sábado, 29 de enero de 2011

Mesa camilla


Los que ya comenzamos a peinar canas y descubrir el  nuestro techo tenemos recuerdos de muchos encuentros alrededor de una mesa camilla. La mesa camilla es una mesa vestida. Tiene faldón y es un lugar de encuentro. Llegabas en los días de invierno y encontrabas sentada a su alrededor a las personas de la casa, del hogar: la abuela haciendo punto, la mamá zurciendo unos calcetines, el abuelo simplemente mirando su reloj de bolsillo una y otra vez, esperando que comenzase un programa de televisión más interesante que el que estaba siguiendo desde la mesa para cambiarse al sillón. Te estaban esperando y te acogían. El papá se sentaba pocas veces, estaba en otros menesteres.
Llegabas a casa y siempre había un sitio para ti alrededor de la mesa camilla. Además era una mesa que tenía truco. Tenía algo más que vestido, tenía calor, tanto arriba como abajo. En el centro de la misma había en invierno un brasero. Metías tus piernas, te cubrías las mimas con el faldón y… los píes cambiaban de temperatura ya que las brasas hacían que el frío de los mismos se convirtiese en la sensación agradable del calor. Arriba también había calor, calor de encuentro.
En la mesa se compartía la vida. ‘Siéntate, caliéntate que hace mucho frío y cuéntanos’ ¿De dónde vienes? ¿Con quién has estado jugando? ¿Tienes deberes? ¿Has visto a los primos?... ‘Esta manta es para la habitación nueva de Esmeralda’, ‘tendremos que comenzar a rallar el pan para los bolos del ‘matacerdo’. Proyectos, tareas, organización del hogar, preguntas, respuestas, deberes, silencios, escuchas, palabras… en definitiva un lugar de compartir lo que uno era y hacía, donde siempre tenía sitio. Lugar de llegada y partida después del encuentro con los tuyos.
En mi comunidad el altar es redondo, como una mesa camilla. Es la mesa de la Vida, del alimento que hace latir el corazón de otra manera. Es una mesa abierta donde siempre hay sitio para el que viene, donde el otro puede sentarse siempre. Está vestida de lo que cada uno trae para poder compartir, con eso te abrigas y te empiezas a calentar.. Él, el Señor de la casa, el Señor del hogar, siempre está esperando con el fuego encendido para romper los fríos temerosos del encuentro, los fríos de fraternidad de tantos ‘inviernos’ en los que nos encontramos. En esta mesa siempre hay una Palabra de aliento suya, pero también Él quiere escucharme. Es una mesa llena de posibilidades de diálogo y compartir la vida. La vida del Señor de la Familia, está entera para poder hacerla nuestra, la regaló un día y seguimos haciendo de ella alimento y proyecto. Nosotros con las cargas de cada día nos acercamos a la mesa para dejar peso y llevarnos compañía. Muchos días lo encuentro tejiendo una manta para calentar mi frío, para no sentirme solo, para poder salir a la calle y volverme a enfriar pensando sólo en mi, olvidando el calor de esas brasas que no se consumen: el amor del Encuentro compasivo. ‘Hazme un sitio, Señor, que me voy a sentar esta tarde contigo en esta mesa de banquete, fiesta y vida’

viernes, 14 de enero de 2011

La puerta


He estado unos días sin puerta en mi despacho. Ha sido una buena experiencia. Han pasado muchas cosas. Todo empezó con un deseo: tener una salida más, un lugar de escape. ¿Escapar del colegio? No, esto es imposible. Escapar para no molestar, para no interrumpir, para no asustar, para no sorprender… Escapar a la hora para encontrarme con una realidad que me espera de manera ineludible: las clases.
Del deseo se pasó a una obra. Una tarea que ensucia, que llena de polvo todo lo que hay alrededor. Abrir una puerta en una pared no es fácil, hay que tirar un trozo para generar un hueco. Tirar lo viejo genera polvo, suciedad que luego hay que limpiar. Todo lo de alrededor se llenó de ese maldito elemento que gracias a las señoras de la limpieza va desapareciendo: el polvo. Quitar ese polvo de lo viejo,  de lo que sobra para abrir.
Después de la obra han pasado unos días sin colocar la puerta en sí. Al principio había una barrera que impedía entrar y salir cómodamente pero no ver a quien pasaba por el pasillo. Todos me veían, podían hablar conmigo y comentaban las razones por las cuales había decidido abrir la puerta., la dificultad era entrar. Algo estaba cambiando. Los niños se sorprendían y al mismo tiempo les encantaba mirar. Los adultos pensaban desde negro hasta blanco, pasando por no pensar nada.
Hoy ya tengo la puerta. Es para salir sin molestar, para escapar, para entrar, para abrir, para ver, para encontrase, para pasar y sentarse, para ver y querer, para salir y abrazar, para escuchar las confidencias, para sentirse en casa, para sacar lo viejo, para ver al amigo, para descubrir al pequeño y juguetón, para oír las risas, para facilitar el encuentro, para acoger, para estar solo, para recibir, para dar, para trabajar, para hablar, para hacer sitio, para cambiar, para cerrar y para dejar abierta…
Ya no queda polvo, se fue lo viejo, hay una posibilidad más de encuentro si está abierta, si se pude salir y entrar, si ofrece posibilidades de sentarse para escuchar, descansar, trabajar y hacer comunidad. Intentaré no perder las llaves para que sea fácil construir todo esto.
Total una simple puerta en una pared.
Voy a intentarlo con el corazón… también hay polvo y paredes viejas que dificultan abrir puertas para ti.

domingo, 9 de enero de 2011

Oración con jóvenes


Imagen de pARTido

Estamos preparando la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011. Hay un buen programa en mi diócesis, me de envidia por no ser capaz de organizar uno así para mi provincia religiosa. Os felicito. Creo que es bueno utilizar el evento para crecer en comunidad diocesana, en la alegría de sentirse parte de la Iglesia, de descubrir que podemos hacer y vivir muchas cosas juntos aquí también sin que tengamos que ir a Madrid o a otro lugar del mundo para sentirlo y vivirlo.

Pero…

  • Creo que a los jóvenes hay que darles sitio.
  • Creo que deben sentirse participes de las cosas.
  • Creo que hay que explicarles lo que se hace.
  • Creo que debemos ocupar (clero, obispo…) nuestro sitio y no tiene porque ser el centro.
  • Creo que debemos utilizar un lenguaje entendible.
  • Creo que hacer por hacer no sirve.
  • Creo que sin libertad es complicado lo de seguir a Jesucristo.
  • Creo que sus símbolos no son los nuestros.
  • Creo que debemos animarnos y atrevernos a dejarles ser y hacer.
  • Creo que lo de antes era antes, y lo de ahora debe ser ahora. Mezclarlo querría. Lo de antes no tiene porque ser lo auténtico, lo de verdad, lo de siempre… es sólo de antes.
  • Creo que no saben latín.
  • Creo que no entienden la necesidad de sermones de más de veinte minutos y varios en la misma oración.
  • Creo que les cuesta entender la adoración al Santísimo sin explicación previa y lenguaje cercano y actual.
  • Creo que quieren hacer cosas, pero las suyas no necesariamente las nuestras.
  • Creo que las suyas también son de la Iglesia.
  • Creo que no siempre tiene que presidir el mismo, es una oración.
  • Creo que para una oración o vigilia no se necesitan monaguillos (romanos).
  • Creo que no hace falta ponerse el alba para una oración, estamos todos en el misma barca y sufriendo el mismo temporal.
  • Creo que debe leerse menos y explicar más y mejor.
  • Creo que nos da miedo su música.
  • Creo que sus tiempos no son los nuestros.
  • Creo que de verdad es una suerte tener esta oportunidad de sentirnos Iglesia.
  • Creo que estamos (bueno, yo no mucho) haciendo un esfuerzo.

No se crítica es ganas de ver algo diferente. No tengo mucha propuesta… pero creo que debemos cambiar y atrevernos.

martes, 4 de enero de 2011

Unidad de las Provincias (3)


En esta tercera reflexión quiero hacer un ejercicio de imaginación (¿no eran eso los anteriores?) que ayude a encontrar alguna respuesta a la pregunta sobre el qué cambiaría con esta unión. Quiero recordar que la verdadera unión, que si sería significativa, sería la de las cuatro Provincias de Espanya (lo escribo de estar manera para que la ñ no espante a nadie) más el Comisariado de Portugal. Pero seamos realistas, por un momento: esto no es posible y quizá si la unión con la Provincia de Castilla. ¿Qué podríamos hacer nuevo?

  1. Abrir una nueva comunidad. No penséis que es un nuevo lugar, puede ser un lugar de los ya existentes. Una nueva comunidad que tenga como misión y tarea fundamental ser casa de acogida y acompañamiento de jóvenes que quieran tener una experiencia en la vida religiosa, donde encuentren, por lo menos, un religioso (deben ser varios los que se encarguen de esta tarea) que les pueda escuchar, ayudar a discernir y acompañar en su proceso de maduración en la fe desde un planteamiento vocacional de la vida. Debe ser una comunidad nueva, que llene de sentido diferente el trabajo de cada día (no tiene porque ser su tarea única y exclusiva el acompañamiento), que su proyecto de vida sea cercano a la vida de hoy y a la manera de vivir hoy la vida religiosa y en especial nuestra identidad carmelita, el carisma. Sería la comunidad de acogida (postulantado) para jóvenes que quieran profundizar en su respuesta a la llamada de Dios. Actualmente no hay en nuestra Provincia una comunidad que tenga como misión desarrollar esta tarea. Es muy importante recuperar en la Provincia el itinerario de formación, la clarificación de las etapas del mismo, los lugares donde se debe realizar, los responsables de cada una de las etapas. Debería empezarse por esta comunidad. La unidad daría posibilidad de encontrar varios hermanos que puedan asumir y realizar esta tarea: diseño de un proyecto de vida que hiciera posible vida, trabajo y tarea de acompañamiento y acogida. Creo que esta comunidad no debe ser una parroquia. Todos sabemos que la vida parroquial fagocita en todo o en parte la vida religiosa.
  2. Vivir de otra manera. La unidad de las provincias facilitaría la propuesta de nuevas formas de vida. Por ejemplo una comunidad que desee acoger a los laicos con un compromiso de permanencia o de vida limitado en el tiempo. También surge la posibilidad real de compartir proyectos de vida diferentes debido a itinerarios distintos de crecimiento que se han dado en circunstancias organizativas diversas. Este compartir podría llevar consigo propuestas nuevas de manifestar nuestro ser en medio de un mundo cambiante a una velocidad increíble. La unidad (nueva organización, nueva estructuración, nuevas caras, nuevas maneras…) facilitaría esta posibilidad. Imagino que haya dos en cada provincia con este tipo de propuestas. Ahora es imposible generar una pequeña (o grande, quien sabe) estructura comunitaria que para dos personas le ayude a desarrollar ese ideal, inquietud o propuesta. De la unión surge la posibilidad al no ser dos si no cuatro. Solo por esto es aconsejable, posible y necesaria la unidad.
  3. Abrir horizontes. Desde la unidad y con esta como realidad es posible abrir nuevos horizontes de presencia tanto en Espanya como en países de misión. ¿Por qué? Muy sencillo: hay estructuras que pueden ser independientes como por ejemplo el Comisariado de las Antillas. No necesita la Provincia como referencia en la Orden, en el Gobierno (autonomía pedida, reivindicada, ejercida y temida su perdida), en el mantenimiento económico, en la visión de futuro y/o en la planificación de los objetivos de crecimiento (proyectos vocacionales, planificación de profesiones solemnes y ordenaciones, reestructuración de presencias…). Este momento de unidad y nueva organización interna sería ocasión propicia para poder plantear un nuevo estatus para el Comisariado de las Antillas y para buscar lugares donde la presencia de la Orden, con la ayuda de la nueva Provincia sea más necesaria, útil y que ayude a abrir caminos a nuestro carisma. La nueva Provincia ya tendría una presencia en las comunidades de Argentina. Dentro de estos nuevos horizontes la unidad llevaría consigo el necesario replanteamiento de dónde, cómo y qué podemos hacer no sólo para vivir bien o muy bien si no plantearnos dónde, cómo y qué hacer para desarrollar nuestro carisma en plenitud ajustado a una realidad del siglo XXI, no de mediados de los años sesenta del siglo pasado. Horizontes de austeridad, de sosiego, de vaciado de necesidades, de vida en sencillez, de puertas abiertas, de dejarse moldear por valores maravillosos del mundo de hoy...
  4. Crecer en disponibilidad. Hubo un provincial que nos la enseñó con sus palabras y peticiones constantes a ella. Más o menos lo consiguió. La unidad llevaría consigo una renovación personal de esta dimensión. Sé que es lo que más asusta a los más mayores, pero no hay problema: donde vayamos no nos va a faltar ni trabajo, ni comida, ni alguien que nos quiera, ni una cama para descansar… Tranquilidad. Uno de los problemas que nos lleva a estar reticentes a la unidad es el excesivo apego que tenemos a nuestros pequeños ‘conucos’ (¡cuantos recuerdos P. Ignacio). El movimiento (disponibilidad) en nuestra vida viene marcado por aquello del evangelio: ‘no tienen donde reclinar la cabeza’. Nosotros si lo tenemos. La disponibilidad al cambio de lugar ayuda a la disponibilidad como valor del día a día: una servicio, una atención, un gesto de fraternidad, un desprendimiento, un último esfuerzo… La unidad pediría esta disponibilidad.

Escribo casi sin repasar. Seguramente hay muchas repeticiones. ¡Que le vamos a hacer! Disculpad. Si releo lo escrito empiezo a dudar si los argumentos son a favor o en contra de la unidad y la rueda de molino vuelve a girar y girar… la harina en este caso sale un poco sucia: apegos, intereses, ‘historietas’, pecadillos, egoísmos… miedo.

domingo, 2 de enero de 2011

Profesión de fe



Encontré el otro día esta profesión de fe del Obispo Casaldáliga. Me ha encantado, no podía dejar de colgarla en mi ventana. Estos días muchas familias cuelgan de sus balcones imágenes que recuerdan el tiempo de Navidad: un estandarte rojo con la imagen de un niño, una imagen de la Sagrada Familia… Yo quiero colgar en esta ventana mi estandarte, esta profesión de fe quiero que sea mi estandarte: un Jesús Hombre pleno e igual al Padre. Un Palabra definitiva para el mundo de un Dios que no quiere guardar silencio ante el devenir de la historia y del hombre protagonista de la misma. Ahí la dejo para verla, contemplarla y, como hacen los hinchas, envolvernos con ella.

“¡Creo en Jesucristo y le adoro. Le amo. Creo en este Amigo que me presentaron mis padres, la Iglesia: Dios hecho hombre, nacido en Belén, de la casta de David venida a menos , hijo verdadero de María, judío y obrero, natural de un pueblo colonizado; Hombre que ama, sufre y muere , perseguido y condenado por el Poder de los hombres; Resucitado por el Poder de Dios, Hombre Hijo de Dios, misteriosamente igual al Padre, “en quien habita corporalmente la plenitud de la Divinidad”, cuyo espíritu anima a la Iglesia, Camino, Verdad y Vida, Salvador de los Hombres, el Señor!”