Papá

Casi tengo la edad que él tenía cuando nos dejó. Han pasado muchos años, casi he pedido la cuenta, ha pasado el tiempo muy rápido, los recuerdos son de ayer, la memoria de hace un rato. El tiempo no ha borrado la presencia, la ausencia nunca ha sido definitiva, la búsqueda es constante en los recovecos de la memoria, del existir. Hoy mi padre tendría 88 años, sería mayor. He vivido con un compañero de comunidad de esa edad, muchos cuidados, mucha escucha, mucha quietud… pero mucho gozo de compartir, de contar, de compartir mesa y proyecto. Me encantaría contarle en qué estoy metido, mil cosas que a otros no cuento a él sí que lo haría. Sabía escuchar, su silencio en otras cosas y momentos de la vida eran campo abonado para la escucha. Sentado, mirando el cenicero, con el pitillo encendido entre sus dedos, con las gafas entre sucias y amarillentas por el humo del tabaco… y escuchando. Conversaciones de la vida del pueblo, de un futuro que intuía pero que le costaba compartir...