sábado, 24 de octubre de 2015

Saludar

... es gratis y enriquece al otro.
Siempre me he preguntado cuánto cuesta ser educado. Mis padres siempre me decían que poco, que era fácil. No sé cuantas veces he podido escuchar aquello de  ‘no cuesta nada saludar’. La palabra costar seguramente tendrá varias acepciones, en esta frase creo que se pueden aplicar dos. Una es la relacionada con lo económico. Es algo que lleva un determinado desembolso, aquello para lo que puedo tener o no tener dinero suficiente para comprarlo y por eso le pregunto al dependiente el precio de las cosas antes de manifestar mi interés. La educación, el saludo, la amabilidad, la cordialidad, una palabra amable no cuestan dinero, es algo gratuito. Lo das y el que lo recibe se ‘enriquece’ con aquello que le hace sentirse acogido, querido, aceptado. Alguno podrá pensar que ‘hacerse rico a mi costa, ni pensarlo’.  Por lo tanto esta acepción no es a la que se refiere el dicho de ‘cuesta poco saludar’ en la que insistían tanto mis padres.
La segunda acepción es la relacionada con la voluntad, el esfuerzo, la tarea, un pequeño trabajo, algo que lleva consigo todo un ejercicio de voluntad: pararse, sacar de dentro, decidir y hacer. En ocasiones ese pequeño esfuerzo, o insignificante si lo hemos hecho rutina, aprendizaje, modales o costumbre, se convierte en grande cuando se llena de obligación y no de educación, cuando la persona a la que tienes que saludar no merece, según tu subjetivo criterio, ni un ‘triste saludo’. Es en este preciso momento cuando ‘cuesta saludar’, cuando el esfuerzo que acarrea un ‘hola’ es superior a las fuerzas que uno tiene o un saludo protocolario como ‘¿Qué tal?’ es más complicado que la defensa de una tesis doctoral. ‘Cuesta saludar’ cuando no hay ni intención, ni valoración, ni deseo o voluntad de hacerlo. ¿Es un ejercicio de libertad que hay que respetar? Por supuesto y más si el que tiene que hacer el esfuerzo juega en casa o en campo propio. Todo el mundo tiene la libertad de hacerlo… pero las madres siempre tienen un sexto sentido o séptimo y en ocasiones hay que hacerles caso: ‘cuesta poco ser amable, saludar, quedar bien…’

¿Qué pasará cuando se confunda el sentido del cuesta y crean algunos que se refiere a perder algo de sus bienes? Yo creo que seguirán siendo ricos, no habrán gastado nada más, pero seguirán siendo poco agradables… y mi madre seguirá teniendo razón, ‘tú no se lo tengas en cuenta, ellos se lo pierden’. 

viernes, 23 de octubre de 2015

Hoy

Señalado y regalado para ti

Dios nos ama y pone delante de nosotros un tiempo para Él, para el otro, para cada uno de nosotros... hoy.
Un tiempo que tenemos que llenar de lo que somos para que Él nos abrace, para que el otro lo amase, para que nos sintamos hijos y hermanos. Es una nueva oportunidad de ser felices, de poder gozar lo que somos y tenemos con los otros. Si es así, si lo creo de esta manera ¿por qué no lo descubro? No sé mirar, me cuesta ser consciente de mi privilegio y aprovecharlo para sentir y ser feliz, para contagiar gozo y alegría a los que se acercan a mi. En ocasiones acortamos y acotamos tanto el mundo como el tiempo a un palmo de la nariz y en otras, peor todavía, el palmo lo medimos hacia dentro, pensando solamente en el yo egoísta que nos convierte en centro de un mundo regalado (hoy) y lleno de propuestas por descubrir que cerramos por la cerrazón del yo acostumbrado a ser un pequeño dios tirano y egoísta, como no podía ser de otra manera. Esto lo confundimos con el verdadero mirar hacia dentro que se debe dar en la profundidad, no de superficie, no de una manera epidérmica sino desde y en las entrañas.

Hoy puede y debe ser ese día y momento de ser feliz, horas, personas, propuestas, luz, oportunidades… para hacerlo realidad. No desaprovechemos este regalo. 

jueves, 22 de octubre de 2015

Quiero ver

...al borde del camino... 


Marcos 10, 46-52
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: "Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí." Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: "Hijo de David, ten compasión de mí." Jesús se detuvo y dijo: "Llamadlo." Llamaron al ciego, diciéndole: "Ánimo, levántate, que te llama." Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: "¿Qué quieres que haga por ti?" El ciego le contestó: "Maestro, que pueda ver." Jesús le dijo: "Anda, tu fe te ha curado." Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

COMENTARIOS


¿Qué podemos hacer cuando la fe se va apagando en nuestro corazón? ¿Es posible reaccionar? ¿Podemos salir de la indiferencia? Marcos narra la curación del ciego Bartimeo para animar a sus lectores a vivir un proceso que pueda cambiar sus vidas.

No es difícil reconocernos en la figura de Bartimeo. Vivimos a veces como «ciegos», sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. «Sentados», instalados en una religión convencional, sin fuerza para seguir sus pasos. Descaminados, «al borde del camino» que lleva Jesús, sin tenerle como guía de nuestras comunidades cristianas.

¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo «se entera» de que, por su vida, está pasando Jesús. No puede dejar escapar la ocasión y comienza a gritar una y otra vez: «ten compasión de mí». Esto es siempre lo primero: abrirse a cualquier llamada o experiencia que nos invita a curar nuestra vida.

El ciego no sabe recitar oraciones hechas por otros. Solo sabe gritar y pedir compasión porque se siente mal. Este grito humilde y sincero, repetido desde el fondo del corazón, puede ser para nosotros el comienzo de una vida nueva. Jesús no pasará de largo.

El ciego sigue en el suelo, lejos de Jesús, pero escucha atentamente lo que le dicen sus enviados: «¡Ánimo! Levántate. Te está llamando». Primero, se deja animar abriendo un pequeño resquicio a la esperanza. Luego, escucha la llamada a levantarse y reaccionar. Por último, ya no se siente solo: Jesús lo está llamando. Esto lo cambia todo.

Bartimeo da tres pasos que van a cambiar su vida. «Arroja el manto» porque le estorba para encontrarse con Jesús. Luego, aunque todavía se mueve entre tinieblas, «da un salto» decidido. De esta manera «se acerca» a Jesús. Es lo que necesitamos muchos de nosotros: liberarnos de ataduras que ahogan nuestra fe; tomar, por fin, una decisión sin dejarla para más tarde; y ponernos ante Jesús con confianza sencilla y nueva.

Cuando Jesús le pregunta qué quiere de él, el ciego no duda. Sabe muy bien lo que necesita: «Maestro, que pueda ver». Es lo más importante. Cuando uno comienza a ver las cosas de manera nueva, su vida se transforma. Cuando una comunidad recibe luz de Jesús, se convierte.

José Antonio Pagola


Hoy más que nunca, Señor,
necesito unos ojos nuevos
para ver la vida tal cual Tú la ves
y no perderme entre sus luces y oscuridades.

Quiero unos ojos vivos y profundos,
limpios y despiertos como los tuyos,
nobles y tiernos, alegres y llorosos
porque éstos están doloridos y secos.

Quiero unos ojos serenos y grandes
para otear el horizonte y sus brotes,
y pequeños, vivos y luminosos
para dar claridad a todos los rincones.

Quiero unos ojos que sepan mirar de frente,
y vean de día y de noche tus preocupaciones;
unos ojos que no engañen a nadie
y que sean trampolín de emociones.

Quiero unos ojos que reflejen
lo que soy y tengo interiormente,
que enamoren y se den gratis
y que sepan enamorarse.

¿Quién me dará unos ojos así,
en estos tiempos pobres y de crisis,
si no eres Tú, que sabes y quieres
y tienes un taller esperando mis necesidades?

F. Ulibarri 

RECURSOS

DIBUJO DE FANO

Sácame del borde del camino y ayúdame a caminar. 

www.quierover.org

video

Mi comentario

‘Qué pueda ver’ Es una gran petición. Ver rostros, ver hombres y mujeres, ver futuro, ver horizonte, ver posibilidades, ver caminos, ver comunidades, ver familia, ver hermanos, ver esperanza, verle a Él. Y salir del camino, aceptar la compasión del Señor, ponerle en el centro de mi vida para ver, no para tener, ni para una seguridad material… sino para ver. Me llama, dejo lo que me pesa, doy un salto para acercarme a Él, y dejo que me toque para verle, para descubrirle en los que me rodean, en lo que hago y soy cada día, para no tener miedo, para seguirle. Nunca más ciego, nunca más con miedo, nunca más solo… Tengo fe y grito hoy también como Bartimeo: ‘Ten compasión de mi, Señor’. Buen domingo. 

Oración Equipo de Pastoral.
Colegio 'Virgen del Carmen'. Onda · Vila-real



domingo, 18 de octubre de 2015

Acompañados


Dar un paseo y descubrir que en medio de la gente estás muy acompañado,  pese a la indiferencia del gentío,  es una de las sensaciones más agradables que uno puede tener en la ciudad. Es agradable también perderse en la soledad de la multitud, en la mirada ausente de los cientos de personas que puedes encontrarte en el centro de la ciudad el domingo por la mañana, a veces lo he disfrutado y lo he buscado… pero es mucho más agradable saber que hay alguien que camina contigo, que te cuenta y a quien cuentas, que te escucha y al que escuchas, con el ritmo tan acompasado y parejo  que casi da lo mismo que haya cientos de personas o solo el viandante perdido de primera hora de la mañana. Tú no estás solo y la ciudad se ha hecho pequeña, solo existe el otro y tú, una ciudad de dos abierta al mundo sin límites que la conversación genera y que los deseos e ilusiones colorean y adornan. Él y tú, tú y ella, ella y él… dos que comienzan a ser amigos cargados de confidencias que las calles convierten en fáciles de compartir ya que guardan el secreto propiciado por el desconocimiento y la insignificancia que supone ser tan pequeños en tanta inmensidad. Al mismo tiempo nos vemos importantes ya que las palabras, gestos, miradas y caricias complacientes y cariñosas del otro nos enriquecen y nos hacen ser únicos, especialmente para él o ella. Acompañado dejas  la soledad en casa para que sea solo a la vuelta, como decía mi amigo “Román”, la compañera fiel para la reflexión serena de lo vivido, sentido y compartido. Compartir la vida es propio de la condición humana, no podemos vivir en la soledad que aturde y aparta de la felicidad del encuentro.  En ese encuentro todo adquiere una luz diferente y una importancia relativizada por la necesidad y el interés del otro. Solo así uno es, en la compañía del que te quiere y al que quieres con la gratuidad propia del darse sin más al otro por lo que es. Volvemos a lo de siempre, relativizar el yo para vivir con el tú y construir un nosotros que cambia hasta las entrañas del tú y del yo. 

viernes, 16 de octubre de 2015

Mirémosle



‘Venid a mi los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar’ 

Acudid a Él, 
nada sin Él, 
siempre a su lado. 
Mirémosle. 

Es Acogedor, Amigo, Fiel,
 preocupado por mi porque me quiere. 
Buscamos y buscamos, 
caminamos sin descanso, 
atareados y llenos de tormentas… 
pero sólo Él nos puede aliviar, 
cargar con nuestros pesos, 
acoger nuestras dudas, 
hacernos descansar 
de desesperos innecesarios 
e iluminar los vacíos oscuros de nuestro corazón. 

Una mirada, 
una Palabra, 
un silencio, 
una música, 
un descanso, 
una caricia… 
de y con Él, alivia y cura. 


jueves, 15 de octubre de 2015

Un regalo


He recibido un regalo. Además es de los buenos. De esos que no se pasan. Los que me lo han dado, recuerdo que un regalo es dado sino es otra cosa, me lo han explicado bien. Esto es lo que quiero compartir con vosotros. Las cosas que se compran, los objetos, pasan de moda, a veces duran mucho tiempo, en ocasiones pasan muy rápido. Son cosas que se pueden guardar pero que solamente recuerdan algún pequeño detalle del momento de recibirlo o del acontecimiento por el cual se ha recibido. No dejan de tener valor, por supuesto y todos ellos son valiosísimos si se hicieron con verdadera gratuidad. No estoy hablando del valor sino de los tipos de regalo.
He recibido un regalo de otro tipo, no es cosa, ni objeto, ni nada material que el tiempo cambia de sitio en mi casa o que lo ha hecho caducar o envejecer y se convierte materialmente hablando en algo viejo. El regalo que he recibido es para toda la vida, es algo que no se va a hacer mayor, ni va envejecer. Es un regalo que perdura porque es de sensaciones, de encuentros, de mesa compartida y hecha familia, de tiempo por y con los otros, de corazón abierto que se deja operar en manos de los cirujanos de la verdadera amistad.
Es un regalo, es verdad, situado en el tiempo y en el espacio, pero que durará lo que mi tiempo dure, ya no es algo ajeno a mi condición y a mi existencia, ha pasado a formar parte de mi ser. Es una regalo con nombres, con miradas, con caricias, con risas, con lágrimas… es un regalo de sentimientos compartidos y entregados, de complicidades que dejan sitio en ese corazón que late más rápido porque se dejar curar por el otro y quiere que sea cuanto antes, sin detenerse. Es un regalo de momentos que te inundan en cada rincón de lo que eres y sientes.
Es un regalo con fecha pero no de caducidad sino de dicha. Lleno de la eternidad que le da poso y solera. Es el regalo de la verdad puesta en las manos del otro para que la estruje y la devuelva convertida en claridad para seguir adelante. Un regalo lleno de pasos y canales, de esperas y cansancios, de diques que se cruzan para poder llegar al otro lado donde sigue estando el otro al que buscas y que camina contigo, rostro permanente del Otro que te guía.
Un regalo que el viento y el otoño, de olor los dos a chocolate, lo envuelven como el papel inolvidable de lo atractivo para abrirlo con cuidarlo y, después de doblarlo, pueda formar parte también del mismo regalo. Ha sido un regalo que no se acaba en el momento de la entrega sino que está abierto a la travesía de cada día como la de los barcos amarrados en los embarcaderos dispuestos a zarpar de nuevo, en cualquier momento. Veleros que la libertad del dios del viento mueve y que cruzaran fronteras y océanos pero siempre siendo embarcaciones acogedoras y dispuestas que no olvidan la historia de los encuentros y los protagonistas de la travesía, de la vida, de la felicidad.
He recibido un regalo maravilloso, que no cabe ni en esta explicación ni en ninguna de las decenas de cajas que llenan mis estanterías, y al mismo tiempo cualquier pequeño frasco lo encierra siempre que a su trasluz podamos ver rostros, nombres, luchas, vida que se quiere celebrar. Es el regalo de lo vivido con el corazón en la mano, con la alegría como guía, de la existencia como deseo de encuentro y ser con el otro. El regalo de la decisión de no querer pasar el tiempo y la vida sin los que te quieren y a los que quieres. Es un regalo recuerdo de lo mucho que la vida misma te da y la gratuidad con la que tienes que vivirla y responder.

He recibido un regalo…  

miércoles, 14 de octubre de 2015

Orgullosa de su Hijo


A mi me gusta imaginar a María como una persona sencilla y amante profunda de su Hijo, como alguien enamorada del que ha sido parte de sus entrañas… es por eso que la veo como una Madre entrañable. María es la Madre orgullosa de su Hijo, como una de vosotras cuando a alguno de vuestros hijos le salen las cosas bien, se gradúa en la universidad, ha encontrado un trabajo donde se le ve feliz, ha formado una familia y se quieren… mil momentos de sentirnos orgullosos de los que queremos… Para mi María es así. Veo pocas nubes, pocas estrellas, pocos palcos, poco ‘incienso’ si se me puede permitir decirlo sobre y alrededor de ella… Nuestra iconografía la ha plasmado así, está bien, no soy experto en arte, además siempre han intentado ser fiel a textos bíblicos referidos a ella y con metáforas que hablan de estrellas, de mantos, etc. Está bien.
En septiembre celebramos su nacimiento. Es una de los nuestros… instrumento de Dios para dar carne al Hijo, también como nosotros. Necesaria y ‘voluntaria’, elegida y obediente para esta misión eterna que ella tiene… dar a conocer a su Hijo, mostrarle, hacerle presente. Creo que es razón suficiente para hacer fiesta, para salir a la calle, para recordarla… como lo hacemos en miles de en nuestros pueblos.
Hay un texto donde Maria ante la necesidad de los hombres, ante la falta de alegría, ante el imprevisto, ante una dificultad… acude a su Hijo, como Madre que le conoce bien, que sabe de la necesidad de los otros y que sabe pedir. Madre orgullosa de lo que es, sabe y puede su Hijo… y sin más nos hace una propuesta en esos momentos: ‘haced lo que Él os diga’. Podemos pensar que nunca nos va a pasar lo del vino, que era un milagro o un signo y aunque los necesitamos más que nunca ahora no son las cosas de esta manera…. Pero quedémonos con la frase de María y releamos juntos el Evangelio, os propongo un trozo (Lucas6,27-38) ¿os atrevéis?

Os ayudo
-        Amad a vuestros enemigos
-        Bendecid a los que os maldicen
-        Al que te pegue en un mejilla… ofrécele también la otra
-        Al que te pida... dáselo
-        Al que te quite lo que es tuyo no se lo reclames
-        Haced el bien
-        Dad prestado sin esperar nada a cambio
-        Sed compasivos
-        No juzguéis
-        No condenéis
-        Perdonad
-        Dad a otros
-        Haced con los demás como queréis que los demás hagan con vosotros.

Si, hoy escuchamos de María aquello de Caná ‘Haced lo que el os diga’ y descubrimos que no es moco de pavo… es un proyecto de vida exigente, radical, de cambio social, de compromiso político, de vivir de en profundidad...
Una última cosa: la respuesta de Dios es generosa, llena, justa y rebosante… nada de miedos, nada de esconderse…y todo de responder, todo de confianza, todo de darse…

Ella no se va, se queda en la boda de Caná y se queda también con nosotros, como Madre orgullosa de su Hijo y de sus hijos, nosotros que sabemos y podemos responder, que hacemos del amor un proyecto de vida… porque detrás del signo de Caná está el amor, y detrás de estás propuesta de Jesús en el Evangelio de hoy está el amor… Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?

(Homilía del 10 de septiembre en Vila-real, fiestas de Nuestra Señora de Gracia) 

martes, 13 de octubre de 2015

Retomar


Fui a visitar unos molinos. Muy diferentes al que provocó este blog. El nombre lo elegí del oficio de mi abuelo, de la masía donde nació él y mi madre, de la manera como un amigo, ya fallecido, llamaba a mi mamá: molinera. De ese caserón olvidado y viejo, lleno de humedad y telarañas hay algo que no nota el paso del tiempo, es la piedra en forma de rueda que giraba y giraba para moler el trigo. Visitar esos molinos, en otro lugar del mundo, me ha llevado a asumir el compromiso de retomar este blog. Lo tengo olvidado, lo tengo casi cerrado, últimamente lo utilizaba para guardar alguna cosa que escribía y que así no perdía.
Me gustaría ser perseverante y que mucho de lo que ocupa mi vida pasara como reflexión en él. Metido en muchas cosas aprieto poco en todas ellas, pero de aquí y de allá siempre tengo cosas para compartir después de haberle dado unas vueltas y haber intentado hacer un poco de harina. Un alumno, un versículo, una opinión, una propuesta para o de mi Iglesia querida, una brasa encendida y llameante de la vida religiosa u otra que se apaga. Palabra, jóvenes, Evangelio, educación, proyecto de vida, cooperación, vida cotidiana… deseo volver a publicar y que formen parte de esta humilde ventana que no quiero que cierre la cortina para oscurecer un poco más mi vida. No me considero maestro de nada ni de nadie… solo uno es 'Rabí'. Ni sé escribir bien, pero me gusta utilizar las nuevas tecnologías para compartir lo que soy, siento vivo y hago.