Miradas en tres días que cambiaron la historia
Una mirada es una posibilidad de encuentro. No hay mirada sin atención, sin profundidad, sin algo que mirar. Es mirando como encontramos. Si dejamos de hablar de cosas, de objetos y comenzamos a hablar de personas descubrimos que la mirada se convierte en reconocimiento y diálogo. Muchas veces dice más una mirada que una palabra. Mirar es cruzarse con el otro, reconocerle, acercarte en la duda, pararte para no arrollarlo o que no te arrolle. Miar es llenar de sentimientos la expresión. La mirada se convierte en elemento fundamental de encuentro y no nos fiamos de aquellos que la esconden, que la bajan, que la desvían. Muchas veces está tan cargada de peso, de historia, de sentido, de pregunta… que nos cuesta aguantarla o que nos la aguanten. Mirar es dejar abierta la puerta de tu corazón, una pequeña rendija para dejar que pase, para dejar que el otro se siente al lado en tu corazón, de lo que tú eres. Miramos para crear complicidad y abrazo cuando tenemos atadas las mano...