lunes, 31 de octubre de 2011

Modesta


Os presento a Modesta. Parece africana, como muchos ciudadanos de este país. La realidad multiétnica es patente en cada rincón, algo que hay que reconocer, respetar y querer. La encontré en Puerto Badel, a este pueblo he ido tres veces durante los diez días. El P. Andrés dice que me voy a convertir en su párroco. Cuesta más de una hora llegar desde Arjona, la pista está llena de agujeros, no son baches es lo siguiente. Con las lluvias se llenan de agua y no se ve su profundidad. Lo que más duele después del viaje es la espalda. Tengo que deciros que a mi me dio igual, me dormí en dos ocasiones.
Vuelvo con Modesta. La encontré en la calle y me acerqué. Me presenté y estaba convencido interiormente que tenía una historia para contar. Le pregunté por sus hijos. Creía que me iba a decir que un montón. Cuál fue mi sorpresa al responderme que no le había dado ninguno Dios. No sabía como seguir mi conversación. Le dije que seguro que había cuidado a muchos niños del pueblo, me dijo que sí a muchos durante toda su vida. Me alegró. Le miré a los ojos, se estaba emocionando. Le dije que seguro que ellos la querían mucho y se lo demostraban muchas veces. Me dijo: ‘La que más me quiere esta en Miami’. Seguro que la llama muchas veces, afirmé. ‘Todos los días’. Modesta iba a la tienda a comprar, le di un beso, sonrió. Me hizo feliz compartir su historia… no la deseada por mi, sino la suya. Su sonrisa al hacer la foto habla por si misma. 

Una oportunidad

A veces en la vida se presentan cosas que son auténticas oportunidades. No sabemos porqué un tren pasa a nuestro lado, nos sacan el billete porque estamos esperando, nos sentamos en el mismo y descubrimos que es una oportunidad de llegar al destino que andamos buscando. A lo largo de la vida han pasado muchos trenes, nos hemos subido a ellos y, algunas veces, bajado antes de tiempo. No miramos bien el billete y sin llegar al final de trayecto nos bajamos, creemos que era nuestra estación, que ese tren no era el mío, que el viaje era demasiado largo o que la compañía no es buena. A esto unimos la certeza, no siempre basada en la realidad, que habrá otro tren en esa u otra dirección y que lo podremos tomar con la misma facilidad que el que acabamos de dejar. Tener una oportunidad en la vida es una gracia, un regalo, una suerte. Aprovecharla es un deber y una responsabilidad. Estar sentado en el tren, tener el billete, conocer bien el trayecto y bajarse en el momento oportuno, en la estación de destino, es ‘hacer’ las cosas bien.

He descubierto durante este viaje, que está terminando, un proyecto con dos nombres diferentes que es una auténtica oportunidad para los jóvenes de Arjona, para algunos de los alumnos/as de María Eugenia Velandia. Es el de las casas de escucha y acogida Isidoro Bacanja y Teresita de Jesús. Son dos casas tuteladas por la comunidad carmelita y, con presencia de un educador en cada una de ellas, donde doce chichos (Bacanja) y doce chicas (Teresita) tienen la oportunidad de vivir durante su periodo de estudio del bachillerato (de 12 a 18 años). Es un tren pequeño pero una oportunidad maravillosa. El objetivo no es tanto académico como de ‘normalización’ del ambiente donde esos jóvenes se mueven, donde viven cada día. Bacanja y Teresita se convierten en referencia de su vida: formarse en comunidad, alejarse de los ambientes desestructurados en los que se mueven, disponer de una alimentación adecuada, ser acompañados en su toma de decisiones en la adolescencia, recibir una formación en valores que complemente su educación, crecer en la fe y estudiar con mayor facilidad. Los dos centros son un grano de arena diferente en el montón de tierra que es la juventud de este pueblo. Es un pequeño tren, quizá muy pequeño, pero maravilloso.
He podido compartir un poco con ellos. Son adolescentes y por lo tanto la relación con ellos no es fácil para mi, ni aquí ni allí. Son mayores y se comportan como niños, son niños y los vemos como mayores, están bien y al momento se desmadran. Con los chicos estuve cenando, algo complicado, no hablaban mucho, después de cenar pudimos hablar un poco pero estaban más interesados en otras cosas (calle, televisión, bromas entre ellos…). Duró poco nuestro encuentro. Una pena, no supe acercarme a su realidad, preparar mejor el encuentro y ser paciente. Con las chicas fue diferente. Me invitaron a desayunar: plátano, huevos revueltos, queso, pan, café con leche… Casi un almuerzo. Nuestra conversación duró más de hora y media, no sé si porque quisieron o porque al no levantarme de la mesa tuvieron, por educación, que aguantarme. Salí contentísimo.

He tenido con todos otros dos momentos más de encuentro: una celebración de la Eucaristía con la comunidad, vinieron todos, se celebra los jueves y la participación de todos ellos en la misa del sábado en la iglesia en memoria de la Virgen del Carmen a las seis y media de la mañana. En esta celebración las niñas habían preparado un dulce de leche para vender y sacar unos fondos para el centro. Con todos ellos informalmente me encontré en el colegio: unos haciendo gracias y risas, otras preguntando y mostrando su amabilidad. La adolescencia lleva dos procesos distintos según el sexo, dos velocidades y dos centros de interés diferente… que le vamos a hacer. Las niñas este último sábado tuvieron una idea maravillosa, una campaña de higiene y limpieza de cabezas de todos los niños que viven cerca de su casa: los invitaron, los lavaron, los despiojaron y organizaron una fiesta con ellos. Una maravilla. Pude asistir al final de la misma y compartir un plato de arroz con ellas y su educadora.

El tren es maravilloso. ¿Cómo hacer conscientes a los pasajeros que están sentados en el tren adecuado? Hace falta también un buen conductor, un acompañante con ánimos, paciencia y los objetivos claros. El tren no se mueve solo, hace falta combustible y unas buenas vías para desplazarse. No es alta velocidad, no tiene unos asientos cómodos, no está terminado de pintar y acondicionar, pero ya camina, ya se mueve, ya lleva los primeros viajeros desde hace un tiempo. 

domingo, 30 de octubre de 2011

Sueños de libertad


El barrio está a las afueras de Arjona. Está lleno de pobreza, las calles son caminos llenos de baches, en algunos rincones se esconde la basura, casas de madera, otras sin terminar, restos de proyectos de apadrinamiento de familias, hogares sin estructura ni fuera ni dentro. A este lugar hecho a golpes de llegar por los desplazados se le conoce como ‘Sueños de libertad’. Es un nombre precioso. Un sueño que se empezó a hacer realidad el día que salieron de sus hogares de siempre empujados por la violencia o por la necesidad de la calma necesaria para vivir. Un sueño que no se ha hecho realidad todavía, que sigue presente cada mañana al despertar a la realidad del calor, de la miseria, de la falta de oportunidades, del coste de la vida. Una realidad dura que señala tu sitio y del cual es muy complicado moverse, o aceptas o sales huyendo con otro sueño a otro lugar. La sensación que uno tiene es que es muy difícil cambiar de estatus social, de ‘lugar en el mundo’ sin salir corriendo, conocer a alguien, viajar lejos a una ‘tierra prometida’ que ya no mana ni leche, ni miel, ni nada.

En este barrio está el Colegio María Eugenia Velandia. En medio de este sueño un colegio, ¿tiene sentido?. Lauro me explicó que al principio había discusión entre ellos, los que llegaron aquí para anunciar la Buena Noticia. La experiencia con otro colegio en otro lugar (Malagana) no había sido muy positiva. Pero no había opción, se lo pidió la comunidad de familias: queremos un colegio. Ahí está en medio de la gente, un edificio grande entre pequeñas casas, algo de orden entre el desorden organizado de las calles, de las familias. Es un sueño dentro de otro sueño. Mi opinión personal después de esta semana es que fue acertada la elección. Un sueño de libertad tiene que partir de la educación. Una educación en valores que ayuden a construir un mundo diferente. La manera de estar, de hacerse presentes, de acompañar es la clave este centro. ‘Aquí educamos en fraternidad. El amor es la propuesta’. Fraternidad es la palabra que más aparece en todo el recinto.

Los profesores, después de firmar un convenio con la administración pública no los pueden elegir, se los envió el gobierno y los tienen que aceptar. Sé de las dificultades que lleva consigo no poder elegir a los alumnos, tener que aceptar los criterios de la administración para la selección… pero no quiero ni imaginarme en mi país lo que supondría tener que aceptar a los profesores sin más. Palabras como ideario, formación, tutorías… adquirirían una dimensión inimaginable para mí. Ahora cuesta, cuando algunos compañeros creen que opositaron a su plaza, con que si fuera verdad no lo quiero ni contar, sólo pensarlo me genera angustia vital.  Para el Colegio María Eugenia Velandia ha sido la única posibilidad de salvar el centro a nivel económico ya que las familias no pueden pagar ninguna cuota. Hay que elegir, como siempre en la vida. Han diseñado un pequeño proyecto de acercamiento, formación y acompañamiento de este profesorado. El anterior, ya formado en el colegio durante muchos años, se tuvo que ir.

Los alumnos se incorporan al centro con tres años y pueden terminar su bachillerato. Tiene dos sedes diferentes ya que de tres a seis años están en un recinto al comienzo del barrio, separado físicamente del colegio. El centro goza de prestigio, está lleno, no puede acoger a más alumnos. Durante esta semana casi todos los días he pasado por allí. He compartido patio, sala de profesores, aula, dirección, portería, incluso di una clase e intenté dar otra. Es un colegio diferente. Los tiempos, las formas y el compromiso es distinto. La jornada es continuada, hay comedor escolar para los que terminan y para los que empiezan… Hay una cosa que nos hace ser iguales: los alumnos. Me he dado cuenta que podemos tener más o menos cosas pero los niños son niños aquí y allí, los adolescentes son problemáticos  y maravillosos al mismo tiempo allí y aquí. Hay una diferencia clara en organización ya que es muy complicado pedir orden y compromiso en una sociedad donde no existe. El colegio tiene una gran responsabilidad en esto, lo intenta educar y proponer como cambio de vida.

El colegio todavía está de obras. Quiere crecer para que no haya dos turnos: por la mañana los niños y por la tarde los bachilleres. Necesita terminar el espacio de capilla, salón multiusos de audiovisuales, completar el laboratorio, hacer las aulas de bachillerato, una cancha cubierta para los recreos (el problema no es la lluvia, es el sol). Es clave para que los jóvenes pasen más tiempo en el centro, para que puedan vivir más ordenadamente su tarea de formación. Karit ha ayudado mucho estos últimos años en esta tarea. Existe una relación estrecha desde el año 2006. Hay que seguir creciendo en ello. El sueño todavía sigue siendo realidad, el sueño no se ha cumplido pero ha comenzado a tomar forma, a parecerse a algo que pueda conducir a vivir más libres.

La libertad no es un concepto en abstracto, es algo concreto que se debe vivir cada día. Dos elementos indispensables para poder vivir y ejercer la libertad es la elección y la responsabilidad. Elijó y asumo las consecuencias de mi opción. Antes de realizarla sé valorar dentro de mi proyecto de vida, de mi compromiso social, de mi escala de valores qué es aquello que mejor me va a ayudar como persona en una sociedad real y como va a afectar en aquella que quiero construir. Para este proceso de ser libre necesito educación, formación y desarrollo integral de lo que soy. Está es la clave del porqué del colegio y su importancia. Educación para vivir con libertad, para dar un salto de la supervivencia como meta al ser persona, hijo de Dios para los creyentes.

Voy a poner un ejemplo. Hoy hay elecciones para alcaldes, concejales, regidores… en resumen autoridades locales y provinciales. Los votos se compraban ayer a 25.000 pesos (15 euros). Algunos lo venden. Tienen un sistema para saber si les han votado o no. Esto es supervivencia (hay que comer hoy). Decir no a esto es ser libre. 

sábado, 29 de octubre de 2011

Vaya silencio

El colegio de Puerto Badel

Íbamos con miedo, no sabíamos que nos podíamos encontrar. Yo no lo tenía, era Andrés sobre todo. No temía nada ya que no tenía elementos para comparar con otras misas de aniversario de aquí. ¿Será que el miedo necesita un poco de conocimiento de lo que lo produce para que se dé? La cosa era muy sencilla: celebrar una misa de aniversario en Puerto Badel. Ya estuve el domingo, la gente es maja, sencilla, poco practicante pero a estas cosas suelen ir seguro, pensé. Había dos añadidos que la hacían peculiar. En primer lugar era en el colegio público, no hay otro. Esto es lo que más miedo le daba a Andrés, el comportamiento de los niños. La verdad es que es complicado, un día de estos escribiré sobre el colegio María Eugenía Velandía e intentaré explicarlo. El segundo condicionante no daba miedo pero explicaba una parte de la idiosincrasia de este país. El aniversario era de la muerte de tres jóvenes, dos hermanos de 19 y 16 años que eran de Puerto Badel y uno más mayor de 20 de Rocha. Los tres fueron asesinados en una carretera próxima al pueblo.
Esto es lo que me tenía a mi inquieto. ¿Cómo vivirán esto los jóvenes del colegio? ¿Cómo se podrá hablar de esto con normalidad? ¿Qué dirán? La primero que quiero contar es que no han dicho nada. Todo el mundo, menos yo, lo sabía todo y por lo tanto no era necesario explicar. Os cuento un poco por encima. Una amenaza al padre de los  hermanos: ‘te vamos a dar dónde más te duela’. Una casualidad de pasar el joven de Rocha con la moto donde se estaba cometiendo el asesinato y conocer, seguramente, a quien los mató. Así me lo han contado. Nadie ha hablado de esto.
La violencia es algo presente en este país. La guerrilla, los paramilitares, los abusos policiales, los controles por la carretera, el ejército por los campos (lo he visto siempre que he salido a alguna capilla o un viaje). Violencia que engendra violencia. Es una constante las últimas décadas de este país. Una guerrilla revolucionaria que comienza buscando la defensa de los pobres y un cambio de sistema; los paramilitares, que con la vista gorda del gobierno, crecen para ‘defender con las mismas armas’ sus intereses; el gobierno y las fuerzas armadas que abusan del poder que le da su uniforme para abusar de la dignidad del hombre… ahora todos, parece, con un único interés común: el narcotráfico, el dinero de la droga. Eso dicen por aquí. Un interés común con distintos disfraces.
En el colegio de Puerto Badel todo muy bien. Los miedos se transformaron en felicitaciones por el comportamiento. Los jóvenes, unos de píe y otros sentados, se han comportado de maravilla. Hemos predicado los dos (creo que ha sido breve aunque habría que preguntárselo a ellos), hemos cantado, hemos celebrado la Eucaristía, hemos recordado a sus amigos… ¿Por qué tanto miedo si Él va con nosotros? Hemos presentado al Dios de la Vida y del Amor. Sopla vida al barro porque nos quiere vivos, alegres, con sentido, disfrutando. Tiene entrañas de misericordia, es un Dios-madre que nos da la vida y nos ama. Nos da el amor como herramienta para que aprendemos de Él para poder transformar el mundo.  Este es su proyecto: que nos amemos, que formemos una familia, que seamos fraternidad. Lo que pasó hace un año no es de Dios, es de los hombres que no le conocen, que no saben de El, que quieren ser dioses de la muerte y del odio… hay que elegir.
Quiero ser más corto que otros días pero empiezo a escribir y no termino, otro día que no lo voy a conseguir. Sólo una cosa más. En segunda fila, con uniforme, estaba la niña que conocí el domingo y que estaba embarazada y tenía dieciséis años, Marisel, que tendrá un niño en enero. No me miró, hablamos el domingo, la busqué con la mirada… es una niña, es tímida. Pensé en mis alumnas de cuarto de ESO. Esto también es parte del Dios de la Vida del que les hablaba. La rueda de molino entra en funcionamiento a toda velocidad: nombres, situaciones, posibilidades… Me hubiera gustado abrazarla, sonreírle, animarle para seguir adelante. ¿Sola? ¿En aquel barrizal de pueblo? No pude, se fue… mañana quiero volver hay una misa, preguntaré por ella.
Poco antes de comenzar la misa aniversario
Al salir de la clase que habíamos usado de capilla un joven llevaba un cartel con la letra de un ‘regeton’ que uno de los hermanos asesinados había compuesto. Lo colgaron en la reja de la sala de profesores. La letra era muy sencilla: amor, baile, chicas, sexo, placer, amistad, felicidad, música… Pensé también en mis alumnos.
Andrés perdió el miedo enseguida, al comenzar había un silencio que se cortaba en el aula. Nadie hablaba, nadie cuchicheaba, todo el mundo atendía. No era cualquier cosa lo se recordaba era el misterio de la vida… y aquí se entiende bien lo que significa, lo que cuesta y lo que vale. 
Ciénaga de Gambote al atardecer. Sosiego y paz

viernes, 28 de octubre de 2011

Los comedores


Los comedores son espacios donde los niños, alrededor de las doce del mediodía, acuden a comer. Son espacios abiertos donde un grupo de mujeres se organizan para hacer la comida a esos niños. En la zona de la parroquia San José Obrero de Arjona, donde vivo estos días, que atienden los Carmelitas hay cuatro: Los Laures, Las margaritas, Las parcelas y El limonar. Dos de ellos, llamados Kilombos, fueron proyectos en los cuales Karit-solidarios por la paz  ayudó en su construcción. Kilombo es Palenque, es lugar de libertad, de lucha, tierra de resistencia para una vida digna. Son lugares extraños, vacíos de vida en las horas previas a la comida. Silas y mesas sin nadie, mobiliario funcional de aspecto poco cuidado y desordenado. Le falta algo, le falta la vida, le faltan los niños.

Unas mujeres están cocinando, casi han terminado. En Las margaritas llegamos y ya está hecho el arroz. Un poco de pasta (espagueti) con atún y un trozo minúsculo de pollo para cada uno. ¿Está es la comida?, pregunté. Si, es suficiente y a los niños les gusta. Mil imágenes pasaron por mi cabeza… platos enteros devueltos sin tocar a cocina en comedores escolares, bocadillos de nuestras papeleras del patio sin desenvolver, sobras que se desperdician por haber comido antes o no avisar de no estar a la hora de la cena. Las imágenes de después todavía hicieron que estas dejaran de ser en un blanco y negro de mi vida cotidiana y se colorearan para escarnio de mi conciencia, para iluminar mi privilegio ante el tribunal de la austeridad, el compromiso social y la construcción de un mundo más justo.  No salí bien parado de la acusación de un fiscal de diez años, desnutrido, con la cara blanca, la cuchara en una mano y comiendo a toda prisa aquel manjar que yo hubiera despreciado hace una semana. Contuve mis ganas de gritar. No puede ser que esto esté tan mal repartido. No puede ser que yo tire y ellos no tengan. No puede ser que de un olla para cien nosotros solo comamos veinticinco. No puede ser que todo esté tan injustamente repartido.
Los niños van llegando, se sientan y las mujeres encargadas de ese día les sirven. No gritan, son educados, traen su baso y su cuchara muchos de ellos. Se sientan, esperan a sus amigos. Esperé en la puerta de uno de los kilombos con José Enrique, sentado en el suelo a la sombra de un árbol. Estaba esperando a sus amigos y para pasar a comer. Estaba contento, había ido al colegio por la mañana y venía todos los días. Me dio vergüenza preguntarle si era la única comida. No lo sé. No quiero preguntarlo tampoco en la comunidad. Creo que mi conciencia no lo llevaría bien. Las mujeres se organizan por turnos, ellas son las que gestionan el funcionamiento del kilombo. Esta parte es muy importante ya que es la comunidad la que conoce la realidad y la que debe asumir esa tarea comunitaria. De esta manera el espacio también se puede dedicar a otras actividades comunitarias, reuniones, talleres de formación, fiestas, encuentros de líderes… Los alimentos, o parte de ellos, los traen de un banco de alimentos de Cartagena. Llegaron a la parroquia por la tarde y los encargados de los comedores vienen a buscarlos.

El tercero que visitamos fue Los laureles. Están haciéndolo nuevo con una ayuda del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) ya que están enseñando a construir a un grupo de jóvenes, sus prácticas son la construcción del comedor. Está bastante adelantado, dijo la coordinadora de las mujeres. ¿Dónde comen los niños? Pregunté. En la casa de enfrente, en casa de D.ª Sira. Fuimos y nos encontramos con cincuenta niños sentados en el suelo, con el plato en una mano y con la cuchara en la otra, comiendo sin levantar la cabeza. Calor, moscas, mocos, un loro, los perros, las mamás de los más pequeños ayudando, sudor… La sensación de no haber querido ir allí estaba todo el rato presente. No debería haber venido, no tengo palabras que decir, no sabía sacarles una sonrisa a los niños o a sus madres. Hice unas fotos para poder contarlo cuando vuelva. Tenía la sensación de mirar para hacer una foto y luego torcer la cabeza y pensar que no va conmigo. Es increíble que pueda quejarme de las cosas que tengo, es increíble que todavía pueda desperdiciar comida. Sé que comiendo menos no lo voy a arreglar, pero si que sé que debo aprovechar al máximo mis oportunidades de ayudar, de comentar, de formar.

La comida es el principio de algo más. La dignidad es el fin a conseguir recuperar. La fraternidad, el proyecto. El darse el resultado del amor. El otro, el protagonista. Los privilegios, el camino y la herramienta que tenemos para cambiar el mundo. El yo, quien toma las decisiones. La vida la que se gasta. El pobre el hijo de Dios. Los últimos serán los primeros. 

jueves, 27 de octubre de 2011

El Palenque

Fredman comenzando explicación

El pueblo se llama San Basilio de Palenque. P. Lauro lo llama El Palenque de San Basilio. Nos dio la bienvenida un hombre rudo con un libro de historia de Colombia en la mano. Fredman nos explicó un monumento que hay en la plaza del pueblo en honor de Benko Bioho y la historia de los palenques. Refugios de esclavos, lugares de vida para los negros que venían de África a trabajar en América. Palenque significa: corral de negros. En principio pensé que era lo más fuerte que había oído nunca al asimilar negros y animales. En mi pueblo corral está relacionado con el lugar donde están los animales necesarios para el sustento o la labor en el campo. En el corral están las gallinas, la burra y las vacas. Sería sinónimo de establo. Luego en casa de Yayita pregunté por esto y me dijeron que se refiere a la valla de troncos que delimita la parte, normalmente trasera, de la casa donde se cocina. Ese tipo de empalizada de troncos es propio de los lugares donde vivían los negros y de ahí el nombre. Corral era lo delimitado por esa valla y no era el lugar de los animales como sospeché. Nos explicó la situación de los distintos palenques que hubo en Colombia y con algún desfase histórico nos fue dirigiendo a la gran verdad sobre este pueblo colombiano: fue el primer pueblo declarado independiente. No pudieron conquistarlo, no pudieron hacerse con él los poderosos españoles. Están orgullosos de ello, quieren hacer de eso una manera de vivir. La verdad es que en algunas cosas las gentes, las construcciones, las formas recuerdan a África. Los rostros de los hombres y mujeres, el color de la piel hace que este lugar tenga identidad propia. El palenquero habla también un idioma propio protegido por la UNESCO según me han contado, eso les lleva a valorar lo que son y su identidad propia. Es el kikongo.
D.ª Mónica Reyes

Después de visitar la iglesia nos trasladamos a casa de Mónica Reyes, comadre del P. Lauro. Recuerdos inolvidables en las dos. Mujer mayor, madre de ocho hijos, a punto de morir en el primer parto a los dieciocho años. Tiene ochenta años, cinco de sus hijos han estudiado en la universidad. ‘yo no necesito escribir… cuando lo necesito se lo digo a mis hijos’… dijo esto mientras nos enseñaba su cartilla de la escuela, estaba aprendiendo a escribir. ¿Por qué va?, le pregunto Lauro. ‘Muy sencillo para dar ejemplo a otros’. Desee morirme, quiero llevármela conmigo a mi colegio, tiene que formar parte del equipo de orientación, ella dará una tutoría entera. Una casa pequeña con un gran patio, donde cocina. Nos enseña una foto de la primera misionera que acudió al pueblo, Rita, todos los días le pido nos dijo. Nos vamos, el sentimiento aprieta. ¿Dónde están estos mayores en mi mundo? ¿Dónde los tengo que no los veo? Tienen que existir, me niego a creer que no existen.
Senén y su señora

Salimos hacia la escuela. Las calles son caminos, los cerdos aprovechan los últimos charcos de la lluvia de ayer,  se revuelcan en ellos, están en su salsa. Pasamos por la casa de Efren y su esposa. Un saludo de Lauro y salen a nuestro encuentro. Abrazos, risas, miradas, emociones… no entramos llegamos tarde. Son personas queridas por el pueblo, mayores que se han convertido en referente de la tradición, de la vida, de lo que significa El Palenque: músicos, familia abierta, referente cultural, salvaguardas de la lengua y de la tradición. Seguimos hacia el colegio. Se oye mucho ruido. El patio está lleno, son los más mayores. Los profesores están por el patio, saludan a Lauro y a todos nosotros. No parece que haya buen ambiente de estudio y de trabajo. Pero es mi sensación. Nos encontramos con una profesor joven, se llama Bernardino.  Habla de la cultura de su pueblo, de la posible participación en la feria de Guadalajara (Méjico) con algún proyecto relacionado con la lengua. No me voy contento del colegio hay mucho desorden, mucho ruido, nadie en clase: unos oyendo música con el móvil, una joven arreglándose las pestañas, dos profesores ligando, una profesora corrigiendo de pie, un vigilante no deja entrar a nadie en la biblioteca…  Un poco de caos, para mi gusto.
Partimos hacia casa de Yayita. Un auténtico encuentro con el pasado. Quiere a Lauro, lo recibe como si fuese de casa toda la vida. Un mujer referencia de lo que se hace y vive en el pueblo. ‘En este pueblo hay cultura, hay preparación pero se van’. Nos cuenta como cuando eran jóvenes nadie les contó nada de sus raíces. Fue el P. Lauro, sus compañeras de comunidad quien comenzó a leerles la historia del pueblo, la historia del Palenque. Una historia de lucha, de libertad, de liberación, de amar lo que uno es, de defenderlo, de colocarlo ordenadamente en la vida… Lauro cuenta como leían a los grupos la historia aparecida en ‘Alternativa’ revista de izquierdas en el año 76. Una historia que ha culminado en la defensa de la cultura e idiosincrasia de este pueblo. Cuenta una cosa muy significativa de la mujer del Palenque que me impactó. Son mujeres que comercian, que hacen dulces, que venden, que recorren kilómetros para ganarse el sustento, suyo y el de su familia. Unas mujeres que no son asalariadas de nadie, que son libres, que gozan de la libertad. Ellas son sus jefas. Una segunda característica es que nunca van solas, que siempre van con otro u otra del Palenque. Vuelven los de Palenque pero solo para la fiesta, solo para casarse. En plena conversación llego Raúl, hermano de Yayita. Un hombre robusto, alto fuerte, inmenso. Habla en kikongo para ver si Lauro se acuerda de algo. No hay prisa, aprieta el sol, estamos bien.
La última visita fue a la casa de la cultura. Una construcción moderna, con biblioteca, salón multifuncional y estudio de grabación. Unos jóvenes están ensayando una obra de teatro, dos niños una monitora repasan la lengua propia, unos ancianos esperan su ración de comida en la cantina. Nos despedimos y nos vamos.
Yayita

Me he extendido demasiado. Varias cosas para la reflexión. En primer lugar el carácter multiétnico de esta zona de Colombia, de toda Colombia. El orgullo de la identidad, de la cultura propia, de lo que da valor a lo que soy. La fuga de líderes, la ausencia de referencia de jóvenes preparados que hagan crecer a la comunidad, que asuman la guía de la misma, también se planteó en el ámbito de lo religioso hablando de Lauro y su grupo y cómo los echaban de menos y necesitaban. Lo peligroso que es vivir de la cultura a corto plazo, cómo se pude agotar y comercializar con eso sin profundizar, sin reflexión, sin profundidad. Por último la realidad afro como algo incuestionable y determinante en propuestas de pastoral.
Hoy ha sido más crónica que experiencia pero me gustó este pedacito de África que hay en Colombia, o esta Colombia africana que he conocido. Libertad y cultura: que dos grandes palabras para cambiar el mundo. 

miércoles, 26 de octubre de 2011

Sentir


Es una bendición tener la capacidad de sentir y que complicado resulta después explicar lo que uno siente. Sentir fue una de las propuestas que me traje de España. No es nada fácil dar razón de una lágrima de alegría. No me pidáis tampoco, que os diga porque el cabello de mi antebrazo se eriza en una Eucaristía. Hay momentos en que desearías que el tiempo se parase, de esto ya he hablado más veces. ¿Por qué? Sólo diría que ese era el momento, sin saber argumentar los motivos para pedir que el segundero de todos los relojes del mundo se detuviese. Esto es sentir algo, esto creo que suele pasar cuando una persona se enamora. En ocasiones una brisa de mar en compañía hace latir de tal manera el corazón que no se puede uno parar. Esto es lo que he vivido en algún momento aquí en Colombia. Es puro sentimiento, no quiero racionalizarlo, no deseo pasarlo por mis argumentos o pensamientos ‘ordenadores’ de las cosas (es tan difícil vaciarlos en ocasiones de lo auténtico y llenarlos de la negatividad, del ‘no puedo’, del miedo…). El sentir se queda ahí, como una pequeña cicatriz maravillosa en un lugar del corazón, para pasar la mano sobre ella muchas veces y hacer presente aquel encuentro, aquel abrazo, aquella mirada… que parece que pasó en otro lugar y en otro tiempo pero vuelve hacerse realidad tras la caricia sosegada y querida sobre la señal primera que dejó en nuestro interior.

Cuando uno elige un proyecto de vida tiene un ideal, algo maravilloso que quiere conseguir, que desea alcanzar. En él hay una parte de imaginación que rápidamente pierdes al conocer la realidad de la cosa, del proyecto, del compromiso. También en la vida religiosa y en el ministerio sacerdotal pasa. Es una de las primeras crisis que se pasan. Algunos se paran ahí y no saben seguir. En ocasiones tienes la sensación que aquello que imaginaste vuelve, se hace realidad y existe. Son pequeños remansos de paz en el proyecto de vida. Estos momentos no se pueden planificar ni luego racionalizar para que se puedan repetir. Hoy, ayer, estos días he tenido algunos de estos momentos de sentir… de sentirme feliz. No han sido muchos ni pocos. Han sido.
Fuimos a celebrar a un ‘pueblito’. Era la fiesta de su patrón: San Rafael de la Cruz. No sé si existe este santo. La imagen era la de un arcángel (San Rafael) con un pescado entre las manos. Nunca lo había visto, cosa normal ya que no reparo en estas cosas. En mi fe esto de la iconografía e imaginería tiene una importancia muy muy relativa. La cita era a las cinco. Llegamos diez minutos antes. Estaba la capilla cerrada. Fuimos a buscar la encargada (no sé porqué pero los encargados de las iglesias siempre son mujeres… ¿cuándo podrán ser las encargadas de la Iglesia?, solo queda un pequeño salto: ponerle mayúsculas a la palabra). No había prisa. Nos sentamos con una familia a la puerta de una casa al lado de la capilla. Nos sacaron unas sillas, no había problema. Pasaron muchos niños, se acercaron, nos hicimos fotos… No venía nadie y nos fuimos a dar una vuelta. P. Lauro saludaba a todo el mundo. Unos niños que le llamaban, un joven que salía de su casa al verlo pasar. Una madre intentando dar de mamar la niña pequeña y que nos invitó a entrar para ver como su casa se está cayendo. Una familia sentada la puerta de su casa: la abuela que es madre de algunos de los que juegan, la hija que es madre de otros que corretean medio desnudos. Un señor sentado la puerta de su ‘puestecito’, un joven cortando el pelo a un niño. Cada uno con su tarea, con su poco que hacer. 

Convertimos el paseo en una procesión de niños, unos andando otros con bicicleta. ‘Aquí después de casi treinta años empieza a haber posibilidades de fundar una pequeña comunidad, quizá no de base, pero si una comunidad. Hay personas que tienen interés y capacidad de aglutinar la reflexión y tomar le liderazgo del ‘pueblito’, lo vamos a intentar’. Todos a los que encontramos son invitados para acudir a la celebración. Todos responden que si. Llegamos a la capilla, no hay prisa. Las señoras están sentadas a la puerta esperando. Nos sentamos con ellas. Hay niños jugando en la capilla. Han puesto las sillas, han encendido velas para el santo. Están esperando. Casi no viene gente, hemos encontrado mucha, han dicho que vendrían pero no vienen. Empezamos al lado de la comunidad, al mismo nivel, entre ellos. Lauro lo orienta todo de maravilla: qué hacemos aquí, qué vamos a pedir, quien es el importante. Cantamos, hablamos, leemos la palabra… todo sin formalismos… lo más formal nuestras albas que creo que sirven fundamentalmente para delimitar un poco el espacio entre la charla y la Eucaristía. Evangelio, explicación, peticiones (improvisadas, espontáneas, reales, próximas…). El momento de la paz, auténtico momento de fraternidad. La paz es algo muy importante en Colombia, es algo que verdaderamente marca la realidad de este país, un deseo permanente entre todos los asistentes a la misa ya que muchos de ellos han sido desplazados de otros lugares del país por causa de la violencia, del narcotráfico, de la guerra. Jolgorio, abrazos sinceros, sonrisas. Después la comunión con pan y vino, canto. Todavía había una sorpresa: un largo momento de silencio hecho por todos para hablar con Jesús. ¡¡Increíble!! Hasta los niños que han estado jugando todo el rato lo han hecho. No se puede pedir más. ¿Qué sentí esta tarde? Lo que os he contado: algo que no tiene explicación, parte de un mundo maravilloso que es lo que delimita la dignidad de la persona sin preguntar quién eres, cuánto ganas, de dónde vienes, qué haces aquí, cómo vistes, qué comes o qué me das. El P. Lauro no llevaba ni dinero, para comprarle los últimos guineos a Ester le presté un poco de mis pesos.
Pasó la tarde y sé que Él estuvo por allí toda la tarde, nada me preocupó, nada me angustió, nada escondió tras las nubes ‘el Sol que nace de lo alto’. Estuvo cerca. 


martes, 25 de octubre de 2011

Niños


Hay niños por todos lados. Niños en las plazas de los dos pueblos que visité (Puerto Badel y Rocha). Niños en le pueblito de San Rafael de la Cruz (¿existe?). Niños que trabajan ayudando en el restaurante donde comí. Niños que toman la primera comunión. Niños para ser bautizados. Niños elegantes para ir a misa, mudados como dirían en mi pueblo y niños con los pies descalzos jugando a futbol. Niños que no maman y les dan un jugo de guayaba. Unos con dieciséis años entrenan a unos gallos para una pelea o como Marisel  para enero esperan un niño.( La verdad es que se le notaba pero no tanto como a otras).


Los niños hacen que una sociedad tenga futuro aunque estemos en un lugar desfavorecido, olvidado y empobrecido. Los niños dan alegría e indican que hay que seguir luchando, que esto continúa y que vale la pena. En nuestro mundo (le llamamos el primero, no podría ser de otra manera) los niños son los justos, están contados incluso se planifica su ‘venida’ para que distorsionen lo menos posible mi ‘realidad’ o mejor dicho ‘egorealidad’, porque también es tu realidad la edad fértil, el fundar una familia y ser padre y no ‘abuelo’ antes que padre.

¿Deberían ser tantos? ¿Tienen futuro? ¿Se debería planificar mejor la natalidad?  Quizá si pero si fuera posible sin mermar la generosidad que lleva implícita la procreación, el dar la vida. No es fácil ya que conceptos como calidad de vida, paternidad responsable, derecho a vivienda, escuela o sanidad y la dignidad del ser humano entran en acción. Lo que está claro es que aquí han futuro, hay vida y allí, en la vieja Europa (escribo desde el otro lado) no hay futuro sin ellos, hay muerte cada día y necesitamos ‘adoptar’ a estos hijos que no tuvimos como mano de obra barata, como ‘semiesclavos’ (trabajo mal remunerado, muchas horas de trabajo, sin papeles…) que nos cuiden y ayuden a morir con dignidad. Creo que debe darse información, un buen acompañamiento a los adolescentes y mujeres sobre este asunto, profundización seria y real sobre la paternidad responsable, formación sobre la familia, educar al hombre en la responsabilidad que se debe asumir desde su condición de padre…  sean más efectivos otros métodos anticonceptivos pero también mucho menos reflexivos y mucho más proclives al todo vale, que sabemos que no es constructor de una sociedad más libre. 

lunes, 24 de octubre de 2011

La misa del domingo

Primeras comuniones en Puerto Badel

Eran las seis y media de la tarde. Había estado hacía un rato en la plaza del pueblo (Arjona) y coincidí con los preparativos para el cierre de campaña electoral. En la sacristía había más de diez monaguillos, chicos y chicas. La iglesia se iba llenando. El P. Lauro avisó de la hora, hay que empezar. Entramos por el final de la Iglesia. Todo estaba preparado: la cruz, los acólitos con velas, los cuatro sacerdotes revestidos… Comienza la procesión: palmas, música, alegría, gozo… la fiesta ha comenzado. Lauro me presentó como carmelita, miembro de Karit, colaborador de muchas de los proyectos que se están desarrollando en el Colegio María Eugenia Velandia, en la Parroquia. Continúo la misa…. una auténtica fiesta.
Niño y su familia acercándose a la misa
de su primera comunión en Puerto Badel
No hubo nada de especial, nada extraordinario, nada distinto… pero fue diferente. ¿Por qué? No lo sé. Estoy dándole vueltas a la rueda de molino buscando una razón. No sé porqué sentí otras cosas, se me hizo más vital, fue más cercana a mi vida, me sentí ‘más’ sacerdote, viví otras cosas que no vivo en otras celebraciones. Tengo algunas posibles respuestas pero no me juego nada por ninguna como explicación de los porqués. Quizá fue por las motivaciones a la hora de celebrar, un país nuevo, una feligresía entregada con lo nuevo, lo que viene de fuera. También he pensado que fue el Evangelio, era muy fácil de explicar, entender y ¡¡ojalá!! de vivir. Al terminar pensé que fue mi atrevimiento de bajar a predicar entre la gente lo que me hizo sentir algo distinto. La sencillez de la comunidad cristiana también pudo ser una de las razones. No me olvido que concelebramos todos los de la comunidad, no es lo mismo la soledad que la comunidad. El momento de la paz donde la asamblea se convierte en un abrazo total, en un recreo de verdad dentro del formalismo que la liturgia impone, en este momento el altar se llenó de niños abrazando a los cuatro sacerdotes. La atención y respuesta que los fieles dan a lo que estas celebrando ayuda a vivir con intensidad el momento. Recibí muestras de complicidad durante la homilía que me será difícil olvidar. El silencio en lo momentos clave de la celebración y la participación libre y espontánea en otros momentos. La música bien preparada que ayudó a cantar a toda la asamblea.

Una auténtica fiesta con Jesús, una acción de gracias permanente, una fracción del pan intensa y comulgada en la unión con Cristo, una mesa compartida y vivida… sacramento, momento privilegiado de encuentro con Dios.
Imagen de una familia a la puerta de su casa en Rocha
(Las fotos nos son de la misa, no hice como comprenderéis) 

domingo, 23 de octubre de 2011

La fraternidad

Al bajar del avión noté que algo me era conocido. No puede ser, pensé. Esto yo ya lo he vivido antes, no he estado nunca en Colombia pero había sentido en otra ocasión lo que le estaba pasando a mi cuerpo. ¿Lo habré soñado? Quizá fue un sueño, quizá siga siendo un sueño (quizá se quede en un sueño para el que nosotros no necesitamos visa pero ellos si, su sueño y el nuestro es completamente diferente). La sensación de calor, humedad y clima diferente que te arrolla y te llena cada poro fue la misma que en República Dominicana: desciendes la escalerilla del avión y notas que estás en algún lugar maravilloso del Caribe. Camino de la casa: música, motos (dos o tres ocupantes por vehículo), buseras (autobuses medianos) llenos de gente, coches en todas las dirección, familia en la puerta de las casas todos a medio vestir… Es lo mismo, lo mismo. Ritmo, calle, fiesta, pobreza, casas abiertas, ruido… El Caribe.
Llegue a la comunidad. Me estaban esperando a la puerta de la casa. Es una comunidad grande y variable. Tres sacerdotes carmelitas, dos de ellos colombianos y el P. Lauro. Una laica que lleva viendo aquí todo el tiempo, trabaja en el colegio, en la parroquia y donde sea necesario. Cuatro jóvenes postulantes y dos haciendo una experiencia previa. Un italiano no creyente haciendo su trabajo de licenciatura sobre derechos humanos. El último en llegar he sido yo. Creo que esto merece un comentario.
La referencia de esta presencia en Arjona de la Orden es ‘fraternidad carmelita’. Viven en comunidad, habitan una casa pero lo que se conoce de ellos es la fraternidad,  ponen en su correo electrónico. Esta es la primera propuesta que recibo en mi viaje. Una casa abierta para el que lo pueda necesitar, hoy domingo un joven universitario que pasó por unos de los proyectos que se desarrollan acá esta pasando la mañana. Una comunidad con muchos miembros y dispuesta a crecer con quien pueda necesitar hospitalidad y acogida. Julio, el estudiante italiano, se considera uno más de la comunidad: viven juntos con un motivo, un fin, una idea común. Si la casa es abierta la comunidad también. Lo que se intenta vivir, el sentido de la vida, la propuesta de unidad es la fraternidad. El otro es mi hermano. Un propuesta que se palpa nada más entrar en el laberinto que es la casa, en lo variopinta comunidad: un abrazo, no dejarme llevar la maleta, un plato de arroz esperando, una sonrisa cariñosa, una habitación dispuesta (la mejor de la casa, la preferida de la comunidad y pensada para las visitas). La fraternidad es lo importante, es la sal y la luz de la vida. Acoger, vivir como hermanos, hacer que el otro se sienta querido, acompañado y servido. No sé si será por esto que esta parte de nuestra familia carmelita tiene once novicios en Perú, diez jóvenes formándose en Italia… ¿Será por esto? Saben muy bien hacer que la casa y la comunidad esté al servicio de lo verdaderamente importante: el proyecto de Dios para este mundo, la fraternidad. 

Desde Bogotá

Hace más de doce horas que salí de España. Todo ha ido bien. El mundo es muy pequeño. Te metes en un avión durante diez horas, llegas a un país extranjero, hablan tu idioma, tomas una cerveza mientras esperas el cambio de avión para ir a Cartagena, ves a Mesi fallar un penalti, a dos futbolistas pegándose... una aldea.
De momento muy poco que contar. Parece que sólo ha pasado un día, no he hecho nada, pensar muchas cosas en el avión, dormir, leer y sentirme aislado de la realidad.
No he tenido mucho tiempo de preparar previamente el viaje pero lo han hecho los alumnos de Onda y Vila-real por mi. Han preparado sus trabajos, sus propuestas para darse a conocer. La razón era muy sencilla: para ser misionero hay que ser testigo y para dar testimonio tienes que conocer. Queremos se testigos, el primer paso es darnos a conocer.Queremos que los alumnos del colegio María Eugenia Velandia nos conozcan. Esta ha sido la mejor preparación del viaje. Mi maleta esta llena de murales, de colores, de vídeo, de power points... son de jóvenes y niños que se sienten parte de un mundo en el cual no se pude vivir sin los otros.
Personalmente creo que pueden ser unos días de abrir el corazón, de conocer para cambiar mi vida, de escuchar para aprender, de compartir para sentir. Se que voy a recibir más de lo que puedo dar que es poco. La dinámica del dar y recibir es importante no perderla de vista en estos tipos de experiencias. Decía una amigo mío que redentor ya hubo uno y murió. Creo que aprender de los sencillos, de los que esperan, de los que buscan, de los luchan, de los que se dan, de los que sirven, de los que optan por los otros es la mejor de las lecciones. Espero y deseo que sea un curso intensivo de todas estas materias.
Estoy en la puerta número 7, esperando que me llamen para embarcar hacia Cartagena. Esta anocheciendo. Son las cinco de la tarde. Me esperan diez días de encuentro con Dios. No habrá fanfarrias de momento pero seguro que hay una música maravillosa que escuchar e interpretar: la fraternidad. Ya os iré contando.

sábado, 22 de octubre de 2011

Viaje

Dentro de un momento voy a salir de viaje. No sé muy bien porqué. Me voy pero no es una huída (a veces deseada), es una búsqueda de encuentros y experiencia, un auténtico privilegio en la vida. Estoy nervioso, no sé que puedo encontrarme pero sé que voy con mi familia, con mis hermanos y por lo tanto todo irá bien.
Conocí este proyecto de la Orden hace mucho tiempo, coincidí con Lauro Negri en un encuentro internacional de la Orden creo que en Sao Paulo. Fue el inicio de una relación de fraternidad: voluntarios internacionales en Arjona, proyectos de Karit, hermanamiento del colegio, conversaciones, encuentros… Este viaje es un mojón más en esta relación.
¿Qué siento? Que soy un privilegiado de poder viajar a Colombia, estar allí una semana, ver y sentir de otra manera y otras cosas. Siento también respeto. Quiero aprender con ellos a descubrir una dimensión más de la dignidad del hombre para que me ayude a mirar de otra manera a los que viven conmigo y poder hacerlo con más amor. Siento que el Señor me regala cosas y momentos que no merezco y que espero que también formen parte de su voluntad.
Deseo y espero poder mantener abierta esta ventana durante estos días para que muchos de vosotros podáis vivir conmigo esta experiencia. 

miércoles, 12 de octubre de 2011

Tristeza

Siempre me he preguntado la razón de estar triste cuando no debo estarlo. Todo el mundo te dice que tienes mucha suerte, que eres un privilegiado, que no te falta nada, que eres libre, que estás donde quieres estar, que tienes un trabajo, que te quieren, que no estás solo, que puedes salir y entrar, que has podido estudiar lo que quieres, que tienes buena salud, que aprenden de ti, que les ayudas, que se sienten queridos, que estás un poco gordo pero bueno… Y tú, reconociendo todo esto como verdad, sigues triste, estás triste. ¿Por qué? Creo que nadie mira, ni yo mismo, donde debe mirar, donde se instala la tristeza, donde están las telarañas del tiempo sin sentido. La oscuridad da miedo a todo el mundo, también a mi.