martes, 22 de diciembre de 2009

Tomar la calle







El sábado puede hacerlo. Éramos un grupo numeroso. Tomamos la calle durante un rato, durante casi dos horas. No era una procesión, tampoco era del todo una romería. Era un tomar la calle con alegría. Faltaron cosas para hacerla nuestra y hacerlo de verdad: megafonía, canciones, alegría, fiesta, pancarta. Había cosas nuevas y originales: globos, pañuelos, informalidad, conversación… Había cosas del pasado: peana, ‘costaleros’, imagen de la Virgen… Esto último, que era lo que nos había convocado, parecía que no era del todo importante ya que iba al final, casi sin nadie, alguno de los sacerdotes y frailes. El grupo numeroso de personas iba ‘a su bola’. Me pareció bien, sabían donde iban, todos habían sido convocados para lo mismo y por EL mismo. Pero íbamos contentos, paseando, rezando, cantando, disfrutando de tomar las calles, hablando de nuestras cosas. ¿La liturgia? La justa: capas pluviales, hábitos, albas, peana y algo de incienso. Ni en las oraciones de las distintas paradas la hubo: aplausos, gritos, oraciones preparadas pero propias… ¿La comunidad? Toda, unida, de fiesta, caminante, con rumbo. No fueron formales ni el acetre y el hisopo. La fe toda en forma de comunidad que camina, de dar testimonio de la misma… Pero había algo importante para mi. Estábamos en la calle por nuestra fe. Nada de tradiciones, nada de obligaciones, nada de formalismos (todo esto llena otras procesiones a lo largo del año). La calle fue durante dos horas de la comunidad creyente de Onda. Nada más y nada menos.
Aprendí alguna lección. Tenemos que gastarnos más dinero en megafonía y menos en capas pluviales e incienso (esto último no se entiende y las palabras tampoco porque no se escuchan). Utilizamos la palabra PARA TODO y no se nos oye. Organización, tradición y formalismo el justo, no es necesario para que los cristianos manifestemos públicamente nuestra fe. El orden procesional y ‘de siempre’ completamente innecesario: tomamos la calle con cosas nuevas y de manera diferente. Las imágenes de nuestras devociones, no tienen porque ocupar el lugar central para hacer importante la manifestación pública de la fe. La lección más importante: podemos y debemos salir de nuestros templos para manifestar nuestra fe, nuestra esperanza (este fue el caso del sábado) y nuestra caridad. Hay que buscar el motivo: ¿el aborto? ¿la injusticia social? ¿la contaminación? ¿el hambre? ¿la falsa navidad? ... Razones para que se escuche una propuesta de Evangelio en nuestro mundo, sobre todo aquello que hace vivir al hombre sin la dignidad con la que fue creado.
Me sentí bien tomando la calle desde la fe y con la comunidad.

¿No os gustaría tomar la calle desde la fe dando abrazos como en la foto y que cambiase el color de la gente? Para eso no necesitamos ni megafonia. Por cierto, con mitra y capa pluvial creo que se abraza regular.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Equilibrio


‘Si la culpa es evolutiva, ¿podremos lograr desprendernos de ella? Puede que no. Pero a medida que alcanzamos una nueva conciencia, sustituimos la culpa por la responsabilidad. La culpa es vivida como una separación entre nosotros y el mundo. La responsabilidad, por el contrario, nos adentra en él. La responsabilidad es equilibro. ¿Y qué es la culpa sino su falta? Empecemos tal vez por ahí’ (EL PAIS SEMANAL, 13 diciembre 2009)

Equilibrio. Esa es la clave. Caminar sin caerse. Transcurrir por el delgado y estirado cable de la vida. Tensado por la frustración del parto a un mundo frío y desconocido y por el precipicio del abandono total en manos del Otro. Paso a paso, miedo a miedo, decisión tras decisión, mirada a mirada. Un equilibrio difícil. Solos pero con la vista puesta al frente, donde TU esperas. Los pies firmes en el cable. Con la cruz de cada día para mantenerse, para no caerse, colgados a ella, agarrados a ella para el paso siguiente que sólo desde ella adquiere sentido. Equilibrio mantenido pese al miedo de caerse. Un equilibro donde la inseguridad del trapecista novato o del mayor cansado de no llegar al final, lo hacen nuevo y comprometido cada día. No vamos solos, ¿o sí?. En el cable de al lado caminan otros. Una mirada, una palabra de aliento, un ¡¡cuidado!!, un adelante… hacen que vaya manteniéndose el equilibrio diario. De vez en cuando un descanso, un desprendimiento de algún peso innecesario. ¡Que maravilla estar sentado sin andar, sin decidir dar un paso más! Simplemente ver pasar a los de al lado. ¿Caerán? Ver a uno que duda, a otro que pasa arrasando sin mirar y tú ahí sentado, tomando aliento, con ganas de quedarte parado para siempre. Pasó el tiempo y hay que volver a levantarse, de nuevo decidir, de nuevo los pasos, las tormentas, los vientos y la cruz. Llegan el vértigo, los mareos o los sudores fríos ante una posible caída. El enemigo peor para el equilibrio es la tentación del abandono. Pararse, estar quieto, bajarse del ‘cable del día a día’, de la vida, parece la única solución para ‘mantener’ el equilibrio. Pero no…
Equilibrio es compromiso. Una persona equilibrada está erguida, de píe, es realista, no se esconde. El equilibrado sabe dar distancia, no deja de dar pasos, es consciente de su riesgo y de su situación. El equilibrio se convierte en normal cuando ya no miramos el precipicio, cuando caminamos confiados en nuestras fuerzas, cuando descubrimos que somos capaces de verdad del siguiente paso, cuando las tormentas se anticipan, cuando descubrimos que es en la mirada, en el corazón limpio y pausado, en la cruz de cada día, y en la seguridad que da el Hacedor del cable, donde están las razones y la seguridad del paso siguiente. Los que dan lecciones de trapecios ajenos, se les escucha, se les mira, se les agradecen… pero te agarras a la cruz (la tuya) y el siguiente paso. Con una mirada de amor y una sonrisa les mandas un ‘hasta luego’ que no suena a despedida pero que en realidad es un final. Las cosas bien colocadas por dentro, la cruz bien agarrada, las zapatillas dispuestas para caminar… equilibrio. De vez en cuando, ojalá fueran más veces, una mirada del otro, una sonrisa, un tú puedes, una caricia, un aliento. Gestos gratuitos de los que te aman que son el empuje necesario para el siguiente paso. Estos no dan lecciones de nada ni exigen respuestas que no tienes, simplemente te esperan, caminan contigo, te miran, te aceptan sin juzgarte. ¡¡Qué maravilla de equilibristas están hechos!!
Equilibrio es saber dónde estás, conocerte bien por dentro, saber dónde te estás agarrando y donde has puesto la mirada, cuál es tu horizonte, elegir bien a los que te ayudan en los pasos de cada día y de los que aprendes a equilibrarte. Es día a día, ahora y luego, dentro de un rato y ayer, mañana y pasado mañana. En la noche de los pasos inciertos e inseguros siempre hay una pequeña luz encendida que ayuda a mantene el equilibrio, la que nunca se apaga pero que bien cuando hay muchas pequeñas luces de los otros que iluminan la oscuridad que nos envuelve.
¿La responsabilidad? Un ejercicio de libertad con equilibrio asumiendo el riesgo.



jueves, 26 de noviembre de 2009

Misión




No es fácil descubrir cuál es la tarea principal que uno tiene en la vida. Intento trabajarlo con mis alumnos. La vida tiene que tener una tarea, un interés, una vocación, una intención, algo a realizar, una misión. ‘¿Qué misión tengo entre mis manos?’ La misión puede ser adquirida por uno mismo o recibida de otro. En este segundo caso podemos decir que nos sentimos enviados. ‘¿A qué he sido envidado yo?’ La misión suele darse según la capacidad de aquel que la recibe. No se suelen pedir peras al olmo, ni trabajo al que no hace nada, ni responsabilidad a aquel que hace de su vida un desastre. Por el contrario se pide responsabilidad al que está acostumbrado a decidir y asumir proyectos, se pide trabajo al que está más ocupado ya que sabes que trabaja, se piden peras al peral. Se le pide un puente a un ingeniero y una jugada maravillosa a un futbolista que la toca de maravilla. El que envía debe conocer bien al enviado para que no se equivoque. ‘De todo lo que tengo entre manos, ¿cuál es mi misión?’ En ocasiones escondemos la misión (seguramente porque no nos gusta) detrás de otras tareas de las que primeras: las que elegimos nosotros y para las que no hemos sido enviados. En ocasiones creemos que éstas son parte de la verdaderamente importante que es la misión. Creo en el envío que hemos recibido cada uno de nosotros. ‘¿Para qué estoy aquí?’ Repaso mis tareas, tengo una lista tremenda. Equipo de no sé qué, superior de algo, encargado de aquello, director de lo otro… ‘¿Para qué he sido enviado?’
‘¿Os habéis perdido? Yo creo que también.’

Esperad un momento.

No puede ser.
Y si el envío…

No puede ser verdad

Y si… el envío no es a un hacer.

Y si el envío es a ser.

¿Os imagináis que hemos sido enviados a ser felices? '¿Qué debo hacer con todos los agobios de las tareas?'

‘No puede ser. Tenía razón mi amiga. ¿Se podrá cambiar de dirección, de lugar dónde mirar?’




miércoles, 25 de noviembre de 2009

Día Internacional contra la Violencia de género




Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le
creó, macho y hembra los creó.

Igual DIGNIDAD
Igual IMAGEN DE DIOS
Igual LIBERTAD
Igual DERECHO

Hijos de Dios, los creó, hombre y mujer los creó, amados los creó, para amarse los creó....


video


lunes, 23 de noviembre de 2009

¿Abiertos?




¿Se conservan las cosas cerradas? Hoy me ha venido esta pregunta a la cabeza.
¿Qué está cerrado a mi alrededor?
Mi casa del pueblo pero cada vez está más vieja.
La caja fuerte del colegio y nadie sabe dónde está.
El bote de conserva que tiene una fecha de caducidad y hay que abrirlo antes que se pudra.
Esta cerrada la cremallera de mi bragueta pero no siempre aunque lo que esconde sea sagrado.
Mi coche, perdón el que yo uso ya que no puedo tener nada propio, pero hay que abrirlo para poder utilizarlo.
Mi proyecto de vida ya que es para siempre, ¿para siempre?
La casa del vecino ya que no voy nunca a verlo.
….

Todas las cosas que he repasado están cerradas pero nos gusta abrirlas, para poder disfrutar, compartir, gustar, gastar, viajar… (Siii…… no os asustéis, la bragueta también, no pasa nada… siempre estáis pensando en lo mismo).

Nos ha dado por cerrar y ¿qué ha pasado? Telarañas, humedades, manías, ‘siempre se ha hecho así’, ‘santidades’, miedos, enroques, protecciones, soledades,… Sabéis lo que os digo que me está entrando un reuma tremendo y además soy alérgico al polvo.
¿Por dónde queremos que vengan a estar con nosotros? ¿Por la chimenea? Igual no tenemos o también la hemos cerrado.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Sin rumbo


Comenzó otra semana y no he tenido tiempo de escribir. Lo siento mucho por los que acudís todos los días. La verdad es que no encuentro tema, tiempo, paciencia y sosiego para hacerlo.
Me han pasado cosas estupendas estos últimos días (no hay ironía en ninguna de ellas).
He ido a comer a un chino comida de aquí, pedí potaje. He trabajado un documento durante parte de la mañana y en un minuto (literal) un profesor ha hecho una propuesta maravillosa para organizar la actividad. Me quedo a la hora de comer para trabajar y tengo que hacer portería. Intento animar a una amiga y resulta que estoy desanimado. Leo la Palabra desde el ambón y nadie lo hace desde ahí los domingos. Quedamos para preparar una reunión y organizamos una convivencia. Me mandan un programa de trabajo y todavía no he reservado o pedido el sitio donde hacerlo. Busco una foto para el apunte y no encuentro ninguna, elijo una al azar. Planifico irme un ‘finde’ al pueblo y quizá me tenga que quedar…. Esto en solo veinticuatro horas.
¿Qué pasa con la planificación? ¿Todo tiene que ser diferente?
¿Será el Espíritu?
Quizá
Amén

domingo, 8 de noviembre de 2009

La semana





Algunos dicen que empieza el domingo ya que es el ‘primer día de la semana’ cuando las mujeres encontraron el sepulcro vacío. La verdad es que empieza el lunes. Es el comienzo de un puerto de montaña, como en una carrera ciclista. Quedan unos cuantos kilómetros para llegar a la meta. La veo lejos, hay que recorrer muchas pequeñas emboscadas, recovecos desconocidos. Estamos empezando, ya veremos. El martes es un día bueno, hemos empezado a subir y no se puede volver, estamos en el tajo. Adelante. Un pequeño avituallamiento a media mañana, alguna risa, sudor, lágrimas. También un trabajo diferente, compartir proyectos, análisis de la realidad y planificación. El miércoles descubres que la meta está cerca, se empieza ver una pendiente que se va a terminar coronando. El jueves es un día de esperanza, de descubrir que hay que poner el acelerador para poder llegar a la meta deseada. Por fin es viernes, san viernes dicen algunos. Es la meta esperada. Este día tiene un maravilloso final, trabajo de equipo, Palabra, creatividad, propuesta.... Parece la meta, pero no lo es. ¿Meta?, no todavía no. Queda un falso llano que se llama sábado. Otra tarea, otros momentos de responsabilidad. La meta está cerca, meta que es descanso, encuentro, sosiego, Buena Noticia. ‘Venid a mi los que estáis cansados y agobiados’. Un respiro y de nuevo lunes. El tiempo pasa muy rápido, no podemos detenerlo. La ‘carrera de la vida’ no se detiene. Adelante. En el camino muchos hermanos, muchos encuentros, muchos momentos, muchos segundos, muchos cansancios, algún desespero, alguna alegría, confidencias, amistades, familia… Maravillosos momentos de crecer, de animar, de participar y de vida. No estoy solo, es con el otro (Otro) con quien camino, el va conmigo, ‘su vara y su cayado me sostienen’. ¿Por qué la tristeza? ¿Por qué la pesadez? ¿Por qué el cansancio?
¡¡Por fin es lunes!! A subir, a encontrarse, a darse.











viernes, 30 de octubre de 2009

La ventana


‘Las ventanas siempre me han interesado porque son pasajes entre el exterior y el interior’.

Esta frase de Matisse la leí en la maravillosa exposición que sobre el pintor había organizado el Museo Thyssen en Madrid.
Tener la ventana abierta de la vida para ver, para airear, para asomarse, para dejar que se asomen, para colocar unas flores y alegrar la calle de nuestra vida y a los que pasan por dentro, para que entre el calor, para mirar a los lejos y hacer proyectos, para mirar desde arriba, para salir al tejado, para escapar corriendo en caso del peligro, para entrar si uno ha perdido la llave…
Tener la ventana cerrada si llueve mucho fuera, para resguardarse del frío, para sentirse calentito en el interior, para no oír muchos ruidos, para que no se escape nada ni nadie, para que no entren ladrones, para que sepamos cual es nuestro espacio…
Es una maravilla saber manejar adecuadamente la ventana, estar dentro para poder cerrar y abrir. Conocer bien el clima de fuera, la realidad de la calle para poder abrir y cerrar adecuadamente. Quererse bien y ser generoso en el abrir y cerrar para compartir, dar y estar en la calle, en nuestro mundo.

jueves, 22 de octubre de 2009

Seguir



Esto no hay quien lo pare. Hay que seguir.
La vida es dura, dice y repite una amiga. Es verdad, duele, castiga y pesa.
Pero la vida también es seguir, caminar, buscar, encontrarse, crear…
Me quiero apuntar a todo esto último… con la dureza de lo nuevo, la dificultad del futuro por descubrir y el escollo del presente.
La vida merece una oportunidad, una sonrisa. La dureza se convertirá en muchas ocasiones en encuentro, en amistad, en luchar juntos, en servir al otro… Me apunto a todo esto.
Quiero dejar atrás los lamentos, quiero hacer míos los encuentros. Los recuerdos los convertiré en empujones para crear aquello que sea nuevo, diferente y recoja los proyectos que teníamos juntos.
Tengo mucha suerte cuento con muchas manos, con muchos corazones que laten cerca y animan a seguir con el ritmo, a veces pausado y en ocasiones acelerado, de poner marcha a lo que nos rodea.

No me bajo. Sigo adelante.
No me paro. Quiero caminar.
No me conformo. Voy a proponer.
No me escondo. Salgo a la calle a anunciarte, Señor.
No me lamento. Gozo de aquello que compartí y siempre será muestro.

No más lluvia, no más oscuridad...
Esto no hay quien lo pare. Hay que seguir.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Llueve


Una vez escuche al intentar salir de la iglesia de un pueblo en el funeral de alguien muy querido: ‘Llueve de esta manera porque están llorando en el cielo por su muerte’. Se referían al difunto que íbamos a enterrar después de celebrar el funeral. Estamos esperando para ir a su casa a recoger el cadáver.
Hoy está lloviendo en Zaragoza. Cae un agua lenta, que empapa la tierra para romper la sequedad que la cubre y la llena. ¿Estarán llorando de nuevo en el cielo? ¿De nuevo se habrán desatado los lagrimales de la multitud de ángeles?. Sabéis lo que os digo….¡que dejen de llorar y que hagan algo!, ¡¡¡joder!!!

Salí a dar un paseo. Llueve. No lo encuentro. Esta es su ciudad. No estaba en casa. Nadie habla de él. Tenía que estar aquí. Siempre me espera. Seguiré buscando. Me mojo. Casi no hay nadie en su ciudad. Tenía que estar aquí. ¿Se fue? ¿Sin decir nada? No puede ser. Bebí un poco de ron, como siempre lo hacía con él. Su sillón estaba vacío, me senté en él. Estoy en su ciudad. No está. Lo echo de menos. Llueve. Todo esta triste. Están llorando. Nunca hasta ahora había sido así. ¿Será que el no está? Llueve. No para de llover. Esta fría el agua. Los bares se vacían, se hace tarde. Quizá mañana en los que visitamos juntos para echar un vino y una tapa lo encuentre. Su sillón estaba vacío, ¿qué extraño? El caso es que lo siento cerca… todo me habla de él. Hay ‘semana de integración colegial’. Qué extraño que no se haga presente en el vestíbulo para apaciguar los ánimos. No ha tenido ninguna llamada, hoy no lo ha buscado nadie. No quiero preguntar al conserje, quizá no vuelva y me tenga que ir sin verle. Voy a seguir buscando, seguiré esperando. Le dejo mensajes pero no contesta. Hay señales suyas por todas partes, aquel rincón también me habla de él. Pero sigue sin aparecer. Ya estoy en casa. Llueve, se siguen mojando las mujeres de color que se apoyan en las farolas parea ser vistas, para ser llamadas por el delincuente de turno que se cree que es alguien cuando no llega a cosa. Los cajeros están llenos, por lo menos dos de los que he visto, no sacan dinero solo quieren el techo que les sobra a los ricos dueños del local. Duermen sin manta, todavía no hace mucho frío. A estas horas él no solía salir. ¿Por qué lo busco ahora? Sus huellas están en todas partes, cada rincón me habla de él. Seguiré caminando. Llueve más intenso. Ante la basílica una oración… ¿me ayudará a descubrirle? Quizá no vuelva. Regreso a su casa, no me dicen que haya vuelto… no quiero preguntar… me da miedo la respuesta. Sigo sin encontrarle. Llueve, lo hace de forma lenta. Ya no me mojo, miro desde el cristal. Todavía no ha cerrado el portero, se apagan las luces del vestíbulo… no ha regresado. Se fue ,lo sé, y al mismo tiempo estará siempre. No lo entiendo. ¿Por qué sigue lloviendo?

martes, 13 de octubre de 2009

Estar ocupado


Creo que una de las cosas más importantes en la vida es saber ocupar el ocio, el tiempo libre (por favor, que quiten los puentes de los calendarios, no más tiempo libre). Es una auténtica red que atrapa el alma, la mente, el corazón y la vida no saber hacerlo. No tener ‘nada que hacer’ en esos tiempo libres hace que un ‘comecocos’ se apoderé de la mente. Esto no es lo peor puede ocurrir que sea u destrozacorazones’ el que aprieta los sentimientos de tal manera que el ritmo de sus válvulas se acelera de tal manera que parezca que va a explotar. Sentimientos que suben y bajan de los hemisferios a los ventrículos, de los ventrículos a los escondrijos del alma. Es allí donde puede pasar lo peor: el terremoto del espíritu, la tentación de mirar para otro lado, el atreverse a pedir la parte de la herencia y salir corriendo a otras tierras donde no haya miradas, recuerdos, memoria, noches sin oscuridad, luces (aunque sean de neón) siempre encendidas …

¡¡¡Dadme trabajo, por favor!!! ¡¡¡No más tiempo libre!!!
¡¡¡No me dejéis en las manos de los comecocos, destrozacorazones o terremotos!!!
Quiero la tranquilidad de la agenda (sus huecos) llena de cosas. Por favor que vuelva a las cuatro horas de dormir, a la impaciencia de terminar una reunión para comenzar otra, al horario sin segundos vacios donde poder sentarme conmigo mismo y llenarme de los miedos de esos monstruos que acechan lo que soy.
¡¡Marcha!! ¡¡Mucha marcha!!

¿Serían estos miedos a los que se refería el Señor cuando una y otra vez decía ‘no tengáis miedo’? ¿Será posible que tengamos miedo a nosotros mismos? ¿Cómo disfrutar el tiempo libre con el Padre? ¿Por qué me da miedo verme ‘desnudo’ frente a él?

domingo, 11 de octubre de 2009

AMIGO



Te fuiste sin despedirte.
¡¡Eso piensan todos!! Quizá tú también lo pienses.
No te fuiste. Estás aquí en cada pensamiento, en cada segundo, en cada música, en cada libro, en el último versículo leído, en la tarea que voy a comenzar y en la que terminé ayer. Estás, estuviste, estarás siempre, sigues sugiriendo compromisos, animando miedos, ilusionando proyectos, mirando con cariño, felicitando éxitos… y alegrando encuentros en la cafetería de la calle de al lado de una ciudad cualquiera. ‘¿Un cafecito?’ ‘Pues claro’, contestaré.
Eso piensan todos, que te fuiste. No es verdad, ya no estás para abrazarte, pero no te fuiste. ¿Acaso alguien ha escuchado tu despedida de siempre: ‘adiós, adiós, adiós…’? Yo no lo escuché, sigo intentando estar en silencio para escucharla y no lo descubro.
Juntos iniciamos una aventura maravillosa en la ciudad que te ha acogido desde siempre, y ahora para siempre, en sus entrañas… no ha terminado, no es verdad… la aventura sigue. Tú vas delante, optimista y realista al mismo tiempo… nosotros seguimos buscando lo que tú has encontrado para siempre: la luz, el camino, la verdad, la vida. Échanos una mano como siempre haces… ‘no tendrás por ahí una hojita para no perdernos’.
Menos mal que Jesucristo (nuestro amigo medio escondido en este momento de nuestra historia) me ha presentado a Dios como Padre. Sólo desde ahí puedo entender tu silencio, tu ausencia, tu memoria.
¿Te ciega la luz de su rostro? ¿Cómo tenías la estancia? ¿Arreglada como a ti te gusta?

sábado, 25 de abril de 2009

Cambio de dirección


Desde hace unos días no puedo quitarme de la cabeza una frase que leí de Ricardo Reis. No lo conozco. Me ha hecho pensar mucho. Me gustaría aprendérmela de memoria para decirla de carrerilla pero no tengo tiempo para ello. Creo que define muy bien lo que es la Pascua, lo que significa la resurrección del Señor. Ahí va la frase:

A primera vista, nada había cambiado cuando volvimos de Emaús.
Pero desde entonces dicen que estamos perdidos sólo porque caminamos en otra dirección.

Es la sensación que tengo después de haber vivido la Pascua. Es un volver pero nuevos, pero diferentes y al mismo tiempo tener la sensación que nada ha cambiado, que todo sigue igual. Sigue igual mi corazón, sigue igual mi trabajo (¿?), sigue igual mi comunidad, sigue igual el grupo de fe con el que rezo, sigue igual mi agenda… Pero algo ha cambiado. ¿Seguro?
La frase me ofrece una clave para evaluar si hay algo de cambio, de ‘resurrección’ en mi vida. Sólo hay que contestar a una pregunta: ¿Camino en otra dirección? Si esta no es suficiente, si necesito confirmar que verdaderamente el Señor ha pasado por mi vida, sólo tengo que hacerme otra pregunta: ¿Me dicen que estoy perdido, que estoy equivocado, que voy contracorriente? Si mis respuestas son afirmativas significa que el Señor ha pasado por mi vida, que ha ardido mi corazón en algún momento escuchando ‘tanto grito suyo en el mundo’ o que le he descubierto al partir el Pan, que ha resucitado, vive y me espera en ‘la galilea’ de mí día a día.
Si la respuesta es negativa. A esperar, a seguir buscando, a abrir bien los oídos…



martes, 14 de abril de 2009

Decir NO


Es una de las terapias para la reinserción de los que han padecido una adicción.
Es también la propuesta de sensibilización y prevención de las adicciones.
Es una muestra del conocimiento que uno tiene de si mismo.
Es la manifestación real de saber qué es lo importante en el proyecto de vida.
Es la respuesta a propuestas imposibles por el tiempo y por la capacidad que uno tiene.
Es la manera de delimitar las fronteras de la vida.
Es la expresión del realismo.
Es la capacidad que uno tiene de no engañar a nadie antes que el tiempo lo descubra.
Es la expresión de verdad y sinceridad ante un imposible.
Es la posibilidad de decir SI a otras cosas y que este sea sincero
Es el sufrimiento de la libertad de elección.
Es reconocerse como no imprescindible.
Es dar posibilidades a otros para que puedan decir SI.
….
Es una de las posibilidades de un buen discernimiento.
Parece un planteamiento negativo ante la propuesta de disponibilidad total que nos pide el Señor. ‘Id a Galilea, allí me veréis’. Pero… ¡hay tantas Galileas que hay que arriesgar por una e intentar buscarle ahí¡ ¿Y si está en las otras? Mala suerte… otra vez será. Mi tarea es buscarle, encontrarnos es iniciativa suya… Él se hace el encontradizo en cada esquina. Cuando Él quiera ya tiene mi respuesta: aquí estoy, Señor.

sábado, 14 de marzo de 2009

Hágase



Una de las cosas que en nuestra vida de creyentes oímos una y otra vez es que la oración debe hacerse vida. También es fácil escuchar que la vida sea oración. He buscado durante mucho tiempo un testimonio de esto, no estaba siendo fácil, en alguna ocasión oía la trompeta que anunciaba el acontecimiento de esta coincidencia de oración y vida, me acercaba y veía que eran pequeños atisbos de una verdad deseada y realizable. Seguía buscando, esperando y deseando encontrarme con la realidad que manifestara la contemplación de Dios, en el rostro de alguien con el que me encontraba o en mi propia vida. Era un deseo mil veces expresado en mis oraciones. Si algún día pasa, pensaba para mí, tiene que ser un regalo de Dios, no puede ser algo que yo pueda conseguir por mis fuerzas.

Hoy puedo decir que el testimonio de un hermano me ha ayudado a descubrir que se puede hacer de la vida, del proyecto de vida, una oración que retumbe más allá de la muerte y del dolor. He visto con mis ojos, he sentido en mi corazón, he tocado con mis manos, he escuchado con los oídos abiertos… que el Padrenuestro pronunciado, rezado y compartido tantas veces se ha hecho vida. El ‘hágase tu voluntad’, recitado de carrerilla como la oración de un niño, ha sido proclamado con la entrega generosa de la vida. Un ‘hágase’ cargado de las lágrimas humanas que lo deben acompañar y adornado con la sonrisa que siempre acompañó a mi hermano. La oración se ha hecho vida. La respuesta generosa ha dado frutos. El grano de trigo ha muerto para dar vida. La fe ha iluminado las tinieblas. El día ha vencido a la noche. El paso ha abierto los caminos. Ya no hay muerte, ni luto, ni dolor. Se ha puesto una lámpara en lo alto del celemín. El pábilo vacilante no se ha apagado. El sí ha abierto las puertas de la esperanza. Sin hablar he rezado con él y le hemos pedido al Padre que se hiciera su voluntad, él entregando la vida como testimonio permanente de fe y vocación, yo con una boca pequeña y emocionada que se agarra a la vida de la miserias y las prisas.

Me dicen los amigos que ha sido una perdida grande. Miro a los graneros y descubro que quizá si que necesitemos sus manos para llenarlos, para conservarlos, para renovarlos, para hacer cantidad, para hacer número... Será muy complicado sustituirle en las tareas, será complicado suplir su sonrisa o su acogida. No dudo que esto sea así pero… los graneros de lo importante, los del cielo, los del testimonio de vida ante la adversidad, los de la aceptación de la voluntad de Dios, los de la fe vivida con generosidad y entrega… se han llenado, los tenemos rebosantes de grano para sembrar. ‘¡¡Adelante!! - diría José Luís - comenzad a salir por los caminos, sembrad, anunciad este ‘hágase’ para que dé fruto, perseverad en vuestra vocación no dudéis que las manos de Dios no abandonan, acompañan’.

Esta Pascua cercana y próxima, que él deseaba vivir en su estancia definitiva preparada por Cristo, será gloriosa. Nuestro hermano ha señalado el dintel de nuestra vida con un ‘hágase’ imborrable para que el paso del Señor sea una realidad cada día y cambie nuestro corazón definitivamente.

(Las fotos son del curso internacional para
Promotores de Justicia y Paz que la Orden
organizó en Fátima el mes de agosto de 2006)

martes, 3 de marzo de 2009

Dolor


El dolor es parte de nuestra vida.
¿Se puede vivir sin dolor?
¿Se puede vivir con dolor?

He visto el dolor y tenía forma de lágrima.
A los pocos segundos se convirtió en sonrisa.
¿Dónde se fue? ¿Por qué vino?
¿Cómo lo evitamos? ¿La morfina?
‘El mejor antídoto contra el dolor sois vosotros, las visitas’

Viene sin buscarlo. Un accidente.
Una enfermedad, un mal trago… una sorpresa.
Ahí está. El dolor aparece. Uno se retuerce de dolor.
Las entrañas se mueven, el cimiento se resquebraja.
‘Un pinchazo que llega sin llamar y te mueve toda entera…’

‘Me muero, me muero…de dolor’
¿Es un deseo o una sensación?
Ojala se pudiese morir de dolor cuando llega, para no sentir.
No es verdad, sigues ahí, sufriendo, mordiendo, llorando.
Sigue mordiendo las entrañas, quieres irte o que se vaya.
Nada de eso sucede.

El dolor tiene movimiento.
Un movimiento de dentro a fuera.
Es exponencial: va creciendo sin que lo puedas parar.
Te hace retorcerte como una culebra.
De abajo arriba o de arriba abajo.
No sabes cuando empieza ni donde,
tampoco sabes cuando termina.
Lo provoca una colchón blando o uno duro.
Un empujón o una metástasis.
Un movimiento o estar quieto.
Viene, se queda, te mueve, se manifiesta, lloras… mueres.

‘Me han castigado un ratito’ oí a un amigo sufriendo un ataque.
¿Es un castigo el dolor?
Yo creo que no. Nadie nos quiere tan mal.
El dolor va con la muerte
y la muerte comienza cuando se nace.
Somos dolor, sufrimiento, ataque y desesperación.
También otras cosas, pero se nos olvida tantas veces.

Dos frases de una amiga que pasó y pasa por el dolor.
"Quien sabe de dolor, todo lo sabe"
Algunos han sido aventajados de esta clase.
Un golpe de dolor te lleva las raíces de la vida.
"El aprendizaje en la vida es largo,
pero con la enfermedad, se acorta"
¿Verdaderamente podemos aprender algo del dolor?
Aprendemos lo que somos, nos quedamos con lo fundamental
de nuestra vida, de nuestro ser.
La vida va más rápida cuando estás enfermo,
pero al mismo tiempo deja más poso.

El dolor nos vuelve al comienzo de nuestra vida,
Indefensos, solos, asustados… como al nacer.
Del vientre de la madre calentito… al dolor del respirar,
al llorar del susto que supone lo desconocido.
Me duele algo y vuelvo a sentir mi debilidad,
mi miseria, mi muerte.

Quiero sentir sin sufrir
y si sufro quiero hacerlo sin sentir.
¿Puedo?

sábado, 21 de febrero de 2009

Hadas


Hace unos días me tocó una sustitución en el cole. Terminaron la tarea antes de lo previsto y les dicté esta poesía:



Hadas.
Hadas negras, africanas, congoleñas.
Hadas desplazadas de sus humildes hogares.
Hadas que paren, amamantan y crían hijos
que la guerra mata frívolamente.
Hadas que se ayudan, se limpian, se curan.
Hadas que se cuidan unas a otras.
Hadas que economizan
lo que ya no da más de sí.
Hadas que trabajan de luna a luna.
Hadas que pierden la esperanza de
simplemente vivir en paz.
Hadas que conviven con el hambre
y la sangre más sangrienta.
Hadas que elevan sus cantos al cielo,
a pesar de todo, mirando con sus bellos ojos
por si alguien las escucha.
Hadas que danzan pisando fuerte
al ritmo del latido de la tierra.
Hadas que sonríen a sus hijos y se alborotan
como los alegres colores que eligen.
Hadas que lloran, que enferman
y sufren amputaciones.
Hadas cuya libertad para elegir
es un concepto que jamás conocerán.
Hadas que no son simples posesiones de los hombres.
Hadas que mueren en la miseria más absoluta,
sin culpa de haber nacido y muerto en ella.

Hadas que quizás no saben que las Hadas blancas, europeas, españolas, nos acordamos de ellas cada día, esperando que les llegue algo del sentimiento de hermandad, fuerza y aliento que por ellas sentimos.

Carmen Baldominos
21-la revista cristiana de hoy. Febrero 2009

Les sugerí hacer un comentario a la misma y trabajarla en mi clase de religión de la mañana siguiente. Sólo una alumna levantó la mano y leyó su aportación. Me quedé atónito. No sabía que decir. Aplaudí. Quizá sea lo mejor que me ha pasado durante estos cuatro meses de 'pizarra'. Quiero compartirla con todos los que os asomáis a esta ventana.


Hadas.
Hadas blancas, europeas, españolas.
Hadas que viven cómodamente en sus hogares.
Hadas que paren cómodamente en hospitales
y crían hijos con derecho a estudiar.
Hadas que se curan ellas mismas,
que sólo piensan en ellas mismas.
Hadas que despilfarran lo que no da más de sí.
Hadas que trabajan con derechos y comodidades.
Hadas que siempre viven en paz
aunque a veces no lo crean.
Hadas que no valoran y despilfarran.
Hadas que no sienten la necesidad de mirar
al cielo y que alguien las escuche.
Hadas que no tienen tiempo para dedicar a sus hijos,
tiempo para una sonrisa.
Hadas que enferman a causa de ridículas operaciones estéticas.
Hadas caprichosas que escogen y eligen.
Hadas con derechos e igualdad para elegir.
Hadas que viven y mueren con todas sus comodidades,
sólo con la suerte de haber nacido blanca.

Hadas blancas que si de verdad utilizaran su sentimiento de hermandad, fuerza y aliento para ayudar a mejorar a las hadas negras, creo que, entre todas, conseguiríamos cambiar un poquito la vida de las hadas negras.

Miriam Sánchez Villalta, 3º B-ESO.
Colegio Virgen del Carmen. Onda (Castellón)


domingo, 8 de febrero de 2009

Cambios


Se han reunido dos veces con ellos. La primera riendo y tomando un café, la segunda en mesas de ‘trabajo’ sin papeles, sin nada. ¿Para qué? Ninguno de ellos vive con una necesidad, ninguno de ellos tiene carencias, ninguno de ellos pasará hambre… y piden dinero. ¿Para qué? Para seguir ganando dinero con él. Lo malgastaron una vez y nos han traído hasta aquí, dejándonos una crisis que nadie explica, que nadie para, que nadie imaginaba y que sufren los últimos de antes y los que llegaran a ser últimos ahora. Se atreven a decir que están en crisis ganando miles de millones de euros. ¡Me río de sus crisis! ¿Los recibirían si sus ‘sedes centrales’ tuvieran el aspecto del dibujo?
Los que viven en chabolas están en crisis desde siempre. Nadie los recibe, nadie toma un café con ellos. Nadie se reúne con ellos para escuchar en qué situación se encuentran. Ellos no malgastan el dinero, no lo tienen ya que se lo hemos pedido, se lo hemos quitado, no se lo hemos dado remunerando justamente su trabajo … ¿Los recibirían si pusiese encima de sus casas ‘bank’?
Quizá ese es el cambio de estructuras que tenemos que hacer. Nombrar banqueros de este mundo a los que viven en los bancos de los paseos, de las calles, de las avenidas. Yo creo que saben bastante de dinero, de estirarlo para llegar al final de la jornada. Algunos son muy solidarios con los iguales. Hacer que los que ahora son banqueros dejen sus grandes sedes, sus grandes coches, sus grandes beneficios y vivan en chabolas humildes, en lugares sin lujo, viviendo con lo necesario, dejando la puerta abierta, conformándose con lo poco… ¿Cambiaría algo? Por lo menos conocerían la realidad, no sólo su realidad.
De los que convocan las reuniones mejor no hablar, están de paso y lo que buscan es un buen refugio para la siguiente estación o etapa de su vida, que llaman de servicio público (me río yo, jajaja).

miércoles, 28 de enero de 2009

Estructuras (2)

Hoy hemos leído el Evangelio del sembrador. He encontrado un comentario de Pagola en ‘Palabra y vida’ que quiero compartir. Creo que complementa perfectamente el apunte (no entendido) de Estructuras. La verdad es que me gustaría poder aceptar este comentario como verdad en mi vida, quejarme menos, vivir más, disfrutar de aquello que pasa en mi vida y que no descubro. No es fácil pero hay que intentarlo. Sé, lo he dicho muchas veces, que son un privilegiado, que no debo quejarme de nada. Debería creerme de una vez para siempre que trabajo confiando plenamente en el Señor. ¿Por qué es tan difícil tener fe? Yo quiero pero… Ahí va el comentario de Pagola para la meditación sencilla y breve de Mc 4, 1-20.

‘Jesús contó la parábola del sembrador para explicar que el evangelio no se pude acoger de cualquier manera ni puede fructificar en cualquier vida. Pero quería también mostrar con qué confianza trabajaba él para construir un mundo nuevo. Sabía que muchas veces su trabajo se echaba a perder pero sabía también que sería fecundo en muchas vidas. Muchas veces tus desvelos de madre, tus esfuerzos de educador, tu trabajo en la parroquia o entre los vecinos, te parecen un fracaso. ¿No necesitas trabajar con confianza en Jesús?’

lunes, 26 de enero de 2009

Martín

Le conocí a los once años, es decir en los años setenta. Fue mi profesor de música y de castellano. (Me suspendía solfeo cada día y siempre me ayudaba la última clase de la evaluación para que pudiera llegar al cinco). Más tarde me dijeron que no sabía castellano cuando llegó a esta casa donde vivió él casi toda su vida, no me lo podía creer. ¿Cómo es posible que no supiese castellano? Cuando conocí a parte de su familia, dónde vivían y cómo eran lo entendí. Era su lengua materna, lengua que no se olvida, que respetaba, que amaba de verdad. No la inventada por otros que quieren imponerla, amaba la de su valle, la de sus padres, la de sus hermanos.
Hay muchas cosas que contar de Martín. En primer lugar que siempre fue para mi, ‘padremartín’. Me costó mucho tiempo tutearlo, por respeto, por admiración, por verle como una persona especial. Este trato aparentemente lejano no se correspondía con la realidad. Siempre me sentí muy querido por él. Sentía su apreció, su acogida cuando pasaba mis vacaciones de estudiante en su comunidad siempre fue excepcional. Era referencia de tantas cosas en la comunidad de Vila-real que le vamos a echar de menos de verdad. Tengo que decir, como hermano de su comunidad, que era muy fácil y extraordinariamente sencillo compartir la vida con alguien tan fiel y entregado a vivir el proyecto de vida de Jesucristo. La sencillez a la hora de vivir su vida como religioso facilitaba estar cómodo a su lado y compartir la vida con él.


Murió el pasado día 23 de enero. Ya no paseará por el claustro, no saldrá un momento de su despacho al lado de la escalera para tomar un café. Tendremos que estar atentos para abrir la puerta en horario fuera de portería ya que él no está para abrir. Nos va tocar aprender a conectar la caldera de la calefacción y el agua caliente cuando se disparé. Otro hermano tendrá que fotocopiar las

noticias carmelitas de la provincia o de la Orden para que puedan leerlas los que tienen ordenador. Los jóvenes de JuCar preguntaron ayer quién dirigirá los cantos el día de El Carmen de este año. No lo encontraremos madrugando haciéndose un café para terminar la noche en su habitación. Alguien deberá sustituirle en sonreír a los jóvenes cuando vienen a los grupos de profundización en la fe. Necesitamos que otro pueda comenzar a entonar la Salve o un canto mariano la fina de las Vísperas. No sé con quien voy a poder hablar de política y discrepar sin discutir. La sala de comunidad estará vacía mucho tiempo, no encontraré a nadie con el que pasar diez minutos de relajo a la vuelta de mis clases. Se llevó consigo las listas de todos los alumnos del colegio de más de veinte años a esta parte, las tenía en la cabeza, las llevaba en su corazón. Hoy ya hemos tenido que hablar sobre la calefacción que el controlaba cada día, cada minuto, cada segundo. ¿Se acumularán las facturas de la casa y del colegio sin ser archivadas, anotadas y contabilizadas? El sillón de la capilla que ocupaba permanecerá vacío, el coro de nuestro lado ha perdido una voz, un guía. Las reuniones comunitarias han perdido el consejo de la experiencia, de la mediación, del sentido común…

La vida está llena de pequeñas cosas, las de cada día. Son los hermanos quien las viven, las comparten y las acercan al otro. Martín, ‘padremartín’, era grande, muy grande por vivir intensamente las pequeñas cosas de las que está hecha la vida de comunidad y estar siempre ahí para compartirlas. Le encantaba estos últimos años hablar más que nunca, nos ayudaba a alargar la tertulia después de cenar, comentaba las noticias de la televisión. Siempre encontrabas en él una sonrisa a la vuelta de un viaje, una pregunta sobre alguien que creía que podría haber visto, o un silencio para escuchar la historia que iba a contar seguidamente. Siempre cerca, siempre ahí, siempre en la comunidad. He leído que era maravilloso escucharle y que pasará a los recuerdos de muchos por ser silencioso. Quizá sea así, pero ya lo dice nuestra Regla del Carmen que seamos moderados en los comentarios. En esto, como en muchas otras cosas, fue un gran carmelita, un gran ejemplo de vivir en obsequio de Jesucristo. Yo he tenido la gran suerte, el gran regalo que Dios me ha dado, de poder conocerlo, respetarlo, admirarlo y aprender de él cuando tenía once años y de haber vivido como hermano estos últimos siete años de mi vida.

miércoles, 21 de enero de 2009

Estructuras


Estoy viendo con alguno de mis alumnos que Dios nos ha elegido como colaboradores suyos en la creación. ¡¡Vaya responsabilidad!!
He estado un momento repasando mi vida y descubro que he perdido toda capacidad de ser creativo. Mi vida no tiene nada de creativa. ¿Creador? Como mucho ‘chapucillas’ de alguna que otra ‘ñapa’.
Me da la sensación que estoy trabajando para mantener una estructura que quizá fue creativa en otro tiempo, no hace mucho, pero como los tiempos pasan tan rápidos quizá ya se ha hecho vieja, caduca y obsoleta. Ni consigo poner mi impronta personal ni la de la comunidad a la que pertenezco, ni interesa… solamente mantener una puerta abierta para que un grupo de adultos tengan un puesto de trabajo más o menos asegurado, que unas familias tengan la conciencia tranquila ya que sus hijos reciben una educación ¿católica?... ¿No podrían hacer esto otros? ¿No podríamos hacerlo de otra manera?
El mantenimiento no es creación, mantener una estructura por el hecho que tenerla, de ser propiedad, de tener un trabajo, de llenar el tiempo, de ganarse el pan… Siempre encuentro excepciones que hacen que no pierda la fe (en minúsculas ya que no es la Fe en Jesucristo, esta no la pierdo).
¿Es esta la voluntad de Dios? No quiero ser mantenedor ni de las fiestas de mi pueblo que ya lo fui y mientras intentaba pronunciar mi discurso todo el mundo estaba bebiendo en la barra del bar de la plaza. ¿Qué es primero la estructura o el hombre? ¡¡El hombre!! ¡¡El hombre!! Gritaríamos como borregos bien educados… y luego al pesebre de la estructura, a seguir manteniendo, a seguir comiendo, a seguir poniendo el rostro (cara) para que te lo partan, para que se aprovechen, para que se rían, para que disfruten, para que se sientan justificados, para que … .
Quiero pasar frío y confiar sólo en Dios. Quiero pasar hambre y sentirme como los lirios del campo. Quiero trabajar sin recibir nada a cambio, todo se nos dará por añadidura.
¿Trabajar? Si, claro, pero por el Reino. ¿Mantener estructuras caducas para las cuales no he hecho opción de vida? No, que se vendan y que se les dé el dinero a los pobres que ahora hay muchos, dicen que los comedores están llenos. Crear lugares abiertos, libres, desprovistos de burocracia y de falsos compromisos, donde no se tenga la vista puesta en la jubilación, donde no se pregunte nada al entrar y al salir, donde no haya exámenes sino premios, ni finiquitos ni contratos, ni sueldos ni nominas. Solo la libertad de los hijos de Dios. ¿Utopía? Si claro, Evangelio. ‘Mira los lirios del campo…’

domingo, 18 de enero de 2009

Cosas


No tengo muchas cosas que escribir. La verdad es que me pasan cosas que nunca sé si son merecedoras de una apunte o no. No penséis que no da vueltas la rueda, todos los días varias veces, lo que pasa es que no termina de salirme buena harina. Pero la rueda no para, no para.
Hoy he leído dos cosas sobre la Iglesia. No os asustéis, no voy a hacer una homilía, aunque bien pensado, lo que más pasa por la rueda cada día es la Palabra, es un buen trigo, da una harina estupenda y en ocasiones llena de verdad, es siempre alimento, ¿digestiva?, en alguna circunstancia es algo indigesta pero con paciencia, un par de vueltas, esperanza y dedicación va digiriéndose. He dicho que no iba a hacer una homilía y ya casi estoy en ello. Voy a aprovechar el paréntesis para sugerir la pregunta que Jesús hace a esos discípulos que le seguían. Me llama la atención que le siguen antes que El los llame, simplemente porque otro le ha señalado como alguien especial (El Cordero de Dios), hoy nos dirían algo diferente. Que curioso, son seguidores de Jesús, son discípulos antes de ser llamados, sólo porque alguien (un hombre de Dios) les señala a Jesús (¿será este nuestro problema vocacional?¿a quién estamos señalando en y con nuestra vida de hombres de Dios?). La primera palabra que reciben del Señor es:
¿qué buscáis?. No puede escribir más sobre esto. Me detengo ahí. ¿Qué estoy buscando en mi vida?. Hay que contestar, repito, hay que contestar. No se puede eludir la pregunta. ¿Qué buscas en tu vida? Yo no sé que busco. Sé que lo que me falta y lo que me gustaría encontrar un día, pero no sé si lo estoy buscando de verdad. Me falta un encuentro definitivo con él, me falta una caída del caballo como San Pablo. En ocasiones pienso si me habré caído en algún momento y no me he dado cuenta. Me falta la fe suficiente para fiarme de El cada día, cada segundo, cada momento de mi vida. ¿Qué busco? Quizá lo busque a El pero no sé cómo hacerlo, no sé dónde hacerlo… Como me gustaría poder encontrarlo una tarde y quedarme a pasar con El la noche, en su casa. Estar con El, ser con El, ser en El, ser por El. (Menos mal que no quería escribir una homilía).

Escribía que he encontrado en la prensa dos cosas sobre la Iglesia. Una de ellas en la
homilía del nuevo arzobispo coadjutor de la Diócesis de Sevilla. Decía que la Iglesia tiene que ser cada día más joven, más libre, más valiente y más viva. ¿Dónde hay que apuntarse. Esa es mi Iglesia. No hay otra. Le voy a dar pistas a Monseñor Asenjo. Podía comenzar para ser más joven eligiendo obispos más jóvenes, de menos de cuarenta años como son muchos de los ejecutivos de nuestro mundo. Sería más joven si los jóvenes, que los hay, pudiesen organizar y preparar celebraciones para el resto de la comunidad (por ejemplo un encuentro del día de la familia que se organizado estos años en Madrid), sería más joven si el lenguaje de los símbolos que tanto utilizamos fuese más actual, menos inamovible. Más libre no es complicado, mayor aceptación de los que discrepan, más confianza en los que trabajan en la frontera, mayor disposición al perdón, menos hablar de cumplimientos y normas y mucho más de posibilidades, de puertas abiertas, de sitios disponibles para acoger, acompañar y aceptar, sean de la condición que sean. La libertad de aceptar la peculiaridad y singularidad de cada uno, proponer el mandamiento nuevo como norma de vida y empezar a sufrir si de verdad se les ama, en el caso que no fuese correspondido ese amor. Lo de más valiente creo que se refiere aquí en nuestro primer mundo. Más valiente en el dar, en el dejar, en el desprendimiento, en el riesgo, en el pasar frío. Dejar el poder, dar lo que tenemos, desprenderse de los privilegios, asumir el riesgo de dormir a la intemperie, pasar frío en las calles… donde se mueve la gente, donde se mueren los hombres. Mi iglesia, nuestra iglesia, es valiente cuando está con los pobres, en los países más desfavorecidos, en los lugares donde no es necesario más que la vida para poder darse. Lo de más vida es cuestión de las otras tres. Vive el que es libre, el que es joven y valiente. Más viva será si el que viene a las celebraciones sale con una sonrisa porque ha recibido algo para vivir de otra manera. La vida se recibe de el que es la Vida. Hablar de El, dejarle un sitio a El, ponerle a El en el centro. No lo nuestro, no nuestras circunstancias, no el poder, no los problemas, no las perdidas… si sus Palabras (vida eterna), si sus gestos (curaciones), si sus visitas (resurrecciones)… Sólo si El ocupa el centro de nuestra vida eclesial podrá ser viva nuestra comunidad. ¿Yo? A un lado, que viene el que puede cambiar cada corazón, cada cosa, cada hombre, cada mujer… ‘De ahora en adelante ya no te llamarás…. te llamarán…’ ‘porque me has conocido y te he dado una vida nueva’. Se me olvidaba. Esto ya lo hacen los obispos, y también lo hacemos los curas, hablar mucho de El y ponerlo como centro del proyecto del hombre, pero lo presentamos tan lejos, tan arriba, tan profundo, tan divino, tan inaccesible, tan… que no se entiende.
La otra cosa que he leído ha sido solo un titular a una entrevista
Inés Alberdi una ejecutiva española de la ONU: ‘La Iglesia no sale a la calle contra la violencia de género’. Casi nada. Estoy tentado de comenzar a hacer una lista de motivos por los cuales tendría que salir a la calle la Iglesia, es decir, nosotros. Pero ya se me ha hecho muy largo el apunte de hoy. Para otro día, más cosas y esta lista.
La foto también forma parte del artículo, de las cosas que quiero compartir.
¡¡Que se paren las bombas vengan de donde vengan!!
¡¡Basta de muertes!!
Esa tierra es Santa, es Prometida, es del Señor, es Sagrada…
¡¡Basta de sangre!!
¡¡Parad hermanos, parad!!
Dales, Señor, el don de la Paz.

miércoles, 7 de enero de 2009

Los Magos


Hasta hoy por la mañana era así de tranquilo el mar en que nadaba.
El dibujo de Ramón explica muy bien la sensación placentera, sosegada y 'divina' que dejaron los Magos.
Hoy el mar se ha levantado frío, agitado, lleno de olas que no puedo parar.
Volví a mi tierra, mi sitio, mi lugar... por otro camino, por otra senda, con otra intención.
Me encontré con lo de antes, con el ruido, con las olas que seguían dándose contra el mismo muro... Mi cambio no fue suficiente para apaciguar la tormenta, el muro se desmorona, el descanso se ha diluido como un segundo en un siglo, en un tic-tac.
Los Reyes bien, gracias.
Yo, como siempre, sin cambios.

viernes, 2 de enero de 2009

Manifestarse




Estos días de Navidad alguno de mis amigos han participado en la concentración (no piensen en los campos de otras épocas) y la Eucaristía para celebrar (¿celebrar?) el día de la familia. Había mucha gente en Madrid para ello. Vi un ratito por televisión (cinco minutos) justo cuando todo el mundo, mirando una pantalla inmensa de televisión, estaba esperando las palabras que Benedicto XVI, desde la ventana de su residencia, iba a dirigir a todo el pueblo de Dios con motivo del domingo de la Sagrada Familia. Justo en el momento en que iba a hablar en castellano para mencionar a todos los reunidos en Madrid se fastidió la voz. ¡¡Vaya mala suerte!! Era una imagen televisiva muy extraña, todos los concelebrantes cubiertos por su mitra se dieron la vuelta para contemplar la gran pantalla. ¿Qué era aquello que estaba viendo? ¿Se pueden hacer estos gestos en la liturgia? ¿O no era una liturgia? Entonces, ¿Por qué iban vestidos con todos los ornamentos necesarios para celebrar? ¿Por qué había un hermano (si, hermano) que ocupaba un lugar privilegiado? Creo que tengo demasiadas preguntas, todavía la rueda de molino no ha dado las suficientes vueltas a todas estas cosas para que haya un poco de harina, demasiado grano… creo que pican un poco y no quiero rascar demasiado no sea que se infecten. (Ya lo sé los granos con los que se hace la harina son de otro tipo, son de trigo ¿limpio?).



Bueno que me enrollo y no escribo lo que quería escribir. No me gustan este tipo de actos que nuestra querida Iglesia convoca. Ya lo he dicho, ahí queda eso. No es así y ahí cómo y dónde nos jugamos nuestra identidad. Creo que debemos partir de lo pequeño. La Navidad nos sugiere ese método como el camino adecuado para el cambio. Es en lo pequeño e indefenso (recién nacido, pobre y envuelto en pañales) donde los pastores (los personajes más próximos a nosotros de todos los que aparecen en los relatos de la Natividad) descubren algo grande. Algunos siguen empeñados en hacer grandes concentraciones, grandes encuentros, llenar más y más calles, más y más plazas, más y más estadios. Creo que eso nos equipara solamente a los políticos que pagan autobuses para llenar el campo de fútbol en una campaña electoral. Allí dicen lo que todos quieren escuchar y se acabó.



Creo que lo que debemos hacer los cristianos es salir del armario (no os asustéis, tranquilos). Lo proponía un artículo que leí estos días de Navidad en un confidencial de internet. Lo que me gustó es el título. Salir del armario, cuando se refiere a los homosexuales, significa que personalmente afronta su realidad, la hace pública arriesgándose a ser señalado con el dedo o marginado, a ser mirado de otra manera, lo hace ante sus amigos, ante su familia, ante la gente que lo o la conoce… no le importa lo dice y sigue su vida. Es un gesto de valentía, de honestidad con lo que vive y es. Lo hace público y todo el mundo puede reconocerle por lo que es. Ahí voy yo. Vamos a ‘salir del armario’ en nuestra condición de creyentes. No en una gran manifestación sino en un comentario con los amigos en el bar o con una manera alternativa y pública de celebrar nuestras fiestas de Navidad, o participando en un gesto solidario o una Eucaristía a deshora. Manifestemos nuestra fe sin miedo en nuestra escalera de vecinos, en nuestro barrio, con nuestros amigos, con nuestros conocidos… una fe sin grandes pantallas de televisión pero si de pequeños gestos que cambian la realidad que nos rodea. Somos pocos, estoy convencido de ello. Tenemos que actuar y proponer gestos de pequeños y de sencillos. Encarnados en la vida cotidiana de cada día. Ahí es donde no damos posibilidad a ser manipulados. Estos días leí también un artículo que me llamó la atención sobre lo que puede cambiar la vida de una persona cuando conoce a Jesucristo, el testimonio que da con su vida y su propuesta. No es fácil encontrar entre los famosos, entre las personas de cierto éxito profesional, un testimonio a favor de la Iglesia, de Jesucristo o de la importancia de tener fe en la vida. Esto supone ‘salir del armario’ en el sentido creyente del término, si lo tiene, claro.



No tengo nada contra la organización de encuentros como el de Madrid del otro día. Cada uno puede organizar lo que quiera, está en su derecho y es libre para ello. Pero me quedó una duda: ¿Quién era el protagonista de verdad de ese encuentro? ¿La familia? ¿El cardenal? ¿La Iglesia? ¿El Papa? ¿El número de obispos que asistió al acto? ¿Los muchos sacerdotes que concelebraban? ¿La cantidad de gente?... De lo poquito que vi y de algo más que leí no me quedó claro… me pareció entender que se habló mucho de lo que hacen unos que seguramente no asistieron al acto y que por lo tanto no les debió gustar mucho la organización del mismo. No les demos protagonismo, no les pongamos ‘a huevo’ el que vuelvan a ocupar sus ‘pulpitos’, que tienen más audiencia que los nuestros, para sacarnos los colores con determinadas cosas que nos avergüenzan a veces (recordar que somos pecadores) y a ellos les dan votos, simpatizantes y adeptos, que es lo que en realidad desean.



La mejor manifestación es la de la vida cotidiana, sirviendo, amando, dándose… y perdonando.