Embobado de si mismo Herodes estaba admirado de lo que le contaban de Jesús. Se preguntaba quién era ese hombre y quería verlo (Lucas 9, 7-9). Nosotros como Herodes podemos caer en una admiración, en un querer verle y no hacer nada. Conformarnos, como hombres de fe, en la admiración, el asombro, la exaltación y quedarnos quietos, sin movernos. Podemos desear verle y encontrarnos con él, descubrirle, estar a su lado, sentirle cerca y hacerlo esperando sentados, llenando bancos y bancos de ‘esperadores’, de pequeños ‘herodes’ de nuestro tiempo… La fe es otra cosa que admirar y desear ver. Creer en Él es seguirle. Nada de quietos, nada de admiradores en la distancia, de ‘esperadores’ profesionales. La fe es seguimiento, salir a la calle y buscar entre los cartones, en los márgenes donde han echado a los ciegos o los que nos ‘sirven’, en los caminos donde están lo leprosos de este mundo porque no encajan en él… es allí donde podemos verle, sentirle, encontrarnos con Él . Admirarle...