Comensalidad

En la mitad de la Semana Santa se sitúa la mesa de la Última Cena. En aquella mesa, en aquella cena, se abrió la puerta a los tres últimos días de la vida de Jesús. De esa mesa, compartida con los suyos, se pasó, con mucho sufrimiento y dolor, a la Cruz donde la vida se entrega por cada hombre y mujer de este mundo. La mesa del Jueves Santo es una mesa alargada en espacio y tiempo. Una mesa donde todos tienen sitio, una mesa que todavía se prepara cada día para partir el Pan de la vida. Jesús tenía deseos de ‘comer la Pascua con sus amigos’, la preparan con esmero, buscan un sitio, no dejan fuera de la mesa a nadie, ni al que lo iba a entregar. Fue una cena única y especial. En ella se sigue el rito de la cena de pascua que todos ellos sabían desde niños, pero esa noche se llena de otra profundidad, de otras miradas, de otra intensidad. Aquel pan que se parte y comparte será un alimento distinto. Es Jesús quien lo da mirando a los ojos de los que llenan el cenáculo, es Pan de Vida. El ...