viernes, 16 de septiembre de 2011

Detrás del cajón


Me gustó esta foto. Blancos y azules. Vacaciones y descanso. Me fijé en el cajón blanco a un lado de la foto. Es grande y tapa parte de la playa. ¿Qué habrá detrás? ¿Una historia, una puerta, un mundo, nada, personas, niños jugando, tiempo, sentimientos, una vista preciosa, un encuentro…?

Nadie supo como aparecieron allí. Lo vieron y se sentaron delante de él. Los escondía del mundo. Pero los abría a un mundo nuevo. Aquel cajón era la línea entre la realidad y el infinito, entre lo marrón de la arena de la playa y el azul del cielo. Simplemente sentados, sintiendo la respiración del otro, en silencio, oyendo el golpear del agua sobre las rocas, el ritmo pausado del agua salada que mecía los pensamientos limpios de dos que han hecho de su amistad una aventura...  

Unos niños jugando al escondite. Con sus palas y sus cubos recogidos para no dar pistas. Un mundo reducido a lo que ellos están viviendo en ese momento. El cajón, el mar y ellos. Pasa el tiempo y no se dan cuenta. La sombra del cajón los refresca de los calores del verano que les hace sudar. Se sienten bien, no hay prisa, están disfrutando, se quieren, son amigos.

No hay nada, más tierra, más piedras, una pequeña sombra. Pero si hay sitio para el reposo, para la tranquilidad, para la sinceridad, para mirarse. Nadie lo ve… que pena. Si supieran que bien se está ahí.  No hace falta ni tener una pequeña hamaca para disfrutar del momento. Se apoya la espalda, se mira al horizonte, se oyen las olas, se contempla el azul que llena de luz la tarde de un verano que se va como la arena entre las manos.

Refugio de solitarios y perdidos. Posible lugar de encuentro de parejas que quieren estar solas, sin que nadie los moleste. Hacer de ese detrás su delante. Lugar de soledades y pensamientos libres. Refugio de imposibles y verdades. De compromisos bañados en lágrimas sinceras y asustadas.

Escribe tu historia, imagina… no puede ser real tanta belleza.
(Gracias por la foto, amiga)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Seguirle

¿Qué pasó en cuatrovientos en la JMJ? Un agobio tremendo. Lejos de todo, calor, sin saber nada, dejarse llevar, tener fe, sin sitio, buscar de nuevo, exigir, hacer sitio, sed, cansancio, incertidumbre, más calor, esperar, risas, cantos, encuentros, familia, conocer a otros, truenos, lluvia, dudas, ansiedad, buscar respuestas, aguantar, conocerse, compartir, más lluvia, oración, colas, cansancio, reírse de uno mismo, dormir, despertar, mesa, sol, silencio, escuchar…
Cuatrovientos es una parábola de la vida de fe, de la vida de respuesta y seguimiento de Jesús. Estábamos allí porque pertenecemos a su juventud, si la de Cristo, sólo Él llama, sólo a Él hay que seguir. Estábamos allí porque estamos locos: 40 grados, casi dos millones de personas, esperar seis horas para rezar un ratito… Estamos locos porque seguimos al más Loco: EL. Decía uno de los jóvenes que no tenía explicación, que se lo dicen que va a estar esperando bajo un sol de justicia para rezar un rato y ni dándole dinero lo hace, pero estoy aquí, añadía. Sólo así se entiende todo lo que pasó. La vida de fe, de respuesta y seguimiento, es igual: cambios, perseverar, seguirle, aguantar, ganas de abandonar, no saber porqué se está así, no tener dónde reclinar la cabeza, encontrarse sin sitio… pero perseverar, seguir esperando, buscarle y buscarle sin descanso y sin desfallecer. Miar a atrás, nos vamos decían algunos en la primeras gotas de agua, pero pararse un momento y ver que es Él, y sólo Él, quien nos convoca, llama y al que vale la pena esperar y seguir. No hay otra manera…
¿seguridades? Pocas.
¿Tormentas? Todos los días y en cualquier momento.
¿Quemados? Cada rato.
¿Con los otros? Siempre.
¿Para encontrarnos con Él? Sin dudarlo, siempre.
¿Mojados? Hasta las trancas por Él.
Seguirle es así. De quemados y contentos a mojados y con sueño.
Pero por Él, en Él y con Él. 

jueves, 8 de septiembre de 2011

Un verano lleno de cosas

Ha sido único. No me atrevería a decir inolvidable pero si único. La experiencia vivida este largo verano ha sido irrepetible. Ha sido como la comida china.
Una experiencia de sabores encontrados, de mezclas extrañas, de propuestas yuxtapuestas que como agua y aceite cuesta mezclar. Una opción por los pobres clara y manifiesta que se reduce con argumentos también valiosos (¿de verdad?). Una vivencia de Iglesia joven, dinámica, ilusionante, rejuvenecedora que no se entiende bien desde valores que han marcado siempre a la juventud, riesgo, innovación, creatividad por la ausencia de estos en las propuestas. Una novedad de actividad formativa con riesgo y diferencia que hace resurgir fantasmas de comodidad, inmovilismo y apatía.

Que indigestión más tremenda. Demasiado agridulce, demasiada comida, demasiados platos, demasiado improvisar.
Estoy en proceso de sal de frutas, reposo, dejar pasar el tiempo…

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Por empezar


Me gustan los hipopótamos... que le vamos a hacer.
Agua, gordos, barro, comer, desorden...