jueves, 23 de abril de 2015

Sonrisas

Ganadoras de concurso en el Ayuntamiento

La vi hoy en la cara de mis alumnos. Estaban recogiendo premios en el colegio, en el Ayuntamiento. Sonrisas del trabajo bien hecho, del reconocimiento, de sentirse importantes, de saber que su trabajo es mirado, admirado, valorado. Es algo sencillo, es algo que podemos hacer en el aula cada día. ¿Por qué no lo hacemos más? ¿Consideramos que perdemos si ellos disfrutan? ¿Todavía seguimos pensando aquello que estudiar es muy duro, sacrificado y de serios?
La sonrisa que sale de sus labios, entre tímida y de excusa, es una sonrisa de sentirse importantes, de querer parar la palabra que no saben pronunciar y que les da vergüenza pero que la tienen dentro de su boca, en la punta de la lengua,  y que viene desde del corazón: gracias. Es una mueca de complicidad y de querer manifestar lo mucho que están dispuestos a dar, a luchar, a sacrificarse por hacer las cosas bien.

A veces pienso que educar, que proponer actividades, que dar clase, que acompañar procesos de aprendizaje es más fácil que lo que pretenden que hagamos (exámenes, pruebas diagnósticas, revalidas…). Una propuesta, un poco de originalidad, dejad que ellos sean protagonistas, atreverse a asomarse al precipicio (como decía Javi Aguilella esta tarde en el colegio), empezar diciendo fantástico antes de criticar el trabajo, nuevas herramientas de expresión… Esto no es tan complicado es aplicar lo que nos gustaría que hicieran con nosotros: querernos y valorarnos por lo que somos y hacemos.

martes, 21 de abril de 2015

Un niño






Es un niño. Dicen que la ballesta la hizo él mismo. No sé sabe bien qué pasó. Sabemos el resultado. Un profesor muerto, asesinado por un alumno, otros heridos. Una auténtica tragedia. Una locura. ¿Qué está pasando? ¿Por qué tanta violencia? Me contaba una amiga que en un centro que conoce le tiran a la directora los papeles a la cara. Conozco esa actitud desafiante, esa actitud de todo vale, esa actitud de respuesta con burla y violencia.
Los jóvenes/adolescentes tienen una realidad difícil de asimilar. Quieren ser adultos  y encuentran posibilidades de serlo en algunos espacios, y son niños por edad y también por determinadas búsquedas y formas. Tienen todo a su alcance, como lo tienen los adultos, pero no tienen un corazón y una cabeza preparada para asumir responsabilidades, para aceptar las consecuencias de sus actos, para valorar lo que hacen y son. Tienen toda la información (sexo, violencia, juegos, información, drogas, consumos, música, ideas, argumentos, contenidos… ) al alcance de su mano, nunca mejor dicho, en el teléfono suyo (hay que ver los que usan, sorprende cuando se contrasta con la falta de poder adquisitivo de alguno de ellos y el modelo que utilizan) o en el de sus padres que sé lo dejan. No tienen miedo, está todo a un movimiento del dedo, es decir de un impulso, ‘un prueba’ o ‘un gustar’. Esto sin la compañía adecuada, sin la charla oportuna, sin estar al lado de… sin contrastar posturas, posibilidades, sin recibir un ‘no’ a tiempo es complicado…. Son niños en muchas cosas y quieren ser adultos, y aunque nos sorprenda pueden serlo, en otras. Encontramos niñas de trece años que visten como mayores pero con gustos de niña. Niños que juegan como niños a videojuegos y que son capaces de estar toda la noche deambulando por ‘casales’, peñas, garitos oscuros visitados por no se sabe quien…
Aquí, en esta huerta es donde se puede dar este caso del niño de Barcelona, donde se pueden encontrar casos de desorden, perdida de control, decisiones de respuestas irreversibles sobre y hacia los otros. Hoy es un insulto, mañana una pelea, pasado una lista de ‘equis’ personas que me caen mal. Es una situación donde el otro no cuenta para nada, mejor dicho, si cuenta pero solo para el placer, para el permitir, para el dejar hacer, para servir, para darme lo

que necesito… Tiranos en potencia de los padres, algunos realmente. Algunos de los padres son cómplices sin saberlo. El caso del niño de Barcelona es un caso aislado en su gravedad, que habrá que analizar bien, sus padres y las autoridades, de las verdaderas razones que le han llevado a eso.
Mi reflexión anterior no quiere ser alarmista, no deseo ser catastrofista. No son todos, ni muchos, ni la mayoría, ni bastantes…son pocos, algunos aislados, casi desapercibidos… pero los hay con esta descripción negativa del primer párrafo. Los hay y tenemos que estar atentos los que nos acercamos a ellos cada día. No para echar, marginar o señalar con el dedo. No para dejarles la marca y el lastre de la diferencia o la posible peligrosidad. Nuestra atención como educadores es para cuidar, para acompañar, para hacerles cambiar, para prevenir, para darles sendas que les ayuden a no acudir a la violencia sin más, a los golpes sin más… ¿Cómo hacerlo?

  1. Enseñar a resolver los conflictos con el diálogo. No ser nosotros los que señalemos, con nuestras palabras y gestos, otros caminos de gritos, marginación y violencia, desprecio... Esto no se educa en la adolescencia, es anterior, es desde siempre.
  2. Escucharles. Generar espacios, tiempos, momentos, acompañamientos para que puedan expresarse, para que se sientan valorados, para que puedan descubrir que otra manera de hacer es posible. Tutorías más personalizadas con procesos de acompañamiento y seguimiento.
  3. Acercarnos con la verdad y la valoración de lo que son. Su autoestima tiene que crecer desde lo que son, no desde el envalentonamiento ante situaciones, la prepotencia o la minusvaloración del semejante. ‘Tú eres el importante, a mi me interesas’. Deben desaparecer de nuestro lenguaje expresiones que hieren esa autoestima y esa imagen de sí mismo.
  4. Conocer unas normas de comportamiento y de funcionamiento de las relaciones en el centro, entre iguales y con la autoridad. Se explica, se acepta, se respeta por ambas partes, se hace cumplir. Las normas son aceptadas y el no cumplimiento de las mismas tiene unas consecuencias claras y conocidas previamente.
  5. Acompañar procesos de reflexión, de pausa, de sosiego ante las situaciones a las que se enfrenta. Dedicar un tiempo a pensar con ellos, a descubrir con ellos. Sentirse queridos, al mismo tiempo que exigidos, en su tarea y en el cumplimiento de unos compromisos adquiridos.
  6. Realizar un seguimiento de su trayectoria desde el centro educativo basada en una propuesta clara de convivencia y ofrecer alternativas para los pasos siguientes de autonomía e independencia personal, cambio de centro o abandono del sistema educativo.
  7. Que la juventud encuentre cerca, posible y real alternativas de ocio con los semejantes, alternativas visibles (luz) y participativas donde se les tenga en cuenta en programaciones, intereses y programas
  8. Eliminar del sistema educativo la palabra fracaso y la realidad a la que este termino aboca: marginación, retraso, inferioridad, repetir…
  9. Crecer como profesores en empatía hacia y con los alumnos. Nosotros la tenemos y así la educamos para que ellos la tengan, para que crezcan en ella. No digo caricias, pero si escucha, si comprensión, si descubrir aquello que pasa por su cabeza y su corazón, hacerlo nuestro y devolverlo con mucho cariño transformado para crecer.
  10. Descubrirles como auténticos maestros y protagonistas de su educación donde necesitan guías fiables y fieles. Ofrecernos nosotros a serlo y no decaer en el intento. 

lunes, 20 de abril de 2015

700



Muchos días sin actualizar esta página. Vamos a intentar que no sea así de ahora en adelante. Hay que dar rienda suelta a la ‘ruedademolino’, dejar que el trigo sea machacado convenientemente y pueda hacerse harina, unas veces amarga y otra materia prima de un gran pan compartido.

Más de 700 seres humanos, personas perdidas para siempre en el mar. Jóvenes, mujeres, niños, adultos que nunca más se supo de ellos. Víctimas de un sueño, víctimas de un mundo muy mal repartido. Victimas mías por seguir manteniendo en silencio un privilegio que me ha sido regalado y que yo puedo trocear, dejar, perder en parte o totalmente para que ese sueño, vivir con dignidad, no tenga como única salida un viaje a ninguna parte, sin ningún resultado. Víctimas de unas mafias de auténticos salvajes que han hecho de las personas mercancía, de los seres humanos productos de compra/venta. Ante estos animales que son capaces de llenar un barco con 700 personas exijo una respuesta contundente de las autoridades, una persecución sin compasión de los que se lucran con las vidas humanas, con los sueños de los que sólo buscan vivir. Víctimas de leyes, normas y fronteras que los estados organizan para hacer muros y no puentes entre los seres humanos.
¿Es imposible vivir? El derecho a a la vida, y una vida digna, debe ser universal. Una vida entre tu gente, entre tu familia, entre y con los tuyos, se deja parte de este derecho para soñar con al primera parte: vivir. Y se pierde una y otro en un viaje inimaginable y casi sin mapa.  
No podemos permanecer indiferentes. Algo hay que hacer aquí y allí. '¿Dónde está tu hermano?' No podemos callar, agachar la cabeza, mirar para otro lado. La pregunta es hoy, ahora y directa, para ti y para mi... Que suene fuerte esta palabra: HERMANO. A mis alumnos les explico que significa la fraternidad y que este es el proyecto de Dios para la humanidad. Ellos lo entienden con una frase muy sencilla. Fraternidad significa ‘el otro es mi hermano’. El otro sagrario de Dios en medio del mundo. El otro el de al lado y el de lejos. El otro con cartera o sin cartera. El otro que tiene y el que busca. El que sueña y no deja soñar. Este proyecto de Dios no puede construirse con la indiferencia o con el compartir las migajas, con las verjas o las leyes de hacinamiento en centros maquillados que son auténticas cárceles para hombres y mujeres que no tienen ‘papeles’, como si los papeles dieran la dignidad de hijos, de hermanos…
Hay responsables, hay culpables. Responsables de lo que ha pasado y de cambiar las leyes, las normas para que no vuelva a pasar. Hay culpables que deben ser perseguidos y deben ser juzgados y condenados.

Una última pregunta para vencer mi indiferencia. ¿Qué pasa con las familias que se han quedado en la tierra de estas 700 personas? ¿Cuánto les durará las esperanza? ¿Quién llenará el hueco de su corazón al no recibir ninguna llamada, ninguna noticia…? ¿Cuánto puede durar el deseo y el sueño compartido con el hijo, el nieto, el esposo, que se fue y no responde y no llama? 

jueves, 2 de abril de 2015

Desvívete



Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
(Santa Teresa de Jesús)


Al acercarme a la Semana Santa y la Pascua este año quiero hacerlo con estos versos de Santa Teresa ya que estamos celebrando en la Familia Carmelita, especialmente en la Orden Carmelita Descalza, los 500 años del nacimiento de la ‘andariega’ santa abulense.

Vivir y morir son parte de la condición humana. Morir desde el nacimiento, vivir para morir y darse, morir deshaciéndose en los otros, vivir plenamente en el negarse a sí mismo… Morir y vivir, verbos que caminan de la mano en nuestra condición de hombres y mujeres. Morir es lejanía de Dios. Vivir es plenitud en la entrega y cercanía de hacerlo al lado de los otros, al lado de los que sufren, de los que luchan, de los que caen… muriendo con ellos en su dolor voy viviendo intensamente. Vivo al morir cada día para los otros, dándome sin medida, sin reservas. Es la pasión en y por los otros lo que nos hará vivir con intensidad, será al mismo tiempo la pasión que nos irá haciendo morir poco a poco pero con la satisfacción de la entrega. Morir es tenerle lejos, vivir es estar con Él. Vivir es morir como Él muere desviviéndose, de una manera apasionada por la condición humana, por el hombre que sufre. Morir es vivir vacío y lejos de lo mucho que Él nos da, nos pide… Sólo en su encuentro vivo, sólo en su ausencia muero viviendo sin ningún sentido. En el morir por el otro me encuentro con el vivo y resucitado. 'Para mi la vida es Cristo y morir una ganancia' (Filipenses 1, 21)

La Semana Santa es la culminación de la vida de Jesús, vida en la que se desvivió día a día en los caminos de la Palestina de su tiempo. El sello definitivo a un desvivirse que comenzó en las noches frías de Belén, el desvivirse por la humanidad del Hijo de Dios. Es la cima de la entrega y la respuesta total y radical a la voluntad de Dios por parte del que toma la condición de siervo y  que recibe la mayor de las respuestas de un Padre, ‘con las entrañas de misericordia’ como verdadera Madre que no puede dejar a su Hijo sin aquello que le define: Dios de la Vida. No hay Semana Santa y Pascua sin la referencia a toda la vida de Jesús por los caminos de Galilea. Su mirada es una mirada que hace que vaya muriendo poco a poco con el leproso que encuentra al margen del camino o el gesto enojado ante los fariseos, que hace que su vida se vaya rasgando, al perdonar los pecados de un tullido que le llega por el techo de su casa, se desvive por él al perdonarle y al pedirle que se ponga de píe, cargue con su camilla y regrese a su casa. Su desvivirse convierte el perdón en hacer al hombre caminar erguido, como hijo, lleno de dignidad.  
Jesús se va desgastando y desviviendo por cada hombre y mujer que encuentra en el camino de su vida. Una tarde en una plaza rodeado de gente nota que alguien le ha tocado. Está rodeado y siente que alguien le está pidiendo vida, necesita de su palabra para vivir. Quiere saber quien le ha tocado para quedar sanado. Es una mujer… la mira con pasión, con compasión y se desvive por ella ofreciéndole la vida que Él tiene para que ella viva. Anticipo de la Cruz donde asumirá las cruces del sufrimiento y el dolor de todos los que nos acercamos a Él. No hay medias tintas en vivir desviviéndose, hoy es en un camino, mañana en la tumba de un amigo, un poco más adelante se desvive por la casa de su Padre, que ‘hemos convertido en casa de mercaderes’.

Desvivirse por los otros que sufren, es vivir apasionadamente el encuentro con ellos y no reservarse nada de lo que llevamos dentro, de lo que somos. Jesús se desvive por los pecadores, los busca, los acoge, se deja lavar los píes por ellos, habla de ellos como hijos que regresan, se sienta en su mesa, pide ser acogido en sus casas… ha venido a ‘desvivirse’ por los que están lejos, no descansa hasta que los encuentra, los pone en sus hombros, carga con ellos y les da calor, como un buen pastor que da la vida por sus ovejas. No hay descanso en su pasión y compasión por el hombre, es un desvivirse continuo.
La última cena será expresión de esa entrega, quiere quedarse, quiere hacerse presente en medio de todos aquellos que parten su pan con el hambriento, que se desviven por los que sufren. Sienta a su amigos, los llama a compartir mesa y mantel para que descubran que hacer memoria de Él es partirse y desvivirse, deshacerse, por el hermano. Así se hará presente en medio de ellos, lavando los píes al otro, agachándose, desviviéndose por el bienestar de los que últimos.
El Viernes Santo es el desvivirse en totalidad. Su vida, su Reino, su todo… no es del Sanedrín, ni del gobernador… es de Dios y como tal responde con lo que es y tiene, la vida. Aquel desvivirse por los cinco mil que no tenían que comer y le llevó multiplicar lo que eran y tenían, su desvivirse para que en Caná la boda terminara con el mejor de los vinos… ya tiene colofón, es la entrega generosa, total, gratuita de todo lo que es, un hombre que da la vida sin bajarse ni un momento del proyecto que Dios tiene para la humanidad, el proyecto de un mundo más justo, más fraterno. Es esto lo que lleva al patíbulo… si se retracta vive, pero decide seguir y responder desviviéndose para que todos vivan ese maravilloso proyecto que es la condición de hijos de Dios.

La mañana del sábado los que se desviven son los que habían salido de sus casas en Galilea y están desperdigados por las calles de Jerusalén. Es un desvivirse diferente y poco generoso, más para conservar que para dar. Escondidos para no ser reconocidos o empezando a volver a casa preparando excusas para justificarse. Se están desviviendo por el fracaso, un desvivirse estéril que solo conduce a la ansiedad y la tristeza. Porqués sin respuesta, fracasos por intenciones equivocadas… Pero alguien se está desviviendo por ellos todavía, es María, la Madre del Señor, que los busca, los anima y los ha hecho hijos después de ver y oír a su Hijo en la Cruz. Empieza a desvivirse y a ser referencia de encuentro, de ánimo y de esperanza a pesar del dolor de madre por la perdida, con la esperanza firme por la mirada de su Hijo y la entrega de aquel discípulo tan querido por el Maestro.

La mañana del tercer día se llena de vida… una luz guía a las mujeres que quieren desvivirse por el cuerpo sin vida que no van a encontrar… y termina en una carrera, en un desvivirse por anunciar que el sepulcro está vacío, que han visto al Señor, que les ha anunciado que es en la vida, en la Galilea de cada día donde tienen que desvivirse por encontrarle, por anunciarle. Mujeres madrugadoras para el encuentro, despiertas que saben mirar de otra manera, desde el corazón y que al escuchar su nombre se ruborizan por el mucho amor que reciben.

La pasión es un continuo desvivirse por el hombre de aquel que siendo de condición divina (Flp 2, 6), se despojó de su rango, se hizo de tantos… y se desvivió por todos los hombres y mujeres de este mundo. No se reservó nada de su vida para Él, se entregó a la Cruz para abrir los brazos en un último abrazo de entrega total, desviviéndose para la salvación de la humanidad. Ahí escucha y recibe la exaltación de Dios para que ante Él toda rodilla se doble y lo proclame Señor. Es arrodillándose, desviviéndose por y con los otros como respondemos cada día a la entrega generosa del Hijo de Dios, a la exaltación que el Padre hace de Él.

Desvivirse es morir por y con el otro, es morir para que el otro vida. Vivir intensamente la Semana Santa y la Pascua es hacer Memorial de aquel que se desvivió por nosotros para que nosotros tengamos vida en abundancia y podamos desvivirnos también por los demás cada día. ¡¡Vive este Misterio desviviéndote!!