miércoles, 28 de enero de 2009

Estructuras (2)

Hoy hemos leído el Evangelio del sembrador. He encontrado un comentario de Pagola en ‘Palabra y vida’ que quiero compartir. Creo que complementa perfectamente el apunte (no entendido) de Estructuras. La verdad es que me gustaría poder aceptar este comentario como verdad en mi vida, quejarme menos, vivir más, disfrutar de aquello que pasa en mi vida y que no descubro. No es fácil pero hay que intentarlo. Sé, lo he dicho muchas veces, que son un privilegiado, que no debo quejarme de nada. Debería creerme de una vez para siempre que trabajo confiando plenamente en el Señor. ¿Por qué es tan difícil tener fe? Yo quiero pero… Ahí va el comentario de Pagola para la meditación sencilla y breve de Mc 4, 1-20.

‘Jesús contó la parábola del sembrador para explicar que el evangelio no se pude acoger de cualquier manera ni puede fructificar en cualquier vida. Pero quería también mostrar con qué confianza trabajaba él para construir un mundo nuevo. Sabía que muchas veces su trabajo se echaba a perder pero sabía también que sería fecundo en muchas vidas. Muchas veces tus desvelos de madre, tus esfuerzos de educador, tu trabajo en la parroquia o entre los vecinos, te parecen un fracaso. ¿No necesitas trabajar con confianza en Jesús?’

lunes, 26 de enero de 2009

Martín

Le conocí a los once años, es decir en los años setenta. Fue mi profesor de música y de castellano. (Me suspendía solfeo cada día y siempre me ayudaba la última clase de la evaluación para que pudiera llegar al cinco). Más tarde me dijeron que no sabía castellano cuando llegó a esta casa donde vivió él casi toda su vida, no me lo podía creer. ¿Cómo es posible que no supiese castellano? Cuando conocí a parte de su familia, dónde vivían y cómo eran lo entendí. Era su lengua materna, lengua que no se olvida, que respetaba, que amaba de verdad. No la inventada por otros que quieren imponerla, amaba la de su valle, la de sus padres, la de sus hermanos.
Hay muchas cosas que contar de Martín. En primer lugar que siempre fue para mi, ‘padremartín’. Me costó mucho tiempo tutearlo, por respeto, por admiración, por verle como una persona especial. Este trato aparentemente lejano no se correspondía con la realidad. Siempre me sentí muy querido por él. Sentía su apreció, su acogida cuando pasaba mis vacaciones de estudiante en su comunidad siempre fue excepcional. Era referencia de tantas cosas en la comunidad de Vila-real que le vamos a echar de menos de verdad. Tengo que decir, como hermano de su comunidad, que era muy fácil y extraordinariamente sencillo compartir la vida con alguien tan fiel y entregado a vivir el proyecto de vida de Jesucristo. La sencillez a la hora de vivir su vida como religioso facilitaba estar cómodo a su lado y compartir la vida con él.


Murió el pasado día 23 de enero. Ya no paseará por el claustro, no saldrá un momento de su despacho al lado de la escalera para tomar un café. Tendremos que estar atentos para abrir la puerta en horario fuera de portería ya que él no está para abrir. Nos va tocar aprender a conectar la caldera de la calefacción y el agua caliente cuando se disparé. Otro hermano tendrá que fotocopiar las

noticias carmelitas de la provincia o de la Orden para que puedan leerlas los que tienen ordenador. Los jóvenes de JuCar preguntaron ayer quién dirigirá los cantos el día de El Carmen de este año. No lo encontraremos madrugando haciéndose un café para terminar la noche en su habitación. Alguien deberá sustituirle en sonreír a los jóvenes cuando vienen a los grupos de profundización en la fe. Necesitamos que otro pueda comenzar a entonar la Salve o un canto mariano la fina de las Vísperas. No sé con quien voy a poder hablar de política y discrepar sin discutir. La sala de comunidad estará vacía mucho tiempo, no encontraré a nadie con el que pasar diez minutos de relajo a la vuelta de mis clases. Se llevó consigo las listas de todos los alumnos del colegio de más de veinte años a esta parte, las tenía en la cabeza, las llevaba en su corazón. Hoy ya hemos tenido que hablar sobre la calefacción que el controlaba cada día, cada minuto, cada segundo. ¿Se acumularán las facturas de la casa y del colegio sin ser archivadas, anotadas y contabilizadas? El sillón de la capilla que ocupaba permanecerá vacío, el coro de nuestro lado ha perdido una voz, un guía. Las reuniones comunitarias han perdido el consejo de la experiencia, de la mediación, del sentido común…

La vida está llena de pequeñas cosas, las de cada día. Son los hermanos quien las viven, las comparten y las acercan al otro. Martín, ‘padremartín’, era grande, muy grande por vivir intensamente las pequeñas cosas de las que está hecha la vida de comunidad y estar siempre ahí para compartirlas. Le encantaba estos últimos años hablar más que nunca, nos ayudaba a alargar la tertulia después de cenar, comentaba las noticias de la televisión. Siempre encontrabas en él una sonrisa a la vuelta de un viaje, una pregunta sobre alguien que creía que podría haber visto, o un silencio para escuchar la historia que iba a contar seguidamente. Siempre cerca, siempre ahí, siempre en la comunidad. He leído que era maravilloso escucharle y que pasará a los recuerdos de muchos por ser silencioso. Quizá sea así, pero ya lo dice nuestra Regla del Carmen que seamos moderados en los comentarios. En esto, como en muchas otras cosas, fue un gran carmelita, un gran ejemplo de vivir en obsequio de Jesucristo. Yo he tenido la gran suerte, el gran regalo que Dios me ha dado, de poder conocerlo, respetarlo, admirarlo y aprender de él cuando tenía once años y de haber vivido como hermano estos últimos siete años de mi vida.

miércoles, 21 de enero de 2009

Estructuras


Estoy viendo con alguno de mis alumnos que Dios nos ha elegido como colaboradores suyos en la creación. ¡¡Vaya responsabilidad!!
He estado un momento repasando mi vida y descubro que he perdido toda capacidad de ser creativo. Mi vida no tiene nada de creativa. ¿Creador? Como mucho ‘chapucillas’ de alguna que otra ‘ñapa’.
Me da la sensación que estoy trabajando para mantener una estructura que quizá fue creativa en otro tiempo, no hace mucho, pero como los tiempos pasan tan rápidos quizá ya se ha hecho vieja, caduca y obsoleta. Ni consigo poner mi impronta personal ni la de la comunidad a la que pertenezco, ni interesa… solamente mantener una puerta abierta para que un grupo de adultos tengan un puesto de trabajo más o menos asegurado, que unas familias tengan la conciencia tranquila ya que sus hijos reciben una educación ¿católica?... ¿No podrían hacer esto otros? ¿No podríamos hacerlo de otra manera?
El mantenimiento no es creación, mantener una estructura por el hecho que tenerla, de ser propiedad, de tener un trabajo, de llenar el tiempo, de ganarse el pan… Siempre encuentro excepciones que hacen que no pierda la fe (en minúsculas ya que no es la Fe en Jesucristo, esta no la pierdo).
¿Es esta la voluntad de Dios? No quiero ser mantenedor ni de las fiestas de mi pueblo que ya lo fui y mientras intentaba pronunciar mi discurso todo el mundo estaba bebiendo en la barra del bar de la plaza. ¿Qué es primero la estructura o el hombre? ¡¡El hombre!! ¡¡El hombre!! Gritaríamos como borregos bien educados… y luego al pesebre de la estructura, a seguir manteniendo, a seguir comiendo, a seguir poniendo el rostro (cara) para que te lo partan, para que se aprovechen, para que se rían, para que disfruten, para que se sientan justificados, para que … .
Quiero pasar frío y confiar sólo en Dios. Quiero pasar hambre y sentirme como los lirios del campo. Quiero trabajar sin recibir nada a cambio, todo se nos dará por añadidura.
¿Trabajar? Si, claro, pero por el Reino. ¿Mantener estructuras caducas para las cuales no he hecho opción de vida? No, que se vendan y que se les dé el dinero a los pobres que ahora hay muchos, dicen que los comedores están llenos. Crear lugares abiertos, libres, desprovistos de burocracia y de falsos compromisos, donde no se tenga la vista puesta en la jubilación, donde no se pregunte nada al entrar y al salir, donde no haya exámenes sino premios, ni finiquitos ni contratos, ni sueldos ni nominas. Solo la libertad de los hijos de Dios. ¿Utopía? Si claro, Evangelio. ‘Mira los lirios del campo…’

domingo, 18 de enero de 2009

Cosas


No tengo muchas cosas que escribir. La verdad es que me pasan cosas que nunca sé si son merecedoras de una apunte o no. No penséis que no da vueltas la rueda, todos los días varias veces, lo que pasa es que no termina de salirme buena harina. Pero la rueda no para, no para.
Hoy he leído dos cosas sobre la Iglesia. No os asustéis, no voy a hacer una homilía, aunque bien pensado, lo que más pasa por la rueda cada día es la Palabra, es un buen trigo, da una harina estupenda y en ocasiones llena de verdad, es siempre alimento, ¿digestiva?, en alguna circunstancia es algo indigesta pero con paciencia, un par de vueltas, esperanza y dedicación va digiriéndose. He dicho que no iba a hacer una homilía y ya casi estoy en ello. Voy a aprovechar el paréntesis para sugerir la pregunta que Jesús hace a esos discípulos que le seguían. Me llama la atención que le siguen antes que El los llame, simplemente porque otro le ha señalado como alguien especial (El Cordero de Dios), hoy nos dirían algo diferente. Que curioso, son seguidores de Jesús, son discípulos antes de ser llamados, sólo porque alguien (un hombre de Dios) les señala a Jesús (¿será este nuestro problema vocacional?¿a quién estamos señalando en y con nuestra vida de hombres de Dios?). La primera palabra que reciben del Señor es:
¿qué buscáis?. No puede escribir más sobre esto. Me detengo ahí. ¿Qué estoy buscando en mi vida?. Hay que contestar, repito, hay que contestar. No se puede eludir la pregunta. ¿Qué buscas en tu vida? Yo no sé que busco. Sé que lo que me falta y lo que me gustaría encontrar un día, pero no sé si lo estoy buscando de verdad. Me falta un encuentro definitivo con él, me falta una caída del caballo como San Pablo. En ocasiones pienso si me habré caído en algún momento y no me he dado cuenta. Me falta la fe suficiente para fiarme de El cada día, cada segundo, cada momento de mi vida. ¿Qué busco? Quizá lo busque a El pero no sé cómo hacerlo, no sé dónde hacerlo… Como me gustaría poder encontrarlo una tarde y quedarme a pasar con El la noche, en su casa. Estar con El, ser con El, ser en El, ser por El. (Menos mal que no quería escribir una homilía).

Escribía que he encontrado en la prensa dos cosas sobre la Iglesia. Una de ellas en la
homilía del nuevo arzobispo coadjutor de la Diócesis de Sevilla. Decía que la Iglesia tiene que ser cada día más joven, más libre, más valiente y más viva. ¿Dónde hay que apuntarse. Esa es mi Iglesia. No hay otra. Le voy a dar pistas a Monseñor Asenjo. Podía comenzar para ser más joven eligiendo obispos más jóvenes, de menos de cuarenta años como son muchos de los ejecutivos de nuestro mundo. Sería más joven si los jóvenes, que los hay, pudiesen organizar y preparar celebraciones para el resto de la comunidad (por ejemplo un encuentro del día de la familia que se organizado estos años en Madrid), sería más joven si el lenguaje de los símbolos que tanto utilizamos fuese más actual, menos inamovible. Más libre no es complicado, mayor aceptación de los que discrepan, más confianza en los que trabajan en la frontera, mayor disposición al perdón, menos hablar de cumplimientos y normas y mucho más de posibilidades, de puertas abiertas, de sitios disponibles para acoger, acompañar y aceptar, sean de la condición que sean. La libertad de aceptar la peculiaridad y singularidad de cada uno, proponer el mandamiento nuevo como norma de vida y empezar a sufrir si de verdad se les ama, en el caso que no fuese correspondido ese amor. Lo de más valiente creo que se refiere aquí en nuestro primer mundo. Más valiente en el dar, en el dejar, en el desprendimiento, en el riesgo, en el pasar frío. Dejar el poder, dar lo que tenemos, desprenderse de los privilegios, asumir el riesgo de dormir a la intemperie, pasar frío en las calles… donde se mueve la gente, donde se mueren los hombres. Mi iglesia, nuestra iglesia, es valiente cuando está con los pobres, en los países más desfavorecidos, en los lugares donde no es necesario más que la vida para poder darse. Lo de más vida es cuestión de las otras tres. Vive el que es libre, el que es joven y valiente. Más viva será si el que viene a las celebraciones sale con una sonrisa porque ha recibido algo para vivir de otra manera. La vida se recibe de el que es la Vida. Hablar de El, dejarle un sitio a El, ponerle a El en el centro. No lo nuestro, no nuestras circunstancias, no el poder, no los problemas, no las perdidas… si sus Palabras (vida eterna), si sus gestos (curaciones), si sus visitas (resurrecciones)… Sólo si El ocupa el centro de nuestra vida eclesial podrá ser viva nuestra comunidad. ¿Yo? A un lado, que viene el que puede cambiar cada corazón, cada cosa, cada hombre, cada mujer… ‘De ahora en adelante ya no te llamarás…. te llamarán…’ ‘porque me has conocido y te he dado una vida nueva’. Se me olvidaba. Esto ya lo hacen los obispos, y también lo hacemos los curas, hablar mucho de El y ponerlo como centro del proyecto del hombre, pero lo presentamos tan lejos, tan arriba, tan profundo, tan divino, tan inaccesible, tan… que no se entiende.
La otra cosa que he leído ha sido solo un titular a una entrevista
Inés Alberdi una ejecutiva española de la ONU: ‘La Iglesia no sale a la calle contra la violencia de género’. Casi nada. Estoy tentado de comenzar a hacer una lista de motivos por los cuales tendría que salir a la calle la Iglesia, es decir, nosotros. Pero ya se me ha hecho muy largo el apunte de hoy. Para otro día, más cosas y esta lista.
La foto también forma parte del artículo, de las cosas que quiero compartir.
¡¡Que se paren las bombas vengan de donde vengan!!
¡¡Basta de muertes!!
Esa tierra es Santa, es Prometida, es del Señor, es Sagrada…
¡¡Basta de sangre!!
¡¡Parad hermanos, parad!!
Dales, Señor, el don de la Paz.

miércoles, 7 de enero de 2009

Los Magos


Hasta hoy por la mañana era así de tranquilo el mar en que nadaba.
El dibujo de Ramón explica muy bien la sensación placentera, sosegada y 'divina' que dejaron los Magos.
Hoy el mar se ha levantado frío, agitado, lleno de olas que no puedo parar.
Volví a mi tierra, mi sitio, mi lugar... por otro camino, por otra senda, con otra intención.
Me encontré con lo de antes, con el ruido, con las olas que seguían dándose contra el mismo muro... Mi cambio no fue suficiente para apaciguar la tormenta, el muro se desmorona, el descanso se ha diluido como un segundo en un siglo, en un tic-tac.
Los Reyes bien, gracias.
Yo, como siempre, sin cambios.

viernes, 2 de enero de 2009

Manifestarse




Estos días de Navidad alguno de mis amigos han participado en la concentración (no piensen en los campos de otras épocas) y la Eucaristía para celebrar (¿celebrar?) el día de la familia. Había mucha gente en Madrid para ello. Vi un ratito por televisión (cinco minutos) justo cuando todo el mundo, mirando una pantalla inmensa de televisión, estaba esperando las palabras que Benedicto XVI, desde la ventana de su residencia, iba a dirigir a todo el pueblo de Dios con motivo del domingo de la Sagrada Familia. Justo en el momento en que iba a hablar en castellano para mencionar a todos los reunidos en Madrid se fastidió la voz. ¡¡Vaya mala suerte!! Era una imagen televisiva muy extraña, todos los concelebrantes cubiertos por su mitra se dieron la vuelta para contemplar la gran pantalla. ¿Qué era aquello que estaba viendo? ¿Se pueden hacer estos gestos en la liturgia? ¿O no era una liturgia? Entonces, ¿Por qué iban vestidos con todos los ornamentos necesarios para celebrar? ¿Por qué había un hermano (si, hermano) que ocupaba un lugar privilegiado? Creo que tengo demasiadas preguntas, todavía la rueda de molino no ha dado las suficientes vueltas a todas estas cosas para que haya un poco de harina, demasiado grano… creo que pican un poco y no quiero rascar demasiado no sea que se infecten. (Ya lo sé los granos con los que se hace la harina son de otro tipo, son de trigo ¿limpio?).



Bueno que me enrollo y no escribo lo que quería escribir. No me gustan este tipo de actos que nuestra querida Iglesia convoca. Ya lo he dicho, ahí queda eso. No es así y ahí cómo y dónde nos jugamos nuestra identidad. Creo que debemos partir de lo pequeño. La Navidad nos sugiere ese método como el camino adecuado para el cambio. Es en lo pequeño e indefenso (recién nacido, pobre y envuelto en pañales) donde los pastores (los personajes más próximos a nosotros de todos los que aparecen en los relatos de la Natividad) descubren algo grande. Algunos siguen empeñados en hacer grandes concentraciones, grandes encuentros, llenar más y más calles, más y más plazas, más y más estadios. Creo que eso nos equipara solamente a los políticos que pagan autobuses para llenar el campo de fútbol en una campaña electoral. Allí dicen lo que todos quieren escuchar y se acabó.



Creo que lo que debemos hacer los cristianos es salir del armario (no os asustéis, tranquilos). Lo proponía un artículo que leí estos días de Navidad en un confidencial de internet. Lo que me gustó es el título. Salir del armario, cuando se refiere a los homosexuales, significa que personalmente afronta su realidad, la hace pública arriesgándose a ser señalado con el dedo o marginado, a ser mirado de otra manera, lo hace ante sus amigos, ante su familia, ante la gente que lo o la conoce… no le importa lo dice y sigue su vida. Es un gesto de valentía, de honestidad con lo que vive y es. Lo hace público y todo el mundo puede reconocerle por lo que es. Ahí voy yo. Vamos a ‘salir del armario’ en nuestra condición de creyentes. No en una gran manifestación sino en un comentario con los amigos en el bar o con una manera alternativa y pública de celebrar nuestras fiestas de Navidad, o participando en un gesto solidario o una Eucaristía a deshora. Manifestemos nuestra fe sin miedo en nuestra escalera de vecinos, en nuestro barrio, con nuestros amigos, con nuestros conocidos… una fe sin grandes pantallas de televisión pero si de pequeños gestos que cambian la realidad que nos rodea. Somos pocos, estoy convencido de ello. Tenemos que actuar y proponer gestos de pequeños y de sencillos. Encarnados en la vida cotidiana de cada día. Ahí es donde no damos posibilidad a ser manipulados. Estos días leí también un artículo que me llamó la atención sobre lo que puede cambiar la vida de una persona cuando conoce a Jesucristo, el testimonio que da con su vida y su propuesta. No es fácil encontrar entre los famosos, entre las personas de cierto éxito profesional, un testimonio a favor de la Iglesia, de Jesucristo o de la importancia de tener fe en la vida. Esto supone ‘salir del armario’ en el sentido creyente del término, si lo tiene, claro.



No tengo nada contra la organización de encuentros como el de Madrid del otro día. Cada uno puede organizar lo que quiera, está en su derecho y es libre para ello. Pero me quedó una duda: ¿Quién era el protagonista de verdad de ese encuentro? ¿La familia? ¿El cardenal? ¿La Iglesia? ¿El Papa? ¿El número de obispos que asistió al acto? ¿Los muchos sacerdotes que concelebraban? ¿La cantidad de gente?... De lo poquito que vi y de algo más que leí no me quedó claro… me pareció entender que se habló mucho de lo que hacen unos que seguramente no asistieron al acto y que por lo tanto no les debió gustar mucho la organización del mismo. No les demos protagonismo, no les pongamos ‘a huevo’ el que vuelvan a ocupar sus ‘pulpitos’, que tienen más audiencia que los nuestros, para sacarnos los colores con determinadas cosas que nos avergüenzan a veces (recordar que somos pecadores) y a ellos les dan votos, simpatizantes y adeptos, que es lo que en realidad desean.



La mejor manifestación es la de la vida cotidiana, sirviendo, amando, dándose… y perdonando.