El Señor común
Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. (Filipenses 2, 1-4) En ocasiones buscamos y buscamos mil cosas en las que coincidir… fines de semana, aficiones, músicas, deportes, modas, redes sociales… ¿Os imagináis ser dueños del mismo tesoro indivisible y único? Pues lo somos. Que yo también sea responsable del tesoro del que es dueño el otro y también yo, que no lo podemos vender porque él y yo estamos enamorados de él. Cuando yo le doy brillo es otro quien se ilumina y su luz me alumbra a mi. Cuando el otro lo destapa, muestra y embellece soy yo quien se llena de una luz ‘que se pone en lo alto...