miércoles, 24 de octubre de 2012

Devoción



Me lo contaron antes de salir en procesión: los obispos franceses se han arrepentido muchas veces de suprimir todo tipo de manifestación de religiosidad popular. La verdad es que mi manera de entender la relación con Dios y el sentimiento religioso que de ello se desprende, también está lejos de este tipo de expresiones y experiencias. Este domingo tuve la ocasión de vivir, desde dentro, una de estas experiencias que me llenó plenamente y pude descubrir que hay que ir con prudencia, descalzarse, cuando se hacen manifestaciones sobre este tipo de experiencia religiosa que es lo popular, la calle y la tradición.
Fue en Onda. Estamos de fiesta, me incluyo aunque no viva allí ya que me afecta ya que estamos una semana sin colegio .Esto tiene otro apunte que ya llegará. El domingo se organiza una procesión con las imágenes de los patrones: San Roque con su perro, Nuestra Señora de la Esperanza  y el Santísimo Salvador. Estas fiestas no tienen un motivo religioso en su convocatoria pero en ellas se programan tres días con actos religiosos donde los ondenses manifiestan y cultivan las devociones que tienen su centro en sus correspondientes días de fiesta a lo largo del calendario. Dentro de estos actos religiosos el más significativo, según me han contado y pude vivir el domingo, es la procesión de en la que participé. Lo primero que me sorprendió fue el ‘run run ’de profundidad que había tanto en la entrada de la Parroquia de la Asunción como en el mismo templo. Era sano, era de ilusión, era de alegría, era de compromiso y responsabilidad… no había signos de cumplimiento vacío ni de relleno dentro de un programa repleto de otro tipo actos. La cosa empezaba bien. Esta sensación se mantuvo durante toda la procesión.

Quiero compartir con vosotros varias cosas que me han ayudado a acercarme a la religiosidad popular y que siempre agradeceré a esta procesión de Onda. En primer lugar el silencio y profundo respeto a lo sagrado que puede ver y sentir. Pasábamos por las calles estrechas del barrio de San Pedro, por la calle de los ángeles, por la plaza de la iglesia de la Sangre y la calle el Salvador… y no se oía ni un alma. Ya al salir a la plaza de la iglesia no había comentarios, la banda formada en orden guardaba silencio y preparaba sus partituras. No era un silencio forzado o exigido, era un silencio no excesivo o vacío y profundamente respetuoso. Daba gusto ser participe de esta expresión de sentimientos, el silencio en lo religioso no es alejamiento o ausencia sino compromiso y posibilidad de encuentro.
Un segundo momento es la devoción, respeto y atención de todos los que, sentados o de píe, admiraban el trascurrir de guiones, personas, imágenes, sacerdotes y autoridades civiles. No eran estatuas ni participantes indiferentes. Las lágrimas de muchos de ellos, las miradas cargadas de oración de petición o acción de gracias hacia las imágenes los delataban como auténticos protagonistas de la procesión. Muchos de ellos, mayores y niños especialmente, sentían que algo especial llenaba las calles de su pueblo. No era cualquier cosa, era la tradición, la historia y el presente del sentimiento vertebrador de la comunidad que es la referencia religiosa, los modelos o patronos que generaciones y generaciones han intentado imitar para seguir a Jesucristo y encontrarse con Dios.
En tercer lugar el momento de cantar, como una sola voz, el himno al Salvador. Llegamos el Raval de San José y ya estaba lleno, avanzamos poco a poco. Nos paramos todos. Tenía la suerte de estar justo a la espalda de la imagen del Salvador. Me saludó un ex-alumno que estaba feliz, elegantemente vestido… contento por las fiestas y su trabajo en el nuevo curso. De repente se apagaron las luces, comenzó la música y todo el pueblo, yo creo que estaban todos allí, entonaron los primeros versos del himno al Salvador. ‘Mostremos ondenses la fe y el cariño…’ Era un clamor. Lágrimas, emociones, recuerdos, memoria, presencias, respeto, mucho respeto… Esto fue una gran expresión del sentimiento religioso… Tradición, sentimientos, fe, celebración, fiesta, expresión de profundidad, sin dirigismos de la autoridad… Algo profundamente radical, de la raíz de la vida, de las familias, del ser humano. Expresión de identidad de pueblo, de comunidad creyente y forjador de futuro. ‘… que el alma atesora, que el pueblo heredó’. Religión que convoca, pueblo que responde, fe que se mueve, comunidad que se identifica y crea lazos de unidad… quizá esto sea la religiosidad popular que debía descubrir.
Gracias amigos por invitarme, recordarme mi lugar, empujarme y agradecerme, más tarde, que asistiera. Sentí que algo mío, en lo profundo de mi vida, se estaba llenando de Dios esa tarde. Los sentimientos enraizados en el corazón y manifestados en lo sencillo de la condición humana (unas lágrimas, un silencio, una sonrisa…) son máxima expresión del paso de Dios por la vida del hombre. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Encontrarte en casa


Todos tenemos una gran necesidad de encontrarnos con Dios. Es algo que vamos buscando desde hace mucho tiempo. Es parte de nuestro proyecto de vida. No es algo secundario en la vida. Los creyentes generamos actividades, momentos, propuestas que faciliten esta posibilidad de tener una experiencia de Dios que nos haga sentir su presencia y guardar las sensaciones que genera para poder ‘tirar de ello’ en otros momentos de la vida. Consideramos que descubrir a Dios y encontrarse con él es fundamental (de fundante) en lo que somos y hacemos.
Jesús de Nazaret es la mejor, la perfecta y la definitiva manifestación de Dios (Abba) en la tierra. ‘Nadia ha visto al Padre…’ ‘Quien me ve a mi ve a quien me ha enviado’ .Es una propuesta de cercanía, de Camino, de Verdad y de Vida para poder descubrir a Dios en nuestra vida. Por lo tanto la experiencia de encuentro con Dios (lo totalmente Otro) se transforma en una experiencia de encuentro con el Nazareno, encarnado, vivo y resucitado en medio de nosotros. Así la búsqueda de Dios que todo hombre y mujer tiene la hemos reconducido a una relación próxima y cercana con aquel que nos llama amigos, Jesús de Nazaret. El vive, así lo creemos, en medio de nosotros. ‘Cuando dos o más se reúnan en mi nombre allí estoy yo’ ‘Haced esto en memoria mía’. Por lo tanto, el encuentro con Dios se convierte en una relación íntima, madura y próxima con el Resucitado. ¿Cómo poder sentir, descubrir y gozar de este encuentro? Me remito a la Palabra de Dios: ‘cuándo a uno de estos mis pequeños los vestisteis, acompañasteis, visitasteis, les disteis de comer… a mi me lo hicisteis’ Así el encuentro con el hombre,  con el más necesitado, es el mejor itinerario para encontrarnos con el amigo (os llamo amigos). La humanidad, el hombre y la mujer de este mundo se convierten en ‘lugar’ de encuentro con Dios.
¿Dónde se puede dar ese encuentro? ¿Hay que generar espacios singulares para ello? ¿Debemos buscar lugares y momentos de encuentro? Creo que del todo necesario. Es útil que exista, es útil que dediquemos momentos y tiempos para encuentros especiales, o ‘sentires’ singulares… pero quiero proponeros que ese encuentro con Jesús, el amigo, que nos conduce a un cara a cara con Dios, que es lo que buscamos y anhelamos, se dé en la vida cotidiana, en el día a día, en cada cosa que hacemos y en la que participamos. Para poder acercarnos a esta realidad, a esta propuesta os propongo descubrir qué hacía Jesús en las casas, si en las casas donde era invitado, donde se invitaba, donde vivió con su familia, donde hacía milagros, perdonaba, curaba, proponía, se sentaba con sus amigos a charlar, donde lloraba por la muerte de un ser querido... Como veis nuestro hacer cotidiano. El era amigo de sus amigos, acudía a las casas a compartir la vida, a vivir con ellos, a estar a su lado. En los hogares dónde él se hace presente es dónde ha dejado grandes lecciones para nuestra vida, mucho más que en los templos o las sinagogas. Os quiero proponer que intentéis descubrir a Jesús en lo cotidiano de nuestro hogar, de nuestro día a día, de nuestra vida. Jesús se hace el encontradizo en una enfermedad, en un dolor, en una fiesta, en una conversación, con unos amigos, con los que nadie quiere, en la pobreza, en la riqueza… Lo que nos sucede a nosotros cada día. Muchos trozos del Evangelio están llenos de momentos en las casas: Belén, con Zaqueo, con Simón el leproso, con los niños que le acercan, con un paralítico que descuelgan, con la suegra de Pedro, con los discípulos escondidos y asustados… La casa también para nosotros se convierte en lugar de encuentro con amigos. El hogar, lo cotidiano de la vida puede y debe ser lugar privilegiado de encuentro con Dios. Después de ser echado de la sinagoga de Cafarnaun hace un milagro en la casa de su amigo y discípulo Simón. Esa es una clave para entender la relación de amistad y cercanía con Jesús de Nazaret, único Camino para le encuentro con Dios que anhelamos. 

sábado, 20 de octubre de 2012

Adormidera



El Roto, dibujante de El País, al que le acaban de conceder el premio Nacional de Ilustración publicó ayer en su columna el dibujo que ilustra este comentario. No necesita comentario. Lo estoy viviendo. Parecen revolucionarios (tres días de huelga en la enseñanza pública apoyados por sus padres ya que la mayor asociación de padres de la escuela pública también la convocó), parecen alguien que puede cambiar el mundo (son el futuro, ocuparán los lugares de decisión en él), parecen auténticos hombres y mujeres libres (exigen el uso de la misma en cada cosa, en cada propuesta), parecen los que se van a comer el mundo (tienen energías para eso y más)… y resulta que ante una adormidera en forma de botella ayudada por la permisividad de los adultos que los acompañamos, la ausencia de todo tipo de normas, las puertas cerradas a cualquier tipo de control en sus lugares de ocio y encuentro, del dinero que no existe y permite adquirir sustancias nocivas para la salud, el dejar hacer y mirar para otro sitio, el no dar importancia por el hecho de ser sólo una semana o diez días o el fin de semana, de autoconvencerse que no pasa nada…se convierten en muñecos rotos, mentes perdidas en océanos etílicos. Esos jóvenes (menores edad) que gritan ¡¡libertad!! y una mundo más justo o una educación de mayor calidad… al esconderse detrás de una botella y agarrarse a un vaso dejan de ser ellos mismos y se convierten en veletas que otros hacen girar y girar...
¿Quién se está forrando con todo esto? Por favor, necesito que alguien me lo diga, que alguien salga a la palestra y diga quien es el que se beneficia por el hecho que unos ‘niños’ estén tirados en las aceras, que se pueda beber en la calle, que se llenen las urgencias… Se benefician los que no reciben los gritos al pedir justicia, dormidos molestan menos. Se benefician los que cobran grandes impuestos al legalizar la adormidera en forma de botella. Por último se beneficia el que la vende.
Por favor que alguien pare esta auténtica locura.  Es una especie de concurso de Les Luthiers titulado ‘El que piensa pierde’. No entiendo nada, que alguien ponga coto a todo esto. Esto si que es una crisis de verdad y no esa que llena los periódicos cada día.
¿Quién se beneficia de esta adormidera legalizada? ¿A quien beneficia que la energía de estos jóvenes esté dormida, apagada o perdida? ¿Quién permite que la adormidera corra por las calles sin ningún tipo de coto o control para cualquier edad, en cualquier circunstancia?... Todas las preguntas conducen a la misma respuesta… Pues eso. 

martes, 9 de octubre de 2012

¡¡Viva la cultura!!




Estuve tentado de gritarlo la otra tarde en la presentación de un libro de poesía de Javier Aguilella. El poemario se titula ‘El universo de los perdedores’ (finis Térrea_ediciones). Poesía, música en directo, cortos de cine… palabra, imagen, música. Todo gratis, todo un regalo, todo de casa. Una gozada. Un ratito para guardar en el rincón de la esperanza, en la despensa donde acudir cuando uno pierde la fe en el ser humano.
Igual que al final de una procesión siempre hay alguien que grita. ¡¡Viva…!! colocando el santo o la virgen que ha recorrido las calles. Igual que en un banquete de bodas se grita a los protagonistas del sacramento un ¡¡Viva los novios!! al que todos responden…¡¡viva!! Estuve tentado de gritar ¡¡Viva la cultura!! Digo estuve porque me contuve. No me atreví. Otro de mis miedos que me encojen, que me dejan seco, que me reprimen… No creáis que el miedo era por si me detenían con una camisa de fuerza ya que en este momento la cultura no ‘sirve’ para nada… ¿Da de comer? ¿No? Pues no sirve. Que pena me da la utilización de la palabra servicio para estas cosas. No lo dije por pura vergüenza, esa vergüenza cobarde que nos hace cómplices de un mundo gris, triste y conformado. Pero tenía unas ganas de gritarlo…
En nuestra sociedad no se recibe ni un mensaje sobre la importancia que tienen estas cosas, esta parte de lo que es propiamente humano. Lo cultural, la expresión, la creatividad, la propuesta de sentir, la expresión de lo profundo, la manifestación de lo interior, la vibración ante un sonido, una palabra que recoge todo, una imagen original y distinta, la expresión de un agradecimiento, un regalo (la poesía lo es) del corazón, emocionarse… Esto es lo más importante de la vida y no se enseña en los colegios (colaboro en la dirección de uno), no aparece en los borradores de las leyes anuales de educación, ni en las propuestas de mejora… ¿Os imagináis que se pusiera como objetivo (ya sé que no se puede evaluar) emocionarse ante un poema? Eso si que sería un avance en la educación… Tampoco sobre esto se recibe ni un mensaje motivador en nuestra sociedad. La palabra productividad ha pasado por encima de toda actividad humana, o se cuantifica o no es importante. La caja registradora es el nuevo (ya está viejo y por eso nos va como nos va) oráculo de Delfos al que hay que acudir para saber si hago o no hago, cambio o no cambio, estudio o no estudio. Lo cultural solo ocupa las primeras páginas de los periódicos en referencia al IVA (por cierto, que es tremendamente injusto el subidón del mismo para las actividades culturales)….
Pero bueno mientras tanto me conformo con el intento de gritar ¡¡Viva la cultura!!

Comparto un poema.
Me gusta ver cuando te duermes.
Sólo para saber cómo es la forma de tus sueños

sábado, 6 de octubre de 2012

Infierno



Os voy a confesar que no creía en el infierno. Sé que está mal, que debería haberlo hecho… pero conocer las ‘entrañas de misericordia’ de Dios Padre-Madre me impedían hacerlo. Hay que elegir entre las dos cosas a la hora de colocar prioridades en la escala de valores, y por lo tanto, el infierno no ocupaba ni un sitio en mis preocupaciones, referencias de vida o criterios de discernimiento para mi hacer de cada día, para mi proyecto de vida. Por el contrario ‘las entrañas de misericordia’ de Dios eran referente para sentirme abrigado, animado y esperanzado. La salvación es un regalo de Dios por y para todos, el ‘perdónalos’ de la Cruz era para todos, cada uno de los hombres y mujeres de este mundo.
De un tiempo a esta parte las cosas están cambiando en mi corazón. Creo que el infierno debe existir y lo creo firmemente. Me cuesta aceptar mi derrota de principios y moral. Debo dar la razón a aquellos que han construido su mensaje de salvación sobre ese lugar llamado infierno y se han referido a él para asustar, amedrentar y, según ellos, prevenir. Su discurso del fuego purificador, del llanto y rechinar de dientes, de demonios que hacen ‘la vida’ imposible, de la ausencia de toda misericordia para algunos que se van a condenar…me ha podido, admito mi derrota y voy a ser desde ahora ferviente anunciador de las estancias de Belcebú como destino de aquellos que han hecho de su vida un castigo para los otros, que han generado conflictos que corroen la dignidad humana de las personas, que han privado de dignidad a los hombres y mujeres de este mundo, que han convertido las relaciones entre las personas en un mercado…
¿Qué me ha hecho cambiar? Muy sencillo. He descubierto que no puede haber ningún tipo de perdón para aquellos que se están aprovechando de la desesperanza de los hombres y mujeres de este mundo para hacer daño, para enriquecerse, para mentir, para quitar derechos, para ningunear a sus congéneres, que han robado lo que no existía… No puede ser que estos que llevan corbatas de Loewe o de Hermes manchadas de ‘gotas de sangre, sudor y lágrimas’ de los últimos coincidan en la misma sala de espera para entrar en el paraíso con aquellos que buscan cada día la defensa de sus derechos y de la justicia, los últimos, los que no tienen nada más que la mirada de Dios... Mis padres, igual que otros muchos, desde su humildad y sencillez lucharon para que la educación fuese de calidad, para que la sanidad y el acceso a la misma sea universal, para que lo común se respete, para que las pensiones fuesen dignas, para que los ancianos disfrutarán del último tramo de su vida con sosiego, para que los niños pudieran jugar al mismo tiempo que van al colegio, para que las calles fueran lugar de encuentro y no de ‘mamporreo’, para ser escrupulosos con el dinero de todos… Estos, aquellos, esos… que les importa un comino todo esto, que están gobernando ahora y gobernaron antes, que son insaciables en el tener, que arruinan bancos a costa de los sencillos y quieren más y más, miles de millones de euros… estos tienen que tener un infierno, una hoguera donde calentar y quemar sus responsabilidades, esas que son incapaces de asumir aquí y ahora. Banqueros de pacotilla, Mercados que no se sabe quién son y dónde están, Poltiquillos, BotinesyGonzález, FabrasyCamps, Rodríguez-zapateros, PepiñosyGriñanes, Marianos-rajoy, MasyLleidas, UrkullusyBatasunos… Deben saber que es su responsabilidad todo esto… y cómo ahora no lo descubren, ni lo asumen, ni lo arreglan, y miran para otro lado… tendrán tiempo, mejor dicho eternidad, para descubrirlo…
Algún infierno, o estancia en él, tienen que pasar estos abusadores que aprovechan conyuntura para apretar el cinturón del pobre hasta dejarlo sin respiración, del que no tiene nada y no aspire a tener nada en el futuro, para quitarle la esperanza, para convertir su trabajo en casi esclavitud… ¡¡Basta ya de mentiras y de pensar que todo lo puede pagar el pueblo, el de abajo, el último!! Ellos son pueblo, que comiencen a pagar ellos asumiendo su responsabilidad, contribuyendo con sus bienes y, sobre todo, devolviendo lo que han robado o…. al infierno. 

lunes, 1 de octubre de 2012

Libres



Solo un pequeño comentario para salir de este vaciado de musas en el que el destino me tiene metido…
Leí no hace mucho que la libertad es la capacidad de hacer una pausa entre estímulo y respuesta (Rollo May).
Me gustó… y puse la ruedademolino a pensar… esa frase necesitaba harina.
¿Cuál es la libertad? ¿el intervalo o la capacidad de salir de él? ¿Dónde está el ejercicio de la misma? ¿en recibir el estímulo y pararse o en responder? ¿Podría haber libertad sin estímulo? ¿Sólo se es libre respondiendo o esperando? ¿El momento más libre es la respuesta o el intervalo?
No hay manera de salir del círculo…
Un amigo me dijo que solo tiene algo aquel que es capaz de elegir, de escoger… pierde 100 o 1000 pero si ha elegido tiene algo. Si no lo hace parece, sólo parece, que tiene mucho. Me gusta. Creo que la libertad está en elegir, en la respuesta, y esto solo es posible si existe intervalo entre la zanahoria y el primer paso… seguimos siendo libres si en ese momento decidimos pararnos como burros indómitos, desobedientes y malas bestias de carga o pegar un bocado al alimento que se nos muestra como realidad y al mismo tiempo como cebo.
Voy a pararme un momento antes de decidir… voy a ejercer mi libertad decidiendo… el estímulo me ha puesto en funcionamiento. He pensado mucho que la libertad es un todo, gozar con el estímulo, pararse a sentir, decidir, sopesar… discernir y después con sosiego y calma decidir, seguir, dar un paso o pararse. El camino depende de ese simple ejercicio de decir sí a una cosa rechazando 1000 o más maravillosas.
Este no es un tema baladí. Los que somos creyentes, yo por lo menos lo soy y pienso lo que voy a escribir, pensamos que la libertad es una de las muestras más claras de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios. Si Dios es amor, la Biblia lo dice, no puede ser otra cosa que libre. Si tenemos (algunos dicen aparentemente) libertad, si somos libres…. ¿Será esto una de las partes más importantes de ser ‘semejantes e imagen’ del Creador? Yo ni lo dudo. Por eso cada vez que se priva de libertad, que se esclaviza, que se deshumaniza a alguien (individuo o grupo) estamos cometiendo el mayor pecado del mundo, privar de la imagen de Dios a semejante a Él.
Me paro un momento ante el estímulo del abandono. Dos segundos ante la comodidad. Un poco más ante el dejarse llevar. Una meditación necesaria ante el mirar para otro lado. Dos largos minutos ante el que dirán. Seis tardes ante un nuevo proyecto de vida. Algo de tiempo ante una tentación y… ¿sabéis que os digo?
1. Que estoy cansado de tanto intervalo y decisión… me encantan las zanahorias.
2. ¿Te llamarán burro? Oigo en la conciencia…
3. No me preocupa demasiado, sé que no lo soy…
4. Soy capaz de emocionarme ante un naranja maravilloso, ante unas hojas verdes que transmiten frescura, ante el olor de la tierra recién humedecida que ha alimentado al tubérculo…
5. Me gusta y la quiero, es para mi.
6. ¿Decido? Claro pero sin intervalo.
7. ‘Carpe diem’
8. Fuera los miedos.

¿Será esta enumeración el intervalo maldito? Quizá sí… apareció la palabra maldita de la libertad, miedos. Con ella se pierde lo importante. Solo nombrarla la hace presente. Miedos que generan las cosas que se van, los fríos que se avecina, las vergüenzas que se pasan, las miradas acusadoras que traspasan… No dejemos que otros decidan por nosotros, nada de invadir el intervalo de otros, nada de dejarse ‘comer’ el intervalo por esos que se consideran pequeños dioses o interpretadores de los mismos (no profetas, eso es otra cosa)… si ocupan en intervalo se termina la libertad, dejamos de equivocarnos,  brotarán en nosotros los mayores miedos imaginados.
Para ser libre, se tú mismo, emplea el intervalo, decóralo de aquello que a ti gusta, de los que no hace daño ni a ti ni a los otros… y decide, decide… no te pierdas en el intervalo.