martes, 30 de noviembre de 2010

Unidad de las Provincias



Quizá nunca debería haber abierto este tema en esta ventana. Es posible que no afecte tanto como estoy pensando a las personas que tengo alrededor, pero no puedo resistirlo más. Debo comentar el tema que se va a poner de moda dentro de unos días entre mis hermanos. Es sobre la unidad de las Provincias religiosas.
¿Por qué lo escribo aquí y no en los lugares donde muchos más implicados lo leerían? Muy sencillo. Creo que es un tema que interesa a muchos (eso creo yo) de los que leen este humilde rincón de vueltas y vueltas. Porque os tengo que decir que este si que es un tema de rueda y rueda. La harina no es de ayer, es mucho tiempo atrás, está muy refinada.
En primer lugar tengo que decir que soy partidario de la unidad de las provincias carmelitas de la Región Ibérica (creo que sin nombrar a España es más fácil conseguirlo). Todos formando una unidad de presencia, de trabajo, de comunicación, de disponibilidad, de proyecto y de propuesta de vida y seguimiento de Jesucristo (¿Será esto lo que tenemos que hacer ahora también? ¿Unidad? ¿Seguimiento de Jesucristo?). Creo que más del 20% de las cosas ya las estamos haciendo juntos. Creo que es la cosa más fácil de hacer del mundo. Tengo un método infalible, en serio. Es este: se pone todo el dinero en común, se abre una nueva cuenta corriente con el nombre de Carmelo Ibérico y conseguido. ¿Difícil?¿Si?¿Por qué? Yo creo que no es complicado. Es muy sencillo, en nuestra vida: no debemos tener nada propio, ni la silla a la que nos hemos pegado. Mucho menos lo material, el objeto de culto del otro dios que por desgracia debemos tener, cuidar y utilizar para vivir en esta economía de mercado que nos ahoga (a unos más que a otros), es un decir.
Mi humilde opinión es que toda la Región formemos una sola provincia. También Portugal, Catalunya y Valencia, aunque tengan una lengua propia. El argumento de la lengua se desmonta cuando no lo utilizamos para los valencianos. ¿A caso los que han nacido en la comunidad valenciana no tienen una lengua materna rica y diferente a la castellana? No hay problema en trabajar en una parroquia en Lisboa, a los tres meses se sabe perfectamente el portugués. No creo en la dificultad de comer pan con tomate en Valladolid, hay buen pan, y tomates hay en todos sitios.
En segundo lugar se ganaría en calidad de vida religiosa. ¿Por qué? Muy sencillo: dejaríamos de ser los mismos de siempre, en los mismos sitios, con las mismas ideas (algunos las llaman manías) ya conocidas. Las comunidades podrían ser más ricas en número de frailes, con mentalidades y opiniones diferentes. Los números salen si se hace una reestructuración de las presencias. ¿Dónde queremos estar presentes cómo carmelitas y por qué? Ese donde no se refiere a mi proximidad o cercanía espacial. Ese donde es de amplitud, de significado, de pasado y también de futuro. De mantener y continuar una tradición y de necesidad del mundo y de la Iglesia. La calidad también la da el obligatorio desprendimiento de apegos temporales que esto supondría: ir, acoger, aprender, identificarse… de otras culturas, de otras gentes. La apertura de espacio, la posibilidad real de desplazarse lejos haría que el ‘optite’ que nos tiene pegados a sillones, muchos de ellos carcomidos, fuera menos importante y determinante en el proyecto de vida personal (¿hasta dónde debe llegar este proyecto personal de vida? ¿también debemos incluir en él el lugar de vivir?).
En tercer lugar, y último en esta primera entrega, la posibilidad de hacer nuevos proyectos. Proyectos de aquí y ahora. Muchas de nuestras presencias, todas las formas de vida (compromisos, tareas, misión, actividad económica…) y estar en esas presencias es de los años sesenta y más allá. ¿Cuánto ha cambiado nuestro mundo desde entonces? Mucho, ‘no lo conocería ni la madre que lo parió’. Las necesidades de los jóvenes, la familia, la actividad económica, los pobres, la ‘cristiandad’, la necesidad de evangelizar y a quién… todo es muy diferente. La unidad daría la posibilidad de generar en alguna de las presencias, o en una nueva, maneras actuales de vida: compromiso social, comunidades abiertas, misión compartida, comunidades mixtas (laicos/as, religiosos/as, familias, compromisos temporales de vida, …), compromisos de sencillez y austeridad de vida cercano a los sencillos y austeros (obligados muchos de ellos) de nuestro mundo… ¿No os parece que es suficiente razón para arriesgar?
(Continuará)

lunes, 29 de noviembre de 2010

Ella


Está pintando aquí a mi lado, mientras escribo. Estamos oyendo música, ella no conoce el cantautor. Tarareamos la canción, nosotros si la conocemos. Sigue pintando como si fuera lo más importante del mundo, colores, líneas, formas… imaginación. Estamos tranquilos. Hace calor en la habitación. Ella me dijo que estaba desordenada cuando entró, es muy ordenada, una mujer pequeñita. Es verdad, está desordenada, soy así, desordenado, perdido, sin terminar de tirar nada que haga cambiar mi vida. Seguimos juntos, como todo el día, y eso es lo importante. Queremos que no llegue el momento de irse. Se ha pasado el día muy rápido, volando diría yo. Volverán otros domingos. Serán intensos y llenos de colores, como su dibujo, sus formas, sus líneas. Estaremos juntos, mucho más juntos, apretados, abrazados. Poco a poco serán las risas las que nos hagan pintar de fuertes colores las líneas y formas de nuestra vida, aunque perduren los fríos del otoño, como del actual que se acaba. Es el deseo de este adviento que anuncia más arados y podaderas. ¿Y si fuera verdad el anuncio de Isaías? ¡¡¡Que maravilla!!! Nunca más lanzas ni espadas. No pienso en guerras lejanas, pienso en mis lanzas empleadas para las batallas, perdidas hace tiempo, del día a día. Espadas afiladas en forma de palabra más alta de lo normal o fatalmente utilizada para herir al que comparte mesa y cuaderno. Quiero podaderas que cultivan y arados que rasgando la tierra la acomodan para que la semilla crezca. Me volví a ir lejos. Sigue a mi lado, sigue pintando. Que se pare el domingo, que no se termine, que no sea nunca mañana, que no te muevas de esta silla, aunque esté desordenada la mesa. Aquí a mi lado, pintando con los rotuladores que subrayan lo importante o lo que hay que cambiar. Colores vivos que marcan aquello que hay que mudar para que el corazón se convierta en el mejor de los portales para que el Señor que viene, el Señor que se acerca, encuentre el vacío suficiente para hacerse presente y ser sentido. Me gustaría encontrar la manera de vivir el adviento con la alegría, el coraje y la fuerza necesarias para ser instrumento de Navidad a mi alrededor. Sigue la música, otra canción. Es tarde, ya no entra luz por la ventana desde hace un buen rato. Ella está aplicada con su tarea, un color para cada letra. No quiero que se vaya, que se pare el tiempo, que no llegue el lunes de cada semana, la realidad dura e imposible. El tiempo no se para, el dibujo se termina, el cansancio hace mella en ella, quiere irse pero quiere volver. Volverá a ser domingo dentro de poco, pintaremos juntos, tararearemos la música que nos gusta, pasara el otoño y el invierno, en los corazones florecerá una nueva primavera, la sonrisa brotará de tus labios, será el fruto del calor del corazón que busca, ya por fin sosegado, un sitio, una verdad y un sentido. Ella querrá seguir pintando, le encanta. Nuestras risas y músicas llenarán sus dibujos de colores nuevos, de líneas diferentes y formas abiertas preparadas para el encuentro. No dejes de pintar princesa, busca los colores más adecuados para adelantar la primavera que estamos esperando. Sólo tú puedes llenar de color los espacios grises de nuestro corazón. No te canses. Estaremos aquí, a tu lado siempre para que sigas pintando, para des forma a lo que somos y deseamos.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Dignidad


Tirada en el suelo.
Puerto Príncipe, cerca de un hospital.
Ha pasado el tiempo y todo sigue igual…
¡¡¡Mentira!!!
Todo está peor.
Se fueron los de las fotos,
las cámaras, los intereses,
las imágenes que mueven corazones.
Folletines para vender.
Sensiblerías para llenar un tiempo
entre los anuncios que llenan los bolsillos.

Ella sigue tirada.
Esta en el suelo.
Desnuda.
Despojada de sus ropas.
Desecho de los hombres.
Mujer de dolores.
Como un malhechor.
Un ‘objeto’ que no sirve para nada.
Juguete roto de las lágrimas de cocodrilo
de un mundo lleno y saciado.

¿Qué hago aquí?
Miro y no siento.
Vergüenza de mi ser.
Mentira de mi privilegio.
Verdad que me denuncia.
Escándalo de nuestro mundo.
¿Dónde está la rueda de molino para mi cuello?
Quitaré mi espejo al levantarme, no podré mirar.

Se llama dignidad… y es la nuestra.
Se perdió con la suya.
Tirada en el suelo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Tutear


Me parece muy bien que se tutee a las personas. Este es mi parecer sobre el trato entre las personas educadas. Me gusta que mis alumnos me traten ‘de tú’.Creo que los formalismos del usted se deben guardar para personas con cierta autoridad (sobre todo moral), con edad superior a la que uno tiene, como trato de admiración o respeto a alguna persona cercana. Es lo que pienso pero no tiene que ser compartido por todo el mundo. Para mí el tuteo, incluso de los alumnos que te acaban de conocer, no es un problema o no acarrea ningún problema.
¿Por qué todo esto? Muy sencillo, el tuteo se puede convertir en una falta de educación si va acompañado de el grito parecido al utilizado para llamar la atención de un animal. Desde el final de la clase se oye un grito, para sordos de tercer grado (si es que existe la graduación en la sordera), llamando la atención del profesor. Desde el fondo de la clase se oye una especie de grito o rebuzno con mi apellido. En ese mismo momento el tuteo se convierte en una falta de educación, en un perder por completo las formas y las maneras de tratar a las personas y no sólo al profesor. El tuteo pierde todo su sentido de cercanía, de crecer en un trato de igualdad, de fomentar unas relaciones diferentes a lo legal, cuando se acerca un alumno al profesor sin ningún tipo de miramiento, de respeto, de consideración a su espacio (mesa del profesor) o su persona (cogerle del hombro) como cualquier ‘colega’ de la peña o de la comparsa de fiestas, si es que existe alguna de estas dos cosas. No es tutear, eso es mala educación y falta de respeto.
‘¿Cuándo hemos comido juntos?’, me dijo un ilustre profesor de filosofía en mi segundo año de alumno en la Facultad de Teología de la Ponti al tutearlo después de haber levantado la mano, de hablar correctamente y de intentar razonar una pregunta sobre el contenido de la lección que estaba impartiendo.
¿Cuándo han comido con nosotros estos alumnos que nos tutean de manera maleducada?