martes, 17 de mayo de 2011

Intimidad

'La intimidad es existir en el corazón de otro, un anhelo de todo ser humano'
(Lo escuché, me gustó, lo comparto)

martes, 10 de mayo de 2011

Cirineos

El de Cirine, Simón, era uno que pasaba por allí. ¿Quién le habría mandado estar aquella tarde en Jerusalén? No lo sé. Lo increíble es que por obligación tuvo un gesto que seguramente no olvidó jamás. Increíble, cargó una cruz… menudo miedo… ¿y si en aquel momento pasa algo y lo crucifican a él?. Vaya palo, de un espectador más y medio escondido, pasa a ser protagonista de un acontecimiento de la Historia, de conocer por primera vez a aquel hombre machacado y ensangrentado y poder ayudarle, a cargar con su cruz. Estar fuera de su casa, de su ciudad y de su día a día, sin querer, obligado y forzado a hacer algo con miedo y sin ningún tipo de deseo… pasó a ser protagonista de servicio, de encuentro con el Señor coronado de espinas que cambió el mundo, que amó hasta el extremo… Da la sensación que este hombre de Cirene paso de ‘Yo no quería’ a gozar de aquello que cambió su vida para siempre.
En la vida de fe nos pasa muchas veces algo parecido, simplemente hay que estar dispuesto, hay que estar ahí y aprovechar el momento. ¿Dónde está el Señor? Pasa por delante de nosotros y sabemos que es más cómodo ser espectador, mirar para otro lado, no implicarse… pero en ocasiones pasa un ‘pesadilla’ (monitor, padres, amigos, curillas, pobres…) y nos dice… ‘No te quedes ahí, pasa, coge, carga, participa, ven, anímate, vive, reza, apúntate…’ No queremos, estamos mejor al margen, al lado, sólo mirando pero… no hay remedio tengo que ir, apuntarme, coger, cargar, mirar, sentir…No lo hago convencido, no sé que puede pasar, tengo miedo, no me dice nada pero… Ya no hay quien lo paré, está la suerte echada. Puede suceder una mirada, un encuentro, una cruz maravillosa (nadie dijo que no pesaba), que cambiara la vida, que ya nunca más nos dejara ser espectadores.
La propuesta es muy sencilla, dejemos de ser cirineos espectadores y pasemos a ser cirineos protagonistas: junto al Señor, en la misa del domingo, en la participación de un grupo de fe, en las actividades dónde Él se manifiesta, en la Pascua que no quiero ir, en el campamento que no sé si apuntarme, en la propuesta de convivencia, ejercicios o reflexión, el grupo de cada martes, en el pobre que me mira… ¡¡Coge la cruz, agáchate, carga con ella!! Sin miedo, esta cosa que empezó en Galilea necesita protagonistas y no espectadores… aunque en ocasiones tengan que obligarnos, no lo dudemos, a la calle, a la cruz, al camino. Aprovecha ese empujón, propuesta o media obligación. ¡Adelante! No te quedes en el banco… levántate, lee, comulga, canta, aplaude. No te quedes en la puerta… entra, es su casa, tiene preparada la mesa para ti, come. No te quedes en la cama… levántate, despierta… está en la calle.

sábado, 7 de mayo de 2011

Luego pasa lo que pasa

Han pasado unos días, quizá demasiados pero da lo mismo. Escribo cuando puedo. Está un poco descontextualizado en el tiempo pero creo que un pequeño comentario no está demás. Esto de los militares y las procesiones de Semana Santa es algo que no encaja. ‘Es que ha sido así toda la vida’. ‘Es una tradición’. ‘Nos gusta’… Pueden ser razones, que yo no comparto, pero hay que tener mucho cuidado ya que se pueden utilizar para muchas otras cosas de la vida cotidiana y las razones escandalizan.
No hay posibilidad de casar las dos cosas. No lo puedo entender. ¿Militares? ¿Armas? Lo único que puede explicar su presencia es la actualización de aquellos soldados romanos (invasores, opresores, injustos, imperialistas…) que ‘se repartieron sus ropas y echaron a suerte su túnica’. Vamos nosotros, los creyentes, y los ponemos en un lugar privilegiado, destacado y cercano al Señor. No quiero decir nada contra el ejercito (tiene otro apunte pero no es el momento), quiero simplemente decir que no casan, que no se puede mezclar… De esta guisa todavía quedan en nuestras manifestaciones religiosas músicas y momentos que no tiene mucho sentido, por ejemplo, la utilización de la marcha real en los momentos claves de procesiones o de celebraciones. ¿Por qué? Identificación de poder, ‘Iglesia’, costumbres, tradiciones… Parece que todavía necesitamos ser vistos al lado del poder y de los poderosos. Creo que hay que decir basta a todo esto. La Iglesia y sus manifestaciones son del pueblo, de los humildes que hacen penitencia, de los fieles que quieren tomar la calle para mostrar con imágenes a Aquel que cambió el mundo desde los de abajo y con el arma del amor. Como un amigo, al que echo de menos desde hace mucho tiempo, decía: la cristiandad ha terminado, ahora toca lo sencillo, nuestro humilde rincón y con una vida de honestidad y testimonio. O se termina o luego pasa lo que pasa... como la aparición de ciertos símbolos que escandalizan.