sábado, 14 de marzo de 2009

Hágase



Una de las cosas que en nuestra vida de creyentes oímos una y otra vez es que la oración debe hacerse vida. También es fácil escuchar que la vida sea oración. He buscado durante mucho tiempo un testimonio de esto, no estaba siendo fácil, en alguna ocasión oía la trompeta que anunciaba el acontecimiento de esta coincidencia de oración y vida, me acercaba y veía que eran pequeños atisbos de una verdad deseada y realizable. Seguía buscando, esperando y deseando encontrarme con la realidad que manifestara la contemplación de Dios, en el rostro de alguien con el que me encontraba o en mi propia vida. Era un deseo mil veces expresado en mis oraciones. Si algún día pasa, pensaba para mí, tiene que ser un regalo de Dios, no puede ser algo que yo pueda conseguir por mis fuerzas.

Hoy puedo decir que el testimonio de un hermano me ha ayudado a descubrir que se puede hacer de la vida, del proyecto de vida, una oración que retumbe más allá de la muerte y del dolor. He visto con mis ojos, he sentido en mi corazón, he tocado con mis manos, he escuchado con los oídos abiertos… que el Padrenuestro pronunciado, rezado y compartido tantas veces se ha hecho vida. El ‘hágase tu voluntad’, recitado de carrerilla como la oración de un niño, ha sido proclamado con la entrega generosa de la vida. Un ‘hágase’ cargado de las lágrimas humanas que lo deben acompañar y adornado con la sonrisa que siempre acompañó a mi hermano. La oración se ha hecho vida. La respuesta generosa ha dado frutos. El grano de trigo ha muerto para dar vida. La fe ha iluminado las tinieblas. El día ha vencido a la noche. El paso ha abierto los caminos. Ya no hay muerte, ni luto, ni dolor. Se ha puesto una lámpara en lo alto del celemín. El pábilo vacilante no se ha apagado. El sí ha abierto las puertas de la esperanza. Sin hablar he rezado con él y le hemos pedido al Padre que se hiciera su voluntad, él entregando la vida como testimonio permanente de fe y vocación, yo con una boca pequeña y emocionada que se agarra a la vida de la miserias y las prisas.

Me dicen los amigos que ha sido una perdida grande. Miro a los graneros y descubro que quizá si que necesitemos sus manos para llenarlos, para conservarlos, para renovarlos, para hacer cantidad, para hacer número... Será muy complicado sustituirle en las tareas, será complicado suplir su sonrisa o su acogida. No dudo que esto sea así pero… los graneros de lo importante, los del cielo, los del testimonio de vida ante la adversidad, los de la aceptación de la voluntad de Dios, los de la fe vivida con generosidad y entrega… se han llenado, los tenemos rebosantes de grano para sembrar. ‘¡¡Adelante!! - diría José Luís - comenzad a salir por los caminos, sembrad, anunciad este ‘hágase’ para que dé fruto, perseverad en vuestra vocación no dudéis que las manos de Dios no abandonan, acompañan’.

Esta Pascua cercana y próxima, que él deseaba vivir en su estancia definitiva preparada por Cristo, será gloriosa. Nuestro hermano ha señalado el dintel de nuestra vida con un ‘hágase’ imborrable para que el paso del Señor sea una realidad cada día y cambie nuestro corazón definitivamente.

(Las fotos son del curso internacional para
Promotores de Justicia y Paz que la Orden
organizó en Fátima el mes de agosto de 2006)

martes, 3 de marzo de 2009

Dolor


El dolor es parte de nuestra vida.
¿Se puede vivir sin dolor?
¿Se puede vivir con dolor?

He visto el dolor y tenía forma de lágrima.
A los pocos segundos se convirtió en sonrisa.
¿Dónde se fue? ¿Por qué vino?
¿Cómo lo evitamos? ¿La morfina?
‘El mejor antídoto contra el dolor sois vosotros, las visitas’

Viene sin buscarlo. Un accidente.
Una enfermedad, un mal trago… una sorpresa.
Ahí está. El dolor aparece. Uno se retuerce de dolor.
Las entrañas se mueven, el cimiento se resquebraja.
‘Un pinchazo que llega sin llamar y te mueve toda entera…’

‘Me muero, me muero…de dolor’
¿Es un deseo o una sensación?
Ojala se pudiese morir de dolor cuando llega, para no sentir.
No es verdad, sigues ahí, sufriendo, mordiendo, llorando.
Sigue mordiendo las entrañas, quieres irte o que se vaya.
Nada de eso sucede.

El dolor tiene movimiento.
Un movimiento de dentro a fuera.
Es exponencial: va creciendo sin que lo puedas parar.
Te hace retorcerte como una culebra.
De abajo arriba o de arriba abajo.
No sabes cuando empieza ni donde,
tampoco sabes cuando termina.
Lo provoca una colchón blando o uno duro.
Un empujón o una metástasis.
Un movimiento o estar quieto.
Viene, se queda, te mueve, se manifiesta, lloras… mueres.

‘Me han castigado un ratito’ oí a un amigo sufriendo un ataque.
¿Es un castigo el dolor?
Yo creo que no. Nadie nos quiere tan mal.
El dolor va con la muerte
y la muerte comienza cuando se nace.
Somos dolor, sufrimiento, ataque y desesperación.
También otras cosas, pero se nos olvida tantas veces.

Dos frases de una amiga que pasó y pasa por el dolor.
"Quien sabe de dolor, todo lo sabe"
Algunos han sido aventajados de esta clase.
Un golpe de dolor te lleva las raíces de la vida.
"El aprendizaje en la vida es largo,
pero con la enfermedad, se acorta"
¿Verdaderamente podemos aprender algo del dolor?
Aprendemos lo que somos, nos quedamos con lo fundamental
de nuestra vida, de nuestro ser.
La vida va más rápida cuando estás enfermo,
pero al mismo tiempo deja más poso.

El dolor nos vuelve al comienzo de nuestra vida,
Indefensos, solos, asustados… como al nacer.
Del vientre de la madre calentito… al dolor del respirar,
al llorar del susto que supone lo desconocido.
Me duele algo y vuelvo a sentir mi debilidad,
mi miseria, mi muerte.

Quiero sentir sin sufrir
y si sufro quiero hacerlo sin sentir.
¿Puedo?