martes, 29 de marzo de 2011

Dos días


Le invitaron a quedarse y se quedó con ellos dos días.
¡¡Que maravilla!! Dos días sólo para ellos.
Te llevo invitando tanto tiempo. Tengo envidia.  Siempre tienes tiempo para los demás. Te sigo esperando. ¿No te gusta mi casa?
La verdad es que la tengo un poco sucia, la mesa llena de papeles desordenados y arrugados, llenos de recuerdos vacíos y olvidados. Pero tú sabes que es tu casa, que la invitación es sincera, ropa por el suelo, la cama sin hacer, un poco de polvo en los rincones y entre los libros.
Necesito que vengas, que te quedes, el testimonio de otros que fueron al pozo y te encontraron no está siendo suficiente para mi sed. Entra, ven, quédate un par de días. Quiero estar a tu lado, renovar la amistad para siempre. Quiero que huela mi casa a ti, para que otros me pregunten por ese olor nuevo cuando me acerque a ellos y poder decirles que es el tuyo, la novedad de tu perfume. Mi cara se llenará de sonrisa, mis ojos se iluminarán de nuevo. Sólo un par de días conmigo y seré nuevo, no necesitaré que otros me hablen de ti. Te habré conocido, amado, abrazado, sentido, disfrutado, gozado, contemplado… Pasa, ven, no tardes, por favor. Sólo dos días parece que es suficiente, no es mucho. Ellos te invitaron, yo también lo hago. Ven, pasa, quédate…
Estoy preparando el sitio, no tardes.
Dos días.
¡¡Que maravilla!!

viernes, 25 de marzo de 2011

Volar ¿es posible?


Estoy emocionado. No puedo dejar de cantar. Algo grande ha pasado. Lo que no existía, pese a ser anunciado, fue creado, inaugurado, bendecido, pisado, pagado…
Lo que ha sido creado no existe, lo que no existe está lleno de gente, lo que se anuncia no se puede utilizar, lo que no se puede utilizar ha costado más de 150 millones de euros, lo que hemos pagado entre todos lo vamos a seguir pagando entre todos, lo que hemos pagado no existe, lo que no existe ha sido inaugurado, lo bendecido no puede utilizarse pero lo hemos pagado, lo pagado no es nuestro, lo nuestro no existe, lo que no existe ha sido creado, lo han llenado de gente y no puede utilizarse, no puede utilizarse pero cuesta dinero…
¡¡¡Por favor que alguien me lo explique!!!
¿Es dios?
No pero casi…Intocable, por encima del bien y del mal, todo lo puede, permanece, está en todas partes….

domingo, 13 de marzo de 2011

Pedir perdón


Acercarte al otro, al que has hecho daño y mirarle con humildad.
Poner la mano extendida para que el otro pueda tocarte.
Abrir tu corazón sin miedo para que el otro sienta tu latir y se quede.
Agachar la cabeza para que el otro este por encima de ti y poder lavarle los pies.
Escribir en el suelo aquello que quieres que el viento borre y para sentir la tierra (la realidad).
Volver al camino donde el otro está para encontrarte con él y ponerte a su lado.
Decir sencillamente y de corazón ‘te quiero’ después de haber despreciado, humillado o herido.
Mirar a los ojos para que el otro pueda mirarte con la herida que le hiciste, aguantarle la mirada con amor.
Sanar con tiempo y caricias aquello que has estropeado con intención.
Abrazar para dar todo el calor del mundo y dejarte hacer por el otro.
Salir al encuentro del que vuelve y escucharle sin preparar la respuesta.
….

domingo, 6 de marzo de 2011

El racó

Hace una semana pasé dos días en un rincón (racó) especial. Además con la suerte de estar acompañado por personas a las que quiero mucho, con las que comparto muchas cosas de mi vida. Es un racó de encuentro, de silencio, de interioridad, de ir despacio, de marcar tú los tiempos y no el reloj, de las horas solamente como referencia del encuentro con Dios y con los hermanos… es un racó de germanor (rincón de fraternidad). Germanor es la palabra clave del lugar: el otro, la humildad de saber que el que viene es importante, todo pensado para el otro, sin el otro no hay encuentro, generar complicidades y relación … Ponerse al servicio y a la entrega generosa del hermano. El P. Llopis, espíritu franciscano hecho realidad y presente en este mundo desde su racó, traduce en vida y testimonio todo esto. El racó es su casa, tú casa, mi casa, nuestra casa…


De todo el fin de semana quiero recuperar una cosa para esta rueda que gira y gira. La celebración de la Eucaristía. Fue una más. No tenía nada de especial y toda ella estaba impregnada de singularidad. Nada preparado, ni el sitio, ni los sitios, ni las ofrendas ni las peticiones, ni el incienso ni los libros, ni las horas ni los tiempos… Era la vida. Sentados y de píe, escuchar y hablar, silencios y compartir, bienvenida y encuentro, pan y vino, luz y Palabra, testimonios y lágrimas, acción de gracias y misericordia, de rodillas y en el suelo... Como la vida misma. Como en una mesa compartida e importante donde siempre hay un sitio más para el que llega pase y se siente. La comensalidad expresada cada segundo. La vida como lugar de encuentro con Dios. ¿No es eso un sacramento? ¿El lugar privilegiado de encuentro del hombre y Dios en los acontecimientos de la vida? También hubo liturgia, por supuesto, pero la de la vida misma, la de la comida especial, la de la fraternidad, la de la Pascua (el paso del Señor), la del dolor y la risa, la de los proyectos de futuro y el tiempo recuperado, las de las palabras que hacen presente y recuerdan. Hubo memorial, claro que si, se hizo memoria y presencia del Señor: entrañas de misericordia, Padre-Madre, lirios y reyes, Pan compartido y presencia real, más real que nunca… Verdadera comunión en la mesa de la Acción de Gracias, de la Paz que mueve y conmueve.

Sin comentarios. No éramos multitud, tampoco estábamos en grandes tarimas, ni las cruces eran las más grandes (por lo menos las que se veían), ni había muchos curas, ni servicio de orden, ni grandes convocatorias, ni lemas impactantes, ni reivindicaciones para llenar titulares de prensa, tampoco había periodistas… Él nos convocó, Él tocó nuestro corazón, Él se hizo presente, Él hablo desde el corazón ucraniano de una joven, desde la voz entrecortada de un joven carmelita laico la hacer una ofrenda, Él nos abrazó en el momento de la paz a través de una familia, Él nos convocó a todos los que alrededor de una mesa, sencilla y llena de vida, acudimos a buscarle sin conocernos, samaritanos de la Iglesia que se acercan al pozo de agua viva, en este caso muy viva y escuchan: yo te daré un agua que no se consume jamás.