lunes, 24 de septiembre de 2012

Cuatro palabras y un cambio para un boda


Son un regalo para una amiga, para unos amigos.
La primera de las palabras es INTIMIDAD. El amor ‘se juega’ en lo profundo, sin tapujos, con el riesgo de la vulnerabilidad compartida. Nada de esconder, nada de sólo superficialidades. Lo íntimo, mis deseos profundos, mis detalles anhelados, mis rincones escondidos del alma… para y con el otro.
Esta propuesta vivida con PASIÓN. Mucho más allá de la atracción sexual vivida con toda la profundidad y verdad que requiere. Es el deseo de encuentro, de vivirlo con el gozo y la intensidad de los que no pueden vivir sin el otro. PASIÓN en la espera, en el perdón, en la escucha, en el tiempo compartido, en los silencios, en los dolores y en las alegrías… La PASIÓN es una pequeña gota de perfume que llena la estancia, la envuelve de una aroma que al respirar no deja indiferente. No hace falta derramar el frasco, la cantidad no da más aroma…
El COMPROMISO habla de proyecto, de largo recorrido y de jugarse la vida en ello. Mucho más allá del mañana, la semana o el curso. El COMPROMISO habla de ese horizonte inalcanzable que miramos cada día al atardecer de la jornada. Un recorrido extenso, sudoroso y de apoyo mutuo. Una alianza que une y acompaña, empuja y da apoyo, refresca y refexiona…
La cuarta palabra es resumen de las tres anteriores: ENCUENTRO. Este no puede existir sin estar abierto a la vida, a los otros, al Otro (Dios). Es la clave del Sacramento del Matrimonio.

El cambio es muy sencillo. Dejar de ser espejo (necesidad de ser amado) para ser ventana (amar sin límites). Del yo al tú, y el tú en mi, a mi yo contigo, al nosotros… ‘Maestro ¿dónde vives?... Venid y lo veréis’ Ese es el primer paso para amar, dejarse de espejos y abrir la ventana del yo para que el tú pase y llene la estancia con su perfume, con su esencia… ‘¡¡Qué bien huele!! Eres tú, comienzo a ser yo’

sábado, 22 de septiembre de 2012

¡¡Taxi!!



Me gustaría escribir cada día pero las musas se han marchado. Solo me quedan las ganas de búsqueda y el deseo de su encuentro para que abran mi corazón y sienta, exprese, escriba… No hallo nada interesante para compartir, que escribir. Pesimismo tras pesimismo, miedo tras miedo ¿Sé supone que debo sonreír? Debo ser un hombre de esperanza pero (palabra prohibida, lo sé)… Está vacía la ventana. La ruedademolino da vueltas y vueltas pero no muele nada, no están ajustadas las piedras que machacan el grano y la harina se niega a mostrarse, a ser compartida y amasada para darse a los otros… Se seco la fuente que mueve las piedras...
En esta tesitura encontré este dibujo… y me vi a mi mismo sentado en la parte de atrás de un taxi a ninguna parte, de un viaje de vuelta de tantas cosas, de un desasosiego que llena de inquietudes el hoy y desea que el mañana sea un ayer que pasó y no volverá jamás. Una perdida de horizonte que te dejan en las sombras que hacen enloquecer los gestos y palabras.
¿Tiempos felices? Aquellos que se pudieran vivir de nuevo con la experiencia de hoy. Un imposible, por lo tanto. Aquellos que se vivirán sin los miedos que impiden acercarse a ellos. Otro imposible manifiesto. Aquellos por los que ahora y hoy paso pensando en los pasados y deseando los venideros. La imposibilidad del hoy agotador y obligado por las circunstancias. Aquí, allí, volver, caminar… pasar con la sensación de ir corriendo, de pasar por encima sin detenerse para facilitar el Encuentro, de no mojarse al deslizarse por encima de las aguas del día a día enfundado en un traje que me impide empaparme del agua de lo importante… Deseos inalcanzables que el destino y la historia han colocado fuera de lugar y de momento.
¿Delegar el camino de la felicidad a otro conductor? Quizá sea lo mejor… siempre habrá un culpable, un conductor del taxi de la vida, a quien acusar, a quien cargar las culpas de no llegar a ninguna parte o de haberse quedado sin gasolina. Se va más cómodo en el asiento de atrás, siempre es otro el que se pierde, el que tiene que frenar, el que decide… Me cansé de conducir… Me quedo sentado a esperar que me lleve, que me haga llegar al destino…No le he dado ni la dirección, perdí el horizonte. ¿Será el último taxi?