sábado, 21 de febrero de 2009

Hadas


Hace unos días me tocó una sustitución en el cole. Terminaron la tarea antes de lo previsto y les dicté esta poesía:



Hadas.
Hadas negras, africanas, congoleñas.
Hadas desplazadas de sus humildes hogares.
Hadas que paren, amamantan y crían hijos
que la guerra mata frívolamente.
Hadas que se ayudan, se limpian, se curan.
Hadas que se cuidan unas a otras.
Hadas que economizan
lo que ya no da más de sí.
Hadas que trabajan de luna a luna.
Hadas que pierden la esperanza de
simplemente vivir en paz.
Hadas que conviven con el hambre
y la sangre más sangrienta.
Hadas que elevan sus cantos al cielo,
a pesar de todo, mirando con sus bellos ojos
por si alguien las escucha.
Hadas que danzan pisando fuerte
al ritmo del latido de la tierra.
Hadas que sonríen a sus hijos y se alborotan
como los alegres colores que eligen.
Hadas que lloran, que enferman
y sufren amputaciones.
Hadas cuya libertad para elegir
es un concepto que jamás conocerán.
Hadas que no son simples posesiones de los hombres.
Hadas que mueren en la miseria más absoluta,
sin culpa de haber nacido y muerto en ella.

Hadas que quizás no saben que las Hadas blancas, europeas, españolas, nos acordamos de ellas cada día, esperando que les llegue algo del sentimiento de hermandad, fuerza y aliento que por ellas sentimos.

Carmen Baldominos
21-la revista cristiana de hoy. Febrero 2009

Les sugerí hacer un comentario a la misma y trabajarla en mi clase de religión de la mañana siguiente. Sólo una alumna levantó la mano y leyó su aportación. Me quedé atónito. No sabía que decir. Aplaudí. Quizá sea lo mejor que me ha pasado durante estos cuatro meses de 'pizarra'. Quiero compartirla con todos los que os asomáis a esta ventana.


Hadas.
Hadas blancas, europeas, españolas.
Hadas que viven cómodamente en sus hogares.
Hadas que paren cómodamente en hospitales
y crían hijos con derecho a estudiar.
Hadas que se curan ellas mismas,
que sólo piensan en ellas mismas.
Hadas que despilfarran lo que no da más de sí.
Hadas que trabajan con derechos y comodidades.
Hadas que siempre viven en paz
aunque a veces no lo crean.
Hadas que no valoran y despilfarran.
Hadas que no sienten la necesidad de mirar
al cielo y que alguien las escuche.
Hadas que no tienen tiempo para dedicar a sus hijos,
tiempo para una sonrisa.
Hadas que enferman a causa de ridículas operaciones estéticas.
Hadas caprichosas que escogen y eligen.
Hadas con derechos e igualdad para elegir.
Hadas que viven y mueren con todas sus comodidades,
sólo con la suerte de haber nacido blanca.

Hadas blancas que si de verdad utilizaran su sentimiento de hermandad, fuerza y aliento para ayudar a mejorar a las hadas negras, creo que, entre todas, conseguiríamos cambiar un poquito la vida de las hadas negras.

Miriam Sánchez Villalta, 3º B-ESO.
Colegio Virgen del Carmen. Onda (Castellón)


domingo, 8 de febrero de 2009

Cambios


Se han reunido dos veces con ellos. La primera riendo y tomando un café, la segunda en mesas de ‘trabajo’ sin papeles, sin nada. ¿Para qué? Ninguno de ellos vive con una necesidad, ninguno de ellos tiene carencias, ninguno de ellos pasará hambre… y piden dinero. ¿Para qué? Para seguir ganando dinero con él. Lo malgastaron una vez y nos han traído hasta aquí, dejándonos una crisis que nadie explica, que nadie para, que nadie imaginaba y que sufren los últimos de antes y los que llegaran a ser últimos ahora. Se atreven a decir que están en crisis ganando miles de millones de euros. ¡Me río de sus crisis! ¿Los recibirían si sus ‘sedes centrales’ tuvieran el aspecto del dibujo?
Los que viven en chabolas están en crisis desde siempre. Nadie los recibe, nadie toma un café con ellos. Nadie se reúne con ellos para escuchar en qué situación se encuentran. Ellos no malgastan el dinero, no lo tienen ya que se lo hemos pedido, se lo hemos quitado, no se lo hemos dado remunerando justamente su trabajo … ¿Los recibirían si pusiese encima de sus casas ‘bank’?
Quizá ese es el cambio de estructuras que tenemos que hacer. Nombrar banqueros de este mundo a los que viven en los bancos de los paseos, de las calles, de las avenidas. Yo creo que saben bastante de dinero, de estirarlo para llegar al final de la jornada. Algunos son muy solidarios con los iguales. Hacer que los que ahora son banqueros dejen sus grandes sedes, sus grandes coches, sus grandes beneficios y vivan en chabolas humildes, en lugares sin lujo, viviendo con lo necesario, dejando la puerta abierta, conformándose con lo poco… ¿Cambiaría algo? Por lo menos conocerían la realidad, no sólo su realidad.
De los que convocan las reuniones mejor no hablar, están de paso y lo que buscan es un buen refugio para la siguiente estación o etapa de su vida, que llaman de servicio público (me río yo, jajaja).