domingo, 27 de marzo de 2016

Miradas en tres días que cambiaron la historia





Una mirada es una posibilidad de encuentro. No hay mirada sin atención, sin profundidad, sin algo que mirar. Es mirando como encontramos. Si dejamos de hablar de cosas, de objetos y comenzamos a hablar de personas descubrimos que la mirada se convierte en reconocimiento y diálogo.
Muchas veces dice más una mirada que una palabra. Mirar es cruzarse con el otro, reconocerle, acercarte en la duda, pararte para no arrollarlo o que no te arrolle. Miar es llenar de sentimientos la expresión. La mirada se convierte en elemento fundamental de encuentro y no nos fiamos de aquellos que la esconden, que la bajan, que la desvían. Muchas veces está tan cargada de peso, de historia, de sentido, de pregunta… que nos cuesta aguantarla o que nos la aguanten.
Mirar es dejar abierta la puerta de tu corazón, una pequeña rendija para dejar que pase, para dejar que el otro se siente al lado en tu corazón, de lo que tú eres. Miramos para crear complicidad y abrazo cuando tenemos atadas las manos o la distancia de lo ‘bien o mal visto’ nos los impide. Somos capaces de transformar la mirada profunda en una mirada perdida más allá de lo que está pasando.
Los ojos que miran con verdad, con profundidad, con sentido… son reflejos del alma, destellos del corazón que late, siente y ama. A veces no hay ni contestar a una mirada, simplemente es devolverla con el corazón abierto y desnudo de lo que uno es para que el otro que te mira descanse, repose o se refresque. No hay respuestas más sólidas y firmes que aquellas que un mirada firme, sin parpadear, con decisión.
Hay miradas que no se agachan, que están fijas en un horizonte nuevo y abierto donde llegar con los pasos firmes en un camino que se va haciendo sin desviarla a los lados y perdiendo, en ocasiones, paisajes nuevos y deslumbrantes pero que frenan la voluntad y la decisión. Miradas llenas del sosiego de lo terminado, del cansancio de la tarea, hecha y concluida y que nos ayudan a descubrir que lo vivido, lo que nos rodea, lo que nos llena y que se convierte objeto de contemplación, de búsqueda de la presencia de Él. Miradas a nuestro interior, con lo ojos cerrados, para gustar lo que somos y hacemos, lo que nos hace únicos, lo que nos da la dignidad de hijos, para que podamos limpiar el polvo del camino que esconde los dorados del verdadero tesoro, tú, yo, los otros….

sábado, 26 de marzo de 2016

Mirada de Misericordia incansable y fie



Quizá esta mañana no hay miradas pero si recuerdos imborrables de alguna de ellas.
Sus ojos no se cansaban de mirar, de dar luz allí donde se acercaba. Luz en un portal que deja pasar la escarcha de la madrugada, luz que no se agota en lo alto de un monte ante hambrientos que la buscan y lo escuchaban, luz en comidas interminables de poner el corazón y la vida encima de la mesa, luz que solo sus ojos pueden dar… era una mirada incansable en la búsqueda de encuentros con el hombre y la mujer que sufre, que llora, que sangra, que no ve o no escucha.
¿Cómo es posible ahogar y agotar una mirada de tanta fuerza? ¿Cómo es posible que pueda agotarse al cerrar los ojos tras unos clavos que atan al madero inerte y elevado que da fin a su vida? No puede ser… su mirada de amor y misericordia era incansable, no dejaba de iluminar, de guiar, de buscar más adentro, más profundo, más al centro… Un día fijó la mirada en los ojos  de un niño e hizo que brillara su cara. ‘Dejad que los niños se acerquen a mi…’ dijo con fuerza. Mirada incansable ante la mujer que tiene sed de agua viva y le promete que no se va a agotar la fuente, que no tendrá más sed. No puede ser que al cerrar los ojos en lo alto de la cruz su mirada misericordiosa e incansable se agote.
¿Quién mirará a los ciegos, a los sordos, a los leprosos… sin cansarse de tocar, de curar, de sanar? Él busca y busca, insiste e insiste… una y otra vez hasta que las miradas se cruzan y nadie es capaz de tirar una piedra al corazón de una pecadora… su mirada misericordiosa e incansable se cruza con la de ella que está asustada…‘vete, no peques más…’ , pero la mirada de Jesús parece decir, ‘y si lo haces, te estaré esperando para mirarte de nuevo, para cambiar tu corazón, para evitar las piedras, para soplar tus pecados escritos en la arena de mi corazón’.
Esta mañana de sábado queremos recordar su mirada incansable y en ella, junto a su mirada fiel, cimentamos nuestra esperanza.
La mirada fiel es una mirada limpia y cercana. Sin tapujos, directa, de las que muestran que  siempre puedes encontrar al que la regala. La suya siempre fue de fidelidad, de la que dan los incondicionales. Nada de dudas sobre nuestra relación, sobre nuestra amistad. Esa fidelidad que no se acaba, que no se agota.
Una mirada que sabían muy bien los que caminaban con Él… Mira con fidelidad al hombre que tiene hambre, da igual los que sean… ¿5000? Yo me quedo, vamos a darles de comer. ¿Qué tenéis? Sacadlo, me quedo con vosotros, haremos que llegue a todos, no pueden volver a casa así. Mirada fiel a la condición humana. Mirada fiel a sus amigos, los de Betania, a Marta, María y Lázaro. Una mirada fiel que ni tiene en cuenta reproches, ni dudas… Fidelidad y amor que son capaces de vencer la muerte. La mirada fiel a los que conoce y ama, a los que se siente unido, y que es capaz de vencer al sepulcro de Betania… ¿será capaz de vencer su propio sepulcro?
Si su mirada fue una mirada fiel es con el Padre. Fiel a su proyecto, a aquello para lo que había sido enviado al corazón de la historia y del hombre. Mira fielmente al Padre cuando cuenta como da libertad, como espera, acoge y perdona al hijo que se alejó. Mirada fiel cuando se retira a orar y cuando enseña. Mirada fiel cuando llora en Getsemaní ante el ‘cáliz que ha de beber’. El amor y la fidelidad sin medida conducen a la fecundidad, a los frutos, a la vida… ¿Será posible está fecundidad en y con Él?

¿Será verdad que esas miradas le hagan revivir en nosotros, entre nosotros?
Era tanta su fidelidad que no puede dejar que todo termine, ¿será así? ¿Podemos confiar?

La inmensidad de su mirada y su ser incansable con la humanidad ¿Puede agotarse? 

viernes, 25 de marzo de 2016

Mirada generosa y gratuita


Sin mirar la respuesta, sin pedir nada a cambio. Mirar a alguien que no conoces y le regalas una mirada de cariño, de cercanía… Una mirada de misericordia, de perdón, de amor… gratuita, como no puede ser de otra manera. Generosa, sin esperar ningún pago, ninguna recompensa. La recompensa quizá sea el mismo y simple cruce de miradas.
 Poco entendible en nuestro mundo donde todo se compra y se vende. Decía la copla que todo menos el cariño verdadero. El amor verdadero tiene que ser gratuito y entregado sin límites. Una mirada así transforma. Es una mirada para la que no estamos preparados ya que no sabemos ‘calcular’ su valor, su intensidad, su compromiso. Es una mirada que no deja indiferentes ya que no sabemos cual tiene que ser la respuesta a la misma. Deja a veces paralizados. Una mirada que al no necesitar respuesta por ser gratuita y generosa nos crea incertidumbre (¿Qué responder?)… pero nunca indiferencia.
 Imaginaos a alguien que esta sufriendo, que le miramos y nos mira. Imaginad que nuestra pena ante su dolor recibe de él, como respuesta, una mirada de gratuidad, llena de generosidad… ¿qué responder? ¿Cómo es posible que en su dolor aún tenga un momento para mirarme así? ¿Qué puedo hacer?...
 Estamos educados para otro tipo de miradas, queremos mirar y que nos devuelvan la mirada con lo que pedimos: amo a alguien y le miro… me quedo fijamente mirando sus ojos, quiero una respuesta, necesito un si, deseo que se me devuelva con la misma moneda. La mirada de hoy de Jesús no es así. Es una mirada de amor pleno, gratuito, entregado, generoso, con pasión, con amor infinito y mucho más…
 ¿Puede existir una mirada sin guardarse nada, de entrega total? Esa es la mirada de Jesús hoy. Sin guardar nada, sin dejarse una gota de lo que es… hay muchas personas a su alrededor. Unas le conocen, como nosotros, otras no… pero a todas les dedica una mirada plena, agotada por el darse sin medida… Una mirada de complicidad y encuentro que la llena de entrega y generosidad, de gratuidad y misericordia. La misericordia no puede ser fruto de un trueque o un intercambio, no está en el mercado de valores, es generosa, sin esperar nada a cambio, gratuita y entregada… no tenemos nada de tanto valor podamos ‘pagar’ o devolver a su mirada compasiva hacia nosotros.
 Su mirada es una mirada dándose… dando todo lo que es, dando la vida, dando lo que ha llenado su corazón cada día por los caminos de Galilea: amor, encuentro, propuesta, milagro, signo, palabra… Para ti, para mi, para el otro… Nosotros no sabemos que responder a esa mirada… algunos respondieron echando esa mirada de nuestro mundo, clavando en la cruz a esos ojos del corazón que más han amado en la historia de la salvación…
 ¿Cómo vas a responder a esa mirada? ¿Qué podemos hacer para no quedarnos quietos…? ¿Cómo va a ser la tuya cuando su generosidad te haga temblar? ¿Cómo vencer al miedo de no tener nada para ‘pagar’ tanta generosidad y tanta entrega?¿Le podré mantener mi mirada ante tanta generosidad? …. 

Mirada entrañable


Él y nosotros en tres días de historia recordada y vivida nos cruzaremos la mirada. La suya siempre es de misericordia, una mirada a la que el dolor, la pena, la alegría, la realidad, la humanidad… no le quita nunca la ternura de un perdón hecho amor sin medida, entrega en totalidad y misericordia infinita. Todo en Él sale del corazón, de las entrañas.
Estaban en la mesa, sentados y los quería con locura, cada gesto era para hacer recuerdo de lo vivido en tantas mesas, con tantos amigos. Miradas de complicidad entre bocado y bocado, cada vez que levantaba la copa… Un mirada a su alrededor con amor entrañable a cada uno, eran como sus hijos, con los que había anunciado el Reino y su justicia en cada rincón de aquella tierra que emanaba dios en cada repecho y llanura. Miraba como una madre que no puede olvidar a su hijos, y aunque fuera así, ‘yo no te olvidaré’  (Isaías 49, 15) les decía en silencio cómplice y que abraza, ‘pase lo que pase no te dejaré’. Aguantarle la mirada en estas circunstancias no es fácil, es complicado, pero se siente tanta calor al sentirte mirado con esa profundidad y fidelidad. Su mirada está ausente de palabras muchas veces y entonces… serán los ojos misericordiosos y la paciencia infinita, la espera constante y el amor generoso y entregado, los que nos hablen y nos toquen el corazón.
Ojos llorosos en Getsemaní que miran la falta de voluntad y vigilia de aquellos que son sus amigos. Es una mirada misericordiosa pero llena de extrañeza, de la sorpresa que da ver a los que quieres sin ser conscientes de la responsabilidad que está pasando por tu vida… No hay mirada acusadora en sus ojos, la sorpresa es parte de la tristeza que da la soledad ante un destino inimaginado, intuido y sospechado. El descubrimiento de la falta de implicación de los que quieres, de la indiferencia inconsciente, lo convierte en itinerario de verdad. Él acepta la voluntad del Padre sin la compañía de los otros, tú, Él, la vida, la honestidad, el seguir hasta un final que rasga las entrañas… y que deja de mirar con misericordia entrañable. ‘levantaos, ha llegado la hora’. Es una invitación a vivir en profundidad, profundamente queridos la historia de la verdad, el camino de la entrega, la vida salvada. 
¿Cómo devolver esa mirada? En comunidad celebrando y siendo parte de los que le siguen, sentándonos a la mesa y partiendo el pan y brindando nosotros también. Aprendiendo de su mirada vamos a mirar como Él miró lo más bajo y sucio de nuestra condición, los píes. No lavamos por recordar, lavamos para mirar y querer al otro en totalidad, en la dignidad que Él hizo brillar al lavar los pies de sus discípulos. Vamos a mirar a quien nos lava con el mismo cariño, sorpresa y amor con la que los discípulos le miraron la noche de jueves santo. Una mirada de agradecimiento, de devolver con ternura las caricias en la intimidad que nos da. 

Vamos a mirar en la noche los recuerdos de esa cena, vamos a mirar la voluntad de Dios como Él la miro, vamos a mirarle también nosotros desde lo profundo, desde las entrañas, desde la renovación de esa fidelidad que Él nos regala y que la hacer nuestra queremos renovar delante del sagrario, de la custodia… Haciendo memorial no solo de su presencia sino también del cruce de miradas entre Él y sus discípulos que se hacen presentes en la nuestra ‘fija en Él’ y la necesidad de los otros. Cerraremos los ojos dejaremos de mirar por la noche al dominarnos el cansancio, pero nunca el deseo que perderle de vista, de mirarle a los ojos, de querer estar a su lado, de mirar la dirección hacia ‘los sanedrines’ donde será juzgado e insultado, no sólo entonces, también hoy. 

sábado, 19 de marzo de 2016

Rey y reo

Hierro y roca (c) Vicent Tena



C. Pilato preguntó a Jesús:
S. - «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Él le contestó:
+, - «Tú lo dices.»
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. - «No encuentro ninguna culpa en este hombre.»
C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:
S. - «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.»
C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.
Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio
C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.
C. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:
S. - «Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.»
C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa, diciendo:
S. - «¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.»
C. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:
S. - «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Él les dijo por tercera vez:
S. - «Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré.»
C. Ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío.
Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
....



Según el relato evangélico, los que pasaban ante Jesús crucificado sobre la colina del Gólgota se burlaban de él y, riéndose de su impotencia, le decían: «Si eres Hijo de Dios, bájate de la cruz». Jesús no responde a la provocación. Su respuesta es un silencio cargado de misterio. Precisamente porque es Hijo de Dios permanecerá en la cruz hasta su muerte.

Las preguntas son inevitables: ¿Cómo es posible creer en un Dios crucificado por los hombres? ¿Nos damos cuenta de lo que estamos diciendo? ¿Qué hace Dios en una cruz? ¿Cómo puede subsistir una religión fundada en una concepción tan absurda de Dios?

Un «Dios crucificado» constituye una revolución y un escándalo que nos obliga a cuestionar todas las ideas que los humanos nos hacemos de un Dios al que supuestamente conocemos. El Crucificado no tiene el rostro ni los rasgos que las religiones atribuyen al Ser Supremo.

El «Dios crucificado» no es un ser omnipotente y majestuoso, inmutable y feliz, ajeno al sufrimiento de los humanos, sino un Dios impotente y humillado que sufre con nosotros el dolor, la angustia y hasta la misma muerte. Con la Cruz, o termina nuestra fe en Dios, o nos abrimos a una comprensión nueva y sorprendente de un Dios que, encarnado en nuestro sufrimiento, nos ama de manera increíble.

Ante el Crucificado empezamos a intuir que Dios, en su último misterio, es alguien que sufre con nosotros. Nuestra miseria le afecta. Nuestro sufrimiento le salpica. No existe un Dios cuya vida transcurre, por decirlo así, al margen de nuestras penas, lágrimas y desgracias. Él está en todos los Calvarios de nuestro mundo.

Este «Dios crucificado» no permite una fe frívola y egoísta en un Dios omnipotente al servicio de nuestros caprichos y pretensiones. Este Dios nos pone mirando hacia el sufrimiento, el abandono y el desamparo de tantas víctimas de la injusticia y de las desgracias. Con este Dios nos encontramos cuando nos acercamos al sufrimiento de cualquier crucificado.

Los cristianos seguimos dando toda clase de rodeos para no toparnos con el «Dios crucificado». Hemos aprendido, incluso, a levantar nuestra mirada hacia la Cruz del Señor, desviándola de los crucificados que están ante nuestros ojos. Sin embargo, la manera más auténtica de celebrar la Pasión del Señor es reavivar nuestra compasión. Sin esto, se diluye nuestra fe en el «Dios crucificado» y se abre la puerta a toda clase de manipulaciones. Que nuestro beso al Crucificado nos ponga siempre mirando hacia quienes, cerca o lejos de nosotros, viven sufriendo.

José Antonio Pagola



Hoy queremos cantarte,
uniéndonos a la creación entera,
un canto nacido del corazón,
en las plazas y lugares de encuentro
de aldeas, pueblos y ciudades.

Porque tu paso y presencia
traen la alegría a nuestras vidas
y la paz a todos los rincones de la tierra.

Estamos cansados de las canciones militares,
pomposas y llenas de arrogancia,
que quieren comprar nuestra voluntad
y anuncian victoria con un gusto amargo
de sangre inútilmente derramada.

¡Nosotros queremos entonar una canción nueva!

Las canciones religiosas
que resuenan en los templos e iglesias,
en otros tiempos tan llenas de fe y vida,
no atraen y dejan vacíos esos lugares de encuentro,
pues ya no conectan con nuestros sentimientos.

Tampoco las que las se oyen concursos y festivales
nos conmueven y enganchan;
sus notas, ritmo y letras
no sintonizan con nuestras necesidades,
pues nos ofrecen un mundo irreal
en el que no podemos ser protagonistas.

Llenando ondas y programas a todas las horas
se hacen presentes las canciones de amor
y, aunque sean artículo de consumo diario,
se marchitan en nuestros labios sus notas
que se negocian, venden y compran sin pudor.

En los nuevos templos, salas de fiestas y discotecas,
las noches de vísperas y fines de semana,
los disc-jockeys nos invitan con canciones
a ritmo trepidante y ensordecedor,
a olvidar fracasos, decepciones y penas.

Y las canciones populares de fiestas y romerías
parecen de otro tiempo y cultura,
pues aunque las cantemos y bailemos,
no nos proporcionan la vida y el gozo
del que hablan nuestros padres y abuelos.

¡Nosotros queremos entonar una canción nueva!

Déjanos entonarte nuestro canto,
el canto que nace de la vida nueva
que Tú nos das cada día y hora.
Déjanos cantar y bailar,
con ritmo alegre y fraterno,
el sentir de nuestra vida,
hecho canción y danza sin miedos
para jóvenes, ancianos y niños de pecho.

Unidos a la creación entera,
a los pequeños, débiles y pobres,
a emigrantes, refugiados y sin patria,
a creyentes, agnósticos, ateos e indiferentes,
queremos cantarte una canción nueva.

La canción de la fraternidad y la esperanza,
porque Tú nos amas,
y hemos visto y sentido tu paso
por nuestro pueblo, iglesia y casa,
y te has dignado pararte y llamar
a las puertas de nuestras entrañas.

F. Ulibarri




Este es el Cordero de Dios, el sacrificio de Dios que nos da la vida




Pasito a pasito



Rey y reo. Comienzan aclamando y terminan clavando en la cruz. Admirado y condenado. Ante Jesús se produce la contradicción permanente del ser humano, amar y odiar, confianza y temor… Comencemos a caminar con Él camino del Calvario, de la entrega. Aclamémosle como Rey de nuestro corazón, ‘Salve, Gloria…’ y no dejemos que durante esta semana se quede solo en las calles de la vida. Caminemos con los que llevan pesadas cargas que les hacen caer y caer, como Él. Seamos nosotros cireneos de los que son últimos. Desaparezca de nuestra boca la condena a los hermanos, se muevan nuestros pies para caminar con ellos, suéltense nuestras manos para ayudarles. Salgamos a las calles para mostrarle, anunciarle y amarle. Buen domingo. 



EQUIPO PASTORAL COLEGIO CARMELITA

Colegio Virgen del Carmen
Onda · Vila-real

jueves, 10 de marzo de 2016

No te condeno



Piedra sobre piedra (PS) (c) Vicent Tena

Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?"
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra."
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?" Ella contestó: "Ninguno, Señor."
Jesús dijo: "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más."


Le presentan a Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. Todos conocen su destino: será lapidada hasta la muerte según lo establecido por la ley. Nadie habla del adúltero. Como sucede siempre en una sociedad machista, se condena a la mujer y se disculpa al varón. El desafío a Jesús es frontal: «La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú ¿qué dices?».

Jesús no soporta aquella hipocresía social alimentada por la prepotencia de los varones. Aquella sentencia a muerte no viene de Dios. Con sencillez y audacia admirables, introduce al mismo tiempo verdad, justicia y compasión en el juicio a la adúltera: «el que esté sin pecado, que arroje la primera piedra».

Los acusadores se retiran avergonzados. Ellos saben que son los más responsables de los adulterios que se cometen en aquella sociedad. Entonces Jesús se dirige a la mujer que acaba de escapar de la ejecución y, con ternura y respeto grande, le dice: «Tampoco yo te condeno». Luego, la anima a que su perdón se convierta en punto de partida de una vida nueva: «Anda, y en adelante no peques más».

Así es Jesús. Por fin ha existido sobre la tierra alguien que no se ha dejado condicionar por ninguna ley ni poder opresivo. Alguien libre y magnánimo que nunca odió ni condenó, nunca devolvió mal por mal. En su defensa y su perdón a esta adúltera hay más verdad y justicia que en nuestras reivindicaciones y condenas resentidas.

Los cristianos no hemos sido capaces todavía de extraer todas las consecuencias que encierra la actuación liberadora de Jesús frente a la opresión de la mujer. Desde una Iglesia dirigida e inspirada mayoritariamente por varones, no acertamos a tomar conciencia de todas las injusticias que sigue padeciendo la mujer en todos los ámbitos de la vida. Algún teólogo hablaba hace unos años de «la revolución ignorada» por el cristianismo.

Lo cierto es que, veinte siglos después, en los países de raíces supuestamente cristianas, seguimos viviendo en una sociedad donde con frecuencia la mujer no puede moverse libremente sin temer al varón. La violación, el maltrato y la humillación no son algo imaginario. Al contrario, constituyen una de las violencias más arraigadas y que más sufrimiento genera.

¿No ha de tener el sufrimiento de la mujer un eco más vivo y concreto en nuestras celebraciones, y un lugar más importante en nuestra labor de concienciación social? Pero, sobre todo, ¿no hemos de estar más cerca de toda mujer oprimida para denunciar abusos, proporcionar defensa inteligente y protección eficaz?

José Antonio Pagola


Aquí estoy, Señor, a tus pies,
asustada, y aturdida,
temblorosa y silenciosa,
estremecida y expectante,
sabiendo que he llegado acusada,
pero sintiendo que avivas, en mi corazón,
las cenizas del deseo y la esperanza
y despiertas, con tu mirada y roce
mis entrañas yermas.

Aquí estoy, Señor, a tus pies
rodeada por quienes ves
y sus corazones de piedra,
abrumada por mis hechos
y mi conciencia mal enseñada,
juzgada y condenada
sin poder decir una palabra.
Soy carne despreciada y chivo expiatorio
de quienes pueden y mandan

Aquí estoy, Señor, a tus pies
sin dignidad ni autoestima,
con los ojos desorientados
pero con el corazón palpitando,
con el anhelo encendido,
con el deseo disparado,
aguardando lo que más quiero – tu abrazo–,
luchando contra mis fantasmas y miedos,
desempolvando mi esperanza olvidada,
y nuestros encuentros y promesas enamoradas.

Aquí estoy, Señor, a tus pies,
medio cautiva, medio avergonzada,
necesitada, sin entender nada...
pero queriendo despojarme
de tanto peso e inercia,
rogándote que cures las heridas de mi alma
y orientes mis puertas y ventanas
hacia lo que no siempre quiero
y, sin embargo, es mi mayor certeza.

Aquí estoy, Señor, a tus pies.,
¡Tú sabes cómo!

F. Ulibarri


 
La ley está escrita en piedra
Pero Jesús apunta los pecados en arena
que se borra con el soplo de su misericordia.
Hoy es el DÍA de tu liberación 



Un desafío


Un encuentro de perdón con Él. Nada de enfrentamiento, solo la verdad. La verdad sobre el pecado, donde todos tenemos algo que decir, esconder o reconocer. La verdad sobre la ley: al servicio del hombre, para ayudar nunca para condenar. La verdad sobre lo importante: la persona, la vida, el encuentro, acompañar... La verdad sobre el perdón de Dios: que se regala, que es vida nueva, que es una nueva oportunidad, que es un diálogo. ‘Yo tampoco te condeno’. Empecemos por ahí en nuestras relaciones de perdón, de misericordia, y no tirando piedras, arrastrando, maltratando... Encontrarse con Jesús, reconocer nuestro pecado, dejarse preguntar por Él, aceptar su misericordia, vivir como hombres y mujeres nuevos. Buen domingo.


EQUIPO PASTORAL COLEGIO CARMELTIAS

Colegio Virgen del Carmen
Onda · Vila-real



miércoles, 9 de marzo de 2016

Lo importante de la XVI Desfilada Solidaria JuCar

Instalaciones actuales del taller

El proyecto se denomina: "Acceso al mercado laboral de jóvenes sin recursos mediante la capacitación en carpintería" Este proyecto que se realizará en Dioulasso (Burkina Faso) es la razón de una gran fiesta de la solidaridad que celebramos este sábado en Vila-real, donde vivo. En ocasiones el envoltorio de las cosas, los adornos, la imagen, las apariencias y el ruido esconden lo importante. Todos tenemos la experiencia de elegir algo por su apariencia, sus colores y sus adornos y cuando nos damos cuenta descubrimos que debí fijarme en lo importante, en el motivo y objetivo o finalidad de la cosa. 


El proyecto es lo importante. El taller es lo importante, Burkina, África es lo importante... Esto es lo que nos convocó como grupo JuCar (Juventud Carmelita) en el mes de noviembre. Elegimos este proyecto entre todos los que tenía Karit solidarios por La Paz por ser cercano a nuestra realidad juvenil, por ser verdaderamente transformador, por sentirlo cercano a nuestra realidad en la que estamos inmersos cada día en nuestro estudio, en la universidad o, en mi caso, dando clase.  Son jóvenes con una oportunidad de conseguir capacitación laboral y por lo tanto convertirse en agentes de cambio social. Quedan tres días para que más de mil personas participen en el evento. Autoridades, amigos, familias, conocidos... esto también es lo importante pero sin perder de vista el proyecto. 

Un proyecto de la Familia Carmelita en Burkina, jóvenes carmelitas que luchan por su pueblo y quieren desde el Evangelio servir a los demás Este taller de carpintería se sitúa dentro de una propuesta más amplia que se llama 'Carmelo Esperanza' .Queremos que esta fiesta de la solidaridad sea un aliento más para esa esperanza que el pueblo de Burkina necesita. Esto es lo importante. 

Creemos que lo importante también es participar con Karit solidarios por la paz en su propuesta y proyecto de estar cerca a los más necesitados de nuestro mundo, trabajar con ellos, hacer con ellos, juntos, los cambios que nos ayuden a mejorar, a abrir puertas, a ser el poco que transforma un mucho... Lo importante es trabajar juntos, proponer juntos, colaborar,transformar... con un poco, la entrada, la presencia, el ánimo, el patrocinio... 

Las fotos de este pequeño comentario son de las instalaciones actuales en Bobo Diolasso, de cómo están empezando con el taller de carpintería... como veis necesitan un cambio, un cambio importante... ¿Te apuntas a lo importante? ¿Qué te parece 'el aula'? ¿Lo crees transformador?  








Algunas cosas para que conozcáis la XVI DESFILADA SOLIDARIA JuCar
  • Participa  muy activamente toda la comunidad educativa del Colegio Virgen del Carmen, profesores, alumnos, padres. 
  • Las entradas son a cuatro euros 
  • El peso de la organización recae en los jóvenes carmelitas (JuCar). 
  • Este año tiene un título muy muy atrayente:  ‘Huit Cognoms Vila-realenc’
  • Más de 40 jóvenes implicados en la organización.
  • Más de 150 niños, jóvenes y adultos desfilando. 
  • Más de mil personas asisten a nuestra fiesta. 
  • La Familia Carmelita siente como propia esta fiesta de solidaridad.
  • Entre tiendas y patrocinadores más de 80 empresas y amigos se implican en el proyecto. 
  • Karit solidarios por la paz hace la propuesta de proyecto y el seguimiento del mismo. 

Gracias a todo el grupo de jóvenes implicados en la realización de esta actividad
Muchas gracias


jueves, 3 de marzo de 2016

Encuentro y fiesta

Ventanas Abiertas (PS) (c) V. Tena


Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos."
Jesús les dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna."
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. "
Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Éste le contesto: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud."
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado."

El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.""



Sin duda, la parábola más cautivadora de Jesús es la del «padre bueno», mal llamada «parábola del hijo pródigo». Precisamente este «hijo menor» ha atraído siempre la atención de comentaristas y predicadores. Su vuelta al hogar y la acogida increíble del padre han conmovido a todas las generaciones cristianas.

Sin embargo, la parábola habla también del «hijo mayor», un hombre que permanece junto a su padre, sin imitar la vida desordenada de su hermano, lejos del hogar. Cuando le informan de la fiesta organizada por su padre para acoger al hijo perdido, queda desconcertado. El retorno del hermano no le produce alegría, como a su padre, sino rabia: «se indignó y se negaba a entrar» en la fiesta. Nunca se había marchado de casa, pero ahora se siente como un extraño entre los suyos.

El padre sale a invitarlo con el mismo cariño con que ha acogido a su hermano. No le grita ni le da órdenes. Con amor humilde «trata de persuadirlo» para que entre en la fiesta de la acogida. Es entonces cuando el hijo explota dejando al descubierto todo su resentimiento. Ha pasado toda su vida cumpliendo órdenes del padre, pero no ha aprendido a amar como ama él. Ahora solo sabe exigir sus derechos y denigrar a su hermano.

Esta es la tragedia del hijo mayor. Nunca se ha marchado de casa, pero su corazón ha estado siempre lejos. Sabe cumplir mandamientos pero no sabe amar. No entiende el amor de su padre a aquel hijo perdido. Él no acoge ni perdona, no quiere saber nada con su hermano. Jesús termina su parábola sin satisfacer nuestra curiosidad: ¿entró en la fiesta o se quedó fuera?

Envueltos en la crisis religiosa de la sociedad moderna, nos hemos habituado a hablar de creyentes e increyentes, de practicantes y de alejados, de matrimonios bendecidos por la Iglesia y de parejas en situación irregular… Mientras nosotros seguimos clasificando a sus hijos, Dios nos sigue esperando a todos, pues no es propiedad de los buenos ni de los practicantes. Es Padre de todos.

El «hijo mayor» es una interpelación para quienes creemos vivir junto a él. ¿Qué estamos haciendo quienes no hemos abandonado la Iglesia? ¿Asegurar nuestra supervivencia religiosa observando lo mejor posible lo prescrito, o ser testigos del amor grande de Dios a todos sus hijos e hijas? ¿Estamos construyendo comunidades abiertas que saben comprender, acoger y acompañar a quienes buscan a Dios entre dudas e interrogantes? ¿Levantamos barreras o tendemos puentes? ¿Les ofrecemos amistad o los miramos con recelo?

José Antonio Pagola


Me amas como río que fluye
y me lleva dentro, en su corriente,
por cascadas, pozos, remansos y afluentes.

Me amas, invisible, cual el aire que respiro,
pero haciéndote presente como viento,
brisa, cierzo o huracán al instante.

Como la primavera que renace, así me amas
despertándome y seduciéndome
con tu savia, perfumes y flores.

Como el verano que abre horizontes
con su calor, luz, sueños y frutos,
abres mi alma y vientre amándome.

Como el otoño tranquilo y maduro,
después de haberme vestido de colores,
me amas despojándome y serenándome.

Como el invierno que, en paz y silencio,
cubre de nieve cumbres, llanuras y valles,
así me amas siempre, sin cansarte.

Me amas como sutil lagartija
que busca luz, sol y calor febrilmente
recorriendo los entresijos de mi vientre.

Como ciervo que brama y corre veloz
a las fuentes de agua que calman su sed,
así me amas, alcanzas y sorbes.

Como pelícano que se entrega y desvive
por alimentar a su crías más débiles,
así me amas Tú, alimentándome.

Y a veces me amas como corzo arrogante
que, que en época de berrea, todos los días
suspira y reclama encontrarme y rozarme.

Me amas con un corazón desbocado
que se entrega sin importarle los riesgos
cuando percibe gemidos humanos.

Me amas con unos ojos que me traspasan,
desnudan y llevan, en armonía,
al primer paraíso y a la tierra prometida.

Me amas con tus entrañas tiernas y cálidas
que dan y cuidan la vida anhelada,
siempre nueva, hermosa y, a la vez, desvalida.

Me amas al alba, entre trinos y danzas,
con la fuerza, la pasión y el mimo
de quien ha descansado y busca nuevos caminos.

Y, al atardecer, cansado y casi en silencio,
me abrazas más fuerte que la última vez,
porque tu amor es así y solo puede querer.

Así me amas y siento tu querer, una y mil veces,
en mi rostro, en mi mente, en mi vientre,
en mi corazón... ¡en todo mi ser!

Por eso no me extraña tu forma de comportarte:
que anheles mi vuelta a pesar de mis andanzas,
que otees el horizonte desde tu atalaya,
que me veas, a lo lejos, antes que nadie,
que se te enternezcan las entrañas,
que salgas corriendo a mi encuentro,
que me abraces con fuerza y llenes de besos...

Y tampoco me extraña tu anillo, traje y banquete,
y el que no dudes en acogerme como hijo,
pues no quieres renunciar a ser Padre.

F. Ulibarri







Dios nos ama con todo su CORazón




Vive la Misericordia


‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo…’ Escuchar estas palabras de Dios debe alegrarnos de estar con Él cada día de nuestra vida. Demos gracias por estar en su casa, por tener un sitio en su corazón, por sentir su amor en mil detalles que tiene con nosotros, por el regalo de la fe. Nuestra alegría es la suya por la ‘vuelta’ de algunos de nuestros hermanos y la espera de muchos otros. Unámonos a la fiesta de su misericordia, la que Él regala a sus hijos. Su amor, su herencia, su perdón… son nuestros, para ser testigos suyos. Nada de cerrar puertas o mostrar envidias. A ejemplo suyo dejar sitio, esperar con alegría, alegrarnos por la vuelta y el reencuentro, hacer familia y comunidad. Buen domingo.



EQUIPO PASTORAL COLEGIO CARMELITA

Colegio Virgen del Carmen
Onda · Vila-real