domingo, 25 de diciembre de 2016

Ha venido...


Belén (c) Ruth Fau

Ha venido y no podemos dejar que se escape. Hay que salir en su busca. Nada de quedarse quietos, nada de estar parados. ¿Qué sabemos de su venida? Unas pequeñas pistas. 
Es un niño, es alguien pequeño, con frío, con necesidad de ser cuidado, de ser atendido.. .quiere que alguien lo arrope, que lo cubra de besos, de calor, de compañía. Estará envuelto en pañales. Hombres y mujeres indefensos, necesitados de otros que los cuiden, acompañen, vistan, den de comer... En aquellos pequeños, sencillos, necesitados, perseguidos, desalojados, echados... de nuestro mundo, aquellos que no se pueden defender por sí mismos... es allí donde podemos encontrarle, buscar una señal, acogerle y acompañarle. 
Hay una propuesta de ir a Belén pero creo que hay muchas 'belenes' en el mundo... pequeñas ciudades de la periferia, donde nadie se instala, escondidas, donde no hay nada importante. Periferias donde los hombres y mujeres de este mundo sufren el frío de la noche, de la indiferencia, de la violencia, de la guerra. Quizá hoy tengan otros nombres, Siria, Congo, fabela, suburbio, barrio marginal, patera, Mediterráneo, frontera, piso de abajo de mi casa donde se han quedado sin trabajo... No sé, quizá esos fríos existenciales de muchos hermanos nuestros lo hagan presente, lo anuncien. 
Una pequeña pista es buscarle en un pesebre, allí donde nadie lo buscaría... un sitio no hecho para el hombre, como Alepo destruido por las bombas o una frontera llena de pinchos y barreras, o un campamento lleno de tiendas y personas sin tierra, sin casi esperanza, un mar lleno de muertos... lugares  inhumanos creados por la mano del hombre y que privan de la dignidad de sus congéneres. 

Dos pistas para ese camino, dos pistas que nos dan esperanza, que dan posibilidad y vida. Hay que dejar los miedos en casa. Echar los miedos, desalojar de nuestro corazón las falsas vergüenzas y las indiferencias, salir a la calle con la cabeza alta y comenzar a mirar mucho y profundo a los que viven con nosotros. Sin miedo, sin pausa. La segunda sugerencia es hacerlo con alegría. Aunque no es un camino fácil y sencillo tenemos una promesa de alguien que es siempre fiel, del que siempre está ahí, del que no falla, Dios. Esa promesa hecha anuncio y verdad es: hoy, aquí, ahora y para siempre os ha nacido un Salvador. Nos llena el corazón de una alegría no pasajera, no fugaz, sino permanente. En lo profundo hemos escuchado una palabra que retumba y apaga los ruidos de la otra navidad, esa Palabra hecha vida es 'os quiero y estoy con vosotros'. 
Cojamos el zurrón de nuestra vida, pongamos algún presente, por ejemplo el corazón, y como los pastores salgamos en su busca, a su encuentro... nos espera una sonrisa de niño que iluminará para siempre lo que somos y hacemos. 
Feliz Navidad. 



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