duda de esto, que más allá de personalismos está el sentimiento de familia, piensa que es un derecho acceder al dinero de las subvenciones públicas y se prepara para ello, no quiere ir por libre sino de la mano de los que creen en el hombre, considera que tiene derecho a crecer y ser mayor…

Si no tuviéramos a Karit-solidarios por la paz en la Familia Carmelita de la Región Ibérica habría que inventarla, necesitaríamos crearla pero ya la tenemos, valorémosla, no caigamos en la tentación de pensar que siempre lo de fuera es mejor o en los personalismos y ‘yoysimos’ que, bajo mi opinión, es pan para hoy y hambre para mañana. 

viernes, 13 de febrero de 2015

Quiero



PALABRA DE DIOS

Marcos 1,40-45
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme." Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Quiero: queda limpio." La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: "No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés." Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

DIOS ACOGE A LOS «IMPUROS»

De forma inesperada, un leproso «se acerca a Jesús». Según la ley, no puede entrar en contacto con nadie. Es un «impuro» y ha de vivir aislado. Tampoco puede entrar en el templo. ¿Cómo va a acoger Dios en su presencia a un ser tan repugnante? Su destino es vivir excluido. Así lo establece la ley.
A pesar de todo, este leproso desesperado se atreve a desafiar todas las normas. Sabe que está obrando mal. Por eso se pone de rodillas. No se arriesga a hablar con Jesús de frente. Desde el suelo, le hace esta súplica: «Si quieres, puedes limpiarme». Sabe que Jesús lo puede curar, pero ¿querrá limpiarlo?, ¿se atreverá a sacarlo de la exclusión a la que está sometido en nombre de Dios?
Sorprende la emoción que le produce a Jesús la cercanía del leproso. No se horroriza ni se echa atrás. Ante la situación de aquel pobre hombre, «se conmueve hasta las entrañas». La ternura lo desborda. ¿Cómo no va a querer limpiarlo él, que solo vive movido por la compasión de Dios hacia sus hijos e hijas más indefensos y despreciados?
Sin dudarlo, «extiende la mano» hacia aquel hombre y «toca» su piel despreciada por los puros. Sabe que está prohibido por la ley y que, con este gesto, está reafirmando la trasgresión iniciada por el leproso. Solo lo mueve la compasión: «Quiero: queda limpio».
Esto es lo que quiere el Dios encarnado en Jesús: limpiar el mundo de exclusiones que van contra su compasión de Padre. No es Dios quien excluye, sino nuestras leyes e instituciones. No es Dios quien margina, sino nosotros. En adelante, todos han de tener claro que a nadie se ha de excluir en nombre de Jesús.
Seguirle a él significa no horrorizarnos ante ningún impuro ni impura. No retirar a ningún «excluido» nuestra acogida. Para Jesús, lo primero es la persona que sufre y no la norma. Poner siempre por delante la norma es la mejor manera de ir perdiendo la sensibilidad de Jesús ante los despreciados y rechazados. La mejor manera de vivir sin compasión.
En pocos lugares es más reconocible el Espíritu de Jesús que en esas personas que ofrecen apoyo y amistad gratuita a prostitutas indefensas, que acompañan a enfermos de sida olvidados por todos, que defienden a homosexuales que no pueden vivir dignamente su condición… Ellos nos recuerdan que en el corazón de Dios caben todos.
José Antonio Pagola

ORACIÓN

SOY  UN LEPROSO, SEÑOR
Cuando vivo en la mentira
Cuando me creo el mejor
Cuando no comparto lo que  tengo
SOY  UN LEPROSO, SEÑOR
Cuando me olvido de Ti y no  rezo
Cuando me aparto de Ti y no  creo
Cuando pienso sólo en lo que  veo
SOY  UN LEPROSO, SEÑOR
Cuando confundo lo limpio  con lo sucio
Cuando confundo el pecado  con la virtud
Cuando confundo el bien con  el mal
SOY  UN LEPROSO, SEÑOR
Cuando digo que “nunca  miento”
Cuando digo que “nunca peco”
Cuando digo que “Dios me  quiere así”
AYUDAME,  SEÑOR, A SER COMO TU
AMEN

(www.betania.es)
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Editorial Verbo Divino -EVD


Una palabra y un gesto. La palabra es ‘quiero’. Es la respuesta de Jesús a la llamada de auxilio del hombre, a la solicitud de curación, de cambio, de recuperación de la dignidad, de vencer ‘la lepra’. Jesús no es indiferente a lo que el hombre vive, siente o padece. El gesto es ‘tocar’. La palabra tiene poder en Jesús pero no se conforma con ello. Su gesto es de cercanía, cariño, solidaridad y compromiso. Toca a uno de los que están fuera, de los ‘intocables’ por su enfermedad. Va más allá de superar la indiferencia, Jesús quiere estar con él, sufrir con él, ser parte de él. Voluntad y compromiso, querer y hacer, palabra y gesto… dar la vida. En Jesús no hay indiferencia ni lejanía a la condición humana. Busquémosle, dejemos que Él nos toque el corazón y comencemos a vivir el Evangelio… no podremos parar de anunciar lo mucho que Él nos quiere. 


viernes, 6 de febrero de 2015

Distancia para encontrarse



Jesús ‘se puso a orar’. Jesús cura a la suegra de Pedro y esta se pone a servir. Le esperan en la puerta más enfermos, empieza a ser buscado para que otros se curen. Hay sitios donde puede anunciar, tocar, cambiar… y se retira a orar. El encuentro con Dios, la relación intima y madura con Él, el tiempo de crecer en el ser, dejarse tocar por su Palabra, estar y ser en Él, abrir las entrañas para que Él se ‘instale’, mantener viva una relación de amistad con Él… es previo a las prisas, a las urgencias, a los quehaceres. Sin la oración nuestra actividad cojeará de Él, será llamativa y quizá atrayente pero sin Él, sin su presencia, sin su autoridad estará vacía de novedad y vida.  

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Editorial Verbo Divino- EVD