sábado, 9 de diciembre de 2017

Cuatro palabras para el Adviento.



¡Velad!

Comenzamos el Adviento. Una palabra para hoy dicha con fuerza: ‘¡Velad!’ Estar despierto es una actitud de todo seguidor de Jesús. Nada de dormirse en la comodidad de lo fácil o ni en la seguridad de lo de siempre, ni esconderse detrás del compromiso de otros, ni bajar las manos por el miedo a los poderosos, ni callarse ante la injusticia descubierta… Estar en vela, mantener la vigilia en el día a día porque en cualquier mirada, en cualquier gesto, en cualquier encuentro podemos recibir su llamada, una pregunta, una propuesta… el encuentro es inesperado, se hace el encontradizo, nos espera en aquellos que se acercan a nosotros, es una sorpresa y tenemos que estar atentos y vivirlo con gozo. El Adviento es tiempo para desempolvar esta actitud de inquietud, de atención, de vigilancia que debe formar parte de nuestra amistad con Él. Comenzamos a quitar el polvo que la tiene apagada, olvidada. Buen domingo.

Preparad

Hay algo para hacer, nada de quedarse con los brazos cruzados: preparad. Es la parte previa a algo importante. Nos preparamos para algo que va a cambiar nuestra vida, para algo que nos hará completamente nuevos, diferentes… Después de la preparación viene el encuentro, la fiesta, lo importante. Los acontecimientos importantes de nuestra vida los preparamos con tensión, con revisión de vida, con mirada esperanzada hacia el futuro, con verdaderos deseos que llegue ya el momento. Buscamos algo nuevo, algo por estrenar. Un poco de cambio y otro de búsqueda. Sabemos que después de ellos hay un antes y un después. Queremos que todo sea un éxito, no perder la oportunidad. Estamos acercándonos al gran Misterio de ‘Dios con nosotros’, Palabra definitiva que cambiara nuestra vida, no podemos dejar pasar la oportunidad de vivir este momento de una manera especial. Nos tenemos que mover, que dejar lo que nos pesa y hace que nuestro caminar sea cuesta arriba, cambiar aquello que nos dificulta vivir intensamente y de manera definitiva el encuentro con Él.


Luz

Buscamos una luz que rompa nuestras noches. Una luz que no se apague, que pueda llenar nuestra vida de esperanza, de sosiego, de la calma necesaria para vivir la vida con intensidad. Una luz verdadera. Juan anuncia esa luz, el es ‘testigo de la luz’. En nuestras tormentas y oscuridades, en la falta de fe, en los miedos que nos aprisionan… escuchamos un testimonio: hay alguien entre vosotros que es la luz que rompe todo aquello que os tiene apagados, oscuros, encerrados. Este testimonio anuncia un encuentro que transformará nuestra vida si le dejamos sitio. ¿Cómo buscarle? ¿Cómo hacernos con esa luz? Dejándole sitio en nuestros corazones, rompiendo nuestra indiferencia ante su palabra y los que sufren en nuestro mundo. Hay que estar dispuestos a dejarse ‘deslumbrar’ por Él, hagamos de Él la luz de nuestra vida. Luz que nos calienta, luz que no queremos apartar, luz que nos guía, luz que nos ayuda a ver al hermano para servirle y amarle, luz que abre caminos nuevos de seguimiento… Nos preparamos para algo grande, para ser hijos de luz.

Hágase

El encuentro buscado durante el Adviento lo hace realidad Él, se presenta ante nosotros, transforma para siempre nuestra vida y sólo necesita una respuesta valiente por nuestra parte: ‘hágase’. María vive el encuentro con Dios con sorpresa, con alegría, con tensión, con incertidumbre y confianza, con preguntas. ¿Cómo vives el encuentro con Dios? ¿Exiges o aceptas? ¿Escuchas o sólo hablas? ¿Te atreves o solo pones pegas? Al final, como no puede ser de otra manera, María responde con el sí más grande de la historia. Nuestro sí será más pequeño pero conducirá al mismo resultado. Sí quiero que vengas a mi vida, sí quiero llevarte en el centro de mi corazón, sí quiero ser puerta para ti en medio del mundo, sí quiero llevar a tu palabra donde vaya y esté, sí quiero seguirte cada día de mi vida, sí quiero que seas Señor de lo que hago y soy… Se necesita nuestra respuesta para que nazca en nuestro corazón. No olvidemos la primera palabra de este encuentro: alégrate. Con Él no hay miedos y tristezas, con Él vivimos la verdadera alegría.



jueves, 7 de diciembre de 2017

Vosotros



Existís...
No tengo que inventar nada ni a nadie
Gracias por vuestra amistad.
Ganas de encontrarme con vosotros... 
Un abrazo fuerte 

jueves, 21 de septiembre de 2017

Con nuestra vida

Cada tres años los religiosos carmelitas celebramos el Capítulo Provincial. Cada provincia religiosa estamos obligados a reunirnos, revisar la vida y plantear objetivos y propuestas para el futuro que nos ayuden a vivir el Evangelio según nuestro carisma y espiritualidad. Este año, en el mes de abril, nos hemos reunido la Provincia de Aragón, Castilla y Valencia, ha sido un gran Capítulo, rico en propuestas, en revisión de vida y en mirada al futuro. Una frase de nuestras Constituciones nos convocó a todo ello: ‘… más con nuestra vida que con nuestras palabras’.
El día 16 de julio vamos a celebrar el día de nuestra Madre y Hermana, la Virgen del Carmen, casi todo está ya preparado. Son días de arreglos, de ultimar momentos, de recordar, de oración y reflexión. Días del mes de julio en que, revestidos del escapulario, salimos a la calle, hablamos de nuestra Familia Carmelita, mostramos lo que somos y en qué creemos. Detalles que nos ayudan a recuperar identidad, que renuevan nuestro compromiso de pertenencia a la Orden. Religiosos, terciarios, jóvenes, laicos… que entorno a la fiesta de la Virgen del Carmen, volvemos a mostrar en medio del pueblo que somos una familia, que estamos aquí. Días de júbilo, de fuerza, de alegría…
Estos días de fiesta, especialmente el día dieciséis, tienen que ser trampolín para pasar de las palabras a la vida.  Vamos a renovar compromisos, a gozar de nuestra espiritualidad para que nuestra vida de cada día durante todo el año sea testimonio de Evangelio. Es el momento de, después de pasar por la euforia y la alegría de estos días, pasemos a vivir el Evangelio, a coger esa frase de María en Caná como un lema en el dintel de nuestro corazón para que sea motor de lo que vivimos: ‘haced lo que Él nos diga’. Vamos a pasar de las palabras, de la fiesta, de los homenajes, de las procesiones, de las novenas… a la vida, a vivir con fuerza el Evangelio. Es en la vida de cada día, de lo cotidiano, cuando la espiritualidad carmelita, el sentimiento de identidad y pertenencia a la Familia Carmelita se debe vivir y hacer realidad. Las palabras y propuestas de estos días jubilosos de fiesta se harán realidad y vida durante todo el año si dejamos que el Señor ocupe el centro de nuestro corazón.
Al recoger la imagen de la Virgen, las sillas que pueblan el patio del colegio, la ‘alcachofa’, las flores que han adornado el altar… os invito a no decir aquello de ‘hasta el año que viene’, sino con fuerza y desde el corazón lleno de la alegría de la fiesta, manifestar otro compromiso: ‘vamos a vivir con este mismo gozo cada día de nuestra vida’. Es entonces cuando empieza el reto de ser carmelita, de estar revestidos de Cristo, de hacer de nuestra vida un sí a la voluntad de Dios. El día siguiente el regalo de nuestra vocación carmelita estará reluciente y dispuesto a visitar, vestir, dar de comer, acompañar, servir… a aquellos que nos encontremos en la vida.

La fiesta de la Virgen del Carmen renueva el compromiso de vivir en obsequio de Jesucristo cada día de nuestra vida, el darnos como un regalo para los otros. Feliz día de nuestra Madre del Carmen. 

(Reflexión para el programa de la fiesta del Carmen de Vila-real del año 2017)

lunes, 18 de septiembre de 2017

Apuntes para una homilia

Lucas (4,38-44)

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: "Tú eres el Hijo de Dios." Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: "También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado." Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Comentario

1. Jesús está con los enfermos, los toca y su vida cambia. La gente le busca, quiere estar con Él, no le dejan ni descansar. Le llevan los enfermos, los toca, los cura. Se ha terminado el Dios lejano de la condición humana. Se ha implicado de tal manera con lo que somos y hacemos que nada puede puede producir tanto cambio en nosotros como Él. María es la puerta de esta relación definitiva y para siempre. María y su sí, abre la vida del hombre al encuentro definitivo con este Dios cercano, próximo, que cura. Los enfermos le buscaban para quedar sanos...  ¿Le buscas tú en tu soledad, en tu miseria, en tu dolor, en tu enfado?

2. No se esconde ante el sufrimiento del hombre, al contrario, quiere transformar todo lo que de dolor, de mal, de 'demonio', hay en nosotros. Tan cerca quiere estar de la condición humana, de nuestro dolor y sufrimiento, que toca a la suegra de Pedro y se cura, que impone la manos a los enfermos y se curan. Parte de nuestro ser es la imperfección. Somos finitos, nos cansamos, el paso de los años nos hace descubrir nuestra finitud. Él quiere estar cerca de todo esto, no se aleja por nuestro sufrimiento, al contrario no lo soporta, lucha contra él, quiere alejarlo de nuestra vida. María, como en Caná, intercede por nosotros ante Él, nos protege de todo mal, así acudimos a ella para que interceda por nosotros. María, la llena de gracia, no mira desde arriba a los que somos llenos de pecado al contrario, se acerca a nosotros y a Él para interceder por nosotros. ¿Nos sentimos amados por Dios en nuestra finitud, en nuestra imperfección, en nuestro pecado…? Él no quiere dolor, ni pecado, ni muerte, ni sufrimiento del ser humano.


3. Nuestro Dios, hecho Hombre en Jesús, está más cerca que nunca de nosotros, quiere estar siempre a nuestro lado y por el amor que nos tiene no soporta el sufrimiento que tenemos. Es un Dios cercano, próximo, que toca, que siente, que escucha, que acepta, que da libertad, que espera Nosotros a veces lo hacemos lejano, difícil, con los ojos cargados y la mano encogida Él tiene la mano extendida, abierta para recoger nuestro dolor y hacerlo suyo, para abrazar nuestra vuelta a casa, para mostrarnos el amor como hijos suyos que somos. María lo vivió así, desde la incomprensión, desde la sorpresa vivió la mano de Dios tan cerca que dijo que si, fue tan sincera que la gracia de Dios la transformó tan profundamente que engendró la Palabra de Dios para transformar el mundo. Nunca Dios se había mostrado tan cercano a la humanidad que aquel día en que por María acampó entre nosotros¿Qué hacemos para vivir estar cercanía de Dios? ¿Nos la creemos de verdad y vivimos desde ella? ¿Lo buscamos de verdad? El Dios cercano de Jesús de Nazaret, hijo de María, quiere una relación personal y cercana.

4. Tres propuestas:
a. No generar dolor a nuestro alrededor,
b. Estar cerca del que sufre y ofrecer nuestra mano para su consuelo, para que no se sienta solo.
c. Buscarle con ahínco, Él quiere estar cerca, dejarle sitio de verdad para que cure nuestro corazón. 

(Pequeño apunte para la homilia del día 6 de septiembre 2017 en la novena de la Virgen de Gracia de Vila-real) 

domingo, 17 de septiembre de 2017

Vida

Es la vida. Hay que sacarle todo el jugo... 
Apretar y apretar los dientes para que nada de lo que pasa se nos escape.
Abrir y abrir los ojos para que nuestra mirada recoja todos los colores y los rostros. 
Preparar y preparar los brazos para que no se nos escape ningún abrazo de los que nos regalan, para dar todos los nuestros. 
Mover y mover las manos para agarrarse y agarrar las de los otros... y romper las soledades. 
Caminar y caminar sin descanso para no quedarnos quietos y llenarnos del polvo de la monotonía.
Latir y latir fuerte el corazón para sentir con aquellos que te quieren, para darse sin medida.
...
Es la vida... solo hay una y es la mejor. 

Un abrazo
Buenos días

jueves, 20 de abril de 2017

Para compartir...



... la vida
... la luz
... la Pascua
... el futuro
... un proyecto
... un viaje
... un sueño
... una mirada
... una caricia
... una oración
... un perdón
... 

Siempre con el otro (Otro) ... no sin ellos.

Un abrazo
Feliz Pascua a todos. 

viernes, 14 de abril de 2017

Cirineo


Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del
campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz (Mc 15, 21)

Es en la calle donde se produce el Encuentro. Ni quiere, ni pasa por su imaginación, ni lo haría nunca. Simón no quiere protagonismos, ni llamar la atención, está bien en el anonimato del montón, escondido entre los suyos, entre la gente. Hace lo normal, viene del campo. Es lo que hace todos los días. Se ha parado en la calle para ver pasar, para ver que era aquel tumulto, para ver cual era la razón de tanto revuelo. No le gusta lo que ve, hay dolor y sufrimiento, pero está tranquilo, no va con él. Ve sufrir a hombres que cargan con la cruz, sudando, cayéndose, gritando… ensangrentados por los golpes, ultrajados por los gritos de los soldados. Llegó a pensar que ‘algo habrán hecho’ para acallar su conciencia y dar razón a su indiferencia. Pero en su corazón sabe que nadie, ni estos malhechores a los que no conoce, se merecen tanta injusticia, tanto dolor. No pierde ojo, pero siempre en la distancia, así puede observar a unas mujeres llorando, sufriendo, desconsoladas… Intenta ponerse en su lugar, intenta ponerse en su piel, le cuesta, pero siente en sus entrañas el dolor si uno de ellos fueran sus hijos, Alejandro y Rufo, lo mucho que sufriría su esposa. Prefiere no pensar, solo mirar, dejar que su corazón no sienta. Tiene su vida organizada, trabajo, familia, momentos de encuentro con los suyos, sinagoga los sábados y las fiestas, intentar que sus hijos estén bien y no se metan en muchos líos, que sigan creciendo. Esto de mirar lo que pasa es solo un momento, no va con él, prefiere la rutina del hacer cotidiano. Además, produce sentimientos encontrados en su corazón, el dolor de los otros hace que el corazón se convierta en sensible, el sufrimiento de aquellos que iban a ser crucificados hace mella en él, los abusos de aquellos soldados hacen que se sienta mal, que broten dentro de él deseos de denuncia, de pedir justicia, de pedir clemencia y compasión… Piensa en irse a su casa, en volver a retomar su camino de normalidad, de indiferencia, de dejar pasar y hacer… ‘yo no soy de meterme en líos’ piensa por sus adentros, cuando…
…es sacado afuera, es puesto al lado de los que sufren y tiene que pasar por el dolor y el sufrimiento que ellos pasan, es llamado para cargar con la cruz de los otros. No puede decir que no, le obligan. La cruz ahora es suya, los gritos los recibe él. No quiere, no es su culpa, que ellos carguen con ella. Pero están sufriendo y necesitan compañía y ayuda… Algo va a pasar, una vez allí ve su rostro, Él le mira con compasión y se siente comprendido y querido, esa mirada no la olvidará nunca. Ha habido un encuentro, están en la calle. Son los ojos del que, desde la posición de dolor, de sufrimiento, agradece una ayuda y una compañía. Son unos ojos que hablan de un corazón limpio que sufre la injusticia y perdona. No puede hacer otra cosa que cargar con su cruz, liberar de esa carga al que la lleva. Algo ha cambiado, ya no es una carga, ahora lo hace gustoso, ya no está obligado, descubre que es propio de su condición ayudar, aliviar la carga del otro, del que sufre. ‘Debí hacerlo antes…’, piensa, y agradece la obligación. Ahora siente en sus carnes el abuso de los soldados, quiere revelarse, quiere denunciar, quiere señalar con el dedo aquello que quita la dignidad del hombre. No puede dejar de pensar en la mirada de aquel a quien ha ayudado. Le da igual que le miren, que le insulten… siente que las lágrimas de las mujeres también son por él, que su esposa lloraría, que sus hijos sufrirían… pero una mirada le ha traspasado el corazón, una mirada limpia, una mirada de un calor que ha roto para siempre el frío de lo cotidiano y de la rutina. Esa mirada ha llenado de luz su vida y la calle, donde le ha conocido. Es en ese encuentro donde su vida ha dejado de estar vacía, donde la cruz del otro se ha convertido en bendición, donde la compañía se ha hecho parte importante de su vida para siempre…
Me gustaría ser cireneo de cruces que otros cargan para poder ver en sus ojos y en su mirada, Aquel que da su vida por nosotros. Que la calle no sea solo lugar de mirar a las imágenes que pasan esta Semana Santa, imágenes que recuerdan el Misterio, quiero que sea lugar de servicio, de aceptar propuestas de darse, que sea lugar de consolar al que sufre y llora, que sea lugar de construir Reino de Dios en el darse. Quiero, como ‘cireneo’ del siglo XXI, que no me obliguen a darme, a compartir camino con el que injustamente es tratado, sino que salga y denuncie, grite, llore, me solidarice con el que es desalojado de su casa, privado de sus derechos por no tener papeles, excluido por pensar que nos va robar parte de ese privilegio que creemos en propiedad y es un regalo. Quiero ayudar a llevar las cruces de la enfermedad, del dolor, de la angustia de un destino incierto… Deseo poder mirar a los ojos a las mujeres que lloran por abandono, violencia, maltrato, injusticia social o el dolor por sus hijos… y no conformarme con ver sino poder acercarme y llorar con ellas, luchar con ellas, hacer mío su dolor.

En lo cotidiano, en la calle, con los que sufren, con los que cargan cruces pesadas y muchas veces injustamente impuestas, cruces anónimas y pesadas… quiero ser ‘cirineo’ y romper toda indiferencia o frialdad ante el que sufre, llora o ha perdido su dignidad de hijo de Dios por el abuso de los otros. Quiero encontrarme con Él en los otros, en la calle, en medio del mundo. Es en la calle donde se produce el Encuentro.

miércoles, 12 de abril de 2017

Gestos de Pasión


(Los escribí para dar sentido a la preparación de la Pascua JuCar en Vila-real del 2017)

Sentido general. Pretensión

Siempre hemos escuchado desde pequeños que vale más un gesto que mil palabras. El primer lenguaje que entendemos es el de los gestos, el primero que nos comunica con el entorno es el de los gestos. Algo que desde niños continúa formando parte de nuestra comunicación, hablamos y nos comunicamos con gestos que llenan de contenido las palabras o las subrayan debidamente. Un guiño, un abrazo, un pulgar hacia arriba, una mano abierta o un puño… darían para escribir novelas en un contexto determinado. El primer gesto es un abrazo, una carantoña, una caricia, una expresión de alegría para llamar nuestra atención. No hablamos y con solo la inquietud de nuestro movimiento ya pedimos estar de pie o comer o hacernos notar para que no se olviden de nosotros. Muchas veces en estos gestos ponemos mucha pasión y entrega, mucha intensidad y sentimiento.


La pasión es sufrimiento, aquello que nos hace padecer, tener un dolor físico o interior que produce sentimientos de duda, de pequeñez, de finitud. La pasión nos hace reconocer nuestra realidad limitada y humana, valiosa siempre pero con unos límites con los que  nos sentirnos pequeños.  Padecimiento, sufrimiento y dolor interior… muchas veces no es solo por algo que nos pasa (enfermedad, soledad… ) sino por algo les pasa a los otros. Son ellos el centro de nuestro padecimiento, de nuestro sufrir, los que convierten nuestra vida en pasión. Una ausencia, una enfermedad, un malentendido… padecer por y con el otro. La pasión compartida, dicen, que se divide igual que se multiplica la alegría si se comparte. Pasión es la vida vista desde el vaso medio vacío, pasión de incapacidad para llenarlo, para afrontar la ‘pendiente’ del siguiente tramo del camino.

La pasión también es la ilusión con la que afrontamos lo que nos toca vivir. Una pasión que nos lleva a profundizar cada acontecimiento de nuestra vida. Con pasión vivimos las cosas de otra manera, los acontecimientos como únicos y los encuentros con deseos de que se pare el tiempo. Es pasión lo que tenemos por aquellos a los que amamos. Apasionadamente somos capaces de hacer kilómetros por un abrazo, una mirada o un suspiro. Es pasión y delirio lo que sentimos por alguien que ocupa un lugar importante en nuestro corazón. Los gestos mostrados y dados con pasión tienen otra dimensión, otra profundidad, otro calado. Con pasión se abrazan los enamorados, con pasión echamos horas para un proyecto en el que queremos poner la vida plena, con pasión soñamos un futuro que nos llene de felicidad y con esa pasión intentamos hacerlo realidad cada día.

Hay gestos que son de auténtica compasión. Gestos donde el hermano, el otro se convierte en protagonista de nuestra vida. Son gestos que cambian de raíz nuestra vida, lo que hacemos y somos. Solo hay que mirar los gestos del Samaritano después de reparar con la mirada en el hermano herido al borde del camino: pararse, bajar, arrodillarse, curar con lo que soy y tengo, cargar, dejar mi cabalgadura (privilegio), cambiar de camino y de planes, buscar posada y ayuda, gastarse lo que tiene… y prometer no olvidar. Esto son gestos de compasión que llenaron la vida de Jesús de Nazaret que sabía convertir una mirada de compasión en unos gestos de amor vividos con pasión.

El Misterio. Los tres últimos días de Jesús

Los tres últimos días de Jesús, el Misterio de su muerte y resurrección, están llenos de gestos, tanto de Él como de los que le seguían, y de todos los que esas horas, interminables y de encuentro con el Padre para Él, se acercan a Él llenos de intereses, miedos, vergüenza, decisión… Gestos que nos abren mundos de emociones, sentimientos, proyectos, debilidades… Gestos llenos de dolor, de sufrimiento, de verdadera pasión, de entrega. Quiero recoger algunos como ayuda pero hay muchos más… sólo hay que leer los textos y buscarlos, os animo a ello.

En Getsemaní la oración de corazón abierto y de encuentro con la historia y, sobre todo, con un Padre que tiene una voluntad para cada hombre y mujer de este mundo rezuma verdadera y auténtica pasión. Una oración llena de gestos de dolor, de entrega, de abandono en las manos del Padre. Oración apasionada del que no sabe, ni quiere, hacer nada sin el Dios del Amor al que sirve y se entrega cada día. Gestos de pedir, y rasgarse el corazón ante Él de una forma apasionada por el amor recibido y sentido. Gestos de aceptación de su voluntad, sí o sí. Gestos también de dolor y amargura… algo terrible se avecina, se intuye, cada vez está más cerca aquello de ‘debe ser entregado y padecer’, un gesto que solo de pensarlo genera pasión.

Hay pocas palabras de Jesús en ese camino de pasión y entrega pero los gestos nos indican cómo los vive y siente apasionadamente. Gestos de compasión ante quien es herido por el uso de la violencia gratuita e inútil utilizada para defenderle ante los poderosos. Compasión y pasión que se dan la mano en el camino hacia un Sanedrín vendido al miedo y lleno de gestos que humillan, traicionan y mienten… reunión nocturna que a traición trata al que molesta; escondidos de la luz tomando decisiones que conducen a la muerte. El Señor, aguanta con gesto de paciencia, de incomprensión, de silencio ante los hermanos que no quieren escuchar… gesto de pasión que no se revuelve, que no responde con mal, sino con los gestos de sosiego y paz que le da la confianza en un Dios Padre que le ama.

Son gestos que no siembran odio, gestos cargados de silencio, de dolor asumido y de la injusticia incomprendida pero con humildad y lucha interior se sufre. Vivía con pasión el escarnio y la humillación si era para seguir cumpliendo la voluntad de Dios.
Gestos que llevan a la pasión por los poderosos que le detienen, que le llevan humillado ante los que deciden la vida de lo otros como pequeños dioses… Gestos de acusación, de señalar con el dedo a que le seguían, que hacen vivir como pasión y dolor a Pedro una conversación alrededor del fuego. Gestos de acusación, de gritos, de discusión, de enfado, de exageración en un juicio injusto y lleno de temor… gestos que son de pasión por la vergüenza pública que supone la mentira de la que no puedes defenderte. Pasión y sufrimiento de Jesús ante ello.

De nuevo el dolor jugando con una persona llevándolo de un sitio para otro, de Herodes a Pilato… gestos de cobardía que se multiplican y que la falta de compromiso, sin honestidad y verdad, producen en el inocente auténtica pasión. Con la resignación pacífica y la pasión puesta en el amor del Padre, Jesús soporta cada empujón, cada golpe, cada insulto… Gestos rodeados de silencio poniendo de nuevo la vida en manos del Padre para que sea Él quien decida: ‘haz de mi lo quieras’. Solo la pasión con la que vive la confianza en Dios le hace resistir interrogatorios, mercadeo con su vida (Barrabás) y gestos de indiferencia que duelen. Lavarse las manos ayer, hoy y siempre ante el que sufre produce dolor y pasión a los que somos sensibles ante la falta de dignidad y la herida que se produce en la misma.

El Calvario es expresión total de pasión, caídas, humillación, pesadas cargas, espectáculo degradante, jugarse lo que uno es, lanzadas, insultos y gritos… Un sufrimiento insoportable que conduce a morir como persona, a perder la dignidad de hijo de Dios… Y en medio de ello abrir los brazos para abrazar el mundo con la pasión de una entrega generosa y total, con un deseo de misericordia para todos, un regalo inmerecido y a veces rechazado por gestos de desprecio … Clavado a golpes y con gran dolor pero al mismo tiempo vivido como la entrega generosa para que quien vea más allá del dolor descubra un estandarte de amor que cura, de alguien que hasta el final quiere tener gestos de compasión con cada hombre y mujer de este mundo. Pasión hacía su Madre y hacía el discípulo que tanto quería… Tanta pasión, tanta verdad, tanta intensidad no se puede perder, Alguien la tiene que recoger y algo se tiene que sentir, algo transforma, todo cambia vivido con verdadera pasión. A nosotros nos pasa en nuestra vida, cuando vivimos algo apasionadamente nunca quedamos defraudados.

La pasión se desborda con la luz de la Resurrección, es la expresión y el gesto máximo de la pasión que Dios siente por nosotros sus hijos, la pasión hecha Vida en Jesús Resucitado que nos hace correr con pasión y fuerza anunciarle como aquellas mujeres en la mañana de la Pascua. Magdalena cambia la pasión del dolor y la ausencia, por la pasión de la Vida y la alegría del encuentro.

Conclusión.

  1. Gestos de pasión que hay que descubrir en cada personaje que se encuentra con Jesús pero sobre todo en Él. Debemos buscarlos en cada pasaje, en cada actividad que vivamos y preparemos. Debemos intentar que los otros la vivan igual, con la misma pasión con la que la hemos preparado.
  2. Pasión, en esos tres sentidos (dolor, apasionarse y compasión), que llenan estos días de sentido la memoria de Jesús de Nazaret. Pasión que vence el dolor por la entrega apasionada y compasiva por todos los hombres y mujeres de este mundo.
  3. Nos esperan unos días de Pascua apasionantes, con pasión los viviremos, sentiremos como nuestra la pasión de Jesús y con Él haremos que nuestros gestos sean, Gestos de Pasión y compasión por el hermano.

viernes, 7 de abril de 2017

Mueve cimientos


'Y aquel día decidieron darle muerte... Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo'  (Juan 11,53.57)

Comentario


‘Y aquel día decidieron darle muerte…’ Ya no lo soportan más y quieren acabar con Él… Él va a mover muchos cimientos de lo establecido, de lo que es ‘políticamente correcto’, de lo ‘de siempre’, de los que creen que defienden el pueblo y por lo tanto molesta. 
La verdad y la novedad asustan. También hoy si hay alguna propuesta de aíre fresco se ataja, se persigue, se cuestiona. Si es de Jesús, si es de Evangelio, si es de la Palabra… ¡¡cuidado!! no lo matemos sin más, no lo excluyamos, no lo manipulemos a nuestro antoja… Estaríamos poniéndonos a la altura de los que le persiguen, condenan o matan. 
Él es como es: atrevido, con un mensaje nuevo, valiente, inspirador… ¡¡Que no nos asuste su mensaje, su vida!! 
Quiero  ‘Atreverme contigo’ para vivir de otra manera... 

viernes, 20 de enero de 2017

Abrigarse


No dejes de abrigarte... 
El frío es menos compartido con los que te quieren, entre los abrazos de los viven cerca de ti, en una mesa disfrutada sin prisas... 
No dejes de abrigarte...
Con los que hacen en su vida un sitio para ti, con los que se acercan para escucharte, con los que te miran con cariño al encontrarte...
No dejes de abrigarte...
Junto a los que quieren caminar un 'ratito' de la vida contigo, con los que sin pedirlo se acercan a ayudarte, con los que te aprecian tanto que no pueden vivir sin un poco de lo que tu les regalas... 
No dejes de abrigarte... que hace frío fuera, mucho frío. 

domingo, 1 de enero de 2017

Rompamos este menú

Nada de dejar que se escapen la expectativas, las ilusiones, los proyectos, los encuentros, los momentos inolvidables, la alegría de la vida, las posibilidades compartidas, los cambios profundos, los saltos a los sueños...
Nada de un menú como el del dibujo... ¡¡Cambiemos el postre!!
Os propongo otro postre: la dulzura de un beso, la ternura de una caricia, la bondad de un darse gratuito, el proyecto compartido, la luz de unos ojos, la amistad de una confidencia... 

Feliz año 2017