sábado, 9 de diciembre de 2017

Cuatro palabras para el Adviento.



¡Velad!

Comenzamos el Adviento. Una palabra para hoy dicha con fuerza: ‘¡Velad!’ Estar despierto es una actitud de todo seguidor de Jesús. Nada de dormirse en la comodidad de lo fácil o ni en la seguridad de lo de siempre, ni esconderse detrás del compromiso de otros, ni bajar las manos por el miedo a los poderosos, ni callarse ante la injusticia descubierta… Estar en vela, mantener la vigilia en el día a día porque en cualquier mirada, en cualquier gesto, en cualquier encuentro podemos recibir su llamada, una pregunta, una propuesta… el encuentro es inesperado, se hace el encontradizo, nos espera en aquellos que se acercan a nosotros, es una sorpresa y tenemos que estar atentos y vivirlo con gozo. El Adviento es tiempo para desempolvar esta actitud de inquietud, de atención, de vigilancia que debe formar parte de nuestra amistad con Él. Comenzamos a quitar el polvo que la tiene apagada, olvidada. Buen domingo.

Preparad

Hay algo para hacer, nada de quedarse con los brazos cruzados: preparad. Es la parte previa a algo importante. Nos preparamos para algo que va a cambiar nuestra vida, para algo que nos hará completamente nuevos, diferentes… Después de la preparación viene el encuentro, la fiesta, lo importante. Los acontecimientos importantes de nuestra vida los preparamos con tensión, con revisión de vida, con mirada esperanzada hacia el futuro, con verdaderos deseos que llegue ya el momento. Buscamos algo nuevo, algo por estrenar. Un poco de cambio y otro de búsqueda. Sabemos que después de ellos hay un antes y un después. Queremos que todo sea un éxito, no perder la oportunidad. Estamos acercándonos al gran Misterio de ‘Dios con nosotros’, Palabra definitiva que cambiara nuestra vida, no podemos dejar pasar la oportunidad de vivir este momento de una manera especial. Nos tenemos que mover, que dejar lo que nos pesa y hace que nuestro caminar sea cuesta arriba, cambiar aquello que nos dificulta vivir intensamente y de manera definitiva el encuentro con Él.


Luz

Buscamos una luz que rompa nuestras noches. Una luz que no se apague, que pueda llenar nuestra vida de esperanza, de sosiego, de la calma necesaria para vivir la vida con intensidad. Una luz verdadera. Juan anuncia esa luz, el es ‘testigo de la luz’. En nuestras tormentas y oscuridades, en la falta de fe, en los miedos que nos aprisionan… escuchamos un testimonio: hay alguien entre vosotros que es la luz que rompe todo aquello que os tiene apagados, oscuros, encerrados. Este testimonio anuncia un encuentro que transformará nuestra vida si le dejamos sitio. ¿Cómo buscarle? ¿Cómo hacernos con esa luz? Dejándole sitio en nuestros corazones, rompiendo nuestra indiferencia ante su palabra y los que sufren en nuestro mundo. Hay que estar dispuestos a dejarse ‘deslumbrar’ por Él, hagamos de Él la luz de nuestra vida. Luz que nos calienta, luz que no queremos apartar, luz que nos guía, luz que nos ayuda a ver al hermano para servirle y amarle, luz que abre caminos nuevos de seguimiento… Nos preparamos para algo grande, para ser hijos de luz.

Hágase

El encuentro buscado durante el Adviento lo hace realidad Él, se presenta ante nosotros, transforma para siempre nuestra vida y sólo necesita una respuesta valiente por nuestra parte: ‘hágase’. María vive el encuentro con Dios con sorpresa, con alegría, con tensión, con incertidumbre y confianza, con preguntas. ¿Cómo vives el encuentro con Dios? ¿Exiges o aceptas? ¿Escuchas o sólo hablas? ¿Te atreves o solo pones pegas? Al final, como no puede ser de otra manera, María responde con el sí más grande de la historia. Nuestro sí será más pequeño pero conducirá al mismo resultado. Sí quiero que vengas a mi vida, sí quiero llevarte en el centro de mi corazón, sí quiero ser puerta para ti en medio del mundo, sí quiero llevar a tu palabra donde vaya y esté, sí quiero seguirte cada día de mi vida, sí quiero que seas Señor de lo que hago y soy… Se necesita nuestra respuesta para que nazca en nuestro corazón. No olvidemos la primera palabra de este encuentro: alégrate. Con Él no hay miedos y tristezas, con Él vivimos la verdadera alegría.



jueves, 7 de diciembre de 2017

Vosotros



Existís...
No tengo que inventar nada ni a nadie
Gracias por vuestra amistad.
Ganas de encontrarme con vosotros... 
Un abrazo fuerte 

jueves, 21 de septiembre de 2017

Con nuestra vida

Cada tres años los religiosos carmelitas celebramos el Capítulo Provincial. Cada provincia religiosa estamos obligados a reunirnos, revisar la vida y plantear objetivos y propuestas para el futuro que nos ayuden a vivir el Evangelio según nuestro carisma y espiritualidad. Este año, en el mes de abril, nos hemos reunido la Provincia de Aragón, Castilla y Valencia, ha sido un gran Capítulo, rico en propuestas, en revisión de vida y en mirada al futuro. Una frase de nuestras Constituciones nos convocó a todo ello: ‘… más con nuestra vida que con nuestras palabras’.
El día 16 de julio vamos a celebrar el día de nuestra Madre y Hermana, la Virgen del Carmen, casi todo está ya preparado. Son días de arreglos, de ultimar momentos, de recordar, de oración y reflexión. Días del mes de julio en que, revestidos del escapulario, salimos a la calle, hablamos de nuestra Familia Carmelita, mostramos lo que somos y en qué creemos. Detalles que nos ayudan a recuperar identidad, que renuevan nuestro compromiso de pertenencia a la Orden. Religiosos, terciarios, jóvenes, laicos… que entorno a la fiesta de la Virgen del Carmen, volvemos a mostrar en medio del pueblo que somos una familia, que estamos aquí. Días de júbilo, de fuerza, de alegría…
Estos días de fiesta, especialmente el día dieciséis, tienen que ser trampolín para pasar de las palabras a la vida.  Vamos a renovar compromisos, a gozar de nuestra espiritualidad para que nuestra vida de cada día durante todo el año sea testimonio de Evangelio. Es el momento de, después de pasar por la euforia y la alegría de estos días, pasemos a vivir el Evangelio, a coger esa frase de María en Caná como un lema en el dintel de nuestro corazón para que sea motor de lo que vivimos: ‘haced lo que Él nos diga’. Vamos a pasar de las palabras, de la fiesta, de los homenajes, de las procesiones, de las novenas… a la vida, a vivir con fuerza el Evangelio. Es en la vida de cada día, de lo cotidiano, cuando la espiritualidad carmelita, el sentimiento de identidad y pertenencia a la Familia Carmelita se debe vivir y hacer realidad. Las palabras y propuestas de estos días jubilosos de fiesta se harán realidad y vida durante todo el año si dejamos que el Señor ocupe el centro de nuestro corazón.
Al recoger la imagen de la Virgen, las sillas que pueblan el patio del colegio, la ‘alcachofa’, las flores que han adornado el altar… os invito a no decir aquello de ‘hasta el año que viene’, sino con fuerza y desde el corazón lleno de la alegría de la fiesta, manifestar otro compromiso: ‘vamos a vivir con este mismo gozo cada día de nuestra vida’. Es entonces cuando empieza el reto de ser carmelita, de estar revestidos de Cristo, de hacer de nuestra vida un sí a la voluntad de Dios. El día siguiente el regalo de nuestra vocación carmelita estará reluciente y dispuesto a visitar, vestir, dar de comer, acompañar, servir… a aquellos que nos encontremos en la vida.

La fiesta de la Virgen del Carmen renueva el compromiso de vivir en obsequio de Jesucristo cada día de nuestra vida, el darnos como un regalo para los otros. Feliz día de nuestra Madre del Carmen. 

(Reflexión para el programa de la fiesta del Carmen de Vila-real del año 2017)

lunes, 18 de septiembre de 2017

Apuntes para una homilia

Lucas (4,38-44)

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: "Tú eres el Hijo de Dios." Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: "También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado." Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Comentario

1. Jesús está con los enfermos, los toca y su vida cambia. La gente le busca, quiere estar con Él, no le dejan ni descansar. Le llevan los enfermos, los toca, los cura. Se ha terminado el Dios lejano de la condición humana. Se ha implicado de tal manera con lo que somos y hacemos que nada puede puede producir tanto cambio en nosotros como Él. María es la puerta de esta relación definitiva y para siempre. María y su sí, abre la vida del hombre al encuentro definitivo con este Dios cercano, próximo, que cura. Los enfermos le buscaban para quedar sanos...  ¿Le buscas tú en tu soledad, en tu miseria, en tu dolor, en tu enfado?

2. No se esconde ante el sufrimiento del hombre, al contrario, quiere transformar todo lo que de dolor, de mal, de 'demonio', hay en nosotros. Tan cerca quiere estar de la condición humana, de nuestro dolor y sufrimiento, que toca a la suegra de Pedro y se cura, que impone la manos a los enfermos y se curan. Parte de nuestro ser es la imperfección. Somos finitos, nos cansamos, el paso de los años nos hace descubrir nuestra finitud. Él quiere estar cerca de todo esto, no se aleja por nuestro sufrimiento, al contrario no lo soporta, lucha contra él, quiere alejarlo de nuestra vida. María, como en Caná, intercede por nosotros ante Él, nos protege de todo mal, así acudimos a ella para que interceda por nosotros. María, la llena de gracia, no mira desde arriba a los que somos llenos de pecado al contrario, se acerca a nosotros y a Él para interceder por nosotros. ¿Nos sentimos amados por Dios en nuestra finitud, en nuestra imperfección, en nuestro pecado…? Él no quiere dolor, ni pecado, ni muerte, ni sufrimiento del ser humano.


3. Nuestro Dios, hecho Hombre en Jesús, está más cerca que nunca de nosotros, quiere estar siempre a nuestro lado y por el amor que nos tiene no soporta el sufrimiento que tenemos. Es un Dios cercano, próximo, que toca, que siente, que escucha, que acepta, que da libertad, que espera Nosotros a veces lo hacemos lejano, difícil, con los ojos cargados y la mano encogida Él tiene la mano extendida, abierta para recoger nuestro dolor y hacerlo suyo, para abrazar nuestra vuelta a casa, para mostrarnos el amor como hijos suyos que somos. María lo vivió así, desde la incomprensión, desde la sorpresa vivió la mano de Dios tan cerca que dijo que si, fue tan sincera que la gracia de Dios la transformó tan profundamente que engendró la Palabra de Dios para transformar el mundo. Nunca Dios se había mostrado tan cercano a la humanidad que aquel día en que por María acampó entre nosotros¿Qué hacemos para vivir estar cercanía de Dios? ¿Nos la creemos de verdad y vivimos desde ella? ¿Lo buscamos de verdad? El Dios cercano de Jesús de Nazaret, hijo de María, quiere una relación personal y cercana.

4. Tres propuestas:
a. No generar dolor a nuestro alrededor,
b. Estar cerca del que sufre y ofrecer nuestra mano para su consuelo, para que no se sienta solo.
c. Buscarle con ahínco, Él quiere estar cerca, dejarle sitio de verdad para que cure nuestro corazón. 

(Pequeño apunte para la homilia del día 6 de septiembre 2017 en la novena de la Virgen de Gracia de Vila-real) 

domingo, 17 de septiembre de 2017

Vida

Es la vida. Hay que sacarle todo el jugo... 
Apretar y apretar los dientes para que nada de lo que pasa se nos escape.
Abrir y abrir los ojos para que nuestra mirada recoja todos los colores y los rostros. 
Preparar y preparar los brazos para que no se nos escape ningún abrazo de los que nos regalan, para dar todos los nuestros. 
Mover y mover las manos para agarrarse y agarrar las de los otros... y romper las soledades. 
Caminar y caminar sin descanso para no quedarnos quietos y llenarnos del polvo de la monotonía.
Latir y latir fuerte el corazón para sentir con aquellos que te quieren, para darse sin medida.
...
Es la vida... solo hay una y es la mejor. 

Un abrazo
Buenos días

jueves, 20 de abril de 2017

Para compartir...



... la vida
... la luz
... la Pascua
... el futuro
... un proyecto
... un viaje
... un sueño
... una mirada
... una caricia
... una oración
... un perdón
... 

Siempre con el otro (Otro) ... no sin ellos.

Un abrazo
Feliz Pascua a todos. 

viernes, 14 de abril de 2017

Cirineo


Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del
campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz (Mc 15, 21)

Es en la calle donde se produce el Encuentro. Ni quiere, ni pasa por su imaginación, ni lo haría nunca. Simón no quiere protagonismos, ni llamar la atención, está bien en el anonimato del montón, escondido entre los suyos, entre la gente. Hace lo normal, viene del campo. Es lo que hace todos los días. Se ha parado en la calle para ver pasar, para ver que era aquel tumulto, para ver cual era la razón de tanto revuelo. No le gusta lo que ve, hay dolor y sufrimiento, pero está tranquilo, no va con él. Ve sufrir a hombres que cargan con la cruz, sudando, cayéndose, gritando… ensangrentados por los golpes, ultrajados por los gritos de los soldados. Llegó a pensar que ‘algo habrán hecho’ para acallar su conciencia y dar razón a su indiferencia. Pero en su corazón sabe que nadie, ni estos malhechores a los que no conoce, se merecen tanta injusticia, tanto dolor. No pierde ojo, pero siempre en la distancia, así puede observar a unas mujeres llorando, sufriendo, desconsoladas… Intenta ponerse en su lugar, intenta ponerse en su piel, le cuesta, pero siente en sus entrañas el dolor si uno de ellos fueran sus hijos, Alejandro y Rufo, lo mucho que sufriría su esposa. Prefiere no pensar, solo mirar, dejar que su corazón no sienta. Tiene su vida organizada, trabajo, familia, momentos de encuentro con los suyos, sinagoga los sábados y las fiestas, intentar que sus hijos estén bien y no se metan en muchos líos, que sigan creciendo. Esto de mirar lo que pasa es solo un momento, no va con él, prefiere la rutina del hacer cotidiano. Además, produce sentimientos encontrados en su corazón, el dolor de los otros hace que el corazón se convierta en sensible, el sufrimiento de aquellos que iban a ser crucificados hace mella en él, los abusos de aquellos soldados hacen que se sienta mal, que broten dentro de él deseos de denuncia, de pedir justicia, de pedir clemencia y compasión… Piensa en irse a su casa, en volver a retomar su camino de normalidad, de indiferencia, de dejar pasar y hacer… ‘yo no soy de meterme en líos’ piensa por sus adentros, cuando…
…es sacado afuera, es puesto al lado de los que sufren y tiene que pasar por el dolor y el sufrimiento que ellos pasan, es llamado para cargar con la cruz de los otros. No puede decir que no, le obligan. La cruz ahora es suya, los gritos los recibe él. No quiere, no es su culpa, que ellos carguen con ella. Pero están sufriendo y necesitan compañía y ayuda… Algo va a pasar, una vez allí ve su rostro, Él le mira con compasión y se siente comprendido y querido, esa mirada no la olvidará nunca. Ha habido un encuentro, están en la calle. Son los ojos del que, desde la posición de dolor, de sufrimiento, agradece una ayuda y una compañía. Son unos ojos que hablan de un corazón limpio que sufre la injusticia y perdona. No puede hacer otra cosa que cargar con su cruz, liberar de esa carga al que la lleva. Algo ha cambiado, ya no es una carga, ahora lo hace gustoso, ya no está obligado, descubre que es propio de su condición ayudar, aliviar la carga del otro, del que sufre. ‘Debí hacerlo antes…’, piensa, y agradece la obligación. Ahora siente en sus carnes el abuso de los soldados, quiere revelarse, quiere denunciar, quiere señalar con el dedo aquello que quita la dignidad del hombre. No puede dejar de pensar en la mirada de aquel a quien ha ayudado. Le da igual que le miren, que le insulten… siente que las lágrimas de las mujeres también son por él, que su esposa lloraría, que sus hijos sufrirían… pero una mirada le ha traspasado el corazón, una mirada limpia, una mirada de un calor que ha roto para siempre el frío de lo cotidiano y de la rutina. Esa mirada ha llenado de luz su vida y la calle, donde le ha conocido. Es en ese encuentro donde su vida ha dejado de estar vacía, donde la cruz del otro se ha convertido en bendición, donde la compañía se ha hecho parte importante de su vida para siempre…
Me gustaría ser cireneo de cruces que otros cargan para poder ver en sus ojos y en su mirada, Aquel que da su vida por nosotros. Que la calle no sea solo lugar de mirar a las imágenes que pasan esta Semana Santa, imágenes que recuerdan el Misterio, quiero que sea lugar de servicio, de aceptar propuestas de darse, que sea lugar de consolar al que sufre y llora, que sea lugar de construir Reino de Dios en el darse. Quiero, como ‘cireneo’ del siglo XXI, que no me obliguen a darme, a compartir camino con el que injustamente es tratado, sino que salga y denuncie, grite, llore, me solidarice con el que es desalojado de su casa, privado de sus derechos por no tener papeles, excluido por pensar que nos va robar parte de ese privilegio que creemos en propiedad y es un regalo. Quiero ayudar a llevar las cruces de la enfermedad, del dolor, de la angustia de un destino incierto… Deseo poder mirar a los ojos a las mujeres que lloran por abandono, violencia, maltrato, injusticia social o el dolor por sus hijos… y no conformarme con ver sino poder acercarme y llorar con ellas, luchar con ellas, hacer mío su dolor.

En lo cotidiano, en la calle, con los que sufren, con los que cargan cruces pesadas y muchas veces injustamente impuestas, cruces anónimas y pesadas… quiero ser ‘cirineo’ y romper toda indiferencia o frialdad ante el que sufre, llora o ha perdido su dignidad de hijo de Dios por el abuso de los otros. Quiero encontrarme con Él en los otros, en la calle, en medio del mundo. Es en la calle donde se produce el Encuentro.