Estamos en cuaresma
La cuaresma es un camino de preparación para llegar a la Pascua, el paso del Señor, con un corazón preparado para gritar con fuerza que vive, que la muerte en la cruz no fue final de nada sino comienzo de la Vida con mayúsculas, Vida de resucitados. Una Vida que necesita de hombres y mujeres nuevos. Estamos en el corazón de la cuaresma y todavía podemos acoger en nuestro proyecto de vida los tres ejercicios que el miércoles de ceniza se nos propusieron desde el Evangelio. No es para ser mejores o para mostrar una lista de ‘haceres’, no es un campeonato. Es un proceso de conversión, ser nosotros pero con más sitio para Él y los hermanos.
- Orar. «Cuando recéis, no uséis muchas palabras» Un poco de silencio, contar lo que hacemos y somos, ponernos en manos de Alguien que nos quiere, escuchar mucho, decir lo justo, contar la vida, ser sincero, desnudar el corazón, hablar a un Amigo. Un silencio sincero, una escucha atenta, una palabra sencilla, una verdad completa, un perdón de corazón. Algo que se entienda, que no tenga necesidad de explicaciones, sólo contar. Palabras que lo dicen todo, 'Padre'. Expresiones que muestran disponibilidad, 'hágase tu voluntad'. Palabras llenas de realidad, 'nuestro pan de cada día'. Que sean de corazón, 'perdona nuestras ofensas'. Compromisos concretos, 'perdonamos a los que nos ofenden'. Mostrar las debilidades, 'no nos dejes caer en la tentación'. Peticiones que lo son todo, 'líbranos del mal'. La oración sencilla, como Él lo es. Abierta a lo que nos proponga, nos ama. Llena de verdad, rezamos desnudos. Dispuestos y confiados, con la mayor libertad.
- Ayunar. Para que Él ocupe el centro de nuestro corazón, para que nada lo tape o esconda, para que sólo Él nos guíe, para que con Él gocemos de lo que somos, para que sea ligera la carga y más fácil el seguimiento. El ayuno no produce tristeza sino liberación, no es una carga sino una alegría. El ayuno facilita sitio, encuentro y gozo de estar con Él. Tenemos que ayunar de todo aquello que nos aleja de Él, que no hace posible o facilita el encuentro. Hay mil cosas que han desplazado a Dios de nuestra vida. Pantallas que parece que sin ellas no podemos vivir. Afectos desordenados que canalizan nuestro cariño hacia otros lugares o personas que no son Él. Búsquedas constantes de pequeños placeres que generan grandes insatisfacciones. Sueños imposibles que alejan de nuestro proyecto de vida la esperanza. De estos sueños, búsquedas, afectos, pantallas... tenemos que ayunar para que sólo Él sea nuestra esperanza, felicidad, gozo, relación, vida.
- Darse (limosna). Jesús nos hace una llamada a practicar la justicia y hacerlo en secreto. No es lo importante ser reconocidos sino practicar la justicia. En la limosna, donde se pone al otro en el centro, donde su necesidad será lo que nos mueva a la entrega y la generosidad, estamos llamados a tener una relación de justicia, de fraternidad con él. Un secreto que nos invita a evitar protagonismo, para dejar protagonismo a Él y no a nuestro hacer. La justicia que estamos llamados a practicar es la del amor que Él nos tiene, la misma que estamos llamados a practicar con el prójimo. La limosna es darse más que dar. Es poner en el centro de nuestra vida a Dios presente, real y cercano en el que vive conmigo, en el que tiene necesidad y me encuentro. La limosna, el darse, no es de cosas, es de proyecto de vida, es de compromiso. La limosna va encaminada a paliar la injusticia existente en las relaciones con los otros. Darse para seguir siendo, darse para que ellos sean. La limosna no es para justificarme o hacer que la conciencia esté tranquila, es para generar un desprendimiento que deja sitio, espacio, acogida al prójimo.
Son tres miradas a nuestras relaciones fundantes en las que nos movemos. Una mirada a Dios para que esté presente en nuestra vida. Somos sus hijos y eso implica relación, cercanía, dejar sitio. Una mirada a nosotros mismos para amarnos, querernos y echar de nuestra vida aquello que no nos deja ser ‘hijos de Dios’. Una tercera mirada a nuestro alrededor para que el otro sea protagonista de nuestra vida, para vivir la fraternidad a la que estamos llamados como ‘hijos de Dios’ que somos todos.
(Publicado en la Hoja de la TOC de Vila-real del mes de marzo)

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