María ama

 





María, la Madre de Jesús, ama con locura. Toda su historia se fundamenta en el amor. Es el amor quien mueve sus respuestas, sus relaciones, su manera de ser y estar en el mundo. Un amor que no deja nada para sí misma, que entrega todo a los que se presentan en su camino y con los que se encuentra. Gestos de amor que llenan todo lo que el Evangelio recoge de la Madre del Señor. Detalles, en ocasiones sencillos, pero que desde el amor adquieren una dimensión más allá de lo pequeño, convirtiéndose en propuestas que cambian la vida de los que con Ella conviven o se encuentran. Quiero repasar ‘cuatro amores’ que marcaron su vida, amores a los que Ella responde con mucho amor. 

1- María ama a Dios. Desde aquel encuentro con Gabriel. El amor de Dios la ha llenado y transformado. Ella responde con el amor de un ‘hágase’ sin reservas. Las dudas iniciales se transforman en vida entregada en manos de Dios que la llama y le propone un proyecto de amor, de vida, de Madre. Es elegida para ser puerta del amor de Dios para el mundo, hecho carne, hecho hombre. María ama con locura a Dios, no va a olvidar nunca ese encuentro, esa promesa. Lo ama tanto, sabe de su fidelidad, y pese a que todo apunta de otra manera Ella permanece esperanzada, su amor lleva a saber que se hará realidad. Solo el amor total y radical a Dios puede ser sustento del acompañamiento silencioso de su Hijo Jesús en todo lo que le pasa. María responde con amor al amor que ha recibido de Dios y que le ha cambiado la vida para siempre. 

2. María ama a José. Es su proyecto de vida, estaba enamorada de él. Se quieren. Fundan una familia con el amor en el centro, donde Dios -que es Amor- ha sido quien los ha unido para siempre. Las dudas de José se transforman en compromiso, la imposibilidad que ve María se hace fidelidad y confianza en su vida. Es un amor que les lleva a superar las dificultades juntos. Un largo viaje estando embarazada, un viaje de refugiados para salvar la vida de su Hijo, un regreso a su tierra para cuidar al Hijo y ver cómo se hace realidad la promesa… Unidos buscan a Jesús cuando se pierde, unidos le ven crecer ‘en estatura, sabiduría y gracia’. El sueño que ellos tenían de formar una familia se hace realidad. María ama a José y se siente profundamente amada por él. 

3. María ama a Jesús. No tiene amor más grande que este. Todo por y para Él. Su vida gira en torno a Él. Lo cuida en el portal, lo agarra fuerte saliendo de Belén a Egipto, lo cuida cada día, cada hora, cada minuto… es el fruto del amor de Dios, la promesa de Dios hecha carne, no es suyo, es de Dios y de la humanidad. María se preocupa por Él cada día, lo mima, lo acompaña, lo educa… ¿Cuántas veces le proclamó ‘El Magnificat’? Jesús aprendió con Ella la grandeza de Dios y la humildad con la que hay que aceptar su voluntad, la misericordia de Dios, el lugar de los pobres en el corazón... El amor de María a Jesús le lleva a buscarlo cuando hablan cosas extrañas sobre Él. María no lo deja, está ahí, Madre enamorada y que da libertad, Madre preocupada pero que deja ir. Un amor expresado en el silencio voluntario para que se haga la voluntad de Dios. Lo ama con locura en el Calvario, llora de amor cuando lo ve morir, desgarrada de amor por dentro, roto su corazón de tanto amor. Un abrazo de amor profundo de madre rota lo acoge cuando lo descienden de la cruz. María no puede amar más, ama a Jesús toda ella, sin dejarse nada para sí. 

4. María ama a la humanidad. Es Madre nuestra, de todos los hombres y mujeres de este mundo. Aquellas palabras de Jesús en la cruz dirigidas a Juan son también para nosotros: ‘ahí tienes a tu madre’. Ella también las escucha recogiendo en ellas a cada hombre y mujer de este mundo: ‘ahí tienes a tu hijo’. María no pasa de largo ante la humanidad sufriente, por eso va a casa de su pariente Isabel. No a ser reconocida y elogiada como ‘Madre del Señor’, sino a ponerse a los pies de aquella mujer mayor que la necesita. María no es indiferente a la necesidad de los que nos acercamos a ella, como en Caná ve la necesidad, la comparte, la corrige, la pone en manos de su Hijo Jesús. María nos ama tanto que ocupará un sitio muy relevante y central en la primera comunidad cristiana. Su amor está en el origen de esa primera comunidad. El amor que tiene a los apóstoles, a los primeros testigos, es el amor que ayuda a fundamentar la Iglesia. María ama profundamente a todos los hombres y mujeres de este mundo, Ella no se deja fuera de su amor a nadie


El amor de María es una propuesta de amor que todos nosotros podemos vivir. ‘Amar a Dios sobre todas las cosas, con todo el corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas’, así lo hace con Dios y su Hijo. ‘Y al prójimo como a uno mismo’ tanto aquellos que forman parte de nuestra vida cotidiana y son cercanos, como Ella ama a José, y con todos los hombres y mujeres de este mundo, ellos son nuestro prójimo, son nuestros hermanos. 


(Publicado en hoja TOC de Vila-real. 10 mayo 2026)

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