viernes, 23 de julio de 2010

Ausencia

Se marchó.
Se la llevaron lejos aunque este aquí a mi lado.
No siento su presencia aunque camine con ella.
Nunca ha estado tan lejos.
Es un estar sin ser uno mismo que desconcierta.
¿Qué es verdad?
¿Aquel entonces iluminado o este aquí ‘sin saber qué’?
Tengo que esperar,
tengo que mirar de otra manera.
No puedo parar el tiempo
que envejece las cosas,
que arruga las miradas,
que sitúa las piezas
del puzzle de la vida de otra manera.
Aceptar con dolor y alegría tus ausencias.
Mirar con otros ojos las nuevas formas
para quererlas y hacerlas nuestras,
como aquellas otras tardes ya lejanas.
Eres tú,
estás aquí
y te quiero.

lunes, 12 de julio de 2010

Alegría


Esto del fútbol nos lleva de calle. No nos deja dormir. Las calles se llenan de ruido. Molestan pero al mismo tiempo no se lo tenemos en cuenta. Si se gana, como ha pasado, produce un sentimiento de alegría colectiva que no podemos frenar. Sentimos que hemos ganado todos los que nos sentimos identificados con lo que el equipo representa. Es nuestra alegría, es nuestro éxito, es nuestro triunfo. ¡Qué maravilla! Sentimos que hemos marcado el gol nosotros. Todavía es más maravilloso cuando descubrimos que el autor del gol se sentía ‘empujado’ por todos los que siente cerca, por aquellos a los que representa. Que gozada.
¿Por qué no aplicar todo esto a la vida cotidiana? ¿Por qué no alegrarnos de los éxitos, del triunfo, de ‘los goles’ de los que trabajan o viven conmigo? ¿Por qué no reconocer el éxito de los que hacen bien las cosas, de los que son capaces de seguir luchando por nosotros y con nosotros? ¿Por qué tanto afán de protagonismo de los que tienen una tarea en los grupos de trabajo y en los equipos? ¿Qué debemos cambiar para sentirnos empujados por los que pertenecen a mi grupo, comunidad y/o familia y sentirnos ‘representantes’ de ellos y no monopolizar el triunfo? ¿Cómo compartir la alegría, de los que siendo parte de nuestra identidad, consiguen un triunfo, un éxito, una meta? … No usurpemos su triunfo, su trabajo bien hecho, pero sintámonos contentos y felices por ser de los nuestros. La clave está en sentirnos identificados con el grupo, con la comunidad, con los que están en mi mismo barco (sea grande o pequeño). Identidad, identificarse… mojarse, desgastarse, sudar la camiseta… alegrarse, sentirse parte.
¡¡Alegrémonos con los otros!! Su éxito es nuestro éxito.

sábado, 10 de julio de 2010

Sentimientos


Saber explicar los sentimientos es una de las cosas más difíciles que me encuentro en mi vida. Quizá no me han enseñado a hacerlo, no he aprendido a expresar esta parte tan importante (quizá la que más ya que tiene conexión directa con la felicidad). Me resulta complicado poder expresar con palabras aquello que siento. No sé explicar aquello que produce en mi un cosquilleo en el estómago o lo que me ruboriza. Me gustaría poder decir una palabra para hacerme entender a aquel que tengo delante y al que quiero. ¿Cómo expresar correctamente la pena o la frustración? Desearía hacer un pequeño discurso explicativo para dar razón y sentido cuando una tarde se pasa como cinco minutos por estar con alguien al que quieres, con el que te identificas, con el que tienes una confidencia. ¿Cómo es posible que los sentimientos distorsionen hasta el tiempo y no consiga expresar o dar razón de manera lógica a semejante fenómeno?
No soy poeta, ellos lo expresan en sus versos ajustados y precisos, y eso todavía dificulta más toda esta expresión de lo verdaderamente importante de la vida. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo hacerme entender? ¿Es importante hacerse comprender en esta dimensión? ¿Es necesario usar la palabra?
Creo que miraré a los ojos, sonreiré, abrazaré, daré un beso, lloraré, encogeré los hombros, cogeré de la mano, caminaré en silencio al mismo paso que el otro … y a buen entendedor sobran las palabras, ¡¡¡ya vale de discursos y explicaciones a todo!!

sábado, 3 de julio de 2010

Me dejaste


Cuanto te echo a faltar. Te fuiste una tarde de otoño sin avisar. ¿Qué buscabas? Amigo mío que miedo más grande emprender tamaña aventura. Solo de pensarlo me asusta. Me dejaste huérfano de amistad, desde entonces la ando mendigando de un sitio para otro. Te fuiste sin despedirte, tus prisas siempre fueron una característica. En todo menos en tomar unas cañas o unos vinos. He renegado sobre esto todo este tiempo, demasiado tiempo. Ausencia que se ha convertido en presencia obsesiva de preguntas y razones. Vacíos recuerdos, cada vez más lejanos y en ocasiones alejados de lo que fue, que se llenan de deseos imposibles. ¿Por qué? ¿Para qué? Ausencias incompresibles para siempre como teoremas inconclusos por la falta de pizarras y dejados sin terminar para el día siguiente que nunca llega. ¡¡No puede ser!! me dije aquella tarde. Se confundieron, estaba seguro que aquella pesadilla en medio del pasillo era un cuento de los inocentes que, sin yo darme cuenta, habían cambiado de día. Cuanta pena, cuanta miseria, cuanta espera, cuanta soledad, cuanta ausencia, cuanta sequedad… ¡¡Qué mala suerte!! ¡¡Que desgracia!!.
El tiempo pasa y la vida se llena de propuestas diferentes, de muchas alternativas buscadas o imposibles de rechazar, que hacen que las prisas y agobios del trabajo, que tú tanto odiabas, llenen el tiempo que uno no tiene. Este agobio se convierte en terapia para olvidar, como cualquier otro adicto, la realidad pura y dura de la ausencia y la soledad. Pensamientos que vuelven a traer al presente tu pasado que se convirtió en definitivo presente aquella tarde de otoño. Recuerdos de penas y desgarros, que en el agobio de los días llenos de cosas y vacíos de segundos, se convierten en envidias de lo que ‘vives’ para siempre. Tentaciones de pensar que no fue desgracia sino auténtica buena suerte tu destino. ¿Será verdad es sentimiento de desear estar contigo de nuevo corriendo el camino que tú emprendiste y que no tiene retorno? Pensamientos y deseos que hay que desechar pero que la frecuencia de los mismos hace más costoso su rechazo.
No deseo tu suerte, deseo tu paz. No deseo tu encuentro, si no tu memoria, señal inequívoca que estar vivo, lo que tú deseaste aquella tarde de otoño.