jueves, 20 de abril de 2017

Para compartir...



... la vida
... la luz
... la Pascua
... el futuro
... un proyecto
... un viaje
... un sueño
... una mirada
... una caricia
... una oración
... un perdón
... 

Siempre con el otro (Otro) ... no sin ellos.

Un abrazo
Feliz Pascua a todos. 

viernes, 14 de abril de 2017

Cirineo


Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del
campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz (Mc 15, 21)

Es en la calle donde se produce el Encuentro. Ni quiere, ni pasa por su imaginación, ni lo haría nunca. Simón no quiere protagonismos, ni llamar la atención, está bien en el anonimato del montón, escondido entre los suyos, entre la gente. Hace lo normal, viene del campo. Es lo que hace todos los días. Se ha parado en la calle para ver pasar, para ver que era aquel tumulto, para ver cual era la razón de tanto revuelo. No le gusta lo que ve, hay dolor y sufrimiento, pero está tranquilo, no va con él. Ve sufrir a hombres que cargan con la cruz, sudando, cayéndose, gritando… ensangrentados por los golpes, ultrajados por los gritos de los soldados. Llegó a pensar que ‘algo habrán hecho’ para acallar su conciencia y dar razón a su indiferencia. Pero en su corazón sabe que nadie, ni estos malhechores a los que no conoce, se merecen tanta injusticia, tanto dolor. No pierde ojo, pero siempre en la distancia, así puede observar a unas mujeres llorando, sufriendo, desconsoladas… Intenta ponerse en su lugar, intenta ponerse en su piel, le cuesta, pero siente en sus entrañas el dolor si uno de ellos fueran sus hijos, Alejandro y Rufo, lo mucho que sufriría su esposa. Prefiere no pensar, solo mirar, dejar que su corazón no sienta. Tiene su vida organizada, trabajo, familia, momentos de encuentro con los suyos, sinagoga los sábados y las fiestas, intentar que sus hijos estén bien y no se metan en muchos líos, que sigan creciendo. Esto de mirar lo que pasa es solo un momento, no va con él, prefiere la rutina del hacer cotidiano. Además, produce sentimientos encontrados en su corazón, el dolor de los otros hace que el corazón se convierta en sensible, el sufrimiento de aquellos que iban a ser crucificados hace mella en él, los abusos de aquellos soldados hacen que se sienta mal, que broten dentro de él deseos de denuncia, de pedir justicia, de pedir clemencia y compasión… Piensa en irse a su casa, en volver a retomar su camino de normalidad, de indiferencia, de dejar pasar y hacer… ‘yo no soy de meterme en líos’ piensa por sus adentros, cuando…
…es sacado afuera, es puesto al lado de los que sufren y tiene que pasar por el dolor y el sufrimiento que ellos pasan, es llamado para cargar con la cruz de los otros. No puede decir que no, le obligan. La cruz ahora es suya, los gritos los recibe él. No quiere, no es su culpa, que ellos carguen con ella. Pero están sufriendo y necesitan compañía y ayuda… Algo va a pasar, una vez allí ve su rostro, Él le mira con compasión y se siente comprendido y querido, esa mirada no la olvidará nunca. Ha habido un encuentro, están en la calle. Son los ojos del que, desde la posición de dolor, de sufrimiento, agradece una ayuda y una compañía. Son unos ojos que hablan de un corazón limpio que sufre la injusticia y perdona. No puede hacer otra cosa que cargar con su cruz, liberar de esa carga al que la lleva. Algo ha cambiado, ya no es una carga, ahora lo hace gustoso, ya no está obligado, descubre que es propio de su condición ayudar, aliviar la carga del otro, del que sufre. ‘Debí hacerlo antes…’, piensa, y agradece la obligación. Ahora siente en sus carnes el abuso de los soldados, quiere revelarse, quiere denunciar, quiere señalar con el dedo aquello que quita la dignidad del hombre. No puede dejar de pensar en la mirada de aquel a quien ha ayudado. Le da igual que le miren, que le insulten… siente que las lágrimas de las mujeres también son por él, que su esposa lloraría, que sus hijos sufrirían… pero una mirada le ha traspasado el corazón, una mirada limpia, una mirada de un calor que ha roto para siempre el frío de lo cotidiano y de la rutina. Esa mirada ha llenado de luz su vida y la calle, donde le ha conocido. Es en ese encuentro donde su vida ha dejado de estar vacía, donde la cruz del otro se ha convertido en bendición, donde la compañía se ha hecho parte importante de su vida para siempre…
Me gustaría ser cireneo de cruces que otros cargan para poder ver en sus ojos y en su mirada, Aquel que da su vida por nosotros. Que la calle no sea solo lugar de mirar a las imágenes que pasan esta Semana Santa, imágenes que recuerdan el Misterio, quiero que sea lugar de servicio, de aceptar propuestas de darse, que sea lugar de consolar al que sufre y llora, que sea lugar de construir Reino de Dios en el darse. Quiero, como ‘cireneo’ del siglo XXI, que no me obliguen a darme, a compartir camino con el que injustamente es tratado, sino que salga y denuncie, grite, llore, me solidarice con el que es desalojado de su casa, privado de sus derechos por no tener papeles, excluido por pensar que nos va robar parte de ese privilegio que creemos en propiedad y es un regalo. Quiero ayudar a llevar las cruces de la enfermedad, del dolor, de la angustia de un destino incierto… Deseo poder mirar a los ojos a las mujeres que lloran por abandono, violencia, maltrato, injusticia social o el dolor por sus hijos… y no conformarme con ver sino poder acercarme y llorar con ellas, luchar con ellas, hacer mío su dolor.

En lo cotidiano, en la calle, con los que sufren, con los que cargan cruces pesadas y muchas veces injustamente impuestas, cruces anónimas y pesadas… quiero ser ‘cirineo’ y romper toda indiferencia o frialdad ante el que sufre, llora o ha perdido su dignidad de hijo de Dios por el abuso de los otros. Quiero encontrarme con Él en los otros, en la calle, en medio del mundo. Es en la calle donde se produce el Encuentro.

miércoles, 12 de abril de 2017

Gestos de Pasión


(Los escribí para dar sentido a la preparación de la Pascua JuCar en Vila-real del 2017)

Sentido general. Pretensión

Siempre hemos escuchado desde pequeños que vale más un gesto que mil palabras. El primer lenguaje que entendemos es el de los gestos, el primero que nos comunica con el entorno es el de los gestos. Algo que desde niños continúa formando parte de nuestra comunicación, hablamos y nos comunicamos con gestos que llenan de contenido las palabras o las subrayan debidamente. Un guiño, un abrazo, un pulgar hacia arriba, una mano abierta o un puño… darían para escribir novelas en un contexto determinado. El primer gesto es un abrazo, una carantoña, una caricia, una expresión de alegría para llamar nuestra atención. No hablamos y con solo la inquietud de nuestro movimiento ya pedimos estar de pie o comer o hacernos notar para que no se olviden de nosotros. Muchas veces en estos gestos ponemos mucha pasión y entrega, mucha intensidad y sentimiento.


La pasión es sufrimiento, aquello que nos hace padecer, tener un dolor físico o interior que produce sentimientos de duda, de pequeñez, de finitud. La pasión nos hace reconocer nuestra realidad limitada y humana, valiosa siempre pero con unos límites con los que  nos sentirnos pequeños.  Padecimiento, sufrimiento y dolor interior… muchas veces no es solo por algo que nos pasa (enfermedad, soledad… ) sino por algo les pasa a los otros. Son ellos el centro de nuestro padecimiento, de nuestro sufrir, los que convierten nuestra vida en pasión. Una ausencia, una enfermedad, un malentendido… padecer por y con el otro. La pasión compartida, dicen, que se divide igual que se multiplica la alegría si se comparte. Pasión es la vida vista desde el vaso medio vacío, pasión de incapacidad para llenarlo, para afrontar la ‘pendiente’ del siguiente tramo del camino.

La pasión también es la ilusión con la que afrontamos lo que nos toca vivir. Una pasión que nos lleva a profundizar cada acontecimiento de nuestra vida. Con pasión vivimos las cosas de otra manera, los acontecimientos como únicos y los encuentros con deseos de que se pare el tiempo. Es pasión lo que tenemos por aquellos a los que amamos. Apasionadamente somos capaces de hacer kilómetros por un abrazo, una mirada o un suspiro. Es pasión y delirio lo que sentimos por alguien que ocupa un lugar importante en nuestro corazón. Los gestos mostrados y dados con pasión tienen otra dimensión, otra profundidad, otro calado. Con pasión se abrazan los enamorados, con pasión echamos horas para un proyecto en el que queremos poner la vida plena, con pasión soñamos un futuro que nos llene de felicidad y con esa pasión intentamos hacerlo realidad cada día.

Hay gestos que son de auténtica compasión. Gestos donde el hermano, el otro se convierte en protagonista de nuestra vida. Son gestos que cambian de raíz nuestra vida, lo que hacemos y somos. Solo hay que mirar los gestos del Samaritano después de reparar con la mirada en el hermano herido al borde del camino: pararse, bajar, arrodillarse, curar con lo que soy y tengo, cargar, dejar mi cabalgadura (privilegio), cambiar de camino y de planes, buscar posada y ayuda, gastarse lo que tiene… y prometer no olvidar. Esto son gestos de compasión que llenaron la vida de Jesús de Nazaret que sabía convertir una mirada de compasión en unos gestos de amor vividos con pasión.

El Misterio. Los tres últimos días de Jesús

Los tres últimos días de Jesús, el Misterio de su muerte y resurrección, están llenos de gestos, tanto de Él como de los que le seguían, y de todos los que esas horas, interminables y de encuentro con el Padre para Él, se acercan a Él llenos de intereses, miedos, vergüenza, decisión… Gestos que nos abren mundos de emociones, sentimientos, proyectos, debilidades… Gestos llenos de dolor, de sufrimiento, de verdadera pasión, de entrega. Quiero recoger algunos como ayuda pero hay muchos más… sólo hay que leer los textos y buscarlos, os animo a ello.

En Getsemaní la oración de corazón abierto y de encuentro con la historia y, sobre todo, con un Padre que tiene una voluntad para cada hombre y mujer de este mundo rezuma verdadera y auténtica pasión. Una oración llena de gestos de dolor, de entrega, de abandono en las manos del Padre. Oración apasionada del que no sabe, ni quiere, hacer nada sin el Dios del Amor al que sirve y se entrega cada día. Gestos de pedir, y rasgarse el corazón ante Él de una forma apasionada por el amor recibido y sentido. Gestos de aceptación de su voluntad, sí o sí. Gestos también de dolor y amargura… algo terrible se avecina, se intuye, cada vez está más cerca aquello de ‘debe ser entregado y padecer’, un gesto que solo de pensarlo genera pasión.

Hay pocas palabras de Jesús en ese camino de pasión y entrega pero los gestos nos indican cómo los vive y siente apasionadamente. Gestos de compasión ante quien es herido por el uso de la violencia gratuita e inútil utilizada para defenderle ante los poderosos. Compasión y pasión que se dan la mano en el camino hacia un Sanedrín vendido al miedo y lleno de gestos que humillan, traicionan y mienten… reunión nocturna que a traición trata al que molesta; escondidos de la luz tomando decisiones que conducen a la muerte. El Señor, aguanta con gesto de paciencia, de incomprensión, de silencio ante los hermanos que no quieren escuchar… gesto de pasión que no se revuelve, que no responde con mal, sino con los gestos de sosiego y paz que le da la confianza en un Dios Padre que le ama.

Son gestos que no siembran odio, gestos cargados de silencio, de dolor asumido y de la injusticia incomprendida pero con humildad y lucha interior se sufre. Vivía con pasión el escarnio y la humillación si era para seguir cumpliendo la voluntad de Dios.
Gestos que llevan a la pasión por los poderosos que le detienen, que le llevan humillado ante los que deciden la vida de lo otros como pequeños dioses… Gestos de acusación, de señalar con el dedo a que le seguían, que hacen vivir como pasión y dolor a Pedro una conversación alrededor del fuego. Gestos de acusación, de gritos, de discusión, de enfado, de exageración en un juicio injusto y lleno de temor… gestos que son de pasión por la vergüenza pública que supone la mentira de la que no puedes defenderte. Pasión y sufrimiento de Jesús ante ello.

De nuevo el dolor jugando con una persona llevándolo de un sitio para otro, de Herodes a Pilato… gestos de cobardía que se multiplican y que la falta de compromiso, sin honestidad y verdad, producen en el inocente auténtica pasión. Con la resignación pacífica y la pasión puesta en el amor del Padre, Jesús soporta cada empujón, cada golpe, cada insulto… Gestos rodeados de silencio poniendo de nuevo la vida en manos del Padre para que sea Él quien decida: ‘haz de mi lo quieras’. Solo la pasión con la que vive la confianza en Dios le hace resistir interrogatorios, mercadeo con su vida (Barrabás) y gestos de indiferencia que duelen. Lavarse las manos ayer, hoy y siempre ante el que sufre produce dolor y pasión a los que somos sensibles ante la falta de dignidad y la herida que se produce en la misma.

El Calvario es expresión total de pasión, caídas, humillación, pesadas cargas, espectáculo degradante, jugarse lo que uno es, lanzadas, insultos y gritos… Un sufrimiento insoportable que conduce a morir como persona, a perder la dignidad de hijo de Dios… Y en medio de ello abrir los brazos para abrazar el mundo con la pasión de una entrega generosa y total, con un deseo de misericordia para todos, un regalo inmerecido y a veces rechazado por gestos de desprecio … Clavado a golpes y con gran dolor pero al mismo tiempo vivido como la entrega generosa para que quien vea más allá del dolor descubra un estandarte de amor que cura, de alguien que hasta el final quiere tener gestos de compasión con cada hombre y mujer de este mundo. Pasión hacía su Madre y hacía el discípulo que tanto quería… Tanta pasión, tanta verdad, tanta intensidad no se puede perder, Alguien la tiene que recoger y algo se tiene que sentir, algo transforma, todo cambia vivido con verdadera pasión. A nosotros nos pasa en nuestra vida, cuando vivimos algo apasionadamente nunca quedamos defraudados.

La pasión se desborda con la luz de la Resurrección, es la expresión y el gesto máximo de la pasión que Dios siente por nosotros sus hijos, la pasión hecha Vida en Jesús Resucitado que nos hace correr con pasión y fuerza anunciarle como aquellas mujeres en la mañana de la Pascua. Magdalena cambia la pasión del dolor y la ausencia, por la pasión de la Vida y la alegría del encuentro.

Conclusión.

  1. Gestos de pasión que hay que descubrir en cada personaje que se encuentra con Jesús pero sobre todo en Él. Debemos buscarlos en cada pasaje, en cada actividad que vivamos y preparemos. Debemos intentar que los otros la vivan igual, con la misma pasión con la que la hemos preparado.
  2. Pasión, en esos tres sentidos (dolor, apasionarse y compasión), que llenan estos días de sentido la memoria de Jesús de Nazaret. Pasión que vence el dolor por la entrega apasionada y compasiva por todos los hombres y mujeres de este mundo.
  3. Nos esperan unos días de Pascua apasionantes, con pasión los viviremos, sentiremos como nuestra la pasión de Jesús y con Él haremos que nuestros gestos sean, Gestos de Pasión y compasión por el hermano.

viernes, 7 de abril de 2017

Mueve cimientos


'Y aquel día decidieron darle muerte... Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo'  (Juan 11,53.57)

Comentario


‘Y aquel día decidieron darle muerte…’ Ya no lo soportan más y quieren acabar con Él… Él va a mover muchos cimientos de lo establecido, de lo que es ‘políticamente correcto’, de lo ‘de siempre’, de los que creen que defienden el pueblo y por lo tanto molesta. 
La verdad y la novedad asustan. También hoy si hay alguna propuesta de aíre fresco se ataja, se persigue, se cuestiona. Si es de Jesús, si es de Evangelio, si es de la Palabra… ¡¡cuidado!! no lo matemos sin más, no lo excluyamos, no lo manipulemos a nuestro antoja… Estaríamos poniéndonos a la altura de los que le persiguen, condenan o matan. 
Él es como es: atrevido, con un mensaje nuevo, valiente, inspirador… ¡¡Que no nos asuste su mensaje, su vida!! 
Quiero  ‘Atreverme contigo’ para vivir de otra manera... 

viernes, 20 de enero de 2017

Abrigarse


No dejes de abrigarte... 
El frío es menos compartido con los que te quieren, entre los abrazos de los viven cerca de ti, en una mesa disfrutada sin prisas... 
No dejes de abrigarte...
Con los que hacen en su vida un sitio para ti, con los que se acercan para escucharte, con los que te miran con cariño al encontrarte...
No dejes de abrigarte...
Junto a los que quieren caminar un 'ratito' de la vida contigo, con los que sin pedirlo se acercan a ayudarte, con los que te aprecian tanto que no pueden vivir sin un poco de lo que tu les regalas... 
No dejes de abrigarte... que hace frío fuera, mucho frío. 

domingo, 1 de enero de 2017

Rompamos este menú

Nada de dejar que se escapen la expectativas, las ilusiones, los proyectos, los encuentros, los momentos inolvidables, la alegría de la vida, las posibilidades compartidas, los cambios profundos, los saltos a los sueños...
Nada de un menú como el del dibujo... ¡¡Cambiemos el postre!!
Os propongo otro postre: la dulzura de un beso, la ternura de una caricia, la bondad de un darse gratuito, el proyecto compartido, la luz de unos ojos, la amistad de una confidencia... 

Feliz año 2017 

martes, 27 de diciembre de 2016

Decisiones

Subir, decidir aunque cueste

Cada vez que llega un Capítulo Provincial estamos en un momento crucial. Es un momento especial de discernimiento, de pararse un momento y mirar a tu alrededor. Esta próxima primavera será uno de esos momentos. Es nuestra vida la que está en juego, es 'encender las brasas' que todavía están calientes y que salga fuego, que caliente, que queme, que dé calor a los fríos que arrastramos de esta vida religiosa, de esta vida carmelita, que vive de muchos recuerdos, de mucha memoria... y carga con la helada piedra de las noches frías de las estructuras, de 'lo de siempre'. Es crucial, es importante, dotar de contenido el 'hacía dónde', 'el cómo' y 'quienes'... No se puede esperar más, hay que decidir. Ha sido siempre así pero más ahora. 
La palabra clave es decidir. Es el ejercicio comunitario de la toma de decisiones, del discernimiento. Hay que hacerlo y con valentía. Decidir es vivir. Alguien me dijo una vez que la clave es el pájaro en mano, y no el ciento volando. El que tiene el pájaro en la mano tiene algo, el que ve a los 'cientos volando' no tiene nada. Tenemos que decidir, escoger, agarrar con fuerza, elegir formas de vida que sean de hoy, estructuras que sean de ahora, lugares que nos permitan vivir lo que somos, trabajos que podamos desarrollar muy bien con nuestra edad, responsabilidades que podamos asumir con nuestras fuerzas. 
Se me ocurren, casi sin pensar varias cosas sobre las que decidir, algunas ya las he anunciado en otros comentarios, las repito para que no se olviden y por algún matiz nuevo. Voy enumerarlas y hacer preguntas y alguna afirmación sobre ellas. Creo que son temas que no pueden dejarse al tiempo, son de nuestra voluntad, de nuestra libertad, de nuestra reflexión y de nuestra decisión.
  1. Unidad de las provincias. ¿Para qué y por qué estar divididos? ¿Para qué tantas estructuras de gobierno? ¿Por qué no juntarnos con el hermano y planificar esos proyectos novedosos y posibles? Es clave esta cuestión. No hay marcha atrás, es juntarnos o morir. Es la única posibilidad de hacer algún proyecto nuevo, diferente, de presencia distinta. Voy a poner un ejemplo. Una comunidad de formación abierta, donde los jóvenes en proceso vivan su compromiso, ya sean profesos o postulantes. Una comunidad de mucha vida, de trabajo y estudio, donde los profesos solemnes tengan un trabajo compatible con su responsabilidad (dar unas clases, asumir la presencia pastoral en los colegios, coadjutores de una parroquia...) Las provincias han hecho, están haciendo un gran esfuerzo en la formación de religiosos para esta tarea de acompañamiento, de 'estar con...' Creo que este ejemplo es clarificador de los beneficios de la unión. Creo también que al mismo tiempo o si es posible previamente se deben cerrar unas cuantas comunidades de las provincias... Lo desarrollo en otro punto. 
  2. Cerrar presencias y comunidades. ¿Qué miedo tenemos? ¿No estamos haciéndolo a paso lento manteniéndolas abiertas con lo justo, sin creatividad, sin innovación, sin atención mínima, con celebraciones que rozan el ridículo...? ¿No es mejor tener menos presencias y atenderlas mejor, con verdaderos proyectos de pastoral propia nuestra? ¿Para que tantas parroquias que necesitan tanta energía que no tenemos? Creo que se debería buscar la manera de dejar aquellas comunidades, bajo mi punto de vista algunas parroquias, donde solo hacemos tarea puramente diocesana, sin ninguna referencia a nuestra espiritualidad y si se hace muy poca, de manera obligada y ligada a una persona que tiene o mucha convocatoria y mucha 'aurea' de perfección... 
  3.  Misión compartida con los laicos. La palabra importante es 'con'. Esta dimensión debe ser crucial en el futuro de la presencia carmelita en nuestro país. Es aquí donde nos jugamos la continuidad de las presencias y de las actividades. Por ello debe realizarse un plan de selección de las personas que asuman las responsabilidades, de acompañamiento de las mismas, de compartir generando equipos para la toma de decisiones, de seguimiento de las actividades, de formación de las personas que asumen dichas responsabilidades. Una planificación exhaustiva de los tiempos, las tareas, las actividades. Que no dependa esto de la figura del nuevo provincial o del siguiente. Ya en algunos lugares lo están haciendo sin el seguimiento y la compañía necesaria. En otras actividades de importancia económica, de personal contratado, de relevancia en la sociedad civil... debería ir pensándose en hacerlo. Hay cinco o seis lugares en la Pronvincia donde laicos podrían asumir la responsabilidad que se está convirtiendo en excesiva para nosotros.  No quiero citarlos pero todo el mundo lo conoce. 



Continuará...