sábado, 29 de mayo de 2010

Ser


Era el siguiente paso de la rueda. Decidir, apretar y ser. Es la clave de la vida. Se lo intento explicar a mis alumnos pero es complicado: que coloquen sus decisiones, todas sus relaciones, todas sus cosas (como dicen ellos) en el plano del ser, en el ámbito de lo importante. ¿Cómo se explica esto? No lo sé muy bien.
¿Qué somos?
Somos criaturas, hijos de Dios. Llenos de la dignidad que esto conlleva.
Somos únicos e irrepetibles. ‘Jarrones’ hechos a mano por el mejor de los alfareros.
Somos personas, no cosas. Abiertas, cambiantes, capaces de respuestas diversas, llenos de locuras y sentidos.
Somos libres, no veletas, si no responsables.
Somos proyectos por hacer por nosotros mismos, por los otros, por el Otro.
Somos capaces de ser felices y de hacer felices a los demás.
Somos hermanos de los otros, llamados al gran proyecto de Dios para el hombre y la mujer de este mundo: la fraternidad. No vivimos solos.
Somos capaces de transformar el mundo.
Somos fruto del amor.
Somos dadores de amor.
…..

¿Por qué no lo creemos?
¿Por qué tanta miseria?

martes, 25 de mayo de 2010

Apretar


Quien mucho abarca poco aprieta. Esta es la frase que me da vueltas por la rueda desde hace unos días. Me siento identificado con ella. ¿Por qué? Por la sencilla razón que no aprieto nada. ¿Será por el abarcar excesivo? Probablemente si.
Demasiadas cosas, demasiados frentes abiertos (carpetas dicen algunos ahora que no hay guerras en la proximidad), muchos proyectos diseñados, muchas ideas, excesivos compromisos adquiridos…. ¿Para qué? Para nada, para no terminar nada, para no apretar nada, para generar solamente desengaños alrededor, a los que esperan y a los que afectados por los planes. Ilusiones fundamentadas en alguien que simplemente, como decía un fraile al que quise con locura, que es un hombre fácil, es decir, que no sabe decir que no.
Tengo que decir que no a muchas cosas en mi vida para poder apretar en otras, apretar no para castigar si no para sacar de estas todo el jugo para los otros y para mi mismo. La disponibilidad, que se me supone, no es para decir si a todo. Esta manera de entender la disponibilidad la he convertido en imprudencia, en falta de cálculos, en considerarme ‘superhombre’, en pensar que soy imprescindible. Lo importante es apretar y hacerlo con delicadeza, en el momento justo, con sabiduría, con preparación, con tiempo… para eso dejar, abarcar menos, desprenderse, ser más humilde, delegar, dejar paso, olvidarme y saber que en el no está muchas veces la virtud, que decir no es también vivir la disponibilidad. (No sé si voy a ser capaz).
Estoy cansado de darle vueltas a todo esto, ahora hay que elegir dónde apretar. Me gustaría hacerlo en mi tiempo para sacarle más jugo pero ahí es imposible, no me queda ni tiempo, ni jugo. Buscaré la manera y el lugar donde hacerlo. El criterio no es el famoso ‘me gusta-no me gusta’, el criterio es la voluntad de Dios, es el proyecto de vida, es el compromiso personal, comunitario, profesional, social que uno adquiere. Desde ahí, discernir. Desde ahí, tomar opciones… y apretar.
Estoy pensando….
¿No se referirá el apretar de la frasecita de marras a apretarse uno mismo para dar todo el jugo, para dar la vida? De esta manera también quiero apretar, también quiero seguir dando jugo, también quiero darme cada día. Quizá esta sea la clave: apretarme a mi mismo para darme, ya no dependerá del abarcar (cosas), ahora lo importante es la generosidad en la entrega, en el dar-se.
¿Decidir? ¿Apretar?... ¿Ser?

martes, 18 de mayo de 2010

Decidir


Quizá ya haya escrito algo sobre esto. La verdad es que no me apetece nada repasar mis pensamientos o sentimientos escritos sobre este asunto. Lo primero que tengo que decir es que es un rollo, no lo de escribir sino lo de decidir. Lo segundo que he decidido escribir sobre ello.
Acabo de decidir poner punto y aparte. Cada cosa, cada momento, cada situación… una mirada, un sms (lo siento por los muchos que mando a veces a mis amigos), un email, la hora de levantarme, preparar una clase o no, poner cinco o seis preguntas en un examen… todo es decidir. Decidir la camisa que me voy a poner .Hoy, por ejemplo, he decidido quitarme la camiseta interior. Una importante decisión ya que puedo acatarrarme y por lo tanto mi tos asmática puede empeorar. También he decidido no hacerle mucho caso al médico del asma, hace mucho que no pido cita. Hablando de citas, he anulado una. Quizá haya sido la gran decisión de mi vida, parecía una persona interesante. Decidí hace tiempo centrarme en mis relaciones con personas interesantes y esta era una de ellas ya que estaba relacionada con la pastoral juvenil. Menuda decisión la del día que opté por dedicar parte de mi tiempo a esta tarea de estar con jóvenes y buscar entre ellos y yo un vínculo que no fuese otro que la fe, que seguir a Jesucristo. Esta si que ha sido una gran decisión la de responder a su llamada con un proyecto de vida concreto. El proyecto de vida está lleno de decisiones. La vida es una decisión. Una amiga me mando una vez cien razones para vivir, cien decisiones para poder ser feliz, ese era su proyecto. Había de todo desde grandes decisiones como por ejemplo ejercer una profesión que ayudara a la los demás, como la de no decir nunca que no a una onza de chocolate. Menuda decisión esta última, hace falta valor para decidir eso y saber que todo ‘se va a acumular ahí donde todos sabemos’.
Decidir es perder pero también es ganar. El que decide quedarse quieto pierde movilidad, pierde futuro, pierde posibilidades, pero gana en continuidad, en estabilidad, en monotonía. Gana en control pero pierde en riesgo que hace que las cosas cambien y existe una posibilidad de un cambio a mejor. Que complicado esto de la decisión y la equivocación o el acierto. La opción por un camino u otro no es fácil, desde siempre ha estado presente en el hombre, es propio de su condición, hay referencia en los mitos griegos, en la historia de los patriarcas hebreos.
Humildemente creo que una clave del decidir es hacerlo con libertad, sin condicionantes, sin presiones, sin empujones interesados. No se pude decidir sin libertad. Una clave también importante para la toma de decisiones es el tener información para valorar y sopesar las consecuencias de la decisión, que no sean esas consecuencias o en su caso circunstancias las que te empujen a tomar la decisión. En ese caso no es ni libre ni positiva, otro lo está haciendo por ti. La decisión también tiene que partir de unos principios que el sujeto ha elegido (decisión otra vez) como principios fundamentales de su escala de valores, de su responsabilidad o de su planteamiento ético en la vida. Si estos se tienen en cuenta será una decisión mucho más libre y consecuente (no es lo mismo que predecible) con lo que él quiere ser en la vida. Aquí esta una de las claves de las grandes decisiones de la vida: lo que uno quiere ser en la vida. Una propuesta: no cambies ser por profesión. Atrévete a cambiarlo por feliz, por generoso, por responsable, por solidario, por hermano, por ‘dador-de-amor’…
He decidido no darle, de momento, más vueltas a la rueda de molino a este asunto.

jueves, 13 de mayo de 2010

Novedades



No sé si os acodáis de los carteles que anunciaban novedades en las tiendas. Era como una invitación a pasar dentro, querían enseñarnos algo. Las estaciones eran tiempos propicios para esa propuesta.
Hoy casi no hay nada nuevo. Nada nos sorprende, todo está inventado. La novedad era un reclamo para entrar, para descubrir, para conocer, para cambiar, para lo diferente, para dejar lo viejo y caduco, para poder ser y estar más atractivo.
Os voy a hacer una propuesta. Es sencilla, no muy costosa y quizá algo que ya estás haciendo, si es así, lo siento. Yo hacía tiempo que lo había olvidado. Vamos a poner ‘NOVEDADES’ en nuestra manera de vivir la fe. Si no tenéis fe, si se apagó esta luz en vuestra vida o la echasteis de vuestra casa, no pasa nada. Poned NOVEDADES en la puerta de vuestra vida. No os asuste, querrá decir que vamos a cambiar, que vamos ‘vestir’ de otra manera, con otros estilos, con propuestas diferentes.
En la fe es muy necesario todo esto, ya que cada tiempo tiene su estilo y su novedad. Los cambios estaciones (de tiempos), recordad, es un tiempo propicio para la novedad. Lo que frustra es poner el cartel y no tener la novedad preparada. Vamos a poner el cartel, vamos a preparar la novedad, vamos a enseñarla, vamos a mostrarla… y que se note. Quizá no guste, quizá no la elijan, quizá les asuste, quizá la propuesta sea muy atrevida para ellos. No hay problema, es novedad, es frescura, es alternadita, es propuesta. No podemos vivir acobardados y no vivirla nosotros.
La novedad tiene ilusión, esperanza, mirar a los tiempos que corren, tiene riesgo, tiene aventura, tiene colores… un poco de dudas también, pero se superan con la convicción de saber que estamos proponiendo verdad y autenticidad, sin engaños y medias tintas.
Estoy buscando mi novedad, tengo preparado el cartel para el escaparate de mi vida. Voy a colgar NOVEDADES en la sonrisa de cada día y en el abrazo sincero en el encuentro con el hermano. Si deciden pasar, preguntar, interesarse… les tengo preparada una sorpresa: Jesús de Nazaret sin tapujos, sin envoltorios falsos, sin cargas y sin miedos, sin intermediarios y sin interpretaciones. Solamente Buena Noticia.

martes, 11 de mayo de 2010

Arzobispo de Poitiers



El arzobispo de Poitiers, Mons. Albert Rouet es una de las figuras más libres del episcopado francés. Estos días pasados llegó a mis manos una pequeña entrevista en la que, sin eludir ningún tema, respondía desde una profunda convicción de fe.
No podía creer lo que leía… me rasgue mis vestiduras, todavía no me he recuperado, mi escándalo me impidió asomarme la ventana por si me conocían como miembro de nuestra Iglesia, me produjo (estoy pensando que quizá no fue por esto pero seguro que ayudó) un profundo dolor el dedo de un pie que me impidió salir a la calle, por lo tanto era menos probable que me conocieran. Todavía, desde hace más de una semana, me pongo las gafas de sol y la gorra para pasear. En el colegio donde doy clases, creo que todavía no la han leído, por lo tanto no tengo miedo cuando me acerco cada mañana.
Se la deje a una amiga para ver su cara, la leímos juntos. Le pasó lo mismo, nos daba vergüenza salir del despacho por si alguien nos señalaba con el dedo. Estábamos escandalizados los dos. ‘Como es posible que un obispo de nuestra Iglesia diga esto, no puede ser, esto no puede ser’ No había consuelo para nosotros. Pertenecer a la Iglesia, seguir a Jesucristo, lleva consigo creer en la sucesión de los apóstoles, en la importancia que tiene el obispo como garante de unidad, como referencia de fe y compromiso en la comunidad. No podía ser verdad lo que estábamos leyendo. ‘¿Es obispo?’ me preguntó mi amiga. Le respondía casi avergonzado que si, que era obispo, eso ponían los papeles. ‘No me lo creo’, me dijo. ‘Yo la he leído dos veces para asegurarme’, le contesté.
He llegado a la conclusión que debemos seguir adelante, que no pasa nada, que ya basta de escándalos, de vergüenzas, de miedos, de cobardías… Mi escándalo no era por lo que decía el obispo francés, mi escándalo, mi vergüenza, mis ganas de esconderme estaban producidos por los obispos de nuestra Iglesia, de la de aquí, la de procesiones, la de persecuciones de opiniones diferentes, de todo aquello que se mueve por los márgenes, la de liturgias vacías, la de pulpitos y sedes cerca de las nubes (extraterresteres) separada por miles y miles de escalones de la realidad del pueblo, de la gente de la calle.
Sólo quiero repetir un párrafo sobre la misión y función del sacerdote. Es una propuesta de verdad para superar la crisis de vocaciones. La Iglesia de hoy necesita menos presidentes y más pueblo, memos ‘ordeno y mando’ y más ‘sirvo, animo y dejo decidir’.
“… si cambiamos la manera de ejercer el ministerio, si su función en la comunidad es otra, entonces sí, podemos considerar la ordenación de hombres casados. El cura no debe seguir siendo el patrón de la parroquia; debe de apoyar a los bautizados para que se conviertan en adultos de fe, debe formarlos, evitar que se replieguen en sí mismos..
Es él [el cura] quien debería recordarles que son cristianos para los otros, no para sí mismos. Entonces, él presidirá la eucaristía como un gesto de fraternidad. Si los laicos siguen siendo menores de edad, la Iglesia no tendrá credibilidad. Ella debe hablar de adulto a adulto”.

Empiezo a ser mayor, ¿quedará mucho tiempo para el cambio?

domingo, 9 de mayo de 2010

Privilegiado


Muchos, los que me conocéis personalmente, sabéis que privilegio es una palabra que uso frecuentemente. Me considero un privilegiado. Pienso que no he hecho nada para sentirme así. Puede haber privilegiados que se hayan ganado ese estatus con su sudor, su esfuerzo, su trabajo, su suerte, sus decisiones o su manera de ser. Yo creo que soy un privilegiado de la vida y en la vida y no he hecho nada para merecer esta situación.
¿Quién es el responsable de este privilegio? ¿El azar? ¿El ‘todopoderoso’? No lo sé, pero el privilegio existe.
Para mi es increíble hacer un análisis de mi situación y no salir avergonzado de todo lo que soy y tengo. Me siento mal y muchas veces busco entre mis ‘dorados’ alguna que otra ‘basurilla’ o pequeña desgracia para poder sentirme parte de este mundo que parece que está destrozado y lleno de desgracias. Por cierto, que me siento y me quiero sentir solidario y cercano a todos los que las sufren y las llevan como cargas. ¿Qué he hecho yo para merecer todo esto? No lo entiendo.
Quizá no tenga que hacer nada, viene solo. Hay personas que tenemos la suerte de nacer en un sitio, de caer bien, de poder hacer amigos, de ganarnos el pan con nuestro trabajo, de hacerlo en el lugar que nos gusta, de vivir en un lugar donde el clima es agradable, de tener un techo y alguien con quien compartirlo que te quiere, te respeta y te ayuda… Tenemos la suerte de mirar al futuro y pese a las nubes saber que tenemos paraguas para resguardarnos. Estamos aquí pero sabemos que nuestro proyecto sigue, que tenemos un sentido en la vida, que podemos seguir adelante. Hemos podido estudiar, leer, formarnos, ir al cine, pasear por una calle ordenada, saludar con la cabeza alta a nuestros vecinos, llamar a los hermanos y amigos, quedar con ellos, viajar por todo el mundo, ser acogido en cualquier lugar por alguien que es de tu familia, tener fe y saber que no estás solo, que Él camina a tu lado… Una lista interminable de privilegios.
¿Qué hacer con mi privilegio? ¿Dejarlo pasar pensando que no lo merezco? ¿Me llamarán tonto? ¿Qué puedo hacer con él? ¿Regalarlo? No sé, estoy en un mar de dudas. He pensado muchas veces disfrutarlo: vacaciones, un partido, una salida, un regalo, una comida, un ‘mirar-para-otro-lado’, un pararme, un no hacer caso, una fiesta, un placer, un hoy y basta… pero no soy feliz. No me siento bien. El privilegio es para mi uso pero yo creo que no es para mi. ¿Para quién va ser?, dice un voz en lo profundo del pozo que tengo en mis entrañas, es para ti, para ti, para ti, para ti…
No. Creo que no es para mí. Es un regalo no merecido, como todos los regalos. Quiero transformarlo en un regalo. Mi privilegio quiero convertirlo en un verdadero regalo para los otros. Abriré mi techo, abriré mi cartera, abriré mi trabajo, abriré mis estudios, abriré mi vida… para que el otro coja, use, disfrute, goce, vibré, ría, descanse, lloré… Mi privilegio mayor es poder desprenderme del propio privilegio porque es tan grande que cuanto más das, más tienes, más se multiplica, más puedes dejar que el otro pueda utilizarlo. Alguien, a quien busco desde niño, me lo enseñó.
Soy tan privilegiado que puedo regalar mi privilegio y siempre me queda para seguir regalando, nunca se acaba.
Jo… que suerte!!!

jueves, 6 de mayo de 2010

Para ti



Hoy escribo para ti, querida niña. Para ti que has sido fiel. Para ti que te has asomado a la ventana cada mañana o cada tarde. Para tus ojos escondidos tras ojeras de mujer cansada, de madre enamorada del fruto de sus entrañas. Niña querida, escribiré para ti siempre, la rueda de molino va a rodar para ti muchas veces, cada día, cada momento. Mis letras no tienen música (otro la pondrá, seguro) pero tienen los sentimientos que andas buscando en esta ventana y que yo, sin querer y sin saber, por puro egoísmo, te privé de ellos.
Escribo para ti con letras grandes para repasar sus puntos y aprender de esta manera a sonreír de nuevo. Una sonrisa que alegre el semblante de todo el que te vea, que ilumine de nuevo la noche que te envuelve. He escrito siempre para mi (fíjate, querida niña, que egoísta he sido). Hoy es para ti. Mi apunte, estas torpes letras, quieren ser un beso rodeado de un abrazo sin fin, de los que no te puedes despegar porque sientes un calor en el rincón más frío de tu corazón y ves que el hielo se derrite comenzando un río de lágrimas sinceras que pueblan tu rostro de verdad, sentimiento y dolor. ¡¡¡No te despegues, niña!!! ¡¡¡No te despegues nunca!!! Este es tu hombro, el que siempre te ha estado esperando, el que utilizaste para dormir alguna fresca tarde de montaña en el patio sin naranjos de la casa vieja del pueblo. Este hombro tiene tu forma para que acomodes tu mejilla empapada del sudor de la noche sin dormir y de los miedos aterradores del pasado. Es tu hombro, niña, no busques otro. Mírame, niña, soy yo el que está cerca de ti, el que te tiene cogida la mano aunque no nos veamos todos los días. Eso que sientes dentro, que llena tu corazón de ilusión, deseo y esperanza, es por lo fuerte que aprieto tu mano, no te voy a soltar, eres mi niña valiente, mi niña fuerte, ni tesoro. Te quiero.