domingo, 18 de noviembre de 2012

Mucha lluvia.


Estaba lloviendo mucho, caía sin parar, agua y más agua… No había manera de parar la lluvia. Comenzaron los rayos, los truenos… al salir de casa estaba el mar. Agua por todas partes. La calle era un río, el agua saltaba las aceras, parecía que necesitaríamos las barcas de una escuela de vela que había enfrente de nuestro albergue para salir de allí. Todo el mundo estaba pertrechado de su paraguas, de su chubasquero, de un poco de ropa de abrigo… algunos, los más previsores, había traído las botas de agua… las compartieron con los más pequeños. ¡¡Nos vamos a mojar!! Litros y litros de agua. Algunos padres llamaban para preguntar cómo llevábamos la tormenta, el agua… ‘Tranquilidad el albergue está muy bien. Está todo perfecto. No hay problema, los niños y los adolescentes están bien’, respondíamos. Ellos seguían preguntando: ‘Pero ¿os habéis mojado?’. Uno de los monitores dijo: ‘pues claro, hemos venido a eso a empaparnos y no dejamos de hacerlo’.

Nadie ha podido parar las gotas de sonrisas, los miles de litros de susurros de Palabra, ni las botas de agua han impedido que las ganas de pasarlo bien nos mojaran desde los píes al corazón. Ríos de fraternidad, de encuentros. Truenos de risas, relámpagos de presencia de Dios… No teníamos frío pese al chaparrón de amistad, de compartir y de sentirnos parte de una gran familia. No nos ha importado que el viento de ternura mojara nuestras mejillas con besos y abrazos de niños y jóvenes que tienen un Amigo que los quiere como son, como nos va importar. Veníamos a mojarnos, a empaparnos y sin salir del Albergue Juvenil Argentina de Benicàssim  lo hemos conseguido. Una lluvia de mundo nuevo, de fin de semana diferente, de propuesta que hemos escuchado de boca de Jesús, a Él hemos venido a escuchar… Nos propusieron algo muy sencillo para dejarse empapar: ESCOLTA’L. No sabéis lo mucho que nos ha mojado su Palabra, los gestos de los otros, las danzas de vida que eran propuestas de su Palabra a nuestros oídos y sobre todo al corazón. Nos volvemos a casa empapados, mojados… no queremos secarnos, queremos regar con esta agua cada rincón de nuestra vida, de los que nos rodean, de nuestra familia. Como dice una amiga a la que quiero mucho: si llueve a bailar. Ahora nos toca esto, contagiar el baile, empapar a otros. (De esto ya escribí).

Quiero bailar mojado, empapado de ti, Señor.
Quiero bailar para que rían, gocen y canten.
Bailar sin descanso para que no se duerman.
Una paso armonioso con el hermano, contigo y con el mundo.
Compases de justicia, y ritmo de paz.
Mojado de ti para empapar el mundo.
Pon tú la música Señor, me dejaré mover por ella.
Que gozo ver caer la lluvia y dejarse empapar de ti.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Patinar y profundizar


No tengo ni idea de submarinismo, tranquilos. No voy a dar ningún sermón sobre esto. Hoy he ido al mar y no he tocado ni el agua. Había un joven que estaba montando su tabla con una especie de paracaídas al cual se agarra y es deslizado por el viento sobre el agua, dan saltos tremendos. Me fui antes que comenzará. Le pregunté y me dijo que estaba bien el viento para practicar ese deporte que tanto le gustaba. El mar es precioso siempre, también en el otoño…
Quiero hablar de la vida. Estoy pasando por la vida patinando. Muy por encima, demasiado deprisa, corriendo, sin detenerme. Alguien dijo una vez que esta generación vivimos tres vidas de nuestros antepasados. En las grandes superficies (no hace falta poner adjetivos ya que todo el mundo sabe que son los templos del consumo) los empleados que hacen los recados patinan. Van de un sitio a otro, sin detenerse. Atentos a lo urgente: una cambio de artículo, una emergencia, un problema de monedas en una caja… En la playa, mejo dicho, en los paseos marítimos los jóvenes también pasean patinando, para ser vistos, para ir más rápido o porque lo hacen los americanos. Pasan sin detenerse, sin fijarse en nada, de una punta a otra y si tienen tiempo repiten. En la vida también voy patinando. Aquí un poco, aquí un descosido, aquí un remiendo, aquí un parche, aquí una charlita, aquí un retiro, ahora una clase, quedamos para comer mirando el reloj, hay que presentar esto para ayer… urgencias y más urgencias, prisas y más prisas. Patinaje y no vida es lo que muchas veces estamos practicando.
A los que les gusta el mar de verdad se pirran por sumergirse, por identificarse con él, por descubrir la profundidades, por preparar bien una inmersión. Es fantástico mirar más allá del azul verdoso de la superficie, poder estar dentro de él y conocer sus secretos, aquellas maravillas que sólo en la profundidad, en el adentro, en la verdad de lo que es contiene y sólo ahí pueden descubrirse. Profundizando se consigue llegar un poco más cerca de la verdad, de lo que la inmensidad del mar puede contener. No se hace de cualquier manera. Necesita preparación, un traje especial, tiempo antes, en y después. Lo importante no es ir deprisa, lo importante es lo que se va ver, sentir y descubrir ahí dentro, en la acción que vamos a emprender. No suele hacerse solo, unos te ayudan en el antes, se sumergen contigo y desean compartir aquello que has descubierto. Es lo importante lo que marca los tiempos. No es urgente, hay que esperar el momento adecuado.
Profundizar es lo que deja poso en la vida, lo que marca el ser, lo que se puede contar, lo que no se olvida. Profundizar es lo importante y necesita tiempo, preparación, deseo, sentimiento y calma. Conocer y darse en profundizar a los que se aman, con los que compartes vida, tiempo, proyecto y horizonte es una de la claves de la felicidad, cada vez lo tengo más claro. Es diferente la vida en las profundidades que en la superficie, que es un simple pasar y patinar. Patinando quizá descubras más lugares o toques más palos, mojes en más tiestos…  pero con menos poso. Los colores, momentos, ámbitos, propuestas, rincones que hay en lo profundo no lo encontraremos nunca dando saltos y pasando por encima de las cosas, de las realidades, de los otros.
Necesito pararme. Quiero profundizar en nuestra amistad, ponerme el buzo para encontrarme en lo profundo de la realidad que vivo, quiero hacerlo con los que están a mi lado, necesito mesas de sosiego, calma y deseos de encuentro en el ser… Me estoy jugando la felicidad.
El mejor momento de esta mañana ha sido el rato en que la humedad mojaba mi cara sentado en una piedra con mar por todos los lados. No había silencio, el mar golpeaba las grandes piedras, no había silencio en mi corazón…. la agenda próxima pasada, presente y sobre todo futura daba vueltas en la rueda de molino… Salían nombres y nombres… Esta sólo, con mil personas dando vueltas en mi cabeza y en mi corazón. No se podía hacer otra cosa que profundizar, que sumergirme en esa realidad que me rodea. Decidí que no quiero pasar sin profundizar en tu mar contigo, descubrir los colores y detalles de tu vida, quiero sumergirme contigo para conocer, sentir y amar. Esto es la vida, la vida eterna, la felicidad. ¿No estará Él en lo profundo del corazón del hombre y al pasar patinando es por lo que no lo encuentro?