Compartir con Filipinas
Una de las realidades más maravillosas de la Orden del Carmen, que he descubierto después de ser fraile carmelita, es su dimensión internacional. Me ayudó a ello salir de mi provincia, de mi país y poder participar en alguna actividad internacional. No sé idiomas, mal hecho lo sé, y por lo tanto tengo una dificultad grande de comunicación cuando participo en estas actividades de carácter internacional. En el primer encuentro con esta dimensión que participé daba todos los días un largo paseo con dos religiosos norteamericanos que no paraban de hablar entre ellos, de mirarme y pedirme mi consentimiento u opinión sobre lo que hablaban, yo simplemente respondía con mis gestos, sin saber nada de lo que hablaban. No dejaron en los quince días de esperarme, de buscarme para dar un paseo. Lo que teníamos en común no era la lengua, era la fraternidad y el deseo de vivir en obsequio de Jesucristo. Os cuento todo esto para pedir vuestra colaboración, vuestro compartir, para vivir este sentido...