Mucha lluvia.

Estaba lloviendo mucho, caía sin parar, agua y más agua… No había manera de parar la lluvia. Comenzaron los rayos, los truenos… al salir de casa estaba el mar. Agua por todas partes. La calle era un río, el agua saltaba las aceras, parecía que necesitaríamos las barcas de una escuela de vela que había enfrente de nuestro albergue para salir de allí. Todo el mundo estaba pertrechado de su paraguas, de su chubasquero, de un poco de ropa de abrigo… algunos, los más previsores, había traído las botas de agua… las compartieron con los más pequeños. ¡¡Nos vamos a mojar!! Litros y litros de agua. Algunos padres llamaban para preguntar cómo llevábamos la tormenta, el agua… ‘Tranquilidad el albergue está muy bien. Está todo perfecto. No hay problema, los niños y los adolescentes están bien’ , respondíamos. Ellos seguían preguntando: ‘Pero ¿os habéis mojado?’. Uno de los monitores dijo: ‘pues claro, hemos venido a eso a empaparnos y no dejamos de hacerlo’ . Nadie ha podido parar las ...